Tres.

3322 Palabras
—Yo creo que es el típico caso de hombre con cero inteligencia emocional que demuestra que le gustas tirándote las trenzas. Por supuesto que tenía que contarle todo lo sucedido en las ultimas cuarenta y ocho horas a su mejor amiga, quien ha llegado a la conclusión que tanto ha evitado Evette por hacer. Una de las dos debe ser la realista, pero al parecer necesita otra amiga porque ambas fantasean con que Asher es cruel porque no sabe como manejar sus sentimientos por ella. Lo ha leído un millón de veces y uno de sus ejemplos preferidos es el de Heathcliff, pero a diferencia de muchos lectores empedernidos su historia de romance preferida no es algo que le gustaría replicar. —Me importa un pepino, que vaya a tirarle el pelo a otra. Olivia suelta una carcajada estruendosa. —No seas hipócrita que sé que espantas a todas sus conquistas. Eso no es mentira, pero ya ha pasado tiempo desde la última vez, un par de meses quizá. Es el pasado, lo que importa ahora es que va a borrar a Asher de su vida. Es un idiota aprovechador, manipulador y por sobre todas las cosas un psicópata. Debería haberse olvidado de él hace mucho tiempo. —No es cierto— se defiende de inmediato, cruzando los brazos —, tan sólo les digo que con un apretón ya acaba, lo que no es mentira. —Eso fue años atrás y por lo que sé su estamina ha mejorado mucho. —¿Cómo sabes eso? — Se obliga a no inclinarse hacia ella y sacudirla por los hombros demandando respuestas. Ni siquiera cinco minutos a durado sin querer inmiscuirse en los detalles de su vida. —Mi hermana me lo contó, pero no te enojes con ella que sólo lo hizo para enojar a Will. Las excusa no le resulta satisfactoria, pero la hermanita de Oli tiene un pase libre por ser adorable y por aquella vez que la cubrió y guardo su secreto. Cree que se siente más celosa de que tuviera sexo antes que ella. Oli le da un mordisco a su sándwich y Eve toma un bocado de su ensalada. —Asher se mete contigo porque le gustas y siguiendo esa lógica, si te dijo que no le importas tanto— hace énfasis en la palabra —ha sido tan solo para protegerse. —¿De que? Ni siquiera se golpear correctamente. —Pero eres la única que le muestra que sí tiene sentimientos, muy a su pesar. Se queja en voz alta con un sonido gutural y se deja caer en el paso. No ha pedido nada de esto. No quiere su atención ni mucho menos sus emociones. Quiere que le deje hacer su vida en paz y que no trate de arruinarla a cada segundo del día. Parte del poder que tiene sobre ella se lo ha dado la misma Evette, por eso se ha decidido a no dejarle afectar su vida y para eso va a ignorarlo. Suena simple y le gusta creer que así será. Eve suspira sin saber muy bien que responder. Prefiere comer otro bocado de su ensalada y disfrutar del sol frío en la cara, al menos tienen luz natural. La paz le dura poco, es imposible que su mente no se dirija a la teoría de los celos planteada por su amiga. No sabe si creerle o no, pero si fuera verdad estaría aún más enojada. Asher no tiene ningún derecho sobre ella, incluso si están comprometido, ignorarla por toda su adolescencia y acercársele solo para fastidiarle ha hecho que pierda todo privilegio. Además, él se acuesta con un montón de mujeres, sale a citas y no la ha mirado dos veces desde aquella vez que se besaron. Ahora, debe confesar que a veces fantasea con que ese momento hubiera llevado a algo más, que hubieran tenido la oportunidad de explorar esa área romántica, pero él nunca volvió a hablarle y ella tenía demasiados problemas con su autoestima como para intentar acercarse. Y ese pasado la deprime bastante, pero se distrae cuando un grupo de amigos llega a donde están. Ella los saluda a todos con abrazos apretados y una gran sonrisa, los invita a sentarse y les pregunta cómo están. Les ofrece de su postre, los hace reír con comentarios atinados y su propia risa contagiosa. Cuando está con sus amigos siempre tiene una gran sonrisa en el rostro y desprende una energía dulce y energética. —Pero si no quieres comer huevo puedes hacer un queque con plátano, eso lo sustituye. —¿De verdad? — Pregunta Harry, uno de los integrantes del grupo. —Sí, es muy bueno, además le agrega un sabor rico. Tengo una receta muy buena, si quieres te la puedo enviar. —Ya, por favor. Evette se gira para sacar el celular de su mochila y en eso capta la mirada de Asher, que metros más allá tiene los ojos fijos sobre ella, observando cada uno de sus movimientos. Quiere levantarle el dedo del medio o quizá sacarle la lengua, pero apenas es capaz de sostener el contacto visual y no le interesa inmiscuirse en una pelea con él. En vez de eso se vuelve hacia Harry y continúa hablando con él sobre recetas de cocina, no sabía que le gustaba la repostería o que era vegano, ella no lo es, pero tiene bastantes tips recolectados de Tik Tok. Están en eso cuando Will aparece agitando la mano y saludando con un tono igual de efusivo. Después de eso se sienta frente a ella. Segundos más tarde llega el resto del grupo de amigos. Gabriel con su rostro siempre serio masculla por la bajo un saludo y se sienta al lado de su amigo que ya está conversando con la chica a su lado. Lex aparece atrás de ella, se agacha para darle un beso en la mejilla, pero Eve le pasa los brazos por el cuello y lo abraza con fuerza, preguntándole como ha estado. Se mueve para hacerle espacio y en eso choca con alguien a sus espaldas. —Oh, lo siento— se gira con una gran sonrisa que se desvanece al ver a Asher —. ¿Te vas a sentar ahí? Apunta al espacio ocupado por Harry, pero si le pregunta es porque ya ha comenzado a sentarse, obligando a su amigo a hacerse a un lado. —¿Cómo has estado? — Tiene el descaro de decirlo como si le importara. Piensa en ignorarlo, pero fracasa. Ante todo debe tener una actitud intachable y debe ser cortés. —Eh— humedece su labio inferior, gesto que atrapa la atención de él por unos segundos antes de volver a sus ojos —, bien ¿y tú? —Bien. —Em, que bueno. Se miran por unos segundos, ella no puede evitar fijarse en sus ojos grises y la manera en que la luz a su espalda los hace ver más oscuros, con vetas grises que ahora se han transformado en azul. Acompañados de las pestañas negras y gruesas, sus ojos son una obra de arte que siguen cautivándola, incluso si lo odia ahora. Es la manera en que se entremezclan los colores, el borde suave que termina en una aurora entre verdosa y azulada, esas pecas marrones que solo se notan contra la luz del sol. Pero quizá lo que lo hace tan hermosos es la armonía que tienen sus iris intensos con la forma de sus ojos almendrados que siempre que se posan sobre ella la hacen estremecer. No sabe muy bien que es, porque al igual que sus iris, su mirada es un barullo de cosas, algo de simpatía, un poco de deseo contenido, a veces siente que hay compasión también, pero lo que nunca falta es el odio. —Hey, Evy, ¿empezaste el trabajo de lengua? Pestañea y aparta la mirada de Asher de golpe. Se vuelve hacia Lex con todo su cuerpo y decide ignorar al otro hombre por el resto del tiempo. —Sí, aunque no tengo ni idea de cómo voy a completar ocho páginas. —Oh, pensé que era él único, me está costando mucho la verdad. Destapa su botella y echa la cabeza hacia atrás, sus rulos caen desordenados y algunos se le arremolinan sobre la oreja. Su garganta queda expuesta y Evette sigue el subir y bajar de ella con atención. Hay algo masculino en su cuello, en la manera en que bebé despreocupado, en como sostiene la botella, que se ve tan pequeña en comparación. No puede evitar preguntarse si al agarrarla del cuello a ella se vería igual de inmensa o si es que su altura y cuerpo grueso opacaría lo grande que es la mano de Lex. Como si supiera que está pensando en él, abre un ojo y la mira por el costado. Aparta la botella de su boca y la remplaza con una sonrisa pícara. —¿Qué? De inmediato el rubor sube a sus mejillas y se echa ligeramente hacia atrás. —Nada. Lex se inclina sobre ella y Eve trata de mantenerse en su posición, pero termina cediendo a la presión y se hace pequeña bajo su mirada intensa. —No te preocupes, sé que soy lindo. Ella suelta una risa nerviosa porque no puede negárselo y quiere responderle con algo igual de coqueto, pero la interrumpe un tirón en el cabello que le saca un gritito de dolor. Se gira con las mejillas enrojecidas y la boca apretada en una mueca para reprimir la sarta de insultos que quiere decirle. —Tenías algo en el pelo— dice Asher con apatía, como si le hubiera hecho un favor. Las ganas de insultar al que le tiro el cabello aumentan, sobre todo ahora que sabe quién ha sido y porque no le cree ni un poco. Él jamás ha tenido un gesto amable hacia nadie, cada una de sus acciones tiene un motivo detrás. No le da una respuesta, siguiendo su plan de ignorarlo, en cambio se pone a conversar con Lex y la chica que está al lado de él, que no deja de mirar por sobre el hombro de Eve con cierto espanto. Ella misma puede sentir la atención de Asher en cada uno de sus movimientos y en la charla que sostienen, pero de nuevo prefiere ignorarlo. En algún momento debería cansarse. No lo hace. Siente sus ojos sobre ella en todo momento y nunca lo escucha hablar, a pesar de que otros se dirigen a él directamente. Aquello le hace pensar que está allí solo por ella, observándola, cuidando que no se salga de los márgenes que él ha creado. Conversar con Lex tal vez involucre violar las reglas, pero le importa un bledo, además es su amigo y siempre se junta con él. —Vas a pasar a buscarme el viernes, ¿cierto? — Se recarga en su brazo izquierdo y lo mira a través de sus pestañas. —Obvio— entorna los ojos, ni siquiera debería estar preguntándolo. —Ya, pero tienes que pasar más temprano porque necesito ir a comprar lo que vamos a beber. —¿Lo vas a comprar tú? — Enarca una ceja. Su rostro se suaviza y le da una media sonrisa —. Evette, no sabía que ahora haces cosas ilegales. Ante su tono sugerente ella se sonroja. Pone un mechón de cabello liso detrás de su oreja y aparta la mirada. —Ey, Lex— una voz masculina se entromete —, ¿el viernes no tienes que llevar a tu hermana a futbol? Eve se gira hacia Asher, anonada por escucharlo hablar y por lo cerca que se encuentran. También le sorprende que sepa algo personal de la vida del rubio, de todo el grupo pareciera ser que ellos son los que se llevan peor. Asher no deja que el chico conteste, no han pasado ni dos segundos y ya se ha girado hacia ella ofreciendo una solución que en realidad no le trae más que problemas. —Yo te llevaré. —Eh— le tiembla la voz. Su primer instinto es decirle que sí, pero luego recuerda su promesa anterior, debería decirle que no —. Oli también estará conmigo. —No importa, mi auto es grande. —Eh, pero— mira a Lex pidiéndole ayuda. Asher atrae su atención poniendo una mano sobre su rodilla —Pasaré por ti a las tres. Nada de comprar alcohol, sí. Balbucea algo ininteligible. Las cosas han escalado demasiado rápido y no sabe cómo retrocederlas y con la mano de Asher en su pierna le cuesta pensar. En realidad, tiene problemas para hilar cualquier tipo de ideas. Ni siquiera sabe si quiere pelear con él, sí, sería genial si es que no se hubiera entrometido en sus planes pero al mismo tiempo no se le ocurre ninguna manera en la que lograr lo que quiere. De todas maneras, ¿qué sentido tiene? Asher siempre encuentra la manera de que haga exactamente lo que él quiere, por lo que en este tipo de peleas pequeñas es mejor ceder. Si algo le ha enseñado es a saber elegir sus batallas. Olvida el tema con facilidad y disfruta del poco tiempo que le queda antes de tener que volver a clases. Cuando el timbre suena se levanta para despedirse de todos sus amigos con abrazos y besos, dejando a Asher para el final, alargando su sufrimiento. Los buenos modales le impiden ignorarlo tanto como quiere, así que se despide de él con un beso en la mejilla o intenta hacerlo, porque en el último momento Asher da media vuelta y se va con el resto de sus amigos. Eve se queda de pie viendo como se aleja. Por dos segundos hay un nudo en su garganta que la quema por dentro, pero para el tercero es capaz de controlarlo y volver a su estado de calma. No le importa la descortesía de Asher, no le importa lo que haga y por sobre todo, no le importa no importarle. Eso se repite mientras camina a clases. Una de las primeras cosas que necesita saber para que en verdad sienta esas palabras, es saber que Asher no siente nada por ella, ni siquiera una mínima atracción física. Conoce muy bien sus gustos en mujeres, él mismo se ha encargado de ello restregándole en la cara todas las chicas con las que ha salido, llevándolas a juntas con sus amigos o estando pegadas a ellas a todas horas en la escuela. Esas mujeres son todas de estatura media o baja, esbeltas, con rostros de rasgos delicados, un poco tiernos. Son mujeres tímidas, que usualmente guardan silencio y si hablan lo hacen bajo, pero se puede ver su personalidad en la ropa atrevida que utilizan y en como reclaman cuando algo no les parece bien. El color de ojos, piel y cabello varia, también el tamaño de sus bustos, aunque Eve ha notado que Asher es un hombre que se decanta por pechos antes que trasero. Si se ha fijado tanto en los gustos de su prometido es porque antes le gustaba, y sí, estaba celosa de todas aquellas que tenían su atención. Durante ese periodo de obsesión no podía dejar de compararse con las otras, ¿qué tenían que ella no? Fue ahí cuando se dio cuenta de que eran todo lo que Eve no era ni podría ser jamás. Ojalá tuviera una preferencia de tez, que le gustarán las de pelo largo y rubio o tan solo las pelirrojas, sería más fácil de aceptar, pero en cambio Asher había elegido rasgos antónimos a los de ella, a las cosas que más odiaba de sí misma. A veces, cuando la presión se volvía demasiado, se prometía que hablaría menos; pensaba en hacer ejercicio y dejar de comer; se obsesionaba buscando ropa que contrarrestara su cuerpo grueso y alto, prendas que la hiciera ver más suave y femenina. Pero jamás lograba ser constante con ello, después de un tiempo se le olvidaba que debería mantener la boca cerrada, que no importaba si hacia ejercicio, tenía que dejar de comer. A veces se olvidaba de lo mucho que se odiaba y se rehusaba a lo que era. Estaba bien que su prometido no la quisiera y que ningún hombre le diera atención. No tenía problema con no tener ninguna experiencia s****l ni romántica. Había aceptado que no era deseable y la mayor parte del tiempo estaba bien con eso. ? Después de clases había quedado con un chico de un curso menor para hacerle una tutoría de ciencias. Se supone que se juntarían en la biblioteca en cinco minutos, pero tenía demasiada hambre y el quiosco donde podía encontrar comida siempre se llenaba a esa hora. Ocupo casi todos los minutos del tiempo libre tratando de decidir qué haría, el gorgojeo de su estómago opinaba algo completamente a su cerebro. Además, Eve creía en señales y que no tuviera el tiempo suficiente para comer era la excusa perfecta para aguantarse hasta la cena, después de todo no le hacía mal pasar hambre. Se deja caer en la silla, acomoda la mochila a su lado y saca los cuadernos que necesitara en conjunto con su estuche. Entre tanto revolver la mochila sus dedos rozan con algo que le llama la atención. Lo saca con el ceño fruncido y la boca se le hace agua al ver que es una barrita de cereal. Piensa en abrirla, su estómago ruje de nuevo, pero ha tenido la suerte de encontrarla en la biblioteca, donde no se puede comer. La mete de nuevo al fondo de su mochila y trata de olvidarse de la tentación repasando la materia que va a enseñar. Ojea rápidamente todo y después mira la hora en su reloj. Le sorprende ver que el chico lleva diez minutos de retraso, pero quizá no tiene la misma hora así que le escribe para preguntarle si viene a tiempo y decide esperarlo un poco más. Aprovecha de revisar la lista de pendientes que tiene, tacha lo que ya hizo y reestructura sus prioridades. Queda casi un mes para que se acaben las clases y ella quiere tener todo listo para no estar tan estresada al final, probablemente igual termine colapsando, pero quiere hacer todo lo posible para que no sea así. Revisa la hora una vez más. Han pasado veinte minutos y no hay señales de él, incluso si ha visto su mensaje. Tamborilea la mesa pensando en que debería hacer. Treinta minutos de atraso es mucho, ¿cierto? Sí, definitivamente, pero aun así decide quedarse en la biblioteca a estudiar y de paso esperar, a ver si aparece el niño. No llega nunca, pero ella tiene una buena sesión de estudio, así que tampoco perdió el tiempo. Recoge sus cosas, le da un vistazo rápido al reloj y apura el paso por el pasillo que la lleva al gimnasio de la escuela. Se mete en los camarines, saluda con un hola general a todas las mujeres que están ahí y procede a cambiarse de ropa para ponerse el traje de baño. El primer chapuzón en el agua siempre es el mejor momento, odia verse obligada a saltar y saber que le espera un agua helada que le aprieta los pulmones y al mismo tiempo ama hacerlo, vencer a su propia mente. Algo similar le sucede cuando está con la cabeza bajo el agua, nadando y dándolo todo para terminar primero. Antes de volver a tomar aire le gusta forzarse al punto en que le arden lo pulmones, le duele la cabeza y se siente un poco mareada. Quiere ser superior a su cuerpo y demostrar que es capaz de llegar al extremo si es necesario. Termina primera en todo. Siempre es así, pero de todas maneras ella celebra la pequeña victoria permitiéndose sentirse orgullosa de sí misma.
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