Capítulo 14

1339 Palabras
Me encantaba ver a mi encantadora e ingenua esposa Mary de pie en la puerta de la cocina, con un tazón en la mano y mirando, boquiabierta y atónita, a Jenna y a mí mientras caminábamos de la mano hacia el baño. Para cualquiera que no fuera mi confiada e ingenua esposa, éramos todo un espectáculo: yo con mi polla dura balanceándose dentro y fuera de los pliegues de la bata, y Jenna tomándome de la mano mientras vestía un sexy camisón amarillo transparente sin sostén ni bragas. Cuando Jenna se giró para abrir la puerta del baño, yo estaba detrás de ella, mi polla dura sobresaliendo obscenamente y haciendo una obvia tienda de campaña en mi bata. La punta de mi polla estaba a solo centímetros del trasero de mi hijastra. Mi esposa nos observaba de perfil mientras yo le daba palmaditas en la parte superior de la cabeza a Jenna mientras giraba el pomo de la puerta. Me giré y le sonreí a Mary, saludando con la mano con cariño. Al mismo tiempo, di un paso adelante, apenas visible, para que la punta de mi pene, apenas oculta por mi bata, rozara el hermoso trasero de Jenna. —Saluda a tu madre por la mañana. —le dije a Jenna. Jenna se giró hacia su madre y sonrió. Me coloqué detrás de ella, colocando mi erección en la raja del trasero de mi hijastra. Mientras ambos le decíamos buenos días a mi esposa, rodeé la cintura de Jenna con un brazo y la atraje hacia atrás, sobre mi m*****o erecto. Me agaché y la besé en la coronilla, luego levanté la vista y le sonreí de nuevo a mi despistada esposa. Entonces Jenna y yo entramos juntos al baño. Abrí la ducha. Mientras esperábamos a que se calentara el agua, Jenna y yo empezamos a desvestirnos. —Dale un beso de buenos días a papá. —le dije. Jenna me dedicó una sonrisa malvada. —Sí, papi. —Obedientemente, se arrodilló y me besó la punta del pene. —Aquí es donde perteneces, ¿Verdad, pequeña perra?—Le pregunté. —Sí, papá. —Besó la punta otra vez. —De rodillas, joder.— —Sí, papi.— Ella le dio otro beso a mi polla. —Adorando el gallo de tu padrastro. — Jenna sonrió de oreja a oreja. —Sí, papi. —Otro beso. —Sí, papi. —Otro beso más. —Sí, papi.— Empezó a cubrir mi vara con besitos. —Ahora chupa mi polla, pequeña perra.— —¡Joder, sí, papi! —La boca de Jenna se hundió profundamente en mi polla, tragándose la punta. Empezó a atragantarse con la espesura que llenaba su boca. El sonido de sus arcadas era música para mis oídos. Le hice un gesto a mi hijastra para que se levantara. —Tengo un regalo especial para ti esta mañana. —le dije. —¿Qué es?— Entramos a la ducha y abrí el chorro de agua caliente. —Date la vuelta, cierra los ojos y apoya las palmas de las manos contra la pared de azulejos. —le dije. Jenna rió entre dientes. —¿Qué vas a hacer? ¿Registrarme?— preguntó. —Algo así.— Sonriendo con suficiencia, Jenna apoyó las palmas de las manos en la pared de la ducha y, obedientemente, abrió las piernas. —¿Qué tal, así papi?— preguntó. — Perfecto. — dije. Rodeé el torso de Jenna y comencé a juguetear con sus pechos. —¿Sabes, Jenna? Ayer recibí un mensaje de la clínica médica. —Deslicé una mano hasta su trasero, que brillaba en la ducha húmeda, mientras la otra me agarraba la polla. —Y . . .?— —¡Y dijeron que era seguro hacer... esto!— Doblé las rodillas para adaptarme a lo bajita que era Jenna en comparación conmigo y alineé mi pene con su coño. Luego empujé la punta de mi pene hasta la entrada de su coño. —¡Oh! ¡Oh sí, papi! ¡Ya era hora! ¡Métemelo y córreme el culo!— —¿Es esto lo que quieres?— bromeé. La punta de mi pene apenas entraba en sus labios. El agua nos salpicaba el cuerpo, dejándonos a ambos con un brillo húmedo. —¡Sabes que lo es!— —Entonces di mi nombre. Lo suficientemente fuerte para que tu madre lo oiga. Dile a tu madre lo que quieres de mí. —¡GALLO DE CABALLO!— gritó. —¡QUIERO UN GALLO DE CABALLO!— Empujé mi pene varios centímetros. La fuerza de mi embestida levantó a la pequeña Jenna del suelo, de modo que las puntas de sus pies bailaron sobre los azulejos del baño. —¡Uh!— gritó. —¡Oh, Dios mío, papá! — Agarré sus caderas y comencé a levantar su pequeño y flexible cuerpo hacia arriba y hacia abajo sobre mi dura vara. En ese momento, llamaron a la puerta del baño. —¿Está todo bien ahí?— preguntó Mary desde el otro lado de la puerta. Me detuve solo un milisegundo mientras golpeaba a la hija de Mary. —Tranquila, Mary. —respondí. —Jenna se golpeó el dedo del pie contra el lavabo y pidió ayuda. — —¿Estás bien, Jenna?— preguntó su madre. —¿Papá Caballo te está cuidando?— Jenna giró la cabeza hacia mí; su largo cabello n***o, mojado por la ducha, le colgaba enredado, cubriendo parcialmente su rostro. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y reía en silencio, incluso jadeando con cada embestida. —¡Oh, sí, mamá! ¡Papá es el mejor!— Respiró hondo de nuevo mientras yo embestía aún más fuerte. —¡Es un GALLO DE CABALLO!— Agarré las caderas de Jenna y bombeé con furia. Me excitaba muchísimo la presencia de mi esposa a solo unos metros de distancia. Jenna apoyó las manos en un toallero pegado a la pared de azulejos mientras la levantaba por completo del suelo. Jenna respondió envolviéndome las piernas. —¡Me alegro tanto de que te hayas casado con un gallo tan grande y fuerte, mami!— gritó. —¡Papá es tan bueno! ¡Papá es tan bueno!— —¿Qué está haciendo papá, cariño?— preguntó Mary. Saqué mi polla de Jenna y la dejé reposar un momento. Luego la giré, le acaricié el trasero por detrás y la levanté con la espalda apoyada contra los azulejos del baño. Jenna me rodeó el cuello con los brazos y empecé a penetrarla con mi polla hasta el fondo. —¡Papá me está masajeando, mamá! ¡Me está tocando justo donde más lo necesito!— —Gracias, Papá gallo caballo—dijo Mary con dulzura. —Sé que siempre puedo contar contigo.— —Cuidaré bien de Jenna, cariño.— dije mientras le daba duro a su hija. —¿Por qué no vuelves a prepararnos el desayuno? Con el pie lastimado de Jenna, creo que el agua caliente le vendrá bien para bajar la hinchazón. Hoy nos ducharemos más tiempo, ¿Verdad, Jenna?— —¡Oh, sí, papi! ¡Necesito esto desesperadamente! Jenna me besó con fuerza, su lengua penetrando mi boca en un beso intenso y sensual. Nuestros cuerpos se fundieron en un solo animal febril mientras ella me rodeaba el cuello con sus brazos y mis caderas y trasero con sus piernas. La embestí desesperadamente, golpeándola contra la pared una y otra vez. El agua de la ducha caía sobre nuestros cuerpos calientes. —Está bien, cariño. —dijo Mary. —Los dejo a ustedes dos con lo suyo. — Oí los pasos de Mary alejarse en el pasillo mientras volvía a la cocina. —Ay, Dios mío, papi.— me susurró Jenna mientras su madre se alejaba. —¡Me encanta que mi madre sea tan estúpida! ¡Prométeme que un día me follarás delante de ella!— En respuesta la folle más fuerte.
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