Olivia se llena la boca con almendras mientras Evette gira sobre sí misma frente al espejo, intentando decidir si el traje de baño que tiene puesto le queda bien o no. A diferencia de los anteriores esté se hunde en la piel de sus caderas, pero le gusta mucho más como le queda en la parte posterior, dándole una forma más redonda a su trasero. La tela que cubre su busto también se ve mejor que en los trajes de baños anteriores, ya que al inclinarse no se le hace un espacio que deja a la luz todo su pecho.
—Me gusta— dice Oli con la boca llena —. Ese color te queda muy bien.
Se gira hacia ella cubriendo su estómago.
—Se me marcan todos los rollos.
—No tienes rollos— Oli entorna los ojos —. Te queda mucho mejor que los otros y se te ve pedazo de culo.
Eve se tira a la cama. Esconde su rostro entre montañas de cojines y se queja con un sonido gutural que suena más a un lamento. Decidir que ponerse siempre es la parte más complicada de salir y muchas veces es lo que la convence de quedarse en casa. Con sus caderas anchas y las piernas enormes hay poco que pueda hacer para disimularlas, y claro, podría ser de las mujeres que aceptan tal como son, pero ella todavía no abandona la idea de adelgazar y deshacerse de todo lo que odia de su cuerpo. Aun así encuentra valor para ponerse traje de baño y se mentaliza en lo expuesto que estará su cuerpo. Para el entre tanto elige un vestido café que disimula muy bien sus caderas y abdomen abultado. Es uno de sus vestidos preferidos y siempre obtiene uno que otro cumplido cuando lo usa.
—¿Te vas a poner maquillaje? — Le pregunta a Olivia.
—Sí— responde como si fuera obvio —. Además, no creo que me meta al agua.
—¿Por qué no?— Hace un puchero.
Se aleja de escritorio en donde estaba ordenando sus cosas para darle toda su atención.
—No sé, no tengo tantas ganas.
—Ya, pero trajiste traje de baño al menos, ¿cierto?
—Sí— alarga la palabra y pone los ojos en blanco.
Oli se pone el cabello detrás de las orejas y la mira con sus ojos miel. Cree percibir pena detrás de sus iris cálidos, pero no se atreve a preguntarle, ya que su amiga se levanta para ir al baño y Eve reconoce que no tiene la fuerza suficiente para escuchar los problemas de alguien en ese momento, prefiere ahogarse en sus propias penas.
En este momento su cuerpo no le preocupa tanto como la idea de pasar veinte minutos en el auto de Asher. Veinte minutos en silencio mientras van a la casa de Gabriel. Veinte minutos sentada a centímetros del hombre que hace su vida imposible. La situación es sumamente estresante, por lo que ha ideado todo un plan para hacer el viaje lo menos tortuoso posible; se sentará atrás con Oli y conversaran por mensaje todo el viaje sobre lo incomoda que están o se compartirán memes hasta que lleguen a su destino. Es sencillo y le garantiza que no se le harán eternos esos veinte minutos.
Un golpe en la puerta le avisa que han llegado por ellas. Isa está del otro lado, sus ojos alargados de tonalidades más oscuras lucen cansados o tal vez es el constante aburrimiento de una adolescente.
—Tu prometido está aquí— señala con un ademan a Asher.
Los ojos de Eve se agrandan a más no poder, sus mejillas se enrojecen y las piernas le tiemblan. Odia aquel título y el efecto que tiene sobre ella, pero lo odia más cuando se lo recuerdan frente a Asher, a quien se le infla el pecho con orgullo y adquiere una mirada que nunca ha sabido descifrar.
—Ya bajamos— le dice con una media sonrisa.
En los siguientes minutos tan solo se escucha el raspar de la ropa y toalla, el choque de las brochas de maquillaje siendo ordenadas apresuradamente y el cierre de las mochilas. Asher está esperándolas abajo de las escaleras y apenas se le acerca lo suficiente le quita la mochila de las manos.
Eve balbucea y alarga la mano, tratando de recuperarla, pero Asher la esquiva y luego utiliza sus piernas kilométricas para poner distancia entre ellos.
La mujer le lanza una mirada confundida a su amiga, esperando obtener algún tipo de comentario que le explique lo que sucede, pero Oli se ve igual de confundida que ella.
—Al menos es caballeroso— se encoge de hombros la más baja.
Claro, porque no saludarla y quitarle la mochila de las manos sin darle explicaciones es tener modales. Modales sería que respetara su compromiso y no saliera con cualquier mujer. Reprime lo que sigue de ese pensamiento, sabiendo que no la llevará a ningún lado y también porque se ha prometido pensar menos en Asher. Lo que es difícil cuando él le abre la puerta del copiloto, sus ojos intensos ordenándole que suba. Eve acata de inmediato, sin decir ni pio.
Desde que el golpe de la puerta la saca del transe en que estaba, se odia. Hay tantos motivos por los que desprecia cada milímetro de su cuerpo, incluyendo su cerebro, que no vale la pena mencionarlos todos.
—Oye, Eve—. Olivia se inclina hacia delante —Ahora que vas a cumplir dieciocho, ¿cuanto crees que quede para casarte?
Eve se gira hacia ella con los ojos salidos de sus orbitas. El calor sube a sus mejillas de inmediato, se debe a su corazón estresado que bombea sangre a toda velocidad y la deja un poco mareada.
No quiere hacerlo, pero la curiosidad es mayor y termina arriesgando un vistazo a Asher. Él había mantenido la mirada fija en el camino, inalterado por la pregunta, pues conoce muy bien la respuesta, pero al sentir los ojos de Eve sobre él se gira para devolverle la mirada. Ella, afectada todavía por la pregunta, reacciona demasiado lento y cae presa de los ojos iridiscentes de su prometido. Con sus tonos tan cautivadores cualquiera se sentiría a salvo bajo el calor de su mirada, sus ojos saben enmascarar muy bien la carencia de emociones, pero Evette los ha estudiado desde pequeña y ha pasado su vida comparándolos con todos los que va conociendo por lo que sabe muy bien que se esconde detrás de la fachada atractiva. Lo sabe tan bien que se estremece inconscientemente, la piel se le pone de gallina, sus muslos se tensan y sus pezones duelen por el frío repentino. Cuando ve en los ojos de Asher no encuentra un hombre encantador, sino la criatura dueña de sus pesadillas. Él nota su miedo, por eso sonríe. Luego vuelve la atención al camino.
No encuentra palabras para responderle a su amiga, tan solo es capaz de dar una mirada paniqueada hacia atrás.
Sobretodo ahora que se acercan sus dieciocho no ha hecho más que evitar el tema del matrimonio. La obsesión que posee Asher sobre ella siempre ha sido peligrosa, pero en lo últimos días la ha sentido como una bomba de tiempo que podría estallar en cualquier momento, la catástrofe: ella casada a los dieciocho. Debe ser la paranoia. Independiente de lo mucho que Asher quiera arruinarle la vida no sacrificaría la propia para eso. ¿Cierto?
—¿Y tú, Asher? ¿Listo para dejar la soltería?
Esta vez, cuando se gira hacia Olivia es para darle un golpe en la pierna con todas sus fuerzas y una mirada de advertencia. ¿A qué está jugando? ¿Es que acaso se le ha olvidado lo aterrorizada que está casarse con Asher? A veces piensa que sería mucho mejor escapar de casa o atarse a cualquier otro hombre. Uno que fuera menos maquiavélico, uno que no disfrutara de verla sufrir. Alguien que al menos pudiera darle la esperanza de que ser amada.
Asher mira por el espejo a Oli, son apenas dos segundos, pero es tiempo suficiente para que la rubia se estremezca y abandone todo intento de conversación, de cualquier tipo. Sentenciándolos a todos a un viaje silencioso, muy distinto a lo que Eve tenía en mente, porque en vez de compartir memes con su amiga y burlarse de Asher por las cosas más mínimas ahora su cabeza no puede dejar de darle vueltas a la posibilidad de que vaya a casarse en una semana. Le gustaría pensar que Asher no sería capaz de algo así, pero sabe muy bien que no debe ponerle límites porque él siempre encuentra la manera de derrumbarlos, en cambio hace una lista de los motivos por los cuales no querría casarse. Todos revuelven alrededor de la idea que perdería gran parte de su libertad, estar casado lo ata a ella y pone el peso de las leyes sobre él. Es una de las cosas que más odia Asher, por eso encontraría la forma de hacer lo que quisiera de igual manera. Con eso se da cuenta de que la posibilidad de casarse en el próximo mes es mucho más plausible de lo que le gustaría.
Le sudan las manos y lágrimas se acumulan en los bordes de sus ojos ante la angustiante sensación de descontrol. Pensó que tendría más tiempo, que podría ir a la universidad e intentar hacer una vida normal lejos de la sombra de Asher espantando todo lo que pudiera hacerla feliz. Tenía la fe de encontrar el amor, de experimentarlo aunque fuera por unos semestres fugaces que no significarían nada en el futuro excepto para ella, pero reconoce que una vez casada no se atrevería a tocar a ningún otro hombre. Asher podrá ser infiel y construir un matrimonio en base a mentiras, pero ella se rehusa a caer igual de bajo; algo real debe existir en su relación y Eve se encargará de que así sea.
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Una vez que llegan a la cabaña, Evette hace todo lo posible por distanciarse de Asher, pero es casi imposible cuando tan solo se encuentran en la propiedad el grupo de amigos al que pertenecen ambos.
Lex no ha llegado todavía, pero está Will, que es mucho más eficiente a la hora de distraerla. Las hace tomar shots porque según él esas son las reglas, les toma fotos y luego decide colarse él. Prueban filtros de i********:, intentan hacer un baile de t****k y vuelven a tomar otro shot cuando llega Kora.
—Deberíamos aprovechar el jacuzzi ahora que no hay nadie— sugiere la recién llegada.
—Sí, después será imposible meterse— la apoya Eve —. Voy a ponerme traje de baño.
Oli se baja de un salto del taburete y la sigue, llevándose con ella la cerveza que abrió hace poco.
—Usen alguna pieza del segundo piso y dejen sus cosas ahí— instruye Gabriel, el dueño de casa.
—Gracias— Eve le da una de sus sonrisas personales y se gira con gracia, su cabello agitándose a su espalda.
A su oído llegan murmullos que no captan su atención, pues esta ya se encuentra sobre Asher, quien viene saliendo le baño. Sus miradas se cruzan, pero ahora Eve es más inteligente y termina con el contacto visual de inmediato, concentrándose en poner un pie delante del otro.
Kora las alcanza en la habitación. Ahí las tres se encierran y cambian de ropa. En realidad Evette ha subido para usar el espejo y comprobar que todo esté donde corresponde. La parte de abajo del traje de baño asentada en un punto exacto de sus caderas para minimizar la manera en que se hunde en su piel. La tela estirada para evitar que se le haga aquella bolsa entraña en la parte del trasero, pero también para que cubra todo el frente. Los rollitos al lado de sus axilas intenta unirlos a la grasa de su busto, pero no funciona ni un poco. Se observa frente al espejo hasta que ya no encuentra más defectos que criticar, arregla su cabello una última vez y se voltea hacia sus amigas. El estómago se le hace un nudo al ver a Oli, quien también ha elegido un traje de baño entero, pero este tiene un efecto mucho más favorable en ella; resalta sus curvas, alarga sus piernas y le estiliza la figura. Con el maquillaje suave en su rostro que le da una apariencia de muñeca y sus ojos grandes parece la protagonista de una película romántica. Kora es la única dispuesta fingir que no odia su cuerpo tanto como las otras dos y ha cubierto las partes más importantes con un poco de tela, dejando todo el resto al descubierto.
—No sabía que existían trajes de baño con tanga— dice Oli impresionada.
—¿En serio? Son muy buenos para cuando quieres broncearte o conseguir algún chico— mueve juguetona ambas cejas.
—¿A quién planeas conquistar hoy?— Eve le da un empujoncito con el hombro y añade una sonrisa picara.
—A nadie— Kora entorna los ojos y se gira para tomar su toalla.
Eve y Oli comparten una mirada complice, sabiendo muy bien que está mintiendo, pero no la presionan. En vez de eso conversan sobre el último álbum de Taylor Swift y sus canciones favoritas. Pasan a la cocina para buscar algo para beber. Oli cambia la cerveza por ron con Coca Cola y le ofrece uno a su mejor amiga, quien no duda en aceptarlo. Kora, siendo un poco más precavida, prefiere una cerveza. Después de la pequeña parada salen a la terraza.
El aire frío le golpea en la cara, una manta que pesa y le atrofia los músculos. Se estremece y corre hacia el agua cálida. Hace la toalla a un lado, sube los escalones y se sumerge hasta el cuello. Exhala aliviada, sus labios se curvan en una pequeña sonrisa y cuando su piel cosquillea es por motivos completamente distintos. Sentada en el agua tibia con las burbujas haciendo cosquillas en sus piernas y masajeando su espalda, se siente mejor que nunca. Siente que puede respirar y que el cuerpo no le pesa tanto, siente que no hay nada de lo que preocuparse más allá de que el agua siga caliente.
Abre los ojos sin darse cuenta de que los había cerrado. Mueve las manos delicadamente bajo el agua, disfrutando del burbujeo del jacuzzi. Se distrae con el chapoteo del agua. Levanta la mirada para ver a Kora entrando. Sus piernas largas dan pasos elegantes, su silueta es delicada, curvilínea, perfecta. Su cuerpo es perfecto y la envidia mucho más de lo que le gustaría admitir. Kora es hermosa, no es tan solo su delgadez y la voluptuosidad adecuada, sino también la sonrisa suave en sus labios rellenos y rojos, los ojos verdes, las cejas delgadas, los pómulos altos que le dan un toque divino a tu rostro.
Nota como Will se inclina para obtener un vistazo de su trasero; Gabriel está anonadado, boca entreabierta, mirada perdida en la obra magistral que es Kora. Le da miedo confirmar si es que Asher también se ha visto afectado por el encanto de su amiga. «Es lo mejor» se dice una y otra vez, saber que Asher es igual al resto de los hombres. Levanta la mirada y lo busca, pero frente a ella tan solo se encuentran Will y Gabriel. Kora ya se ha sentado al lado del primero y Oli viene detrás de ella, su rostro compungido en una mueca que muestra lo incomoda que está en ese momento, los brazos cerrados fuertemente sobre el abdomen, se lo dejan aún más claro. Eve le sonríe tratando de reconfortarla y su amiga le da una sonrisa de labios plegados. Cuando Oli se para frente a ella, se hace a un lado. Recién entonces se percata del cuerpo a su lado. Su primera reacción es apartarse aún más de él, pero con Asher eso no funciona, ya que él acorta la distancia entre ellos en segundos, forzando a Oli a que se siente del otro lado.
Evette vuelve a ignorarlo como lo estaba haciendo hace segundos y se pone a conversar con su amiga y Gabriel, aunque él no aporte mucho.
—Oye, Eve— Will interrumpe en el pequeño círculo social con su voz imponente —¿Cómo van las preparaciones para tu fiesta?
Frunce el ceño, segundos más tarde lo relaja al entender a que se refiere. Muerde el interior de su mejilla con fuerza, dándose cuenta de que tendrá que decirle que no habrá fiesta. Tampoco le importa tanto festejarlo, está claro que su cumpleaños es un día cualquiera. Lo que le preocupa es desilusionar a Will y al mismo tiempo ponerse bajo su escudriño, pues sabe muy bien que le pedirá un motivo por el cual los ha dejado sin fiesta a todos.
—Eh— se acomoda el pelo hacia atrás —, pues pasa que…
—Yo estoy organizando la fiesta— Asher dice con parsimonia.
Eve se gira hacia él, sus ojos abiertos a más no poder, transluciendo el pánico en ellos.
Will frunce el ceño, alterna la mirada entre ellos dos y luego exclama:
—¡No puedo creerlo! Has dejado que Asher, la persona más aburrida del mundo planee tu fiesta de dieciocho, es que… Estoy ofendido y me alegra que tu fiesta vaya a ser un fracaso, eso te pasa por no pedírmelo a mí.
Dicho eso se levanta y se va, dejándolos a todos sorprendidos con su discurso.
—¿Está…?— Eve sacude la cabeza —¿Debería hablar con él?
Mira a todos sus amigos esperando una respuesta, pero nadie sabe muy bien que ha sucedido y lo único que hace por varios minutos es mirarse entre ellos esperando a que alguien tenga la solución. Es Oli quien se levanta con un suspiro.
—Tranquila, yo lo iré a ver.
—Y dicen que las mujeres somos las dramáticas— Kora sacude la cabeza y bebe de su cerveza.
—Como si tú fueras algo más que dramática.
La única razón porque Eve alcanza a escuchar el comentario murmurado de Gabriel es por lo cerca que están, por eso mismo cree que su amiga no escuchara, pero por la mirada cargada de desprecio que le da, asume que sí lo hizo.
Evette se apresura a inventar un tema de conversación para evitar cualquier posible discusión, porque conoce el carácter de su amiga. Al principio ninguno le presta mucha atención, pero obliga a Asher a involucrarse en la conversación. Es la primera vez en años que le habla directamente. No puede evitar que la voz le tiemble y que diga más cosas estúpidas de lo normal, pero al menos Asher se entretiene con su torpeza y la atención se aleja de Gabriel y su comentario agresivo.
—No puedes pasar por alto la misoginia del autor— le reprocha Asher.
—Pero es que no es lo fundamental del libro— Eve entorna los ojos se gira hacia él, cruzando los brazos sobre el pecho.
—El personaje femenino, la protagonista— la mira a través de sus pestañas —, está construida en base a los estereotipos machistas del autor, por supuesto que es importante.
—Pero si reduces el libro solo a eso dejas de lado otras cosas igual de importantes— le debate Eve, cada vez más alterada.
Asher intenta contener una sonrisa. Es la primera vez en su vida que la ve de aquella manera. Por fin ha dejado esa sonrisa plástica, la falsa parsimonia. Discutiendo estúpidamente sobre un libro que ni siquiera ha leído por completo Asher logra darle algo de vida a su rostro, lo que ha estado buscando por tantos años. Es frustrante darse cuenta de que lo único que tenía que hacer era darle algo por lo que pelear en vez de atormentarla hasta el cansancio.
Ella cree que ha ganado cuando el silencio se extiende, sus labios se curvan con satisfacción y a Asher le tienta dejarle creer lo que quiera con tal de ver esa expresión en su cara. Su sonrisa se acerca mucho a la felicidad, lo que despierta una sensación placentera y confusa en su propio interior.
—Evy.
La aludida se voltea de inmediato. Su sonrisa se extiende un poco más llegando a mostrar sus dientes, sus hombros se relajan y los ojos se le achinan.
—Lex—. Se levanta de inmediato para saludarlo, depositando un beso suave en su mejilla recién afeitada —. Pensé que no vendrías.
Sus labios se curvan en un puchero inconsciente.
—Me atrase un poco, pero ya estoy acá. Y mira lo que traje— le muestra la botella de alcohol con una mirada picara.
Evette se estremece recordando de pronto el clima helado. Se sumerge en el agua de nuevo y desde abajo mira a su amigo con una media sonrisa y sus ojos brillosos por los tragos que se acumulan en su sangre. Desde ahí le habla en un tono dulce, pidiéndole que le sirva y ordenándole que se una a ellos en el agua. Le da un espacio a su lado y en el proceso de acomodarse se da cuenta que Asher ha desaparecido.
El jacuzzi se va llenando. Las personas llegan. La música se enciende. El murmullo de risas y conversaciones a medias llega a sus oídos. Las mejillas le arden y no está muy segura de sentir el agua a su alrededor. Sabe que el alcohol le ha afectado y no quiere dejar de tomar, pero lo hace de igual manera.
La gente se arremolina a su alrededor. La escuchan, se ríen de sus chistes, la siguen cuando se mueve a buscar algo para beber que le baje la borrachera. Con Will a su lado, ambos sentados en un sillón al interior de la casa, todos caen bajo sus encantos. La voz dulce de ella, la risa fácil y su simpatía se complementa a la perfección con la energía vibrante de Will, la bromas cada dos segundos que requieren saber no tomarse las cosas a pecho.
La noche transcurre bien. Lex se les ha unido en algún momento y nota su estado ligeramente intoxicado por el beso en la mejilla con que la saluda y la confianza que se toma al apoyar las piernas en su regazo. A ella no le molesta, acaricia sus piernas y lo pellizca ocasionalmente cuando le lanza un comentario malicioso.
—Sabes— el chico que le sirve ron se tambalea—, no esperaba que fueras tan simpática. Asher te describió como si fueras una verdadera zorra.
Pasmada, olvida decirle cuando debe detenerse y acaba con tres cuartos de ron en el vaso, pero le viene como anillo al dedo después de la confesión de Julian. Pestañea un par de veces y se frota el puente de la nariz.
—¿Asher dijo que soy…?— trata de encontrar una palabra para remplazar la que Julian dijo, pero él mismo se le adelanta
—Desagradable, hartante, odiosa, irri…
—Sí, sí— tiene que interrumpirlo —. Gracias.
No sabe que es lo que le agradece exactamente, pero tampoco piensa en eso cuando se devuelve a la sala de estar en donde la esperan sus amigos y el resto de personas que ha llegado. Pero entonces piensa en la información recién adquirida, en su mayor miedo hecho realidad, y da media vuelta.
Los peldaños de madera que la llevan al segundo piso se convierten en escalones de roca erosionada, por ende irregular. Tiene que sujetarse con fuerza de la baranda para no caerse en el camino hacia la planta superior y aun así desearía estar más ebria, solo un poco más para que Asher y sus palabras no le afectaran tanto.