EROS Paso los dedos por la pantalla, rozando el rostro de la mujer que es mi puta vida. El vidrio frío no calma el incendio en mi interior. Mi pecho se contrae, el nudo en mi garganta crece con cada segundo sin noticias. El corazón me late con fuerza dentro del pecho y el nudo que se hace mas grande a medida que pasan horas me corta la respiración. —¡No! —El rugido me desgarra la garganta—. ¡No la toques, hijo de puta! Veinticuatro horas. Un puto día entero sin saber si sigue respirando. Sin saber si la han tocado. Veinticuatro horas en donde siento que la vida se me está yendo de las manos. Donde me siento solo como un cascaron vacío. Travix Darrend logró hackear las cámaras viales y reconstruir el ataque. Y yo, impotente, me convertí en testigo de la peor pesadilla de mi vida. Vi c

