EROS El silencio en la bodega es un espectro pesado, denso, cargado de un hedor metálico que se adhiere a la piel como una segunda capa. El Lord ya no grita. Ya no respira. Su cuerpo se balancea sobre la estructura de la cuna de Judas, la carne perforada y los ojos abiertos en una expresión congelada de horror absoluto. El espectáculo es una obra maestra del sufrimiento. Y Masha es la artista. Todos ya se han ido. Dejándonos solo a mi y a mi mujer. Ella se queda observándolo, los labios apenas curvados en una sonrisa torcida. Su cabello oscuro está húmedo, algunos mechones pegados a su cuello, y su respiración es agitada, como si la violencia la hubiera dejado en un estado de éxtasis. La sangre que salpicó su piel parece un tatuaje de caos y placer. Yo la miro y la quiero. No con si

