La operación había salido un éxito, tal como los médicos habían pronosticado. Cuando Burak regresó al ala de cuidados intensivos para recoger a Esra, Halil ya estaba fuera de peligro inmediato, respirando con estabilidad gracias al soporte médico y rodeado de monitores que pitaban con un ritmo constante y tranquilizador. Esra, exhausta después de haber donado sangre para contribuir a la salvación de Halil, caminaba por los pasillos mientras se dirigían hacia la salida y, finalmente, a casa. Ella lo miró de reojo varias veces, notando cómo su expresión permanecía seria y concentrada. —¿Dónde estuviste? —cuestionó con una voz suave, mientras avanzaban hacia el estacionamiento subterráneo donde el auto los esperaba. Burak mantuvo la mirada fija adelante, enfocada en el camino, mientras su

