El grupo escultórico se mantuvo así, como congelado, bastantes minutos más. Luego el niño retiró la mano de la nuca de la madre, pero ella no se movió en absoluto y siguió en la misma postura. - Ya la tiene sometida. Muy bien, hijo, con dos cojones. Así se doma a una yegua salvaje. Tenía razón mi padre. Ahora mi hermano comenzó a trabajarle el recto a mamá. Pero con infinito cuidado, se la metía y sacaba muy despacio, quedándose quieto a veces, esperando otro rato, otra vez hacia dentro y hacia fuera. Mamá seguía sin moverse, ahora aguantaba estoica. Seguro que ya le gustaba y el dolor había dado paso al placer. Noté que había separado algo las rodillas que tenia apoyadas en el suelo, como acomodándose mejor a la situación. En algunos instantes el hijo se echaba hacia delante y le susur

