Capítulo 19. Danielle

2541 Palabras
No sé en qué momento me he quedado dormida, y sobre todo, cuando es que llegué a la cama, me despierto sobre saltada, no sé cuánto tiempo ha pasado. Me levanto, y trato de visualizar a mi alrededor, Jules está dormido en otra cama, y Gaspard, está sentado dormitando en una silla junto a Paul. Cuando me pongo de pie, sin querer la madera cruje, por lo que el vigilante de mi amado, abre los ojos, y me observa. —¿Cómo está? ¿Cuánto tiempo ha pasado? — le pregunto acercándome a ellos. —Sigue igual, estable, pero no ha despertado, la herida se ve bien, y ha comenzado a retomar algo de color, ya ha pasado ocho horas, te quedaste dormida, y te llevé a la cama, lamento mi atrevimiento— no digo nada, solo asiento y agradezco con una sonrisa desganada. —Tengo hambre, voy a comer algo, ¿gustas? — le informo y le pregunto mientras estoy con las manos ya en la cocina —Solo café — me dice, asiento y preparo su café, se lo paso, y yo me sirvo avena, con un poco de miel que encuentro por ahí. —Encontraron miel— digo sin pensar, es un manjar que pocos disfrutamos en estas épocas. —Tenía un poco en mi reserva, llegué a tener un panal cerca, pero, no pude mantenerla por mucho tiempo, sin embargo, cocheche algunos potes— río en silencio, disfruto un poco de las calorías que me brinda mi manjar. —No sé si podremos lograrlo, no sé si podremos huir, ¿a dónde, y cómo? — suelto mis pensamientos. —Suiza podría ser lo más seguro, Italia no cede, y Francia, está lleno de nazis buscándolos, si bien estamos por vencerlos, están haciendo lo imposible por hacer el mayor daño posible antes de irse, han aniquilado a muchos en los campos de concentración, en vez de soltarlos, ya no los necesitan, solo hay que dar gracias que no estamos ahí— al parecer, él también, suelta sin pensar sus pensamientos. En eso Paul comienza a moverse y a tratar de hablar y abrir los ojos, es un alivio, al menos está despertando. —Caroline, Caroline— le escucho decir he inmediatamente me levanto a su lado. —Aquí estoy, aquí estamos— le digo cerca de su oído, besándolo, y tomando su mano, él levanta su mano y toma mi rostro, y me atrae hacia él, posando sus labios en los mío, y al mismo tiempo emitiendo una queja de dolor. —No te muevas, amor, estás grave aún y no quiero que vaya a abrir la herida— lo trato de calmar. —¿Qué pasó? — me dice ya que está más despierto y ve todo a su alrededor. —Apenas si llegaste hasta la cabaña, te encontré casi agonizando en los alrededores, doy gracias a Dios que se me ocurrió ir a cortar leña, para no gastar las reservas, y ahí estabas. Pero tu pierna en malas condiciones, no pudimos salvarla— le digo agachando la mirada. —Así pierda todas mis extremidades, doy gracias a Dios que aún puedo verte, y así pierda la capacidad de complacerte, siempre encontraré la forma— me dice el muy pícaro. Ahí es cuando me percato que no estamos solos, al escuchar la risa de Gaspard. —Esto augura un muy buen resultado— dice entre risas. —Si tu pensamiento es como satisfacer a tu mujer, ya estas más que curado— sigue diciendo en forma de burla. —Bien ahora a comer, creo que lo necesitas, ya vengo, tengo por ahí un regalito que bien merece esta ocasión, hay que celebrar— dice mientras sale de nuestro campo visual. —No sabes la cantidad de veces que imagine otra situación más grave, no puedo vivir sin ti, no sé qué haría— le digo acercándome de nuevo a él. —Vivir por nuestro hijo, y atesorar cada uno de esos momentos, para cuando nos volvamos a encontrar— me dice pasando su mano sobre mi mejilla. —Y sí...¿ésta es la última vez?— suelto mi mayor miedo. No quiero que termine así, no quiero. —No lo hará, no terminará así, porque siempre volveré a intentar encontrarte y amarte cada segundo de mis vidas— me dice calmando a medias mis miedos. Nos quedamos tomados de las manos, me acerco su toque a mi cara y cierro mis ojos, puedo aún percibir su peculiar olor. Gaspard llega muy contento con un poco de harina, una lata de paté y un bote de mermelada. —Es lo único que tengo, pero creo que algo se puede hacer— dice con una enorme sonrisa levantando las cosas al aire. Me levanto con alegría, para ponerme a preparar la comida, con la harina hago un pan sin levadura, que pongo directo al fuego, así que quedan algo crujientes, abro las latas y con la avena, hago una bebida espesa con ella, le agrego un poco de azúcar y con un poquito de canela. Jules despierta con el olor, muy contento y abraza a Paul, la verlo más repuesto. Preparo los platos y entrego a cada uno, como junto a Paul, y es en estos momentos donde mi corazón se regocija. Pasaron exactamente dos meses, por lo que aproximadamente, tengo cuatro meses de embarazo, confirmado por la ausencia de mi periodo, y los cambios de mi cuerpo, que aún no son tan notorios, excepto ligeramente mi vientre abultado. Paul, ya tiene su herida cicatrizada, y ha caminado con ayuda de una muleta improvisada, Gaspard, le está haciendo una pierna de madera, muy rustica, pero que le servirá para poder salir, de aquí. Definitivamente, no queremos que nuestro bebé nazca en medio de este caos. El invierno está cediendo, el deshielo marca el cambio de estación, los caminos se vuelven, algo lodosos, y el color está tratando de volver al verde de los árboles, algunos animales han vuelto de su letargo, por lo que la caza de las presas para proveernos de proteína ha sido la actividad primordial, poner trampas es una de las habilidades de Paul, con ayuda de Gaspard. Yo por el contrario estoy cosechando las papas que sembró Gaspard, así que la menos algo diferente que la avena estamos comiendo, por lo que reponemos fuerza. Además de que hemos encontrado una cabra perdida, que hemos capturado y cuidado, y nos ha premiado con algo de leche, la cual he ido guardando un poco para hacer un delicioso queso. Las noches son platicas agradables, y los días son movidos con nuestras actividades. Gaspard fue al pueblo, ya casi nadie lo reconoce, así que pudo ver que las cosas están más calmadas, sin embargo, hay algunos nazis, esta zona ha sido la última en ser recuperada. La milicia de los aliados ha recuperado gran parte de Europa, los alemanes se están replegando hacia su frío territorio, por otro lado, fueron acribillados en territorio ruso, no solo por los rusos, sino por el clima. Estoy cosechando algunas papas, y terminando de tender ropa, cuando escucho un corte de cartucho de un rifle, lo que despierta mis alarmas, me agacho, observando mi alrededor. Pero no puedo ver nada, sin embargo, escucho, ramas, y pisadas. Sé qué no son Jules, Gaspard y Paul, tenemos un chiflido característico para avisarnos de la llegada. A gatas camino hacia la casa, alcanzo a llegar la bodega, y a la puerta del cobertizo o sótano, escucho voces, es alemán, es posible que un pelotón esté saliendo del territorio, tal vez en búsqueda de miembros de la resistencia, Gaspard nos mantuvo en contacto con algunos que salieron despavoridos, ya que estaban matando a diestra y siniestra, algunos de ellos llegaron de paso, por refugio y como están sanos decidieron arriesgarse e irse. El punto es, que no puedo abrir sin emitir algún ruido. En eso escucho que abren la puerta de la casa, y aprovecho el ruido para tapar el mío. Logro entrar al sótano y esconderme, puedo ver por las ventanillas el movimiento. Se están adueñando del lugar y consumiendo nuestras provisiones. Trato de visualizar los alrededores para ver si los chicos se van acercando, si llegan el enfrentamiento será avasallante. Busco un objeto que pueda usar para reflejar la luz y mandar aviso. Veo un pedazo de espejo en la esquina, lo limpio en mis ropas y me preparo para hacer lo necesario. Pasan unos minutos, cuando visualizo movimiento, identifco el gorro rojo tejido de Gaspard y comienzo a hacer señas con el espejo. Recuerdo la clave morse para comunicarme. Parece que no me ven, pues no hay mucha luz, o rayos de sol que me ayuden. Dejo de usar el espejo cuando recibo una de regreso, muy sutil. Hay movimiento en la parte de arriba, salen y entran, espero que se vayan, y nos dejen en paz. Comienza a caer la noche, estoy más que angustiada, puedo comer algo porque en la bodega hay algunas reservas. Como por necesidad, no porque quiera, abrazo mi vientre y espero que este no sea el final de ésta vida. Mi tercer hijo, que no lograría vivir, que no podría conocer y abrazar, mis ojos comienzan a lagrimear. En eso, escucho un ligero ruido, como tierra o ligeras vibraciones en una pared, cuando me percato, una trampilla en la pared del sótano se abre y un muy polvoso Paul, sale de entre el hueco,lo ayudo unos fundimos en un abrazo. Trato de hablar, pero me lo impide, se acerca a mi oído. —Siguen despiertos, pero creo que han estado bebiendo, esperemos que se caigan de borrachos para atacarlos— lo escucho y estrecho el abrazo, a pesar de la tierra, alcanzo a percibir su olor. —¿Y si nos escapamos?— le digo en susurro. —Tengo miedo, no quiero... no...— no puedo seguir articulando palabras, el sollozo suple mi ruido y lo tapo pegándome a su cuerpo, me separo cuando no puedo respirar. La posición no ayuda, estamos literalmente en el suelo abrazados. —Sabes que escapar en nuestras condiciones, es imposible, y menos sin las provisiones que se acaban de comer y beber ellos— asevera con un dejo de tristeza. Lamenta la perdida de su pierna, y sabe que tengo que esforzarme para realizar dicho escape y mientras más pase el tiempo, mi embarazo lo va a impedir. Pasan unas horas más y se escucha menos ruido, algunas botellas caen y un cuerpo azota hasta el piso, se puede entrever en las rendijas del piso, las tablas irregulares dan una pequeña visión de lo que sucede arriba. Pero en eso un soldado sale de la casa y la rodea. —¡Ich habe den Cava gefunden! (¡Encontré la cava!)— grita con entusiasmo, mientras se acerca a la puerta del cobertizo. Con anterioridad había trabado la entrada, pero claro con un poco de mayor esfuerzo podría tumbar la puerta. —Salgamos por el túnel, por dónde entraste— le digo eni desesperación, no quiero un enfrentamiento. —No, está demasiado ancho y casi todo es pecho tierra, podrías lastimarte— me dice y mi cabeza comienza a generar una forma de librarnos de ésto. El soldado parece no estar en sus cinco sentidos, se le dificulta abrir, espero y desista del intento y se rinda. —Es ist nicht normal, dass es innen geschlossen ist, komm und hilf mir. (No es normal que esté cerrado por e,ven ayúdame) — se escucha que llama a un compañero, después de pensar en voz alta. Una mujer embarazada y un hombre cojo, presas fáciles hasta para un soldado ebrio, pero son dos, no puedo decir que igualamos fuerza. Nos colocamos en posición, para atacarlos de lado y por detrás, dos padres aferrados a la vida de su hijo no tiene comparación con el intento de solo sobrevivir. Tenemos que actuar rápido y evitar hacer ruido, hay una posibilidad de poder con dos atacantes, pero más seria desastroso. Logran derribar la puerta y bajan los escalones, permitimos que entren los dos y antes de que su visión se acople a la oscuridad, Paul ataca a uno con una tabla y yo a otro con la pala, pero no nos percatamos que uno de ellos traía la pistola desenfundada, y soltó bun disparo antes de caer al piso por el golpe. Dicho balazo, le da a Paul, que lo hace caer, trato de llegar a él, pero un golpe me detiene y me hace caer de rodillas. Estoy ahí en el centro del cobertizo, con una pistola apuntandome y la incertidumbre del estado de Paul. —Bitte tu mir nichts, ich bin schwanger und er ist mein Mann, er ist lahm. Bitte. (Por favor noe hagas nada, estoy embarazada, y él es mi esposo, es cojo. Por favor)— nunca en la vida tuve que suplicar, no voy a ponerme prepotente, no en ésta ocasión, pero voy a recurrir a lo que sea necesario para salvar a mi hijo, a mi familia. Destapo mi cuerpo para dejar ver mi vientre, pensado en que le quede algo de sensatez al hombre, ya que el otro está tirado, no sé si muerto por el golpe. Lo siguiente, no me lo esperé, me levantó jalandome, aún con la pistola apuntandome, me volteó hacia la pared y con suma fuerza, me levantó las enaguas y rompió mi ropa interior, me inclinó y jaló mi trasero hacia él y sin previo aviso, sacó su m*****o y se introdujo con fuerza en mi. La fricción en ésta situación es brutal y dolorosa, siento como sangra mi interior y solo me sujeto con mis manos a la pared y mi llanto es callado con mis gemidos de dolor, me tiene sujetada de la cadera y siento el metal de la pistola en mi piel. Cuando termina de saciarse, me avienta al piso y se carcajea. Me apunta hacia mí vientre. —Spawnen Sie, als ob Sie sich nicht vermehren sollten.(Engendros como ustedes no deberían de reproducirse)— dice y en cuanto termina, de hablar, dispara a mi vientre. El dolor emocional es mayor al físico, solo logro ver como llegan Gaspard y Jules, matan al individuo y rematan al que está tirado y rápidamente suben y acribillan a todos los ebrios que no tuvieron chance de no siquiera sacar la pistola para defenderse. Mis compañeros usaron sus propias armas para acabarlos, así que murieron con acero alemán. Sigo semi consciente cuando Jules se acerca a mí, sobando mi cabeza y viendo cómo trato de tapar el sangrado de mi vientre, pero bien sé que ya no vive más. —¿Paul?— es lo único que logro decir, él voltea a ver a Gaspard y solo me regresa una negación con su cabeza agachada. Intento llorar, pero me da tos e incrementa el dolor y la expulsión de sangre a borbotones. —Descansa Caroline, ya pronto verás a Paul y a ti hijo— me dice sobando mi brazo y mi mejilla. Y así poco a poco la luz se va apagando, el dolor se está llendo y la oscuridad inunda mi ser. A volver a intentar, una vida más.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR