Tú el Orgullo, y yo el Prejuicio

1924 Palabras
Rebecca Me quedé quieta, paralizada por los impresionantes ojos azules de ese hombre. Tenía una mandíbula perfectamente cincelada y un cabello n***o azabache por el que tuve la tentación de levantarme del banquillo de acusados para pasar los dedos para comprobar si era tal como lo imaginaba; todo él era de una perfección inigualable. Exudaba testosterona por cada uno de sus poros con esa postura de hombre malo y ese acento británico que sonaba profundo y arrollador. Mientras lo miraba, sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, apenas si movía las comisuras de los labios, lo que le hizo tener el mismo aspecto que un modelo de diseñador. Aunque sabía que esa sonrisa lejos de ser una forma de flirteo se debía a que tenía la certeza de que me dejaría humillada ante los demás socios. Por supuesto él no tenía ni idea en que se estaba metiendo, yo no realizaba promesas vacías. No sabía que había repasado el manual para el examen de BVC al menos tres veces, tomando notas y entendiendo punto por punto, más que suficiente para aprenderlo casi de memoria, eso me ahorraria tiempo de estudio cuando comenzara a cursar. Si estaba trabajando eso me daría un clara ventaja. No tenía ninguna duda de que la corbata que llevaba puesta era exclusiva y costaba más de lo que yo jamás ganaría en un mes trabajando para él o que el delicioso perfume que emanaba aún a gran distancia valía más que el cutre departamento donde vivía, sin embargo eso no le daba derecho a cuestionar mi capacidad y sugerir que los egresados de Oxford eran superiores a mí. Intente concentrarme en los demás socios mientras él buscaba en su portátil. Pero el traje n***o de tres piezas dejaba en evidencia el hecho de que estaba ocultando músculos bien tonificados y me pregunté cómo sería en la intimidad. Seguro podría follar como un dios de la mitología griega. Popys tenía toda la razón era tan atractivo como poco encantador. Un señor Oscuro sin duda. Baje la vista y me encontré con un reloj finísimo e inmediatamente reconocí el reloj plateado que llevaba. Era digno de alguien que se creía muy superior al resto de la humanidad. El Señor Oscuro me estaba mirando tan intensamente como yo lo estaba mirando a él, y no podía romper el contacto visual aunque lo intentara. Sentí que se me endurecían los pezones por debajo del vestido, y estaba segura de que tenía las bragas húmedas. Rogué a todos los dioses de la justicia que no se notara mi gran turbación o perdería la oportunidad de un gran empleo por estar cachonda agregando una nueva insignia de vergüenza a mi historial. Andrew también me miraba de soslayo tratando de disimular ante los demás socios. Yo aletee en algunas ocasiones las pestañas mostrándole que estaba más que encantada con eso. Andrew era sin duda muy atractivo, guapísimo, pero debía reconocer que el atractivo de Darth Vader era arrollador y prácticamente había sacado de mi sistema de un plumazo toda la atracción que sentí en el metro por Andrew. Quizas mi excusa fuese que me gustaban los chicos malos. Antes de que pudiera obligarme a recuperar la cordura y recordar que no estaba allí para coquetear con hombres por más buenorros que estuvieran si no que estaba para sacarnos del peligro inminente de la miseria, Nathaniel habló: —En Grip Nut Co. v. Sharp , Sharp hizo un trato con Grip Nut Company en el que, a cambio de un salario y bonificaciones como presidente de la empresa, cedería a la empresa todos los inventos que hiciera. Grip Nut Co. contra Sharp.Cuando expiró el contrato de trabajo de cinco años, Sharp continuó sirviendo como director ejecutivo, pero no se negoció ningún contrato nuevo en relación con el pago o los derechos de invención. Durante los siguientes diez años, Sharp inventó una serie de nuevos productos y desarrolló nueva maquinaria para fabricarlos; los derechos de patente fueron a parar a la empresa… —Leyó, y de inmediato clavó sus ojos en mí. —La familia razonó que después de la expiración del contrato de trabajo, Sharp fue empleado solo en una capacidad gerencial, no como inventor. El tribunal no estuvo de acuerdo e invocó la doctrina de los derechos comerciales., en virtud del cual una invención "desarrollada y perfeccionada en la planta [de una empresa] con su tiempo, materiales y aparatos, y totalmente a su cargo" puede ser utilizada por la empresa sin pago de regalías…—Sonreí con suficiencia —Fue un caso que llevó adelante uno de sus antecesores hace más de cicienta años y es un antecedente que usaron hace dos años en uno de los casos expuestos por su padre, es por eso que lo tuve especialmente en cuenta. Harvey inclinó la cabeza hacia un lado; parecía estar divirtiéndose, pero la sonrisa no asomó a sus labios porque parecía reprimirla con gran habilidad. Supongo que le temía al señor oscuro tanto como los demás. —Bien. Es correcto. Andrew ahogo una carcajada y carraspeo un poco tratando de disimular lo bien que lo estaba pasando. Aquella lenta y tentadora sonrisa se extendió por su rostro nuevamente, y sentí que el corazón comenzaba a acelerarse en mi pecho. No podía dejar de mirar a ese hombre a pesar de que lo intentaba con todas mis fuerzas, y supe en ese mismo momento que su rostro y su tonificado cuerpo iban a aparecer en todas mis fantasías a pesar de que no me gustaba su actitud. Entonces decidí ir aún más lejos. —Ahora, creo que es mi turno —Rompí el duelo de miradas que teníamos para mirar al dueño de la firma que me observaba aprobando mi insolencia, lo que me dio la fuerza para apostar aún más fuerte. Puede que después de eso no me contrataran, pero cómo iba a disfrutar darle una buena lección. — ¿Sí? —respondió. —Creo que es justo que ahora yo elija un tema. Estamos aquí en pos de la justicia y no se me ocurre nada más apropiado. Me miró con los ojos entrecerrados. —Elige un tema, el que sea. —Se puso de pie. —Nueva normativa de la Ley de Inversiones—le dije, cruzándome de brazos. —La ley de inversiones extranjeras, protege el proceso de inversiones y las violaciones surgen de las declaraciones relacionadas a la principal fuente de responsabilidad penal por retroactividad que son mencionadas en las leyes Federales de valores. Cualquier persona que deliberadamente, viole la disposición, comete delito penal… —Objeción… La responsabilidad, dependerá directamente de la divulgación y la… Ni siquiera me dejó terminar. —La Sección 403 acorto significativamente el tiempo en el que las… —Su expresión de suficiencia me irritó. Tampoco le da la oportunidad de terminar porque adiviné lo que alegaría. —Sí, pero esas divulgaciones solo darán lugar a partir de 2002 como fecha vigente. Hizo una mueca de disgusto al ver que estaba a su altura en cuanto a conocimiento. — ¡Impresionante! —Me estrechó la mano, e inmediatamente sentí que un cálido hormigueo me bajaba por la espalda. —Lamento decir que no creo que cumpla con los requisitos que busco en mi nuevo asociado. Se dio la vuelta ignorándome. — ¡¿Qué?! —Me levanté ofuscada. No podía decir que no había estado impresionante. — ¡¿Cuáles son esos requisitos?! ¿Sumisión completa? ¿No contradecir al hijo mimado del dueño? Me lleve la mano a la boca cuando me di cuenta lo que acababa de salir de ella. Nathaniel se dio la vuelta para mirarme quedando a pocos centímetros de distancia, la tensión era palpable y me observaba como si desease borrarme de un plumazo. La respiración de ambos era agitada y errática como si hubiésemos acabado una sesión de judo. —Estás desafiando a la persona incorrecta —su pecho subía y bajaba. —No lo creo, puede que seas el dueño y convencionalmente atractivo, pero eso no te da el derecho para tratar a tus empleados como si fueran escoria, eres un cliche de hombre malvado y arrogante, tan insatisfecho consigo mismo que tiene que hacerle la vida intolerable de quienes lo rodean. —lo señalé con mi dedo acusador. —Creo que deberíamos calmarnos —intervino Harvey tratando de apaciguar los ánimos. Nathaniel me miró de arriba abajo y yo sostuve su ardiente mirada. Me miró de una forma intensa y prolongada, sin decir una palabra, lo que me hizo llegar a pensar que no iba decir nada más. Por tanto la entrevista acabaría en rotundo fracaso y esta vez con total justicia. Realmente ya ni siquiera me importaba. No podría trabajar para alguien tan orgulloso ni aunque lo desease con toda el alma. —Ni yo con alguien con tantos prejuicios…—dijo como si leyera mi pensamiento, lo que me hizo abrir los ojos y dar un paso hacia atrás chocando con la silla en la que hasta hacía unos momentos estaba sentada. —Ni siquiera me conoce, señorita. Tiene un par de minutos para marcharse o le aseguro que llamaré a seguridad para que sea escoltada. —No, Nathaniel. —Dijo por fin Edward Wentworth —En estos momentos estoy intentando contratar personal —dijo—.Y aunque normalmente te permitiría que manejes este asunto, creo que no podemos dejar pasar la oportunidad de contratar a alguien con tanto potencial. Las notas dicen que trabajo con tres socios mayores a dos años de su graduación en una acción colectiva de nivel interestatal. —Estás loco si crees que voy a trabajar con alguien tan insolente y que no puede por alguna razón contener cada idea que cruza por su cabeza. —No es necesario. Estoy seguro de que Andrew estará feliz de tenerla como asociada. —Miró a Andrew que parecía estar conforme con el hecho de salvarme nuevamente —Llama a recursos humanos para que trasladen a Martin a investigación, también asegúrate de que le sea otorgado un aumento del 10% en su salario. —No voy a permitirlo —. Rugió Nathaniel. —No estoy pidiéndote permiso, hijo—repuso su padre y por primera vez note lo tensa que era su relación. Suspiro profundamente intentando calmarse. Por un instante, entendí que llevaban a cabo una guerra de poder que no pensaba perder. —Creo que me sobrepase —dijo a forma de disculpa, aunque era una disculpa muy mala. —Señorita Bianco, por favor acepte mis disculpas. —Aceptada —Dije frunciendo el entrecejo. Sin entender que acababa de ocurrir. —Necesito una asociada, alguien que pueda trabajar con facilidad bajo mis órdenes y a quien no le importe el nivel de intensidad o las largas horas de trabajo. Parece que ninguno de mis prospectos puede soportar más de unas cuantas semanas, pero ciertamente ninguno de ellos era tan brillante como lo es usted. — ¿Por qué renunciaron exactamente? —pregunté llena de curiosidad. —Supongo que no tenían la resistencia necesaria para seguirme el ritmo. —Sonrió sinceramente por primera vez. —Entonces esta todo resuelto —anuncio Harvey con una sonrisa en el rostro. —La espero en mi despacho en cinco minutos y le advierto que odio la impuntualidad. Harvey apretó el intercomunicador y dijo: —Agnes, despide al resto de postulantes. Encontramos la candidata perfecta para el puesto. Para bien o para mal era la nueva asociada de Nathaniel Wentworth y no tenía ni idea de cómo reaccionar ante eso.
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