Capítulo 3 Continuación

1046 Palabras
-Entonces, ¿realmente va a aceptar? -preguntó con voz esperanzada. -Ahora que está más calmada, cuénteme todos los detalles por los que vino a buscarme -respondió Yhám, tomando un sorbo de té. Laura respiró profundamente y comentó: -No le voy a mentir, señor Yhám. Mi hija es especial. Es muy inquieta y tiene un carácter fuerte. Yhám dejó la taza de té en la mesa y la miró fijamente. -Entiendo. ¿Su comportamiento tiende a ser agresivo en ocasiones? Laura bajó la cabeza. -Sí... incluso la expulsaron de la escuela por su mala conducta. Los trabajadores sociales me dijeron que si en seis meses no mejora, la llevarán a un reformatorio. ¡Y qué madre querría eso para su hija! Yhám la observó con atención, valorando sus palabras -Por mi experiencia, este tipo de comportamiento suele ser el resultado de algún problema que ha marcado al menor. ¿Ha ocurrido algo en su entorno familiar que haya afectado a la niña? Laura suspiró con tristeza. -Sí. Cuando Beatriz tenía cinco años, mi esposo se divorció de mí y nos abandonó. Desde entonces no hemos vuelto a saber de él. -Ahí está la raíz del problema -dijo Yhám con seriedad-. La ausencia de su padre y el hecho de que no la haya buscado jamás ha dejado una herida profunda. Como es solo una niña, no sabe lidiar con los problemas como lo haría un adulto, así que expresa su dolor con hiperactividad y conductas agresivas, ya que los niños solo actúan lo que no pueden decir, señora Laura. Laura quedó impresionada por la comprensión de Yhám. -Al principio dudé de que pudiera lidiar con mi hija, siendo usted tan joven. Pero después de lo que vi hoy, me di cuenta de que es un gran profesor. -Tengo treinta años, señora Laura. -¡Treinta! Parecía de veintiocho o tal vez menos-dijo Laura sorprendida. Yhám sonrió divertido. -Gracias. La gente suele pensar que soy más joven. -Pero su manera de actuar es como la de alguien de más experiencia, de unos cuarenta o cincuenta años -agregó Laura, pensativa. La mirada de Yhám se oscureció por un breve instante antes de recuperar su sonrisa. -Tal vez es porque me tomo mi trabajo muy en serio. Laura notó el cambio en su expresión y se preguntó si habría dicho algo inapropiado. -Señora Laura, solo hay un pequeño detalle: mis clases son aquí en mi casa. Algunas personas lo ven como un inconveniente, pero no es que no pueda ir a sus hogares; es solo que aquí cuento con todo lo necesario para trabajar con los niños. -No se preocupe, yo me encargaré de traer y llevar a mi hija. -Bien, entonces no hay problema alguno. Laura asintió, aliviada. -Ah, necesito que durante estos meses haga un certificado de evaluación del comportamiento de Beatriz para entregárselo a los trabajadores sociales. Tal vez en algún momento vengan a verificar el cambio de mi niña aquí en su casa, señor Yhám. -Está bien, no hay problema, señora Laura. Notificaré cada mes su progreso. En cuanto a la visita de los trabajadores sociales, tampoco tengo inconvenientes; ya estoy acostumbrado a sus visitas con otros estudiantes. Ahora, por favor, ¿puede darme la certificación de notas de la niña? -Sí, aquí la traje. Laura le extendió un sobre. Yhám lo tomó, lo abrió con cuidado y revisó el documento durante unos segundos. Luego sonrió suavemente. -La educación está perdiendo su toque. Beatriz es una niña excelente. Sus notas escolares son muy buenas; lo que los maestros no supieron manejar fue su comportamiento. Solo vieron lo negativo y no supieron aprovechar su potencial académico. No se preocupe, yo me haré cargo de su educación. Le redactaré un certificado de responsabilidad como instructor para que se lo entregue a los trabajadores sociales. -Muchas gracias, señor Yhám. Laura se levantó repentinamente e hizo una reverencia, sorprendiendo a Yhám. -No, no, señora Laura, por favor, levante la cabeza. Este es mi trabajo, y lo elegí porque me gusta. Laura lo miró fijamente, aún sorprendida por su madurez y luego dice: -Ahora, hablemos del costo de las clases y el horario. -El costo es de 100 dólares. -¿Eso nada más? Es muy poco. -No se preocupe, es suficiente para mí. -Pero señor Yhám, me parece demasiado poco. -Por favor, no insista más o me veré ofendido. Laura se apresuró a responder: -Oh, no, no quiero que se ofenda. Siendo así, le agradezco mucho su amabilidad. -No hay problema. Como le dije, es mi trabajo. El horario se lo haré llegar por w******p. Por favor, anote mi número y deme el suyo. Ambos intercambiaron números. -La niña se quedará aquí hasta las cuatro de la tarde. Le proporcionaré todo lo necesario, así que no tiene de qué preocuparse. -Eso es un gran alivio, ya que salgo del trabajo a las tres y me da tiempo para recogerla. En ese momento, la señora Amber volvió con Beatriz, quien llevaba una corona de flores en la cabeza. -Mira, mamá. La señora Amber me hizo esta corona de flores. Le pedí que me enseñara a hacerlas para hacerte una a ti y otra al señor elfo. -¿En serio harías una para mí también? -dijo Yhám con una sonrisa gentil. -¡Claro! Y también para el señor Gastón. -¿Gastón? ¿Quién es? -preguntó Laura, curiosa. -Es el jardinero de la casa -respondió suavemente la señora Amber. -Ah, ya veo. Conociste al señor Gastón. Te voy a contar un secreto sobre él -dijo Yhám, agachándose a la altura de Beatriz. -¿Sí? ¿Cuál? -preguntó Beatriz, emocionada. -Él es un duende de las flores, pero no se lo puedes contar a nadie. -¿Y la señora Amber? ¿Qué es? -Ella es un hada azul. Beatriz sonrió ampliamente. Su madre no podía creer lo feliz que estaba. Se pudo de pié seguidamente. -Bueno, señor Yhám, nos vamos. Mañana le traigo a la niña temprano. -Hasta mañana, pequeña niña. -Hasta mañana, señor elfo -respondió Beatriz agitando la mano. Laura condujo de regreso a casa. -Me alegro de que Beatriz haya tenido tanta afinidad con el profesor. Debo admitir que el ambiente de esa casa transmite paz y tranquilidad -pensó mientras miraba a su hija, que dormía plácidamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR