Primeras impresiones

2362 Palabras
Nathaniel Tenía una rutina matutina sumamente rigurosa que me convertía en un abogado centrado, eficiente e implacable, aunque esa mañana, todo se había descarrilado. Estaba seguro de que la disciplina, era la madre de las virtudes, mientras más trabajaba, más duro era mi entrenamiento físico y más rigurosa mi dieta. Yo era un gran defensor de que la excelencia se lograba de forma equidistante. Y estaba dispuesto a hacer todo lo que tuviera que hacer para ser el mejor abogado de Londres, quitar del mapa a Andrew y superar a mi padre. En lo que a mi respectaba, la excelencia era producto de la exigencia constante. Como resultado, estaba despierto desde las 3:30 am, había hecho ejercicio hasta las 4:30 am en la cinta y luego de darme una ducha rápida tuve una conferencia telefónica con los dueños de AndroTell que estaban muy ansiosos por reunirse con los inversionistas para presentar su nuevo móvil plegable y ecológico, era urgente realizar el patentamiento y si mi asociado no hubiese abandonado el barco, hubiese sido su trabajo. Aunque un par de días antes comenzó a lloriquear, diciendo que no estaba listo para aquello y toda mi rutina se fue al caño. Odiaba los días en los que llegaba tarde, la puntualidad era otra de mis obsesiones, pero esa mañana no pude evitarlo. La reunión se extendió más de lo que esperaba. Necesitaba concentrarme. Y tal vez echar un polvo cuando tuviese tiempo. Pero no sería esa noche. Estaría trabajando. Tenía que revisar una docena de sentencias del juez que llevaría el caso de nuestro demandante y realice las notas para anexarlas a los documentos que serían revisados por los socios, además de redactar la declaración de apertura en el caso de la empresa farmacéutica que había sido demandada por un grupo de clientes. En tres días, estaría en la corte, para transformar una restricción en una acción de acoso civil. No había tiempo que perder pensando en ir a buscar una mujer que estuviese dispuesta a pasar un buen rato sin complicaciones, porque en lo que a mí concernía, el amor era una plaga que se debía evitar a toda costa. Mientras revisaba mis correos electrónicos, alguien llamó a mi puerta. Resistí la tentación de gruñir. Odiaba que me interrumpiesen. Aunque realmente lo que más odiaba era tener que hacer el trabajo que debería hacer mi asociado. No lograba entender si yo podía realizar aquel trabajo, ¿por qué ninguno de mis asistentes podía? —Adelante —Rugí. —Nathaniel —Agnes entró en la oficina por segunda vez en esa mañana contoneando las caderas de forma provocativa —. Tu padre quiere que revises los perfiles de los postulantes antes de que comiencen con las entrevistas para posibles asociados. —No necesito ver carpetas que dicen exactamente lo mismo, Agnes. Necesito alguien…que me ayude a resolver todo este caos. —Negué con la cabeza. —No importa, no creo que lo encuentre hoy. Además no entiendo porque ellos van a acompañarnos, pedí que no estuviesen.¿Desde cuando ellos intervienen en las selecciones? —¿Alguien egocéntrico a rabiar? —Sonrió — Hoy vas a conocer a tu nueva víctima. Creí que estarías emocionado, por otro lado debe estar porque el socio décano, no está presente, deberías saberlo. —Se encogió ligeramente de hombros —. Entonces supongo que ya puedes seguirme a la sala de conferencias donde te esperan Harvey y tu padre. —Entonces, te sigo. — Dije poniendo los ojos en blanco. La seguí a la sala de conferencias, donde el gran Andrew Linton se encontraba a pesar de que le había solicitado a Harvey que hiciera lo posible para evitarlo, aunque sabía que donde estaba Edward, él lo seguía. También se encontraba mi padre y Harvey esperándome, me senté a su lado. —Es sorprenderte verte aquí, Nate. ¿Cómo vas con Mitchell?—Preguntó Andrew. —Bien, la carga de prueba de nuestro acusado es endeble, no va a poder demostrar su inocencia. Gracias por tu preocupación. —Sí, es realmente sorprendente. —agregó mi padre —. Gracias por honrarnos con tu carismática presencia. Sabemos cuánto amas seguir el protocolo. Ambos rieron y reprimí el impulso de mandarlos a la mierd@. Esa unión apestaba fraude. —Escuché que no respondieron a tu solicitud de divulgación y te enterraron en archivos —Agregó Harvey mientras revisaba sus notas. —Así es, pero lo tengo cubierto. —La verdad es que no veo para que necesitas un socio, tú haces un excelente trabajo como asociado—bromeó Andrew y Edward contuvo una risita. Podriamos ahorrarnos ese sueldo. Me mordí la lengua. Rodé los ojos y Harvey me lanzó una mirada de advertencia. Él quería preservar la paz por lo que hacia la vista gorda y yo por el momento estaba bien con eso, porque Edward no se metía en mi vida. —¿Por qué necesitamos hacer las entrevistas a los posibles asociados los tres? ¿Creí que seriamos solo nosotros dos? ¿No tienen nada que robar, ni pruebas que falsear? —Esta es una familia, Nathaniel —habló mi padre severamente, ignorando mi pregunta, que sínico —. Ya sea un asociado, un interno, la secretaria, o el hombre que se queda en la noche y limpia esta oficina, quiero que se sientan aun parte de una gran familia. ¿Tú no? Esa es la razón principal por la que aún no te he considerado como mi sucesor dentro de la firma. Si no eres capaz de poner la firma frente a tus intereses, me temo que no tardarás mucho tiempo en destruir nuestro legado. Hipócrita, la actuación se le daba bien. —Que discurso tan conmovedor. Soy un narcisista, algo que tenemos en común, porque a ti solo te importa tu persona. No voy a agregar nada más, no creo que sea propio —dije enmarcando una ceja—. ¿Cuántos entrevistaremos hoy? —No muchos. —Harvey deslizó una carpeta hacia mí—. Tenemos la selección de los tres primeros. Solo necesitamos reducirla a dos. Dos de la escuela de leyes de Oxford, y uno de leyes en Yale. Agregaremos dos más para el día miércoles en el caso de que ninguno de ellos te sorprenda. —Entendido… —¡Está bien, Agnes! —Harvey presionó el botón del intercomunicador—. ¡Puedes hacer pasar al primer aspirante! Cuando la puerta se abrió, esperé ver al aspirante promedio, estirado, pavoneándose con sus logros académicos e historial perfecto o a la aspirante arrogante, planamente vestida con una sonrisa de madera, pero la mujer que entró estaba bastante lejos de eso. Vestida con un vestido n***o con cierre metálico que atravesaba su espalda y bajaba por su redondo trasero para perderse hasta el final del vestido, llevaba un par de tacones color rojo, era una de las mujeres más sexy que había visto alguna vez; no podía apartar mis ojos de ella, no porque fuera espectacular de forma convencional, sino por su actitud agresiva. Me removí incómodo. Sus ojos eran profundos y chispeantes. Su cabello estaba en una cola alta que le daba un aspecto de amazona. No pude evitar observar ligeramente sus pechos, y sus labios. Unos labios rosados y apetecibles, parecían estar murmurando para ella misma, hablaba sola, eso me hizo casi sonreír. Mientras analizaba cada curva dibujada por el vestido, sus sorprendentes ojos se encontraron con los míos. Levanté una ceja y se sonrojo. Por un instante pensé en pedirles a todos que salieran para entrevistarla a solas. Fue instintivo, parecía que estaba nerviosa. Nunca me había sentido tan impresionado por nadie antes. No podía ser mi asociada bajo ningún concepto. Le sonrió ligeramente a Andrew en forma de saludo y yo no pude evitar darme la vuelta para ver si él le devolvía el gesto y así fue, lo que sorprendentemente me inquieto más de lo normal. ¿Acaso se conocían? Porque de ser así el estatuto declaraba que las relaciones entre empleados estaban estrictamente prohibidas. Luego se giró inmediatamente, mirando al resto de socios que nos encontrábamos allí. Le sonrió a Harvey e inmediatamente entendí que se trataba de la amiga de su esposa: Rebecca. No era para nada como la imaginaba. —Bienvenida a Wentworth y Asociados señorita Bianco —dijo Edward —. Estamos felices de que esté aquí para hacer una entrevista, pero como sabe solo podemos seleccionar a un asociado de los sorprendentes candidatos que tenemos hoy. —Lo entiendo, señor. Es un honor estar aquí y créame que de salir seleccionada pondré todo mi conocimiento a disposición de la firma—. Sus ojos se encontraron de nuevo con los míos, y sentí que me inquietaba bajo el pantalón. «Maldición». Traté de detener las imágenes que invadían mi cerebro, secuencias donde le bajaba el cierre lentamente, me pregunté que tan suaves eran sus labios. Tomé un poco de agua al sentir la garganta seca. Intentaba concentrarme en lo que Harvey decía, pero las imágenes seguían reproduciéndose. Cada una desembocaba en otra aún más inapropiada, y antes de darme cuenta, la había desvestido mental, como si no hubiese nadie más presente. Vi como Andrew la observaba y eso me molesto más de lo que podía soportar. ¿Qué diablos está mal conmigo? ¿Atraído por alguien que ni conocía? ¿Una asociada que probablemente tenía mucho que aprender del funcionamiento de las leyes de nuestro país? —Bueno, comencemos entonces. —Harvey interrumpió mis pensamientos—. Nathaniel, ¿te importaría comenzar con la primera pregunta? —No gracias —dije, tratado de ignorar el hecho de que la Señorita Bianco cruzaba las piernas lo que me hizo tragar un poco de saliva. Mi amigo me dio un codazo por debajo de la mesa y susurró entre dientes—: Dijiste que le darías una oportunidad, Nathaniel. Hazlo por mí y el bien de mi matrimonio. Asentí ligeramente. —¿Por qué decidió ser abogada, señorita Bianco? —Porque alguien me dijo que solo así podría ser arrogante, estar siempre absorta en mi misma, ser fanfarrona —dijo—. Y aun así cobrar por ello. Y por si les interesa saber quién me lo dijo, fue mamá. Siempre he intentado complacerla, entonces me dije: ¿Por qué no? Teníamos eso en común. —Creí que a nadie le gustaban los presumidos —repliqué. Mis labios se curvaron en una sonrisa, y los demás comenzaron a reír con ganas. —A nadie le gustan, señor—continuó—. En realidad creo que elegí leyes porque no hay mejor sentimiento que trabajar para un bien mayor. Ayudar a que aquellos que no tienen nada logren obtener justicia es gratificante de una manera que jamás imaginé. Siempre soñé con ser abogada, no temó meter las manos al barro y me preocupo por mis defendidos. —¿Qué me dice de su familia? —La interrogó, Edward. —Lo lamento...—Se mordió el labio hinchado. —No entiendo, ¿por qué importa mi familia? —Porque solo nos basta dar un vistazo a tu hoja de vida para ver tus logros academicos y laborales, pero nos gustaría saber quien eres. —Le aclaró con dulzura, Harvey. —Bien...Mi familia. —Lo pensó un momento. —Mis padres se separarón cuando o tenía solo cinco años porque papá, era un adicto. —Suspiró. —Luego mamá tuvo que hacer cosas de las que provablemente se arrepiente para sacarnos adelante. Estudié donde ofrecieron cubrirme la mayor parte de los estudios y me esforcé para obtener las mejores calificaciones siempre sin importar qué. Tengo una madrastra malvada que era modelo y a la cual le parezco patetica. No puedo olvidar mencionar a mi media hermana, quien se quedó con mi prometido y ahora vive una torrida historia de amor. ¿Es suficiente? —Edward la miró horrorizado. No pude, evitar sonreir. Era buena, muy buena. —Buena respuesta, la honestidad es algo que valoramos. —dijo Andrew y alcé las cejas. ¡Dios, le gustaba! ¡Al hijo de put@ le gustaba! —. Ahora, vamos a hacerle una serie de preguntas de rutina. ¿Cuál fue su caso más complejo hasta la fecha? —Sí, señor. Puedo decir sin dudas… —Tengo una pregunta más —. Interrumpí. Me acomodé en la silla y pude ver como su rostro se contraía. —Fuera de esta sala esperan ser llamados dos candidatos de Oxford. Si consideramos que aún no ha dado los exámenes de BVC, ¿por qué deberíamos contratarla a usted? —Excelente pregunta —Observó mi padre apoyándome por primera vez en la entrevista. —La razón es muy simple: ¿Qué diría señor Wentworth si le dijera yo puedo aprender lo que sea necesario antes que ninguno de sus egresados de Oxford o Cambridge? Y que tengo más experiencia que ninguno de ellos. El retorno de inversión sería más que jugoso. Mi antigua firma pagó mis últimos años de estudios y devolví con intereses los préstamos estudiantiles en cuatro años. Lleve una cuenta por un cuarto de millón en mi último año, de hecho. Pagar mis exámenes es una inversión, no un gasto. Entiendo que puede sonar como un cliché decir que aprendo rápido, todos deben decirlo, sin embargo yo puedo demostrarlo. —Diría que es una gran mentirosa y que ellos ya dieron sus exámenes, por lo tanto están en clara ventaja sobre usted. —Si no me cree, puede preguntar lo que desee —Me desafío y eso me éxito aún más. Sí que era una presumida. Parpadeé negándome a creer lo que estaba escuchando. —Creo que tenemos un desafío —ánimo Harvey. —Esta entrevista se tornó muy interesante —secundo mi padre.— ¿Lo harás? —Andrew presionó su pecho, riéndose—. ¡Eso suena como algo que diría Nathaniel! —Mi padre me palmeó en el hombro—. ¿No es así, Nathaniel? Lo miré furioso y si pensaban que esa aspirante podía desafiarme y salir bien librada estaban muy equivocados. —¡Agnes! —Le ladré al intercomunicador —Necesito que traigas mi portátil. ¡Ahora!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR