Evie empezó a atragantarse y a sentir arcadas, y la solté de la nuca, permitiéndole respirar. "¡SÍ!", gritó. "¡Me obligaron a tener sexo una y otra vez con chicas, cuando lo que yo quería era una polla!" Desesperada, movía la mano arriba y abajo de mi m*****o, cada vez más rápido. "¡Me daban miedo los hombres, pero tenía tantas ganas de una polla!" ¡TENGO LA POLLA QUE NECESITAS! ¡CHUPARMELA! —grité—. ¡CHUPARSELA A TU PAPI! —¡SÍ, PAPÁ, SÍ! —Evie se giró y se recolocó en el sofá, a cuatro patas, agarrando mi polla con sus delicadas manitas y metiéndosela con entusiasmo en la boca. "Me voy a correr", le advertí. "Me voy a correr en tu boca y te lo vas a tragar todo". "Sí, papá. Seré una buena chica, papá." Con una mano me estiré hacia arriba y agarré uno de sus grandes y colgantes pechos

