Capítulo 5| Ex marido.

1695 Palabras
Narra Anton Brown. Si algo no soporto cuando se trata de mantener el carácter, es la culpa. Y ahora que la siento, mientras miro la espalda de la mujer que acaba de ponerme en mi lugar de forma poco sutil, la veo desde otra perspectiva. Quizás si hubiera prestado atención antes, la historia entre Laura Bale y yo fuera diferente. Porque me acabo de dar cuenta que lleva fuego dentro, aunque me haya demorado en descubrirlo. Y si no me equivoco, es de esas mujeres que se hacen respetar de formas que en la sociedad en la que vivo, pocas conocen. Pero nada hago quedándome ahora en blanco, sorprendido de su actitud y pensando en que pude equivocarme gestionando nuestro falso matrimonio. Sacudo mi cabeza de estos pensamientos de mierda que nada me resuelven y llamo a Marisol para darle algunas indicaciones. —Mañana a primera hora vengo por Laura, encárgate de avisarle. Ordena a algunos de los sirvientes que ayuden a recoger sus cosas y tengan preparadas sus maletas. Marisol abre sus ojos con sorpresa, pero asiente y mantiene sus manos en la espalda. —Cuando ella salga bien temprano, enviaré un transporte para mandar todas sus pertenencias a su nuevo apartamento. ¿Entendido? Vuelve a asentir. —Y, por favor, prepara la recámara principal y la que tiene adjunta. Mañana me establezco aquí de forma definitiva con mi nueva esposa. Marisol se ahoga de la impresión al escucharme, pero no se atreve a decir nada. Me levanto de mi lugar en la mesa y salgo de la casa sin mirar atrás. El auto ya está encendido cuando abro la puerta del conductor. Y como mismo hice a mi llegada, alzo mi mirada y busco en su ventana, pero esta vez no tengo tanta suerte. Las cortinas siguen corridas y la luz de la habitación proyecta la sombra de Laura moviéndose cerca del ventanal, pero no se detiene en ningún momento. Ella ni siquiera está atenta a mi partida. Como siempre fue hasta hoy. Me guardo el gruñido y con una emoción extraña en el pecho, me subo al auto y acelero lejos de la propiedad. Mañana vendrá el cambio importante y necesito descansar. Una vez en la autopista podría dirigirme al apartamento en el que dejé a Karina, pero a ella tampoco quiero verla ahora, por más irónico que suene después de tanto tiempo obsesionado con encontrarla. No sé si es que la conversación con Laura me afectó o que después de tanto me siento culpable por engañarla y no quiero hacerlo una vez más. Pero no pienso en nada más y sigo de largo hasta el apartamento que siempre he ocupado y que mantiene la soledad. Karina espera un hijo mío y eso es otra cosa que necesito analizar bien. No puedo exponerme a que mi vida privada sea ventilada si mis secretos salen a la luz. «Es mejor mantener una sana distancia hasta mañana, que se resuelva todo». ¨¨¨¨¨ Narra Laura Bale. A primera hora de la mañana estoy lista. Las maletas que esperan a un lado de la puerta solo cargan algunas de mis pertenencias, lo poco que traje conmigo y otras que me compré con mi propio dinero. Puede parecer una idiotez, pero no quiero nada más de todo lo que tuve aquí. Las joyas que fueron un regalo suyo también se quedan y así se lo hago saber a Marisol para que le informe a su patrón en cuanto regrese a la casa. Tengo entendido que todo será trasladado al nuevo apartamento, así que no debo regresar por aquí. Me despido de todos con una sonrisa tranquila y les agradezco la compañía durante este largo y aburrido año. Salgo de la casa sin dar un vistazo hacia atrás y subo al auto que me espera para llevarme con Anton. Nos encontramos a las afueras de la oficina donde se hará el trámite y como si esto fuera una mera transacción comercial, presentamos los documentos y poco tiempo después estamos saliendo. —Te llevo a tu nuevo apartamento —informa Anton, con su poderosa autoridad, pero yo niego con la cabeza. —No es necesario. Yo tomo un taxi y voy por mi cuenta. —Le sonrío falsamente—. Muchas gracias por el ofrecimiento. Él se queda mirándome, pero poco me importa. Quiero caminar y alejarme de todo por unos minutos. Siento su mirada sobre mí, pero no insiste y me deja ir. Segundos después, el auto en el que llegó se aleja con él. Suspiro y decido caminar otro poco para refrescarme. El sol está fuerte a esta hora, pero me digo que solo debo ir hasta la próxima avenida para encontrar un taxi. De repente, una sensación de fatiga me recorre y la cabeza me da vueltas. Unos sudores fríos me recorren y me sostengo de la pared para no caerme. Choco con alguien que no logro ver porque todo se volvió n***o y escucho quejas mientras yo sigo avanzando a trompicones. Hasta que ya no aguanto más, mi cuerpo colapsa y pierdo la noción de todo. (…) Abro los ojos y lo primero que veo es un techo blanco y pulcro. El olor a desinfectante me revuelve el estómago y frunzo la nariz sin poder evitarlo. Una enfermera se presenta ante mí con una sonrisa suave y me pregunta cómo me siento. Un dolor de cabeza hace acto de presencia y soy consciente de que algo pincha en mi brazo izquierdo. Al mirarme, me doy cuenta que me están pasando algún medicamento y volteo la cabeza, porque todo lo que tiene que ver con hospitales me da pánico. Mis ojos se dirigen a un hombre mayor hablando con un médico a pocos metros de mí. Ellos se fijan en mí a la vez. El médico me sonríe y se acerca. El hombre desconocido se queda en el mismo lugar. —¿Qué pasó? —pregunto al médico a mi lado. —Le dio un descenso en plena calle y de no ser por el señor —apunta al hombre— su condición hubiera empeorado. Una caída hubiera afectado a su bebé. Dejo de mirar al hombre que me sonríe tímido a la distancia y me concentro completamente en el médico que habla como si no hubiera pausado mi corazón con una sola palabra. «¿Bebé?». —¿Qué bebé? —replico, me sale un chillido extraño, pero los nervios los tengo a flor de piel. El médico se sorprende de mi pregunta. Me mira por encima de sus gafas y luego da un vistazo a la tabla en sus manos. Supongo que es mi historia clínica. —Usted está embarazada, tiene ocho semanas de gestación. Siento que el corazón me sube a la garganta. Eso no puede ser posible, eso no estaba ni de lejos en mis planes. ¿Cómo es posible que haya quedado embarazada con solo un encuentro con mi ex marido? Él ni siquiera sabe que tuvimos sexo en aquel club y no creo que lo tome bien si decido contárselo. «Oh, Dios». Comienzo a hiperventilar y la enfermera, más el médico a mi lado, intentan hacerme reaccionar pidiéndome que respire. En algún momento logro seguir sus órdenes, pero el temblor en mis manos es constante. Las ganas de llorar llegan y aunque no dejo salir ni una lágrima, siento que en cualquier momento voy a explotar. —Todo está bien con el bebé, si es eso lo que le preocupa —menciona el médico sin tener idea de lo que en realidad me sucede—. Con un poco de reposo y la alimentación adecuada puede reponer sus energías y hacer vida normal. Si lo desea, en unos días puedo darle cita para hacer el primer estudio. Asiento, aturdida. Embarazada. Estoy embarazada. De Antón. De mi ex marido que me deja porque ama a otra mujer y quiere formalizar su relación con ella. Embarazada sin haber terminado del todo mis estudios, soltera y además, sin ningún familiar que pueda ayudarme, porque con mi padre y su mujer no puedo contar para nada. Unas horas después, salgo del hospital ya recuperada. Todavía no me hago bien a la idea de que estoy esperando un bebé, cuando alguien se me acerca y con un suave toque en mi hombro, me hace saltar de la impresión. —No quise asustarte —exclama el hombre de antes, el que tengo entendido que me sostuvo cuando me desmayé y me trajo al hospital. Le sonrío por agradecimiento, aunque la verdad es que solo quiero tirarme al piso y llorar. —¿Necesitas que te lleve? Muerdo mi labio, indecisa. Podría decirle que no confío en desconocidos, pero él me trajo a un hospital cuando más vulnerable estaba, así que asiento. Me sonríe y me guía hasta un auto de lujo a unos metros de nosotros. Me pide mi dirección para dársela al chofer y al hacerlo, solo una se muestra en mi cabeza: la casa de Anton. El hombre me mira raro, como si supiera exactamente quién vive en esa propiedad, pero no dice nada. Avanzamos por la ciudad sin decir una palabra y cuando llegamos a las afueras de la casa, la verja de hierro se siente como la entrada al infierno. —¿Aquí? —insiste. Yo solo asiento. Agradezco y sin esperar más preguntas que no podría responder, tomo mi bolso y me bajo del auto. Me acerco a la valla que delimita el terreno y me quedo allí hasta que el auto se aleja. Me debato entre irme o entrar y contarle toda la verdad a Anton, pero algo llama mi atención. Uno de los guardias se mueve con la intención de abrir la verja y me da tiempo a esconderme entre los arbustos que tengo detrás cuando el Ferrari rojo de Anton hace su aparición. No osbtante, siento como si alguien me apuñalara la espalda al ver quién se sienta a su lado, en el asiento del copiloto. Con toda la actitud de diva empoderada, mirando al frente con el mentón en alto. «Karina». ¿Mi mejor amiga es la mujer que ama mi ex marido?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR