Cuando Sergei salió de la habitación, su rostro cambió por completo. En presencia de Mikhail, seguía siendo el brazo derecho, el soldado fiel, el ejecutor silencioso… pero ahora, mientras caminaba por el pasillo, su mente trabajaba como un motor encendido. Sabía exactamente lo que Mikhail estaba haciendo. Y no era solamente estrategia. La orden de poner vigilancia sobre cada clan no era por simple desconfianza. Era prevención. Mikhail no era un hombre que dejara cabos sueltos, y mucho menos cuando algo dentro de él comenzaba a transformarse. Lo conocía demasiado bien. Sabía que el amor–o esa cosa que se le estaba pareciendo mucho–lo estaba volviendo humano. Y eso, en su mundo, era el equivalente a llevar el corazón en la boca… a sangre viva. Sergei encendió su teléfono y empezó a escrib

