Él se detuvo. Así, de repente. Como si el fuego que ardía segundos antes se hubiera apagado con un simple suspiro. Natalia aún sentía el peso de sus manos en la piel, aunque ya no la tocara. Se quedó quieta sobre él, mirándolo sin entender. — ¿Qué pasa? — Preguntó, con un leve temblor en la voz. — Nada. Está bien. — Respondió Mikhail, sin mirarla directamente. Su tono era seco, plano. Como si realmente no le importara. Pero Natalia notó cómo su mandíbula se tensaba. Ese pequeño gesto no coincidía con su indiferencia fingida. Él le acarició apenas el muslo, sin deseo, sin intención. Solo con esa necesidad invisible de no soltarla. Ella pensó que era rechazo. Que la había tocado y simplemente… se le habían ido las ganas. ¿Tan rápido se arrepintió? ¿O fue que no era suficiente? La inse

