Siete

4180 Palabras
Descruzo la puerta de la entrada en la mansión y todo está sumergido en silencio. Veo por encima de la ventana de los de seguridad para encontrarme a ellos hechando una siesta con la boca abierta y botas encima del tablero de las cámaras. Miren que lindos ellos durmiendo mientras deberían estar trabajando. Definitivamente mi padre vive una vida muy diferente a la mía. Si esto estuviera pasando en el fuerte ya Noah les hubiera dado una paliza o despedido pero no sin antes una buena amenaza o quizás lo hubiera hecho Oliver. Pensando en Oliver. No ese definitivamente los hubiera despedido con una buena tunda antes. Jamás se baja la guardia en el fuerte. —¡Si mi padre se entera de los despide! — dice Julián divertido en mi oido. —Hace semanas echo a la ayudante de cocina de Margaret Parece que le gustaba estar chismeando y fue atrapada. Papá estaba muy alterado ese día, como si escuchar lo que escuchase fuera secreto de estado. Todo por un envío marítimo. No me sorprende esos ataques del señor Jonas Halls. Después de todo odia que se acerquen a su despacho al menos que seas convocado. Como por ejemplo los dos hombres que vinieron esta tarde y que muy a mi pesar me tocó atenderlos a mí. Mi padre no le gusto para nada recibirlos, bien sea por qué no los esperaba o porque traían malas noticias, lo pude ver en su rostro. Algo andaba mal. Luego de que se fueron tuvimos una pequeña discusión de gritos, tipo relajado como somos nosotros cuando nos molestamos uno con el otro. No entendí porque quizo desquitarse conmigo, yo no fui quien trajo malas noticias. Pero entre tanto y tanto. Me indigno que dijera que mi familia no es de fiar cuando por tantos años son quienes me han protegido de muchas cosas. Tenemos un pasado horrible, pero gracias a ese fideicomiso que no me gusta pude alejarme por un tiempo de todos. Y es ahí el problema. Se dedicó a hacerme preguntas sobre la herencia de mi madre otra vez y me aseguro que debía de estar más pendiente de todo eso, que revisara o le exigiera a Noah que me entregara una copia. Después de todo los únicos en heredar todos los bienes comunes en la familia fuimos Noah y yo. Todo. Lo relacionado a Tremblay estaba en ambos, no importa que fuera de su padre, mi tío, o fuera de mi madre, su tía, todos los bienes son de ambos. Algo que es una cláusula familiar. Si mamá se hubiera casado con papá otro gallo cantaría. Los bienes fueran Sido separados, mamá tendría más derecho sobre los suyos propios o los adquiridos con matrimonio. Pero no fue el caso. Así que prácticamente todo lo que tiene Noah ahora es mío y todo lo que tengo yo es de Noah. Porque somos familia y todo lo que se compra en la familia queda ena familia. Al menos que se hagan documentos separados como la compra de mi piso en Quebec. Noah lo hizo. Está a mi nombre como única propietaria pero si llega a pasarme algo se va directo como propiedad de la familia, al menos que tenga hijos y esos hijos los coloque a su nombre. Mi Noah y yo hemos crecido juntos y de verdad que el dinero no es algo por lo que peleamos. Hay mayores responsabilidades y tareas en mi familia que perseguir unos cuentos Miles de dólares. Sea como fuese la situación. Esos hombres dejaron a mi papá nervioso y alterado. Y después de la discusión conmigo quedó altamente enojado. No me gustó para nada lo que se que pasó. Esos hombres sobre todo no me gustaron nada. Memorice su cara pero no hago nada sin su identidad y aún así no haría nada para ayudar a mi padre. Si algo aprendí es que nadie me manda. Cierro la ventana con un golpe para que ambos se despierten con el sonido pero nada pasa, considero que si en este momento sufrimos un terremoto este par de flojos ni cuenta se dan. Mueren bajo los escombros de la casita de vigilancia. Un frío recorre mi cuerpo al ver la mansión apagada y silenciosa. Alejo esos pensamientos. —Abre. — le dijo a Julián para que se deje de pensar en contarme cosas estúpidas. veo como saca su llave y prueba escuchando como el sensor no aprueba.—¿Cómo mierda entramos entonces? — le pregunto viendo la enorme reja. —Esto tiene que servir pero no sirve — coloca la llave de sensor en el sensor pero tiene razón, no permite la entrada. Arruga su entrecejo de manera dulce y Cuchi. —¿Será que me traje el que no era? —¿Cuántos son pues? — le quitó las llaves y veo el llavero de manera curiosa. Es un corazón con escarcha y dice "Ilove" —Dos. Pero solo tengo acceso a uno. — me sonríe sabiendo que estoy estudiando su ridículo llavero. Luego me quita sus llaves. Le doy una mirada enojada y doy dos golpes en su nuca. No puede ser posible que salga sin la llave de acceso. Al menos que la llave de afuera no sea la misma que adentro. Eso sería lo más razonable. —¿Te haz escapado de casa? — lo instó a seguirme rodeando la arboleda y cerca de extensión. Desde aquí la mansión se ve apagada y tenebrosa. Pero es la única manera de entrar. La entrada solo te permite ir hacia la casa de vigilancia para que allí te den acceso a la mansión. Pero por aquí también. —No...— me dice siguiendo mis pasos viendo al piso con cuidado —Cuando tú y Javi hacían sus expediciones al estilo Discovery buscando encontrar un animal salvaje o un asesino a sueldo, yo estaba bien, gracias, internado en una escuela intentando no ser pillado por alguna monja mientras fumaba un porro. — dice a mis espaldas. —Eso o intentando no ser pillado robándome los archivos y cambiando los cronogramas didácticos. Me río un poco imaginando a mi hermanito pequeño. El se veía demasiado divino con ese uniforme vinotinto con verde. Bien peinado y pulcro, llevando corbata torcida con rostro arrugado exigiendo porque tenía que ir a estudiar tan lejos y nosotros no. Era tan Cuchi y rebelde. Y tiene razón mientras el estuvo estudiando internado. Javi y yo hacíamos desastre aquí. Cuando yo estaba de visita claro. Descorro uno de los matorrales recordando que por aquí nosotros siempre nos metiamos. La reja en ese tiempo la forzamos hasta hacer una endidura lo bastante ancha para ambos. Fue un trabajo de tres semanas y varias herramientas. No fue hasta que papá se fue de viaje que pudimos utilizar un esmeril y casi Javi se quita un dedo. Esto ocurre cuando tu padre no te deja salir, ideas maneras de disfrutar de la libertad y Javi y yo jamás hemos estado quietos en la mansión. —El lado positivo de todo es que probaste la marihuana y jamás fuiste pillado. Ah, y que aprendiste a ser un ladrón. —No robe nada. —No pero allanaste una oficina y hasta donde sé, esos papales no son tuyos. Por lo tal hiciste algo ilícito. Te convertiste en un delincuente. En su sonrisa rodeada de oscuridad solo veo travesura. Julián es mi niño chiquito siento una protección por querer siempre tenerlo alejado de toda maldad. Javier y yo pasamos gran parte de la mierda de papá y yo gran parte de la mierda de ambas familias. El aunque crea que estar en un internado fue horrible, realmente lo alejamos para que pudiera tener un respiro, amigos y gozar de cosas que nosotros no. Aunque fuera de lunes a viernes en el mismo sitio, disfruto algo que Javier y yo no. Mientras yo tuve que estar con tutores en casa a dónde fuera, Javier estuvo en clases normales, a el no se le permitía visitar amigos o tener esa vida social que hoy en día tiene. Yo tampoco. Realmente éramos amigos y hermanos. También yo tenía a Noah, pero cuando yo no estaba con Javier el estaba solo. Por eso Julián tuvo la suerte de por lo menos tener amigos de lunes a viernes en horarios completos. Le doy un golpe en la nuca nuevamente y lo cojo por ahí mismo. Instandolo a qué se agache y pase por el hueco. Julián como todo ser y como todo hombre es más alto que yo. Así que estoy parada entre mis puntas y afincada para que se baje. —¿Esto ha estado todo este tiempo aquí?— lo escucho mientras se abre paso. —¡Wow! Me siento como cuando entran al ropero... Pero no voy directo a Narnia si no al Helland. —¿Helland? — pregunto detrás intentando hacer que las matas que rodean el hueco lo vuelvan a tapar. Esto es tan espeso como dos metros de ancho rodeado la cerca que está en la mitad. —Si, si. — el aire golpea mis piernas y que ya estamos dentro de costado de la casa, en el jardín lateral. —Una forma de decir Infiernolandina. Soy super creativo cuando quiero. —Bueno. Por algo quieres ser escritor ¿No? Cuando salgo del meollo y termino de arreglar las matas veo la cara de mi hermano inundada de tristeza. Se acerca y me da miedo sonrisa que en sus ojos no se refleja. —Pareces que te hayas revolcado con alguien en unos matorrales. — me quita hojas del cabello. —Es mi sueño frustrado. Hermanita querida, todos y cada uno de los humanos tenemos más de uno, en mi caso y a esta edad, solo tengo ese. Debería considerarme privilegiado. Después de todo lo demás que quiero lo obtengo. —De eso nada. —¿De que te estabas revolcando en unos matorrales? Por supuesto que no, he salido contigo. Es incesto. No seas asquerosa. — bromea pasando me sus brazos en mis hombros me mira desde su altura. —Desde aquí, eres como mi hermana pequeña. —Desde aquí sigues siendo mi hermano pequeño.— comenzamos a caminar pero para entrar por la puerta del servicio. —Y te hablo que nunca es tarde. No vas a dejar lo que te dice papá que hagas porque sé lo que cuesta salirse con la tuya cuando vives bajo el yugo de Jonas, pero siempre puedes luego. Mientras ponte a estudiar, ver cursos. He escuchado que no necesitas tener todo el aprendizaje en la literatura para escribir una historia. ¿Cuántas personas han publicado un libro teniendo otras carreras y estudios? Se hunde en mi hombros abrazándome como si me fuera a escapar o caer. Quizá para ojos externos parecemos dos borrachos. Mi brazo lo rodea en el aérea de la cintura. Tiene un cuerpo duro por tanto ejercicio y es que son exigentes. Esta tarde lo ví sin camisa mientras nadaba en la piscina y tengo que admitir que ambos hermanos están bien y lo peor es que ellos saben. Cuando salió de la piscina minutos antes que Lisa traje una limonada para sentarse a hablar con nosotros me quedé viendo cómo se sacaba el agua y colocaba unos lentes oscuros. A simple vista tuve que admirar el porte de mi hermanito. Ya no está chiquito ahora es todo un hombre. Pero eso no se lo diré, para mí siempre será mi come mocos. —Te extrañe tanto. Te quiero mucho, mucho, muchísimo, gigante. — me besa la cabeza. —Me hacías tanta falta. Que me digas esas cosas solo me deja pensando que si tú pudiste yo también. Me das falsas esperanzas pero aún así me contento. ¡Soy tan fácil de manejar! Estoy riendo por sus palabras. —¿Pensaste que terminaríamos la noche así? —Siendo profundos y diciéndonos cuánto nos queremos. Nah, por supuesto que no. Nos imaginé aún de hecho tomando nuestro peso en alcohol tu siendo un dolor de culo corriendo a cualquier chica que yo quiera esta noche y luego riéndonos de cualquier situación que pasará. — coge su llave para abrir la puerta de servicio. —Pero lo de pasar por ese lugar secreto ha emparejado mis expectativas de esta noche. Meternos como dos ladrones a nuestra propia casa tiene buen peso. Ruedo mis ojos riendo. Salimos luego de la discusión con mi padre porque uno necesitaba que me pegará el aire y dos quería compartir con ambos. Pero Javier no pudo venir debido que ya tenía un compromiso entonces me agarre de mi hermano pequeño y lo metí en un taxi. Al inicio estaba infartado que no tomaremos su auto entonces pensó que íbamos a beber. Es fin de semana y las calles están movidas. Fuimos a comer a un centro comercial. Caminamos si rumbo hablando de muchas cosas. Le conté de Ashton, el lo conoció cuando aún no éramos nada y ahora que somos algo solo me dió una mirada de "siempre haces lo que te da la gana" pero no estaba conforme. Me salió celoso mi hermanito. Pasamos la tarde en eso. Pero cuando cayó la noche y fuimos a comer a un restaurante termine infartada yo por la exclusividad del lugar. Lo insulte y nos fuimos a una cafetería. Por alguna razón terminamos en el cine y vimos tres películas hasta la última función. Hace una hora. Son como las dos de la mañana. —¡Que mierda le pasa a la casa! — me suelta y pasa el sensor de nuevo tantas veces que creo que está apunto de dañarlo. Por el tono supongo que esto es nuevo. Yo no tengo llave de aquí, este sistema lo instalaron hace poco creo pero mis llaves daba igual traerlas. Mi padre es un maniático con la seguridad y cambia cada tres meses o dos meses todas las cerraduras de la casa. Sobre todo las que están externas. —¿Será que está embrujada como la casa de los sustos? — digo con voz tenebrosa y mi hermano bufa con una risa. Veo sus mejillas y los hoyuelos en ellas. —Sera a la antigua. — comienza a meter una por una de las llaves en la puerta hasta que da con la que es y entremos al pasillo haciendo mucha bulla. —Muero de hambre. —Mierda... Si te has comido medio cine. — suelto pasando por su lado y viendo de reojo como cierra la puerta y pasando seguro. —¿Quieres un sándwich? Llegamos a la cocina por detrás y el reloj marca la hora. Mi hermano tira las llaves en el mesón haciendo eco por el lugar que está completo en silencio. Es extraño, está casa es gigante pero nunca está en silencio por completo. Siempre hay algo haciendo ruido. Desde el monitor del televisor que a veces se queda encendido en la cocina hasta la sala con el reloj de madera marcando los minutos. Pero nada hace ruido. Creo que Julián piensa lo mismo porque una vez se sienta ve el lugar con sospecha. —Este lugar está como la casa de los sustos verdaderamente. — finge estremecerse o eso creó—¿Sabes hacer sandwich de ese que lleva pollo agridulce? Cojo un cuchillo y lo señalo. —¿Vas para el cielo y vas llorando?— un sonido brusco de algo partiendose nos sobresalta. Por inercia tomo el cuchillo duro. —¿Que fue eso? Mi hermano brinca de la isleta y pasa por encima hasta llegar a mi. Por instinto lo coloco detrás sujetando el cuchillo. —Estoy justo aquí contigo ¿Cómo mierdas voy a saber que fue? — me susurra. Bien, tiene un punto. —Bueno... Pero se partió algo ¿No?— digo nerviosa. Suelta una mirada irritada y nerviosa. Me toma de los hombros para arrimarme hacia atrás. —¿Sera que Javier está follando y se le metió lo del sexo brusco? —No digas estupideces. ¿Que tiene que ver eso con que se parta algo de vidrio? — advierto bajo las sensaciones que estoy teniendo. Algo va mal. Lo sé. Y no tengo batería para llamar por teléfono. —se excito en el momento y se cayó accidentalmente — intenta bromear pero no me puedo reír. Estoy entre asustada y aterrada, no por mi sino porque no se que está ocurriendo. No me gusta la sensación de no saber que está pasando y la incertidumbre. —Deberiamos salir. Mejor vayamos a ver a Lisa. —¿Si verdad? — dice pareciendo lo correcto. Es como si ambos supiéramos que ese sonido no es normal. Entonces me doy cuenta de algo, cuando giro para buscar sus llaves. Coloco el cuchillo en la isleta y veo el monitor de la nevera. Cómo dije mi padre tiene todo moderno y hay una especie de tableta pegada a la una de las puertas. De ahí se puede ver y manejar cosas de la cosa. Es hasta que tomo las llaves que me doy cuenta. La imagen puesta no es la hora correcta. Arriba el reloj de la pared dice las dos y diecisiete de la mañana y el monitor está parado justo a la una y cincuenta y cinco. Mi sexto sentido que ha estado presente desde mi infancia me advierte que hay peligro. Pero no es fácil manejar la situación cuando no sabes a qué mierda estás enfrentando. —Vamos...— me dice mi hermano cogiendome del brazo está frío. Asustado como yo. —¿No deberíamos Llamar a la policía? — le pregunto y las llaves suenan horrible. Me encojo con el chirrido. —El monitor de la nevera está desconfigurado. ¿Pasa siempre? —No. Pero si es un problema de seguridad y si algo está pasando debemos salir, el sistema se reinicia en treinta minutos. ¡Maldición! No tengo mi teléfono. —Pero... ¿Javier? — le digo queriendo subir escaleras arriba. El silencio de esta casa es abrumador y estamos susurrando. —No está aquí. No lo creó— me dice —El salió con una mujer porque le tenía una sorpresa, ese era el compromiso. No iba a estar en casa. Suspiro tranquila y comienzo avanzar para abrir la puerta. Estoy intentando recordar la llave cuando siento algo frio detrás de mi cabello y cuando me giro veo el cañón de una pistola. Varias cosas podían pasar pero no que me apuntaran de ceja y ceja con una. ¿Cuanto tiempo tenía que no veía a una tan de cerca? Ni siquiera recuerdo. He estado tan familiarizada con armas que no me sorprende ver la que tengo enfrenté, es práctica y buena. Cuando se necesita recargar es rápida y no se atasca. ¿Que mierda estoy diciendo? ¡Me están apuntando! Caigo en cuenta. Lo primero es abrir mis ojos impactada lo segundo es moverme rápido para que si disparan no me dejen con los sesos regados. Tomo con la mano izquierda la pistola y con la derecha bajo el arma. Es algo tan sencillo al momento de practicar y tan difícil en el momento de hacerlo. Me sale todo mal, esto me pasa por no practicar en todo este tiempo. Cuando fui a tomar el arma. Fue más rápido el que me apuntaba y me movió para quedar indispuesta. Su mano está en pecho afincando mi cuerpo contra la puerta. No puedo verle la cara detrás de esa máscara completa. Tampoco puedo verle los ojos debajo de esa espesa tela o plástico que cubre. Está completamente tapado. Su mano envuelta en un guante oscuro me oprime el pecho varias veces como si esperara algo de mí y que no llega. Entre tanto y tanto me agita miro dónde estaba mi hermano quien ahora el parece querer desmayarse. Está pálido. —Mierda— dice una voz robotizada —Creo que va a vomitar. Entonces mi hermano entra en shock y en vez de golpear empujar hacer algo abre la boca y grita. —¡AYUDA! ¡Ayudaaaaaa! ¡Ziri llama a...!— un golpe con la culata de la pistola le dan en la sien y en ipso facto mi hermano cae desplomado. Yo abro mis ojos ante el impacto sin poder decir nada. Mi corazón martilla en mi pecho. Estoy siendo consciente de que ya no me están agitando contra la puerta. Ahora me tiene el cuello tomado ejerciendo presión pero no siendo tan fuerte. Queriendo dominarme para que no haga algo estúpido. Pestañeo varias veces. Julián está bien. Respira normal. —¡Putito niño rico! — dice el hombre que golpeó mi hermano. La voz... Jamás podré saber quién habla. —Pensando que sería ella quien gritara termino siendo el bebé. El agarre se hace más duro y dejo de ver detrás para ver a mi agresor. Se que puede sentir mis latidos asustados. Se que sabe que estoy nerviosa. Mis manos se mueven temblando y pese a todo lo que sucede a mi alrededor me tranco en pensamiento que me lleven al pasado. Esto no es lo mismo. Se inclina tanto que puedo oler el perfume que lleva. Siento la tela de la máscara en mi mejilla y solo un reflejo pequeño de sus ojos. Pero solo veo ojos no el color más nada y que también el imbécil utiliza un perfume que huele muy bien. Ladrón pero con buen gusto. Ese perfume es caro lo sé. Tantos años con mi familia me hacen identificar hasta cualquier prenda de ropa y su exclusividad. —Nos vamos a divertir Coss... Chiquilla. — pese a la distinción de voz pude presenciar un tono de satisfacción. ¿Divertir? ¿Que mierda me van hacer? Veo a mi hermano en el piso en una posición incómoda. Está botando sangre de un lado del rostro y eso es lo que me pone enojada. —Puedes aflojar el agarre, si te gusta el sado a mi no. —Espeto recordando que Julián hablo de un sistema de seguridad. Necesito solo tiempo. —Por cierto. ¿Que clase de diversión? Hasta los momentos me siento desanimada. El hombre se asombra por mi arrebato y es que si mi hermano tiene razón y el sistema se reinicia dentro de poco puede que la policía venga. Cómo en los casos de televisión. De algo tiene que valer tanto millones gastado en un sistema de seguridad de alta. Hubiese Sido mejor que papá pagará por la seguridad en la empresa de Antuan. Esto no estaba pasando. —¿Tu estás loca o tienes problemas para difenciar cuando estás en peligro? — me suelta y me coge del cabello haciendo que suelte un gruñido. Me jala hacia atrás y me pega a su pecho. No me gusta esta situación. Pero he estado en casos peores. —Hablas cuando te ordene que hables. Eira. Que mi nombre lo pronuncié tal cual como es me da vértigo en mi estómago. Pero lo ha dicho tal cual... Mierda. Posiblemente este tipo sabe quién soy. El otro hombre arrastra sin mucho cuidado a mi hermano. Lo seguimos por detrás yo viendo la escena y viendo todo. Buscando como mierda salir de esto. Pero ellos son dos armados, yo soy una con mi hermano inconsciente. No puedo hacer mucho. Intento caminar lento pero me obliga a ir a paso rápido. Mi cabeza se estremece en tanto aprieta para obligarme maldigo mil veces por qué odio que me jalen del cabello. —Me vas a dejar sin cabello.— me muerdo la lengua porque no estoy en condiciones de hablar. Ya me lo advirtió y pese que tengo miedo no me puedo callar. Siempre ha Sido así. Hasta en estás circunstancias son una total rebelde y en este momento no me siento orgullosa de eso. ¿Que carajos tiene la vida para empeñarse en darme este tipo de sucesos? ¿No le basto con tener que vivir lo que vivi a mis quince? Carajo. —shist. Te dije que sin hablar. — pero inexplicable me suelta no sin antes apuntarme en los riñones. —Lo quieres así, pues así está. Me hunde el cañón que está frío. Lo que me deja pensando que en ningún momento ha disparado. Por fortuna, si alguien está muerto no creo que pueda ver a alguien inocente herido. Me enderezó tensandome. El se ríe al darse cuenta lo que generó. Pero no sabe que son mis pensamientos quienes están haciendo mayor estragos que su arma presionada. Salimos a la sala y pasamos de largo al sentido contrario. Entonces me doy cuenta que vamos directo al despacho de mi padre. Son ladrones. Pero aún así. Algo me dice que no. No es lo que parece. —¿Porque vamos allí? — el gruñe y me empuja dando presión y me quejo con dolor. —Mierda animal. Ya no hablo. Se abre la puerta y quedó con el aire en los pulmones cuando me doy cuenta que son más... Y que por encima de todo esto no lo veía venir.
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