—está muerto, no puede ser, —grito llorando el gordo al revisar a su maestro. —parece envenenado, —dedujo el calvo al verificarlo. —ahora nos van a echar la culpa, yo si soy de malas me toca irme a hora para otra cárcel, —se quejó el fuerte, parándose de la mesa, empezando a dar vueltas. —tranquilos, simplemente vendrá alguien a investigar y por mucho ejecutarán a los cocineros, —explico el gordo sonándose los mocos y limpiándose las lágrimas. —es verdad, los crímenes no se resolvían en mi tierra con una tecnología de gran avance, ahora menos con este atraso científico, —formulo el calvo. —al menos nos dejó en claro lo que tenemos que hacer, —añadió el fuerte frotándose las manos con cara maliciosa. —lo que tenemos que hacer es irnos de esta dimensión, al instante, —expreso mi idea,

