El sol entra suavemente por la ventana. Emilia está recostada, pálida, con el rostro algo demacrado pero lúcido. Luna se acerca con una botella de agua en una mano y una sonrisa cálida en el rostro. La habitación huele a desinfectante, pero con la presencia de Luna parece menos fría. — ¿Puedo pasar? — Pregunta en voz baja. Emilia asiente lentamente. Luna entra y se sienta a su lado. La observa con ternura mientras le acomoda el suéter. — Estás mejor, Emilia. El doctor dice que vas a poder seguir tu tratamiento en casa… Te llevaremos a un lugar tranquilo. ¿Te parece bien? — Emilia no responde de inmediato. Sus ojos se humedecen. Su voz es un hilo apenas audible: — ¿Dónde está Natalia? — Luna traga saliva. Sabía que esa pregunta llegaría. Le aprieta la mano con suavidad, tratando de trans

