“Le darás su rostro a quienes quieran deshacerse de ella” esas eran las palabras que Ephraim Cyril, rey de Tassia, no lograba sacar de su mente. Era cierto que, aunque todo el reino sabía que la primera reina de Tassia era extranjera, eran pocos los que la conocían, en realidad, pues a la joven no le habían sido asignadas sus labores como reina debido a la renuencia de la nobleza a recibirla como lo que era. Sin embargo, tras ver las buenas ideas que tenía, y sobre todo tras confirmar que la reforma laboral que propuso lograría un progreso a gran escala y en poco tiempo, Ephraim pensó que ya era hora de que ella se luciera, no que trabajara a medias y a escondidas, tal cual había estado ocurriendo desde que comenzó a preocuparse por el reino. Y ahora estaba ahí, en tremenda encrucijada

