3.— Noah Jackson.

1216 Palabras
—¿Esperas una invitación para bajar? —Zack se detuvo frente a la puerta de la camioneta, esperando para que saliera de ella. Estaba más que nerviosa. —¿Te pasa algo? —alzó una ceja en mi dirección. —Estoy… un poco nerviosa —confesé. —No tienes porqué —se inclinó ligeramente hacia dentro—. Nos tienes a nosotros. Somos muy conocidos aquí, así que te será fácil hacer amigos. —¿Ah sí? —Claro, y si necesitas algo sólo nos avisas, así que baja. Me sorprendía el terminó general que usó, puesto a que Malkon era bastante introvertido mientras vivimos juntos. Era el mayor, pero yo era su impulso en cuanto hacer amigos y todo eso. —Por supuesto. Me atreví y bajé de la camioneta, tomando mis cosas y cerrando la puerta a mis espaldas, con un solo pie en el pavimento, los murmullos comenzaron a hacerse presentes por todo mi alrededor. A la lejanía, el resto de los chicos se unió a nosotros, mientras platicaban y reían sin cesar.   —¿Por qué todo el mundo nos mira? —pregunté, algo insegura. —Nada importante, sólo que te odian —Luke se mostró tranquilo. Tal y como si el tener miradas asesinas por doquier de personas que ni siquiera conocía fuera un suceso normal de la vida común. —¿Y eso por qué? —me mostré confundida—. ¿Es normal que me odien? —¿Ves esa chica de allí? —Ryan señaló con un movimiento de cabeza disimulado a una chica rubia—. Salió con Zack dos veces e inventó el rumor de que tuvieron una relación de dos meses que terminó con una infidelidad, así que, ¿qué crees que piensan todas estas personas al verte bajar de su auto? —Despecho, le llaman  —Zack pasó por mi lado, emprendiendo su camino hacia la escuela. —No te preocupes, se les pasará en unos días —repuso Brent, repitiendo los pasos de su amigo. Con mucha sinceridad, ser llamada la razón de una supuesta ruptura tomaba lugar en lo que menos me preocupaba al entrar en Marshall High. No tenía la mejor de las reputaciones en mi antiguo hogar, era agradable con todos y la mayoría lo era conmigo, sin embargo, fueron mis grandes errores los que me llevaron a crear unos no muy agradable sobrenombres y referencias, no podía culpar a nadie por ello, sabía a la perfección que mis metidas de pata no definían lo que era, o sería. Podía vivir mientras que la decepción no llegara a los seres que quería realmente. —Si llegan a molestarte, solo dime y me encargaré —Malkon tomó su puesto de hermano protector. —No te preocupes, hermano, sé defenderme sola —planté un beso en su mejilla. Proseguí a caminar hacia el interior de la escuela, pero por más que avancé con seguridad, mi caminata fue interrumpida por Nick, quien tomó mi brazo a medio camino, impidiéndome avanzar. —Espera, falta esto —me extendió un horario impreso en una pequeña página—. Ahí están tus clases, descansos y todo lo que necesites. Tenemos algunas en común, te tomarás con algunos de nosotros, por si necesitas algo y… —Te lo agradezco, ya escuché la charla de mi hermano, no requiero la tuya también. —¿Nick Jackson te está dando indicaciones y te quejas? ¿sabes cuántas chicas quisieran estar en tu lugar? —se cruzó de brazos, con aires de diva. No tenía idea, pero a juzgar por sus rostros, personalidades egocéntricas y comentarios repletos de ego varonil, podía imaginármelo. —Seguramente no —sonreí falsamente—. Como sea, me tengo que ir, que tengas un buen día. Intenté volver a mi camino, pero, nuevamente, el mismo tan peculiar personaje me hizo detener. —Tienes que dejar de hacer eso, alteras mis nervios —me quejé—. ¿Ahora qué quieres? —El nombre de mi hermana es Noah, te esperará en tu casillero, el número también está en la página. Se buena con ella, está feliz por conocerte —terminó por soltarme. Lo agradecí en silencio, adentrándome en la escuela y plagando mis oídos de comentarios fugaces con cada paso que daba. Quería correr hacia mi hermano y preguntarle qué clase de personaje televisivo se había vuelto y por qué razón estar cerca de sus amigos significaba ser puesta en la mira pública y social de su prestigiosa escuela para ricos. Ignoré cada uno de los comentarios poco silenciosos que se lanzaban hacia mí, logrando localizar el número de mi casillero. Junto a él, con una mirada llena de entusiasmo, una rubia se encontraba a mi espera, tal y como su hermano lo había afirmado. —Jessica, ¿no?  —preguntó, al verme llegar. —Tú debes ser Noah Jackson —un asentamiento de cabeza de su parte lo confirmó—. Es un gusto conocerte al fin —¡El gusto es mío! —dio un pequeño salto para abrazarme—. Te mostraré todo sobre la escuela, comenzando por esto —abrió su casillero con rapidez, dejando a la vista la decoración que cubría su interior. No solo tenía una decoración bastante impresionante, también poseía unos cuantos estantes pequeños. Si mi habitación me había impresionado, eso lo hacía el doble —¡Es alucinante! —examiné el casillero—. ¿Cómo lo hiciste? —En clase de arte te enseñan a pintarlo de la manera que quieras, y, en carpintería, nos dan puntos extras si logramos hacer los estantes sin ayuda —explicó, con una sonrisa de oreja a oreja—. Marshall High es algo problemático, pero tiene sus lados buenos. —Suena interesante. El timbre interrumpió nuestra conversación. —Ven, que te llevaré a la primera clase. Tardamos menos de lo que imaginé en llegar al salón, la escuela parecía enorme, pero llegar a un lugar específico sin perderse parecía simple con la ayuda de Noah. —¿Ésta es la clase de...? —cuestioné, mientras entrábamos al salón. —Historia —informó, tomando asiento en los asientos delantero. Ocupé el asiento a su lado, observando como todos comenzaban a llegar, seguido de una mujer más adulta, con cabello castaño y una esbelta figura. —Buenos días, clase, ¿qué tal su día libre? —formó una agradable expresión, deteniéndose en el centro, colocando su maletín sobre la mesa—. Bien, comencemos con una presentación —pasó sus ojos por una pequeña libreta—. Jessica Haynes, arriba, cariño. Obligatoriamente tuve que levantarme, volviendo a causar esa ráfaga de miradas difíciles de manejar. —Preséntate, Jessica —pidió, con tanta dulzura que no pude negarme. —Mi nombre es Jessica Haynes, tengo diecisiete, y me pueden llamar Jess —tragué saliva, sin saber qué más decir. Una rubia levantó la mano. —¿Sí? —¿Tú eres la hermana de Malkon? —su pregunta me hizo arrugar la frente. —Sí, ¿por qué? —Curiosidad —se limitó a decir. La curiosidad mató al gato, querida, y a la muerte siempre le gustaron más los gatos rubios. —¿Por qué no nos cuentas más de ti? —animó la profesora —. ¿De dónde vienes? —Europa —concluí. —Bienvenida, Jessica, puedes sentarte. No había acabado de decirlo, cuando ya lo había hecho. —¿Por qué todos me miran? —pregunté con discreción a Noah. —Eres la hermana de Malkon Haynes, llegaste en el auto de Zack Wilson, incluso mi hermano te entregó papelitos en medio de la entrada y estoy aquí contigo, ayudándote como si fueras la cita de Nick. Chica, todos aquí están odiándote ahora —explicó—. Digo, es una tontería sobre los ilógicos estándares sociales de la escuela, no le tomes importancia. —Es una completa tontería. Estaba marcada, o eso parecía. —Lo es —concordó, recostando la espalda en su asiento. Intenté concentrar toda mi atención en la clase, prometiendo no dejar que nada me impidiera obtener las notas necesarias. Soportaba la presión, era una verdadera genia en eso, no importaba la situación o momento, siempre lograba salir a flote. —Chicos, quiero un informe sobre esta clase para la siguiente semana, en parejas y de seiscientas palabras —ordenó la profesora, desde su asiento. —¿Lo hacemos juntas? —la amabilidad de Noah saltó a mi lado. —Hecho.
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