Capítulo 13

1658 Palabras
Jenna comenzó a chuparme obedientemente, tal como le había ordenado su madre. —A las niñas les encantan los dulces, ¿Verdad?— dije para tranquilizarla. Una mano seguía jugando con el clítoris de mi esposa, mientras la otra recorría su barriga y sus grandes tetas. —Pero supongo que lo que Jenna necesite, su hermana Evie también lo necesitará. ¿Debería enseñarle a Evie a chuparle la polla a papá también?— —¡Sííí!— balbuceó. Su cabeza se balanceaba de un lado a otro. —¡Enséñales a ambos! ¡Que te chupen! ¡Tu polla es tan grande que pueden bombearte los dos a la vez! ¡Tienes que enseñarles a chupar tu larga y gorda piruleta en sus hambrientas bocas de niña! ¡Tienes que enseñarles a turnarse para chupártela! ¡Enséñales a complacer a su papi! ¡Enséñales a obedecer la polla de papi!— —Les enseñaré. — le dije. —Les enseñaré todo sobre mi pene. Tal como quieres. — Aparté la mano de las tetas de Mary un momento y la puse en la nuca de su hija. Apreté la cabeza de Jenna aún más contra mi polla. Luego, agarrando un mechón de pelo, empecé a jalar y empujar la cabeza de mi hijastra arriba y abajo. —¿Sabes?— dije con calma. —Jenna está aquí. Está lista para hacer lo que le digas. — —¡Dios mío! ¡Qué fantasía! —gritó Mary. Su pelvis se movía con más frenesí que nunca. —¿Qué le dirías a Jenna ahora mismo?— —¡Le diría que se la chupara!— Perdida en una niebla de medicamentos, alcohol y ceguera temporal, Mary parecía estar en otro mundo: borracha como un loco y en una especie de estupor sugestivo, lista para dejarse llevar por lo que yo dijera. —¡Mi hija necesita chupársela a papá!— continuó. —¡Necesita arrodillarse entre sus piernas y chuparle su polla enorme y dura!— —¿Quieres que ella adore mi polla?— —¡Sííí!— balbuceó, completamente aturdida. Su cabeza, con los ojos vendados, se balanceaba sobre la almohada. —Adora la polla de caballo de papá. Adora la polla enorme y gorda de papá. ¡Es tan grande! ¡Tan dulce! ¡Tan llena de semen!— Con mi mano agarrando el cabello de Jenna, seguí forzando su boca sin descanso hacia arriba y hacia abajo sobre mi m*****o. Jenna estaba indefensa. —¿Quieres que me folle a tu hija, verdad?— pregunté. —¡Sííí!— dijo, sumida en un sueño excitante. La venda la hacía parecer aún más perdida en la locura de lo que le sugería. —De hecho, quieres que me folle a tus dos hijas gemelas. — —¡Síííí! ¡Enséñales a ambos!— —En ese caso. —dije mientras bombeaba mi vara con fuerza en la boca sumisa de Jenna, usando mi agarre en su cabello para guiarla —¡Creo que es hora de que te folle, Jenna!— Aparté bruscamente la boca de Jenna de mi polla. Cayó de espaldas sobre la alfombra de felpa. Su cabello n***o estaba tan enredado por haberlo agarrado que ahora le caía sobre los ojos, casi cubriéndolos por completo. Combinado con la penumbra de la habitación y su falta de ropa, tenía una mirada extrañamente anónima. Su boca seguía abierta, sus ojos cubiertos por el cabello y sus piernas abiertas. Parecía un juguete s****l sin mente tirado en el suelo esperando mi placer. Pensando que la iba a follar allí mismo junto a su madre, Jenna inmediatamente abrió sus piernas para recibirme. Pero tenía otras cosas en mente. En cambio, giré el torso sobre la cama y me coloqué entre las piernas de mi esposa. Cuando la punta de mi pene tocó el coño de Mary, le pregunté. —¿Estás lista para que te folle, Jenna?— La verdadera Jenna, tirada en la alfombra, hecha un desastre, a un par de metros de distancia, hizo un puchero de frustración, pero yo simplemente le sonreí con suficiencia y negué con la cabeza. Le dije con los labios: «Hoy no». Jenna me fulminó con la mirada. Mary, todavía con los ojos vendados y ajena al drama que ocurría a su lado, gimió. —Síííí. Dámelo, papi. ¡Enséñale a tu hijastra tetona a que se la folle un gallo enorme! ¡Fóllame, papi!— —¡¡Te estoy follando, Jenna!!—Grité mientras embestía mi polla contra mi esposa. —¡Sí! ¡Sí! ¡¡¡Cógeme, papi!!!— Mientras penetraba y sacaba mi polla de mi esposa, miré y vi a Jenna todavía tumbada en el suelo, observándome y masturbándose frenéticamente. —Te voy a follar todos los días, Jenna— les dije. —¡Sí! ¡Todos los días! —gritó mi esposa. Jenna también articuló las palabras, en silencio. Parpadeó rápidamente y sus iris se movieron hacia arriba en sus cuencas mientras tenía un orgasmo. —Me voy a follar a tu hermana también. —les dije. —¡SÍ! ¡QUE SE JODAMOS A TODOS, PAPI!— Con mi polla enterrada hasta el fondo en mi cachonda, sugestionable y aturdida esposa, finalmente no pude contenerme más. Justo cuando sentía que perdía el control, la saqué. De repente, liberada de la vaina húmeda de mi esposa, mi v***a voló hacia arriba y comenzó a escupir semen sobre su estómago y sus tetas. —¡Papáaaa!— gritó. Recogí un poco de semen con un dedo y se lo tendí a Jenna. Obedientemente, se incorporó y me lamió el dedo con la lengua extendida. Luego llevé el dedo lleno de semen a la boca de su madre y lo metí entre los labios de Mary. —Prueba la crema de papá.— le dije. Mary sorbió mi semen, sin darse cuenta de que lo estaba compartiendo con su hija. *** Jenna y yo seguimos compartiendo el baño todas las mañanas. Al principio, Jenna irrumpía mientras me duchaba, pero pronto lo superamos. Después de que empecé a darle una paliza a Jenna todas las tardes, después de que empecé a meterle la polla hasta la garganta mientras esperábamos a que su madre llegara del trabajo, las duchas matutinas cambiaron. Casi todas las mañanas, caminaba por el pasillo hacia el baño principal con la bata puesta, con la faja atada a la cintura. Menos de un minuto después de cerrar la puerta, Jenna entraba pavoneándose. Normalmente, llevaba su pijama habitual, que para entonces consistía en una de mis camisetas viejas. Generalmente le quedaban grandes, le llegaban hasta las nalgas, pero aun así le quedaban bastante ajustadas a su prodigioso busto. Tras unas semanas viviendo en nuestra casa, Jenna se compró unos camisones más atractivos. La mayoría eran de gasa y transparentes, que apenas le llegaban al trasero y que servían principalmente para exhibir sus impresionantes pechos. También empezó a esperar en el pasillo junto a la puerta del baño, o incluso fuera de la habitación de Mary y la mía. En cuanto aparecí, me tomó de la mano con ternura y caminamos juntas para darnos la ducha matutina. Mary solía levantarse antes que yo, así que ya estaba en la cocina cuando Jenna me saludaba en el pasillo. A menudo, Mary salía al pasillo al oírme abrir la puerta del dormitorio, con la intención de informarme sobre el desayuno o simplemente saludarme con alegría. —¡Qué tierno!— dijo la primera vez que vio a Jenna esperándome en la puerta del baño. —Jenna, ¿No le vas a dar un beso de buenos días a tu papá?— Jenna miró a su madre y le dedicó una sonrisa que, juro, me hizo preguntarme si sería producto de algún ritual satánico, como el de la Semilla del Bebé de Rosemary. Pero su madre, como siempre, ignoraba el significado no tan oculto de las expresiones faciales de Jenna. —Si tú lo dices, mamá— dijo Jenna con voz alegre. Se giró hacia mí y, rodeándome el cuello, me acercó la cara a sus labios. Nos besamos delante de su madre, pero sin ningún gesto lingual, salvo el ligero toque que le di al labio de Jenna con la punta, un gesto demasiado sutil para que Mary lo viera a varios metros de distancia. Entonces Jenna dijo: —Papá y yo vamos a ducharnos un rato, mamá. ¿Puedes esperar unos minutos para desayunar?. — Después de eso, se volvió habitual que Jenna se pusiera de puntillas, me rodeara el cuello con las manos y me diera un beso de buenos días delante de su madre. Con el paso de las semanas, y las camisetas extragrandes dieron paso a camisones sexis de estilo babydoll, Jenna se propuso besarme en la puerta de mi habitación y luego caminar a mi lado, de la mano, hacia el baño, haciendo alarde de nuestra creciente intimidad delante de su madre. Una o dos veces, vi a Mary abrir los ojos de par en par al vernos caminar juntas hacia nuestro encuentro en el baño: cuando bajé la vista, vi que el cinturón de mi bata se había aflojado y mi pene hinchado estaba expuesto, balanceándose mientras Jenna y yo caminábamos hacia nuestra ducha matutina. Pero Mary no dijo nada, evidentemente pensando que había sido un accidente y que Jenna no había visto nada. Hubo una mañana en particular que quedó grabada en mi mente, la mañana en que finalmente me follé a Jenna. Antes de salir de mi habitación esa mañana, me abroché el cinturón de la bata con descuido. Mi pene se hinchaba de anticipación, haciéndose más grande a cada paso mientras caminaba de la mano con Jenna hacia nuestro encuentro s****l en el baño. La tienda que mi pene formaba entre los pliegues sueltos de la bata se balanceaba libremente de un lado a otro con cada paso.
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