Han pasado dos días, y no sabemos nada de Paul, el invierno ha llegado, lo bueno, es que no hay manera de que alguien nos siga o encuentre, lo malo, es que tampoco Paul pueda hacerlo, o tal vez se quedó en el camino, y esa incertidumbre me carcome, me duele, me hace que mis entrañas se retuerzan, no puedo calmar esa ansiedad, angustia y desesperación. Interiormente me estoy desgarrando, si las heridas emocionales fueran visibles, estuviera abierta por la mitad de mi tórax, expuesta como en una autopsia y todos mis órganos supurando sangre, marcados por cada una de los pensamientos más dolorosos que puedan pasar por la mente de una futura madre, esperando a su amado, perseguido por los nazis en días de invierno, sin presente, sin pasado y sin futuro.
Jules, ha realizado recorridos para tratar de visualizar si viene o si al menos encuentra su cuerpo, pero nada.
Gaspard, es el nombre del ermitaño dueño de la cabaña, ha estado cuidando de mí, es muy considerado, lo agradezco, pero en estos momentos no tengo cabeza para pensar en nada.
—Jules, es posible que haya escapado, pero el cima no ayuda para la visualización, del camino, y no sabemos si está herido, hay de dividirnos, ya recorriste una parte de la zona norte, vamos al este, a lo mejor rodeo, recuerda que é sabe el camino, buscará la forma más difícil de llegar, simplemente, para despistar al enemigo— escucho como Jules y Gaspard, están hablando sobre un mapa, yo solo observo a la distancia, pues mi primer instinto es salir y gritar, y correr hacia ningún lado solo para intentar llegar a él.
—Tal vez tengas razón, pero mi temor, es que esté mal herido, y eso dificultaría su avance, y sabes bien, que en cuanto aclare, tenemos que partir, ella tiene que tomar una decisión— Sé que Jules, tiene las mejores intenciones, pero no es algo que quiero decidir, prefiero que la vida lo haga conmigo, cierro los ojos, pues a pesar de que hablan en susurros, logro escuchar claramente sus palabras.
—Bien, Caroline, vamos a salir, cualquier cosa, sabes nuestros planes, no te dejes vencer, piensa en el bebé— yo me le quedo viendo.
—De todas formas, cualquier decisión es de riesgo, quedarme, irme, esperar o dejarme morir, nada de eso me ayuda Jules— mi tono de voz comienza a entrecortarse, él no dice nada, ¿qué puede decir?
—Anden vayan y regresen con Paul, mientras haré la cena, un delicioso plato de avena— les digo sarcástica, pero poniendo manos a la obra. Les doy un abrazo a los dos, y les deseo suerte.
Han pasado unas horas, busco que hacer, y me percato que falta leña. En la parte de atrás hay una bodega, cubierta, donde Gaspard ha almacenado para el invierno, claro que, con nuestra presencia, su consumo ha aumentado, así que decido, ir a buscar leña por mi cuenta, tomo el hacha, y camino unos metros, hasta que solo veo el humo de la cabaña. Hay unos troncos caídos, cubiertos por unas rocas, muevo ligeramente, y estoy por cortar con el hacha un trozo, cuando escucho a lo lejos un quejido, agudizo mi visión, mi oído, pues puede ser cualquier cosa, desde un animal herido, un enemigo, o Paul.
Con mucho cuidado, con el hacha en mano, camino, sin hacer ruido, o al menos el menor posible, sigo el ruido, es entre quejido, lamento y balbuceo.
En eso, veo algo que se mueve, como arrastrándose en el piso, cubierto de nieve, me acerco y sé ahora que es un cuerpo, sigo caminando con precaución. En eso escucho.
—Mi Caroline, mi Danielle, espérame voy a buscarte— ni siquiera esperé a que terminara sus palabras ya estaba sobre de él.
—Paul, mi Andrew, mi amor— le intento quitar la nieve de su rostro, y su cuerpo, lo beso, e intento mover, pero es muy pesado. No puedo gritar pues no sé si sea posible que haya alguien más, alguien de quien no queremos ser vistos.
—Necesito ir por ayuda, amor, no puedo cargarte, aguanta, por favor— me acerco a su rostro, quiero que sienta mi calor y escuche mi voz.
—Vamos hazlo por tu hijo, mira, tócalo, aquí está, aquí estamos— le tomo su mano con cuidado para que sienta mi vientre, mis lágrimas caen sin aviso y son poderlas contener. No quiero dejarlo, pero hay más posibilidad de salvarlo, si voy por el trineo y lo subo y lo arrastro a la cabaña.
Me alejo llorando, casi sin respiración, tengo aún el hacha en la mano, la dejo junto a la leña, y tomo el trineo, algunas mantas y las amarro. Estoy en eso, cuando llega Jules y me ve.
—¿qué sucede Caroline? — me pregunta cuando me observa tratando de amarrar las coas y yo aún con lágrimas en los ojos, trato de decir algo, pero no puedo.
—Lo encontré— solo suelto, Gaspard logra escuchar, y entra corriendo, y sale con unas bolsas de agua caliente, las pone entre las mantas y me siguen.
Traté rápidamente de orientarme, agradezco a mi sentido de observación, al llegar a la leña que iba a cortar, es como me guío para ir por Paul. Entre los dos hombres, los cargan con mayor facilidad, lo ponen sobre el trineo envuelto entre las cobijas y las bolsas de agua caliente, lo amarramos para evitar cualquier daño y lo transportamos a la cabaña.
Gaspard al entrar, libera la mesa del comedor para colocarlo ahí, le vamos quitando las ropas, algunas están pegadas y con ayuda de agua tibia, desprendemos las prendas, pero, cuando llegamos a su pierna, es ahí donde mi preocupación aumentó. Al parecer tiene una herida, mal tratada, aparentemente cicatrizada, a medias, pero, el daño del frio le llegó, tiene gangrenado hasta la pantorrilla, y aunque tratemos de recuperar la circulación, el tejido ya está dañado, lo que hay que evitar, es que siga subiendo. Lo primero que hago es ponerle un torniquete, en el muslo, más arriba del daño, para evitar que aumente, lo vestimos, le damos algo de alimento líquido, avena, para variar y agua, pues si bien hay hielo, también hay deshidratación.
—Tendremos que amputar, si queremos salvarlo— Dice inmediatamente Gaspard, al parecer, es médico retirado, por eso pudo pasar mucha información y formar la resistencia durante mucho tiempo.
—Lo sé— le contesto, limpiándome las lágrimas, tratando de permanecer fuerte.
—¿Me ayudas, o lo hago con Jules? — en estos momentos no sé quién pudiera estar más preparado, pero no quiero separarme de él.
—No sé si Jules, haya hecho amputaciones anteriormente, yo sí, además, necesitamos que lo sujete con fuerza, es posible que se desmaye por el dolor, pero también es posible que no, y luche por evitarlo, y es posible también perderlo en el intento y no quiero separarme de él— mis manos trabajan inconscientemente, preparando la zona, tratando de esterilizar, mientras Gaspard trae su herramienta médica, que también comienza a limpiar. Amarramos a Paul, lo mejor que podemos, le damos bastante alcohol, tomado, para que disminuya un poco el dolo, le ponemos una mordaza y comenzamos el procedimiento.
Cortar carne, es un proceso no difícil, lo difícil, es cuando el paciente está consiente, y no tienes las herramientas suficientes, quisiera poder disminuir el sangrado, en parte es posible, por el frío de su pierna, pero hay que cortar, en donde no se ve daño alguno o de lo contrario, el procedimiento no sirve de nada.
El ruido que hace un paciente al sentir su carne ser cortada, es inigualable, la piel se te pone de gallina, sientes en carne propia su dolor, más cuando estás sosteniendo la extremidad y las vibraciones del serrucho recorren tus extremidades, hasta que tus mejillas vibran al mismo tiempo. Tomo toda la fuerza que tengo, Hago hasta lo imposible por no mover ni un centímetro de mi ser. Mi mirada está nublada con las lágrimas y creo que la presión me ha bajado, pues mi oído está tapado.
—Caroline, dame, esa pierna, y trae las vendas— la voz de Jules me regresa al momento en donde estoy, tomo entre mis manos la pierna cortada de Paul, y la envuelvo entre sus harapos que traía y se la doy a Jules, y rápidamente limpiamos el corte, está bastante bien, y comenzamos a vendar. Lo que queda, es ver, si se recupera, parece que no hay mucha pérdida de sangre, pero no sabemos lo que pasó antes de llegar aquí, así que no hay nada más que hacer que esperar. Se quedó inconsciente ya casi para terminar, su respiración es lenta, pero está presente, por lo que no hay más que hacer, que vigilarlo, y mantenerlo hidratado, Gaspard saca una vía, para colocarle fluidos, y le coloca un antibiótico. Y es cuando caigo al suelo, no me había percatado, del esfuerzo que había hecho.