Burak abandonó la habitación, cerrando la puerta detrás de sí con un clic suave. En el fondo de su corazón, sabía que Nihan tenía razón. Él no la veía verdaderamente como otra mujer única, con su propia historia y esencia, la percibía como una extensión, como un puente hacia el pasado que tanto lo atormentaba. Quería, con una desesperación casi obsesiva, remediar todos sus errores del pasado cometidos contra Esra, utilizando a Nihan como el vehículo para esa redención imposible, como si al amarla a ella pudiera borrar las cicatrices que él mismo había infligido. Entró al despacho, un espacio amplio con paredes forradas de libros antiguos y muebles de madera oscura, se sentó lentamente en su silla giratoria, y posó la mirada perdida en el exterior a través del ventanal amplio que daba

