Después de que Burak dejara a Esra en su tienda y se marchara, Esra permaneció unos segundos inmóviles, observando cómo el automóvil se alejaba hasta desaparecer. Cerró la puerta de la tienda, acomodó algunos documentos que llevaba consigo y respiró hondo antes de emprender el camino hacia la clínica. Aquel día no era uno cualquiera; aunque intentaba convencerse de lo contrario, sentía que algo importante estaba a punto de revelarse. El trayecto hasta la clínica fue silencioso. Esra caminó por calles, cruzó semáforos, esquivó personas, sin prestar demasiada atención a lo que ocurría a su alrededor. Su mente estaba concentrada en un solo punto: las muestras que llevaba consigo. Cuando llegó al edificio, entró sin vacilar, saludó brevemente a la recepcionista y se dirigió al mostrador c

