IV

3796 Palabras
—Evette. Se voltea con el corazón martillándole en los oídos. Su cerebro trabaja de inmediato en una lista de todas los errores que podría haber cometido. —Profesor— le da su mejor sonrisa —, dígame. —¿Cómo estás para la próxima semana?— Pregunta refiriéndose a la prueba que se acerca. Eve hace una mueca y arrima la mochila contra el hombro. No es que le esté yendo mal, pero no le agrada confesar que la materia se le dificulta más de lo que le gustaría. —Más o menos. —No te preocupes— debe notar su rostro compungido —. Puedo hacerte una tutoría si lo necesitas. —¿De verdad? Él asiente. —¿Puedes hoy después de clases? Había destinado ese tiempo para estudiar otras cosas, pero puede mover su calendario y acomodar sus tiempos para aprovechar esta oportunidad. Le dice que sí de inmediato y le agradece varias veces antes de salir a almorzar. ? La siguiente clase es una tortura. Alguien a robado su estuche, dejándola sin lápices para anotar. Sabe muy bien quien es el culpable, pero encuentra su movimiento tan infantil y caprichoso que prefiere ignorarlo, incluso si se pasa toda la hora fantaseando con que va a su casa arruga toda su ropa, eso sería venganza suficiente. Asher intenta enfrascarse en un debate con ella sobre la importancia que el colonialismo tuvo en el desarrollo tecnológico y social de los pueblos africanos. —Es una manera de ver las cosas y es completamente valida— le entrega una sonrisa a medias. No le está diciendo que tiene la razón, pero no quiere discutir y ha encontrado la forma de retirarse haciendo creer que ha ganado. Asher debería estar contento. —Suena como que no quieres expresar tu opinión, ¿o es qué no tienes una? Enarca una de sus ridículas cejas tan bien perfiladas, podría sonreír, pero Asher no se entrega a los gestos banales con tanta facilidad, por lo que solo la observa fijamente. Evette le devuelve la mirada por unos segundos, en la punta de su lengua palabras que la llevarían de inmediato a dirección. Inhala profundo. No está enojada, Asher tan solo quiere provocarla; eso es lo que se repite una y otra vez hasta que puede respirar con calma. —No voy a perder mi tiempo discutiendo contigo— le da una mirada hastiada antes de bajar la vista a su cuaderno. El resto de la clase se le pasa rápido. No le preocupa abstraerse del mundo cuando ya han terminado la materia y tan solo están haciendo un repaso. Al sonar la campana recoge sus cosas con calma, saca el celular para preguntarle a Oli dónde está y espera de pie a que le responda. Pronto la sala se ha vaciado y tan solo queda ella con un grupo de chicos, dentro del cual se encuentra Asher. Dándose cuenta de eso, se echa la mochila al hombro e inicia su camino hacia la cafetería. —¿No quieres tu estuche de vuelta?— Pregunta uno de ellos. Se voltea y retrocede bruscamente al darse cuenta de lo cerca que está. Debe medir lo mismo que ella, si es que no un poco menos, pero sus hombros son anchos, sus brazos abultados y está parado como si fuera a taclearla en cualquier momento. Sacude la cabeza incapaz de emitir palabras y da media vuelta, queriendo huir de allí lo más rápido posible. No le importa su estuche, puede ir esa misma tarde a comprar uno y remplazar todo lo que había en su interior, pero si se queda a pelear por él quizá ni siquiera logre salir viva de la sala. —No seas aguafiestas— otro hombre se cruza en su camino, este sí es alto, incluso para ella. Evette retrocede un paso, chochando con el chico a sus espaldas, el que parece un toro. —Te lo pondremos fácil.— Le aparta un mechón del cuello —. Sabemos que te gustará. No entiende a qué se refiere y no pierde tiempo intentando descifrar sus palabras. Se hace a un lado, intentando rodear al larguirucho que le bloquea el camino. Cree que lo va a lograr, pero unos centímetros antes de la puerta la agarran del brazo y empujan contra la pared. Sus ojos se cierran por el impacto, pero no pierde tiempo y pelea por librarse. Sin saber de que se defiende agita los brazos y patalea, pero en segundos está inmovilizada contra la pared. —Tenías razón— el de brazos enormes está frente a ella con una sonrisa terrorífica que desaparece al voltear el rostro —, si le gusta que la fuercen— le habla a alguien a sus espaldas. Sacude sus brazos un poco más y abre la boca para gritar, pero la mano que sostenía una de sus muñecas pasa a cubrirle la boca. Mira hacia todos lados desesperada por encontrar una salida o alguien que pueda ayudarla, así de asustada está, porque si quedara algo de su mente racional sabría que nadie allí está a su favor y aun así busca con la mirada algún hombre que se vea mínimamente arrepentido. Al escanear la sala es recordada con brusquedad la presencia de Asher; de brazos cruzados, apoyado ligeramente en una mesa y con sus iris oscurecidos. Sus miradas se encuentran, la de él tan fría como siempre, como si todos los días usara a su séquito de brutos para atormentar a niñas indefensas. La parte más ingenua de ella piensa en que la ayudará, al menos por los años que se conocen, por el pasado en donde fueron amigos. Es lo único que le hace mantener la esperanza. —¿Qué dijiste que le gustaba?— Quien la sostiene sigue hablando hacia atrás. Evette no sabe a quién se dirige. —Que la pusieran de rodillas— interviene alguien. La voz da un paso al frente, revelando su rostro aniñado, el flequillo rubio le cae sobre la frente y todavía no se ha quitado los frenillos. Le da una sonrisa que intenta ser coqueta, pero se parece más a una mueca. Evette se paraliza, entendiendo para donde van las cosas. Bulldog, con sus hombros tan anchos que no le dejan espacio a su cuello, retrocede para darle espacio a Ian, quien se acerca con confianza. No hay nada que la sostenga contra la pared excepto la mirada espeluznante de su compañero de clases y por eso mismo no se atreve a moverse o quizá es que no puede. —He escuchado muchas cosas sobre ti— se inclina sobre ella, su aliento mentolado le golpea el rostro y los ojos de ella se humedecen. A llegado el momento que más temía. El momento en que se convierte en una estadística más y deja atrás el grupo de mujeres afortunadas para entrar al de la mayoría, el grupo de la triste realidad en donde es una norma ser abusada. Cierra los ojos, su cuerpo se estremece al sentir a Ian acercarse y un sollozo se atasca en su garganta. Quiere pelear, pero los músculos no reaccionan, su cerebro tampoco parece ser capaz de dar órdenes que le ayuden a salir de la situación. Una mano suave le acaricia la mejilla. Todo ella se contrae. —Basta. Ian no se detiene. La mano baja a su hombro y hace presión. —Suéltala o te corto la mano. La amenaza parece ridícula, pero proviniendo de Asher nadie se atreve a dudarlo e Ian se aparta de inmediato. —Fuera— ladra la orden —. Ahora. Cuerpos se mueven a su alrededor, pasos apresurados que se alejan. Alguien choca con una mesa y algunos murmuran insultos en su contra o peor aún, comentan con frustración todo lo que le querían hacer. En segundos la sala se ha vaciado y el silencio se ha apoderado de ella, una quietud que la ahoga y es interrumpida solo cuando toma una bocanada de aire. Abre los ojos, encontrándose con Asher frente a ella. Su rostro tiene algo extraño, no sabe muy bien qué y le gustaría quedarse a descifrarlo, pero entonces recuerda que es él quien ha orquestado todo esto. Recoge su mochila y pasa por su lado sin mirarlo. —Evette. Lo ignora. Luego lo piensa mejor y le levanta el dedo del medio, todavía caminando. ? Se salta el almuerzo. Tiene el estómago demasiado apretado como para comer algo, en vez de eso prefiere terminar de leer Ulises. El libro es lo suficientemente complicado como para mantenerla ocupada, toda su atención intentando seguir el extenso monólogo de Molly. No puede entender porque las generaciones de ahora desprecian a los clásicos cuando están llenos de magia en su interior. No es solo el placer de descifrar oraciones enrevesadas y el verse obligada a darle toda su atención a lo que sucede, es la forma en que muestran el mundo. Le hacen ver la vida de una manera distinta, a veces con colores tristes otras como una dimensión iridiscente llena de vida. Para Evette los libros son un lente a través del cual observa la realidad a su alrededor, son un objeto multiforme que a veces le sirve de bastón y otras es una mano que la recoge del suelo. Tampoco puede negar que el orgullo que le genera ser una mujer culta y los elogios que eso le trae. La literatura es otra de las cosas que contribuye a su personalidad, acercándola cada vez más a la perfección, pero también es algo que la hace sentir solitaria, pues si bien la gente la premia por su pasatiempo intelectual, son pocos los interesados en sostener una conversación sobre El corazón en las tinieblas o Ilíada. La alarma en su celular le indica que es hora de ir a la tutoría con su profesor. Recoge sus cosas desganada y parte a la oficina de él. Allí se lo encuentra sentado detrás del escritorio, los lentes le resbalan por el puente de la nariz y él se los acomoda con el dedo del medio, parece profundamente sumido en la pantalla. Eve carraspea, una sonrisa débil se forma en sus labios a modo de saludo. —Evette— se levanta para saludarla con un apretón de mano —. Adelante, toma asiento. —Permiso— murmura ella antes de hacerle caso. El profesor se recarga en la mesa al lado suyo, el brazo roza la mano de ella, quien la retira de inmediato. —Estuve practicando con algunos ejercicios y tengo algunas dudas. Se gira para sacar su cuaderno y procede a mostrarle lo que ha hecho. En vez de tomar su cuaderno, él se inclina sobre ella, sus rostros quedan a la misma altura y sus perfumes se mezclan. Él le habla bajo, casi susurrando las palabras en su oido. Sus explicaciones son precisas y se aleja mientras Eve hace las correcciones pertinentes. Luego vuelve a acercarse. Le roza el pelo, la mano, le sonríe y le pide que le llame por su nombre. —Me gusta el olor de tu pelo. —Oh— boquea tomada por sorpresa ante el halago —, gracias— sonríe ampliamente. Al terminar la tutoría Eve se levanta y luego se inclina hacia adelante para guardar las cosas en su mochila, dandole la oportunidad a Theo de mirar con descaro el cuerpo juvenil. Cuando se despide sujeta la mano de ella con las dos suyas. —Tienes la piel muy suave— acaricia el dorso de su mano con el pulgar. —Es un exfoliante que uso. ¿Sabía que es necesario exfoliar todo el cuerpo y no solo la cara? Le puedo dar el nombre si quiere. —Por favor, tutéame— le dice, sus manos todavía juntas —. No te preocupes por el nombre, dejémoslo para la siguiente tutoría y ahí puedes mostrarme como debo exfoliar mi cuerpo— relame sus labios —entero. Se le hace rara la petición, pero de todas maneras sonríe y le dice que sí. Se despide una vez más y sale de la oficina sintiendo una mirada fija sobre ella. En los pasillos del edificio debe esquivar a unas cuantas personas. El ruido de los pasos apresurados y los trozos de conversaciones llegan a sus oídos como una ola suave que la envuelve. También hay risas, una discusión de pareja y el golpe metálico de los casilleros al cerrarse. Cada sonido es una nota musical que por alguna razón disfruta. No es una obra fabulosa como pararse en el mercado un sábado por la tarde, pero de igual manera le permite alejarse de sus pensamientos unos minutos más. No ha pensado en lo sucedido con Asher y sus amigos en toda la tarde y planea seguir así, es más, le gustaría jamás tener que pensar en eso. Por suerte no le es difícil cumplir con ello, ya que al llegar a casa se pone de cabeza a estudiar para intentar recuperar el tiempo que perderá al día siguiente cuando vaya a la junta en casa de Gabriel. Avanza en sus lecturas, termina una de sus tareas y luego pasa algunas horas leyendo. Ha comenzado La Celestina, un clásico español que no le interesa ni un poco, pues no es muy fanática de las obras dramáticas, pero si lo ha elegido como su actual lectura es porque eso dice la lista de clásicos imperdibles que ha encontrado en Google a principio de año. De acuerdo con su planificación hoy tiene que leer veinte paginas, pero se fuerza a leer cuarenta porque le gusta superarse a sí misma. Hace deporte y respeta la dieta a la que se ha sometido yéndose a la cama con el estómago vacío. A muchos les parecerá una locura, pero Evette está convencida de que no necesita calorías cuando no las va a gastar y asegura de que desde que comenzó la dieta duerme mejor. Lo que en realidad sucede es que su cuerpo esta estresado y agotadisimo, por eso es que el sueño viene con tanta facilidad a ella. ? Oli abre la puerta y la deja entrar primero a la cafetería. —He tenido toda una hora libre porque el profesor de historia no ha venido, así que aproveche de ver un capítulo de Brooklyn 99. —No entiendo como te gusta esa serie— Eve sacude la cabeza. —Algunos de nosotros sí tenemos sentido del humor— Oli se gira para sacarle la lengua. Caminan entre el mar de cuerpos, una detrás de la otra hasta encontrar una mesa desocupada. —Sí tengo sentido del humor— se defiende ella. Oli le da una mirada por sobre su hombro que le dice todo. Quiere ahondar en porque tiene razón, pero un chiflido la distrae. Mira hacia todos lados tratando de descifrar de donde viene, pero le es imposible en la multitud del casino, por lo que sigue caminando detrás de Oli, quien la guía hasta la mesa en donde se encuentran sus amigos. —Hola— Will las saluda con una sonrisa blanca. Oli lo mira de reojo y se sienta sin decir nada, es Eve quien lo saluda con el mismo entusiasmo mientras se ubica al lado de su amiga. —¿Con qué vas a deleitarnos hoy, Liv? —¿Es que no te alimentan en tu casa?— Responde ella al tiempo que abre su lonchera. Eve hace lo mismo, sacando su pote de ensaladas y la compota de manzana que ha traído. Al frente de ella Lex le da una mirada indescifrable que desaparece cuando ella le sonríe un tanto nerviosa. No le gusta que la gente se fije en lo que va a comer. —¿Cómo estás? Siento que hace mucho que no te veo— suelta una risita al final. —Tú andabas desaparecida ayer. —Sí.— Se mete un bocado de lechuga a la boca mientras piensa en que decirle. — Tenía que estudiar una materia de química que no entiendo muy bien. —No seas cagada, mira que no te hace mal comer menos— Eve capta trozos de la conversación que ocurre a su lado y se encoge al escuchar las palabras incluso si no van dirigidas a ella. Sabe que Lex le está hablando, pero de igual manera gira el rostro hacia su amiga para ver su reacción. Oli mantiene su rostro inexpresivo, aunque si no logra adivinar que se le pasa por la mente es porque el flequillo le cubre la mitad de la cara. —Eres insoportable— gruñe y empuja una porción de pescado frito en dirección a Will. —Mentira, soy adorable. ¿No es cierto, Eve? La aludida voltea el rostro hacia él. —Eh— se rasca una ceja, nerviosa por haber sido pillada escuchando la conversación —, ¿a veces? —Siempre— le corrige, como si su respuesta fuera errónea. De reojo ve como Olivia entorna los ojos, pero evita cualquier comentario y vuelve su atención a Lex que también estaba pendiente del intercambio entre sus dos amigos. Hace una mueca, enseñando sus dientes parejos, para mostrar a lo tensa que fue la conversación, pero luego se pone a hablar de las semifinales de fútbol con Will como si nada hubiera pasado. La mesa se llena con el resto de sus amigos. La mayoría se sientan para el lado de Will o al lado de Oli, dejando a Evette en la esquina, hasta que es empujada sin delicadeza contra su amiga. Se muerde la lengua para no decir nada de lo que pueda arrepentirse y una vez que ha controlado su primer impulso se gira hacia el sujeto sin modales. Bufa. Debería haberlo sabido. Por supuesto que Asher sería el único que la trataría como si fuera un objeto al que puede empujar fuera de su camino sin problemas. Aparta la mirada antes de que vuelta el instinto de ponerle un combo en la cara, su bella cara que quedaría arruinada y así las mujeres se le dejarían de tirar encima como si fuera el último hombre en el planeta. Vale, entiende que es guapo; sus ojos grises combinan a la perfección con el rubio cenizo de su pelo, los labios rosados incitan al pecado y sus manos son la debilidad de cualquiera, sobretodo de chicas como ella que sueñan con ser manejada fácilmente por un hombre. Es apretujada un poco más contra Oli, quien la mira con el ceño fruncido y un medio insulto a punto de salir, pero al notar a Asher al lado suyo tan solo entorna los ojos y le da más espacio, sabiendo que no es culpa de ella. —Está bien que quieras estar cerca de mí, pero muévete un poco más para allá que no le dejas espacio a Ruth. Deja de enfocarse en Asher por unos segundos para notar que hay una chica al lado de él tratando de acomodarse en el pedazo ínfimo que queda de banca para sentarse. Siente pena por la niña, pero siente más rabia por Asher que la trata como si estuviera obsesionada con él cuando no es así y es hora de que se entere de ello. —¿Me he sentado yo al lado tuyo?— Enarca una ceja —, no. Si no cabes entonces ándate— masculla para que solo él la escuche. Agarra el tenedor pero se da cuenta de que en incapaz de comer algo. Asher no le contesta y por un segundo cree que ha ganado, sobretodo cuando siente sus piernas moverse al lado de ella, pero en realidad se está acomodando para sentar a Ruth sobre sus muslos. —Gracias, bebé— dice ella en un tono dulce y deposita un beso en su mejilla. A Evette se le aprieta el estómago un poco más, debe ser por el apelativo empalagoso, no está acostumbrada a escuchar a las personas tratarse de esa manera o quizá le ha sentado mal el brócoli. La pareja al lado suyo no la deja comer tranquila. Asher no deja de rozar su pierna con la de ella, que ha elegido ese día para ir con las mallas delgadas, aquellas que solo sirven para emparejar el color de tu piel. A pesar de que intenta bajarse la falda para minimizar el contacto sus muslos no le otorgan ni un centímetro más, por lo que el muslo de Asher continua tocando la longitud completa del de ella. Le pone de los nervios ser tan consciente del calor que exuda su cuerpo, de la presión de sus piernas tocándose, de los roces casuales que se generan al apoyar la mano en su pierna o sacar su celular del bolsillo. Asher no habla ni come, pero su presencia se siente igual, por su cuerpo imponente y porque Ruth no se calla en ningún momento, llamando la atención de todos en la mesa. Cuando no está siendo florerito de mesa se dedica a susurrarle palabras a Asher en el oído que, por la manera en que él la mira, deben ser un montón de cochinadas. —Aquella vez en la playa fue una locura. La carcajada de Will la devuelve a la realidad. —Lex estaba muy borracho. —Cierto— Eve se mete a la conversación —, si hasta se puso a hablar español. —No fue tan vergonzoso como que haya tenido una arcada en medio de un beso. —Vomitó un poco en la boca de la chica— contribuye Gabriel. Lex le lanza una mirada fulminante y lo ataca con el sobre de sal medio vacío. —Eso era un secreto. Gabriel se encoge de hombros, para nada afectado con haber expuesto a su amigo y haberlo el foco de burlas de la mesa. —Lex no es el único que se paso de copas, Asher también se emborracho— dice Ruth, enterrando sus dedos en las hebras doradas. Evette se gira hacia ella, su rodilla chocando con la de Asher, el contacto le da una corriente eléctrica que termina por impulsar el comentario venenoso. —¿Tú qué sabes si no estabas ahí? El silencio se instala en la mesas, todos sorprendidos con escuchar aquel tono agresivo proviniendo de Evette, la chica que nunca deja de sonreír y siempre tiene una palabra amable para todos, incluso los que le desagradan. Dios, ha sido capaz de mantener una relación cordial con Asher a pesar de todas las cosas que le ha hecho y dicho. —Lo siento, sonó más brusco de lo que quería— una mentira que todos se creen menos quien le gustaría que se lo creyera. Baja la cabeza y se concentra en terminar su almuerzo incluso si se le ha cerrado el estómago.
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