Sirin juraba, que Burak creería en ella, que no habría forma posible de que se negara a aceptar la verdad cuando la escuchara. Se repetía una y otra vez, que cuando Burak supiera que Nihan Polat en realidad era Esra, el odio que alguna vez sintió por esa mujer se incendiaría en su interior, empujándolo a volverse contra ella. La respiración se volvía agitada mientras observaba la expresión de Burak, pero el hombre, lejos de mostrar algún signo de comprensión o duda, parecía estar sumido en otra preocupación. Su mirada no la atravesaba, ni siquiera la reconocía. Burak estaba tan preocupado por Esra —por esa mujer que él creía era Nihan— que ni siquiera prestaba atención a sus palabras. —Burak, te estoy diciendo que esa mujer es Esra —repitió Sirin, su voz temblaba entre la frustración.

