4.— Nuevos enemigos.

2239 Palabras
Con solo horas de mi sexto día de escuela, ya había anotado más cosas de las que cualquiera podía imaginar. Las miradas habían acabado un poco desde que el rumor de que Malkon y yo éramos hermanos se esparció por toda la escuela y fue confirmado con el tiempo, todos parecían querer respetarme de un momento al otro, eran amables y agradables en cada instante en los que tenían oportunidad. Tal parecía que tener mi apellido era digno de atención las veinticuatro horas les día, lo que, por más extraño que pareciera, no me parecía agradable, en lo absoluto. Me disgustaba de manera monumental el ser tratada como un premio que todos querían conseguir, un pasaje directo a mi hermano y su círculo de amistad a través de una falsa amistad, porque las personas ni siquiera se tomaban el esfuerzo de parecer realmente amigables. Era como estar en una típica serie adolescente, todos se enteraban de mis conexiones, de la gran capacidad que tenía para rodearme de aquellos que todos querían como amigos. Quizá era nueva, pero conocía las tácticas que la hipocresía podía ofrecer. Noah, muy al contrario del resto, era lo más transparente y sencillo de la escuela; era peculiar, sencilla, tan chistosa como su hermano y tan simpática como el mío, en ella había miles de cosas que la convertían en una candidata perfecta para cualquier amistad. Pero la escuela no era de lo único que había estado estudiando esos seis primeros días dentro de California. Dentro de las paredes de mi hogar, había tomado cada día para conocer a los diferentes habitantes del lugar; el primero fue Ryan, el que parecía estar bastante enamorado de una chica de tercero, la cual no caía con rapidez ante sus encantos, pero Luke, en una situación similar, no paró de hablar de Leah, una chica a la cual no conocía, amiga, según sus palabras, de chicas bastante complicadas y venenosas. Con Brent y Nick la cosa era diferente, el primero trataba a las chicas como algo de un fin de semana y, el otro, no dejaba de alabar a su hermosa y popular novia, y, con el último m*****o de la casa solo podía verlo por pequeños minutos al cruzarnos por los pasillos, sin ningún tipo de conversación. —¿Medium break? —llevé una papita a mi boca, mientras conversaba con la rubia en la cafetería. —Es como algo único aquí en Marshall, los padres exigen un merecido descanso intermedio para sus hijos para balancear la enorme presión de rendimiento que piden aquí —explicó—. Tienes suerte de llegar en estas fechas, las clases terminan en un mes y luego tenemos dos semanas libres. —Al menos por una vez en mi vida me siento suertuda —bromeé. —Tú —escuché a alguien hablar a mis espaldas. Volteé ligeramente, dándome cuenta de que se trataba de mí. —Me llamo Jessica —repliqué, sin inmutarme. Una rubia conocida por mi clase de historia se acercó a mí, con una muy falsa sonrisa de amabilidad. —No lo recordaba —se detuvo a mi lado—. ¿Puedo hablarte un momento, Jess? —Por supuesto —me puse de pie, alejándome unos cuantos pasos junto a ella. —¿Quieres sentarte en nuestra mesa? —una insoportable sonrisa salió de sus labios. ¿Me había levantado del asiento para eso? —De hecho, estoy bien aquí. —Creo que no estás entendiendo, linda —acomodó un pechón de cabello detrás de su oreja—. ¡Eres una Haynes! Definitivamente te conviene sentarte con nosotras, y no… Con ese tipo de personas —señaló a Noah con sus ojos. —¿A qué te refieres con eso? —Nuestra querida Noah es muy amable, sin embargo, si quieres ser alguien aquí dentro, estar con ella no es lo indicado. —¿Qué acaso el apellido Jackson no le da suficiente prestigio? —me crucé de brazos—. Digo, todos dicen querer a su hermano. —Y lo hacen… Pero Noah, ella no es su hermano, no va con nosotros. Solté una sonora carcajada, notando como algunos ojos se van hacia mí. —Deberías dejar de referirte a ti y a mí como un nosotros, no vamos de la mano, rubia —pude ver su expresión cambiar ante mi comentario—. No me interesa tu absurda jerarquía adolescente, estoy bien en esta mesa.   —¿Cuál es tu problema? —me proporcionó un pequeño empujón. Alcé una ceja, intentando controlar mi temperamento, pero no fue posible. Me había tocado y eso era un pasaje directo al infierno. —Tú eres mi problema, ¿cómo te parece? —di un paso hacia ella. —Pues quizá es hora de arreglarlo, ¿no crees? —copió mi acción. —Hay que hacer, querida plástica. Todos a nuestro alrededor comenzaron a vociferar, pidiendo algo más que palabras retadoras. Tomando en cuenta sus delicadas uñas, esa chica no me daría más que un mal insulto y yo, siendo la nueva versión de mí misma que quería evitar problemas, no iba a exagerar con mis respuestas. Sin embargo, mis pensamientos fueron erróneos en cuanto su mano se estampó sobre la mía, calentando cada vena de mi cuerpo. Me dispuse a abalanzarme sobre ella, pero mis pasos se quedaron cortos; toda yo fui levantada con una figura no tan desconocida, llevándome fuera de la cafetería. Zack Wilson me causaba más problemas que cualquier otro. —¡Quiero que me sueltes ahora mismo! —exigí Pero él no se detenía, seguía avanzando y avanzando, hasta que mis ojos ubicaron el estacionamiento. —Dame diez minutos para pensarlo y te mandaré un memo con mi respuesta —se burló, empeorando mi humor. Seguíamos alejándonos cada vez más de la entrada del colegio, hasta que el sonido de la puerta de un auto abrirse me dio a entender lo que sucedía. Zack, en un ágil movimiento, me dejó caer sobre el asiento de su camioneta, entrando detrás de mí y cerrando la puerta luego. —¿Estás demente? ¡Sácame de aquí! —pedí, golpeando su pecho. Su presencia no me dejaba llegar a la puerta para intentar abrirla y, aunque di media vuelta para hacerlo con la otra, esta no se abrió. —Le puse seguro para niños, lista —alargó una carcajada—. Cuando te calmes, te dejaré salir. —¡Agh! —volví a golpear su pecho. Una y otra, y otra vez, sin que él se inmutara, con expresión aburrida y esperando a que mi rabieta llegara a su fin. —¿Listo? ¿Ya te desquitaste? ¿Feliz? —alzó una ceja, luego de que dejé de golpearlo. Repetí esa acción una última vez, desquitando las gotas de ira que poseía. —Listo —me rendí—. ¿Por qué me llevaste así de la cafetería? ¡Estaba a punto de matarla! —Y por esa razón fue que te saqué de ahí —negó lentamente—. No te conviene meterte con Kate Morgan, te lo aseguro. —Me importa un comino quién sea, ¡se atrevió a golpearme! —Es la hermana de la chica que estoy cortejando, así que, de nuevo de digo, no te metas con las Morgan. —Te lo digo de nuevo, me importa poco —formé una sonrisa cargada de sorna. —Kate es la novia de Nick, y Gina es mi futura novia, que, si tu quieres tomar ese puesto no estaría disgustado, pero, como sé que me detestas, ella sigue siendo mi próxima chica. Estamos muy involucrados con ellas como para que lo arruines todo. —Muchas gracias por el ofrecimiento, pero paso —añadí, tajante. —Tú te lo pierdes —se encogió de hombros. —Ahora abre la puerta para poder salir ya —exigí nuevamente, con más determinación. Obedeció mis súplicas, dejándome salir y haciéndose a un lado. Lo fulminé con la mirada y bajé de ahí con cierto dejo de desesperación, y, como las cosas en mi día no podían mejorar, la figura enojada de Nick se dirigía a mí, con ganas de querer arrancarme cabello por cabello. —Tú vienes conmigo —tomó mi brazo y me obligó a caminar hacia una dirección incógnita. Como títere usado y desgastado, ya cansada de los arrebatos, caminé sin chistar, hasta que se le ocurrió detenerse en llegando al campo de fútbol y plantar sus ojos en mí. —¿Quién te crees para ofender a mi novia? —Que fastidio, otro más —me quejé rodando los ojos—. Primero, no sé si tu linda victima te informó, ¡pero me dio una cachetada! Y, segundo, como si fuera poco, estaba defendiendo a tu hermana, idiota. Su perfil enojado cambió en un abrir y cerrar de ojos al escuchar esa última parte. —¿Qué tiene que ver Noah con todo esto? —¿Enserio no tienes idea de cómo trata a tu hermana? —pude ver cómo tragó saliva—. Vaya, Nick, sí que estás ciego. —Pues entonces ilumíname, Jessica —abrió sus brazos en mi dirección. —La hizo inferior, Nick, delante de todos. Intentó decir que estar con Noah es igual a un s******o social, y, sinceramente, me cuesta creer que no veas cómo tratan a tu hermana. —Es imposible, Noah y Kate son grandes amigas, ellas salen juntas, comen juntas… —Claro, y mi padre es Jonny Deep —lo interrumpí, sarcástica—. Despierta, por favor. —¡Noah me hubiera dicho si algo estuviera pasando! —intentó defenderse, con algo de presión en la vena que adornaba su rostro. —Por supuesto, o quizá, ella creyó que era muy evidente y que lo notarías —me crucé de brazos—. Nick, cinco días han sido suficientes para escuchar las historias sobre la novia de mi hermano, y no son nada bonitas. Deberías dejar de pensar en ti y comenzar a enfocarte un poco en los sentimientos de Noah. Di media vuelta, ignorando su presencia y siguiendo mi camino de nuevo hacia la escuela, preguntándome como alguien no podía notar algo tan sencillo como eso y, más importante, ¿cómo nadie se atrevió a decírselo antes? Me sentí pésimo al pensar que mi hermano estaba completamente pintado en la situación, al igual que el resto, sus amigos, que, o eran igual de ciegos que Nick, o preferían cometer el más grande error, que era el guardar silencio y conservar una opinión neutral. En casos como esos, meterse en lo que me importaba era la respuesta que nos llevaría a la solución del problema. _________________________________________________________________________________________________________ Miraba con atención el programa de las cinco y treinta cómodamente en el sillón, disfrutando de tener la sala de estar solo para mí, al igual que el resto de la casa. El silencio y cese de pelas matutinas se sentía igual a un masaje de pies, mientras los chicos iban por comida, yo me atreví a modificar unas cuantas cosas en la casa para alejar el aburrimiento de mi cabeza. Jamás, en solo seis días, me había sentido tan cansada de estar en un lugar lleno de chicos. La puerta de la entrada se abrió, alertándome de una llegada, mientras alzaba la vista para ver de quién se trataba. A mi poca suerte, solo era uno del gran grupo, el tan nombrado Nick Jackson, o, como yo lo conocía para ese entonces, el muy mal hermano. —Tenemos que hablar —se acercó al sillón, tomando asiento a mi lado. —¿Qué quieres? —bufé—. Estoy viendo south park, no tengo tiempo para ti. —Lo hice —sus palabras captaron mi atención—. Investigué, hice algunas preguntas y… Tú tenías razón. Lo miré con atención, sintiendo el impactante olor a ron en su ropa. Estaba lo suficientemente cerca como para saber que se había pasado de copas. —Soy, terrible, ¿sabes? Siempre lo intento, hago lo mejor que puedo por ser un buen hermano para ella, yo… De alguna forma soy todo lo que tiene, nuestros padres son un caso completamente pedido —su mirada se ajustaba hacia un punto fijo—. Soy pésimo en esto de cuidar a mi hermanita. Un pequeño puntazo se inyectó en mi pecho al escuchar con su voz se iba rompiendo con lentitud. Entendí con su actitud, su hablar y su estado borracho, que realmente no lo conocía, ni a él, ni a ninguno dentro de esa casa, y eso incluía a mi hermano, él había cambiado lo suficiente como para tener que conocerlo de nuevo. Había más historia en esas extravagantes personalidades. —Todos nos equivocamos, no debes torturarte con eso —posé una mano sobre su hombro—. Ella te tiene en un pedestal, ¿lo sabes? Eres su hermano salvador. —Es lo mejor que tengo —una sonrisa inesperada saltó a su rostro—. Tengo que agradecerte y disculparme por cómo te traté. —No tienes que… —Claro que sí —me interrumpió, para luego dejar un largo silencio—. Me pareciste linda e interesante, ya sabes, cuando llegaste y te presentaste con todos nosotros, me dije: ¿viviré bajo el mismo techo con ella? ¿realmente soportaré eso? Eres su hermana y… No puedo verte con otros ojos, no se me es permitido. Su monólogo colocó el nerviosismo dentro de mi sistema, podía sentir cómo mis manos sudaban con cada respiración que me esforzaba en hacer. —Y le gustas a Zack, él te pidió, eres un campo minado. —Creo que estoy lo suficientemente grande cómo para que alguien me pida —mi respuesta lo hizo voltear—, y tú estás muy borracho como para seguir hablando. —Puedo decirte lo mismo mañana cuando esté sobrio —sonrió de lado—. Tú me quitaste la venda de los ojos, podría besarte por hacerlo. —Dejémoslo en un gracias —me puse de pie, dispuesta a huír. Mi plan cambia al momento en el que Nick decidió tomar mi brazo y atraerme hacia él, con un fuerte jalón. Terminé sobre él, a centímetros de su rosto, con la respiración agitada y con la perfecta posición para sentir su carga de alcohol. —Estás borracho, no sabe lo que haces —susurré, sin despegar mis ojos de sus labios, ubicados peligrosamente cerca. —Sé perfectamente lo que estoy haciendo. Nick, en ese momento, era la clase de destrucción que quería evitar a toda costa. Antes de que sus labios aterrizaran en los míos, el sonido de la puerta nos hizo voltear, pero no tuvimos el tiempo suficiente para separarnos. Cada uno de los rostros frente a nosotros abrieron sus ojos como platos al ver nuestra situación. —¿Qué está pasando aquí? —Malkon se cruzó de brazos. Los problemas no acababan con solo cambiar de código postal, y yo me estaba percatando de ello.
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