Seis.

3494 Palabras
Sube a tropezones al segundo piso y se mete en la primera habitación que encuentra. La luz la ciega por unos segundos y las carcajadas le ponen la piel de gallina. ¿Se están burlando de ella? Abre los ojos con temor notando el circulo pequeño de personas reunidos a los pies de la cama. Uno a uno se voltean hacia ella, pero la única mirada que le importa y la que la atrapa es aquella de ojos grises. Bajo la luz amarilla, con las pestañas haciéndole sombra sus iris lucen mucho más amenazantes que de costumbre, también endurece sus pómulos, pronunciando la curvatura como si se tratara de un acantilado. Pero es la misma luz la que adelgaza el tabique nasal, vuelve su cabello oro y convierte sus dedos en garras delicadas que la cautivan tanto como atemorizan. Le encantaría tenerlas sobre ella, ligeras y suaves, pero sabe que en cualquier momento pueden clavarse en su piel y herirla mortalmente. —Y-yo— retrocede un paso. Choca con el marco de la puerta causando varias risas que la ponen aún más nerviosa. Detrás de todos los rostros sonrientes está él, de nuevo, una sombra materializada en su cabeza que le susurra lo tonta que es, lo estúpida que se ve. Es una sombra de tono lúgubre que verbaliza sus peores miedos. —Evette— Kora se levanta y se ve extremadamente feliz de verla, pero ella no se lo cree —. Mira, que bueno que llegaste, estamos jugando. En un pestañeo ya está a su lado y no tiene tiempo de decirle que no quiere jugar o de pedirle que la suelte. La tironea sin tener en cuenta su estado borracho y al soltarla para que se siente, Evette cae en seco acabando con medio cuerpo sobre su compañero de puesto, quien no es otro que Asher. Atontada, sintiendo la mirada de todos sobre ella, se aparta de inmediato, ubicándose a su lado como corresponde: con el trasero en el piso y el vestido bien acomodado. —¿Qué juegan? Decide que es peor levantarse e irse ahora que está sentada, que colarse en el grupo. —Jugabamos… —No importa, eso es aburrido— Kora lo interrumpe apresuradamente —, ahora juguemos algo distinto— propone juntando sus manos y sonriendo con amplitud. —Yo sé— Will levanta la mano como si estuvieran en el preescolar, incluso tiene el mismo tono extraentusiasta. Eve frunce el ceño, notando recién su presencia. Escudriña al resto de las personas para saber a quien más ha pasado por alto. Gabriel también está ahí, sentado al lado de Kora, con un vaso rojo en la mano, la otra la usa para sostener su cuerpo alargado. En esa pose mantiene su aire desinteresado que se vuelve un hastiado cuando notas la manera en que su boca se frunce sutilmente. Hay algunas chicas del equipo de natación alternadas con unos pocos jugadores de futbol y de basquetbol. Deben ser doce en total, dentro de los cuales también está Harry, sentado un par de metros a su derecha. Al lado suyo hay un chico que no conoce, de él le llama la atención sus rulos pelirrojos y la constelación de pecas que se extiende por todo su rostro. Él nota que la está mirando y le sonríe, Evette responde de la misma manera. —Dos verdades y una mentira, y si pierdes tienes que besarte con quien te descubra. Will agita sus cejas juguetonamente y Kora entorna los ojos, pero acepta porque no se le ocurre nada mejor. —¿Qué pasa si nadie adivina?— Pregunta una de las animadoras, sus delicadas cejas marrones fruncidas ligeramente. —Bebes. —Pero… Quiere protestar, de igual manera estaría perdiendo, pero la mirada que le da Will no deja espacio para replica. Puede que por eso nadie más se atreva a cuestionar las reglas del juego, aunque en gran parte se debe a que son todos igual de autodestructivos en el círculo, un par de jovenes con mucho dinero y tiempo libre a los que ya no les divierte nada, pues lo han visto todo. —Yo parto— Will dice —. Tengo un perro que se llama Ruru, he besado a un hombre y tengo un lunar en el pene. Gabriel entorna los ojos y Asher a su lado bufa. Por un momento son las únicas reacciones que hay, pero luego las mujeres alzan la voz, intentando adivinar a gritos, poniendo manos sobre bocas para acabar con la competencia. Algunas levantan las manos intentando atrae la atención de Will, otras se tratan de acercar. Es un caos. Kora pone orden mandando a callar a todos. —Tú no tienes un perro. Evette lo murmura para sí, demasiado ebria para notar lo que sucede a su alrededor, pero tiene la mala suerte de hacer justo en ese pequeño lapsus de silencio que Kora había generado. —Parece que tenemos una ganadora— dice Will con teatralidad. Hace el vaso a un lado y le pide que se acerque con un gesto de mano. Ella no entiende que quiere, pero se inclina hacia él y va a gatear, porque no puede pararse, pero una mano la agarra del brazo. En vez de detenerla la jala hacia atrás. —Evette. Su nombre susurrado de aquella manera dura le pone la piel de gallina, pero la estremece más la mirada de advertencia que le da a Will, quien sigue acercándose. Más que advertencia es una amenaza, pero el moreno la pasa por alto y se excusa diciendo: —Son las reglas del juego, querido, no te pongas celoso que sigo siendo tuyo. Le lanza un beso juguetón y todos ríen, ajenos al peligro que los rodea. Asher no la suelta, obligando a que Will se acerque. Él lo hace, muy confiado en que se saldrá con la suya, humedece sus labios y se ajusta la polera, haciendo reír a todos con su exagerada preparación. —Tranquilo amigo, te contaré con lujo de detalles como se siente. Asher se inclina hacia delante con la intensión de golpearlo, no más que eso quiere masacrando tan solo por sugerir que podría probar algo de Eve que solo le pertenece a él, pero si no lo alcanza es porque su amigo ha sido más rápido, lanzándose hacia la chica ebria que apenas puede descifrar todo lo que sucede a su alrededor. Queda aún más confundida cuando los labios de Will acaban sobre los de ella. Tibios y con un dejo dulce. Suaves. Se mueven lentos, dejando que ella se acostumbre, que reconozca la presencia de una boca ajena. Cuando Eve no se aleja y en cambio entreaberre la boca, Will la toma de la nuca presiona sus labios con fuerza y pasa la lengua por el labio inferior. La sorpresa del gesto le da tiempo a él para unir sus lenguas en la cavidad de ella, para saborear cada recóndito espacio y deleitarse con el ron que Eve lleva bebiendo toda la noche. Will utiliza sus dientes delicadamente, un juego tonto que nadie sabe seguirle, pero que sí hace que Eve se estire, buscando profundizar el beso. Le gustó aquel roce pernicioso, un adelanto de lo que podría ser un verdadero beso con su amigo. Se estremece cuando sus labios se separan, cuando la respiración de él le acaricia el superior y sonríe inconsciente cuando deja una beso en su mejilla. Suspira al sentirlo respirarle en la oreja. —Mi venganza. Evette se voltea, frunce el ceño y boquea. Intenta entender a que refiere al mismo tiempo que busca descifrar el nudo que se le ha hecho en el estómago y la razón por la que la mano que sostiene su antebrazo arde. Will regresa a su puesto, cuerpos se acomodan a su alrededor y acaba presionada contra Asher, su palma abraza el contorno de su cadera. No entiende como ha terminado tan pegada a él ni tampoco por qué no se aparta. Ah, es porque no puede. Cada milímetro que Evette intenta poner entre ella y Asher es un milímetro más que su cuerpo se acercan, como si el universo la castigara por tratar de distanciarse de él. Es injusto, considerando que Asher puede levantarse e ir a buscar algo para beber sin problema, pero cuando ella quiere ir al baño acaba sentada entre sus piernas. —Te lo advertí— masculla contra su oido. —¿Cuando?— Reclama en un grito susurrado. Voltea hacia Asher, sus rostros quedan a centímetros, pero ella lleva demasiado alcohol en el cuerpo como para que le importe, en vez de preocuparse se alegra de tener la oportunidad de apreciar su cara tan de cerca, detallando cada centímetro y buscando esas pequeñas marcas que de chica se sabía de memoria. —Deberías saber ya que tienes prohibido alejarte de mí. Su atención recae en los labios de él, algo resecos pero brillantes, delicados y rosados. Su boca es la manzana que la expulsará del paraíso. —No es justo, ¿por qué tú puedes alejarte y yo no? Sus cejas se arrugan en el medio y sus labios se estiran hacia abajo, enojada y entristecida por la manera en que todo a fluido entre ella y Asher en los últimos años. Carcajadas las distraen y devuelven su atención al juego. Dos chicos se besan como si la vida se les fuera a acabar. Evette no puede apartar la vista, encandilada con la manera en que sus labios se mueve, mira con morbo las caricias ansiosas de sus manos y siente el calor subiéndole por las mejillas al escuchar sus respiraciones agitadas y el casi imperceptible jadeo. Todos se han quedado en silencio, algunos observan con el mismo descaro que ella otros son incapaces de mantener la vista fija, pero lanzan miraditas interesadas hacia la pareja. A algunos no les interesa ni un poco lo que sucede. El encanto se rompe de golpe cuando uno de los chicos se levanta y estira su mano al otro, quien la toma de inmediato. Evette los sigue con la mirada, notando los bultos que delatan su excitación. Uno de ellos tiene la camiseta algo levantada, dejando a la vista parte del abdomen dorado y los músculos definidos. Relame sus labios pensando en como sería ver a un hombre desnudo. De pronto es muy consciente del cuerpo de Asher a sus espaldas, del calor que emana, de la respiración parsimoniosa. Descansa las manos sobre sus muslos, los mismo que la han convertido en prisionera, sus dedos rozan la cadera de Evette, aquella parte que más odia, pero el desagrado hacia su cuerpo se pierde en el placer que le generan los toques ínfimos. Quiere más y al mismo tiempo apenas es capaz de tolerar lo que recibe, por más mínimo que sea. Harry es quien sigue en el juego. Aunque sus opciones hacen fácil saber cual es la mentira, nadie quiere dar respuesta o quizá nadie lo conoce. Evette siente pena por él, así que señala la mentira. El rostro de su amigo se ilumina, humedece sus labios y junta sus manos para retorcerlas con cierto nerviosismo. Evette se acerca a él y planta un beso seco en su boca, un pico que deja a todos desilusionados, esperando algo similar a lo que había sucedido con Will. —Me toca. La voz de Asher resuena en la habitación. Quedan varias personas antes que él, pero nadie se atreve a contradecirle. Al lado opuesto del círculo el trio de amigos se acomoda, esperando con ansias lo que Asher hará, pues si ha decido participar voluntariamente del juego es porque tiene algo en mente. Evette también se ha puesto alerta, nerviosa por lo que pueda salir de sus labios, que a pesar de su belleza son especialistas en decir las cosas más crueles. —Nado en el lago todos los días. Tuve sexo con una profesora. Evette me escribe todas las noches suplicando que vaya a su cuarto y la folle como una puta. El silencia decae sobre el círculo como un manto asfixiante. Nadie sabe que decir, nadie sabe si es que es una broma o en verdad se espera una respuesta por su parte. —Yo digo que la primera— Gabriel dice. A Eve le tiemblan las manos, humedad se acumula en sus ojos y hace todo lo posible para no derramar las lágrimas. En el esfuerzo por mantener la compostura y no hacerle saber al resto lo humillada que se siente, la ira toma el control. Apenas se toma un segundo para considerar sus opciones y decidir cual es la peor. —Ni siquiera tengo tu número registrado— escupe las palabras. Busca en los bolsillos del poleron que trae su celular y se lo extiende a Kora para que lo revise, sabiendo que nadie le creerá sin prueba. Lo hace todo con movimientos torpes y agitados, sus extremidades se sacuden con el temblor de un volcán a punto de estallar. —Es cierto. Evette recupera su celular de inmediato y se gira hacia Asher dispuesta a decirle un par de cosas. Está bien que quiera arruinarle la vida con intentos tontos, pero no le parece que arruine su reputación inventando falacias sobre ella y lo que es peor aún, sobre las cosas que más le acomplejan. —De hecho, Asher es quien le escribe— agrega Kora. Devuelve la atención a su amiga, quien le guiña el ojo con complicidad. —Por supuesto, si Asher está loquito por mí, esperando que cumpla los dieciocho para casarse conmigo. No sabe muy bien de dónde vienen esas palabras, pero le gustan. Se siente bien tener el control por un momento y hablar con libertad, aunque sean mentiras. —Tengo otra— la voz masculina es ronca, mucho más seca de lo normal. De nuevo nadie lo contradice, por el contrario, con sus miradas morbosas esperan con ansias a que Asher hable. El ambiente se crispa a su alrededor, los pelos de Eve se ponen de punta y el aire se ha densificado al punto de ser incapaz de pasar por sus vías respiratorias. »Evette se comía los mocos de chica, le gusta cuando la tratan mal y siempre ruega por que la ponga en cuatro y le dé… La cachetada que le proporciona no le permite terminar de hablar. Un jadeo de asombro rompe con el silencio y alguien se levanta para abandonar la habitación, seguida por dos chicas más. El número de testigos se ha reducido considerablemente y debe ser por eso que, una vez que Asher ha salido del estupor, la agarra del cuello. Sus dedos aprietan sin cuidado, cortándole la respiración por un segundo. Evette jadea, quiere convencerse de que ha sido para inhalar algo de oxigeno, pero el pulso entre sus piernas le hace imposible mentirse a sí misma. Sus párpados revolotean y sus labios se entreabren, su cuerpo pierde el control y se balance hacia delante, esperando por aquel torso masculino que la sostenga, pero tan solo consigue que los dedos de Asher se hundan aún más en su piel. —Diles lo caliente que estás. Ella pliega sus labios, no sabe si es capaz de hablar sin que se note lo afectada que está, por eso busca su mirada. Los iris oscurecidos terminan por quitarle el aire, le hacen un nudo en el estómago e intensifican el dolor pulsante. Sus ojos son un cielo tempestuoso que promete destrucción, no hay ni una rayo de luz entre la tormenta, nada de deseo ni promesas seductoras, tan solo violencia. Al darse cuenta de eso el corazón se le acelera y su garganta vibra con un sonido que por suerte jamás llega a profesar. Atrás queda la intensión de mandarlo a la mierda con una mirada, el odio ha sido remplazado por una vorágine de emociones indescifrables que la llevan a cerrar los ojos e inclinarse sobre él. —Te mueres por que te bese, ¿no es así? La cabeza le da vueltas, entre la falta de aire y el exceso de alcohol no hay ningún pensamiento coherente rondando por su cerebro, ni siquiera uno que le ayude a formar palabras, lo que le queda son sus músculos sin control que se guían por un instinto primitivo. Su garganta emite una afirmación ronca y su cuerpo se acerca un poco más a su dueño. —Asher. A lo lejos alguien nombra al sujeto de sus peores pesadillas y sus fantasías aún más horribles. Algo la posee y la empuja hacia delante, acabando con la distancia entre dos cuerpos que en ese momento no hacen más que atraerse. Al juntarse algo hacia click y el mundo estalla en una multiplicidad de colores y sonidos que la enloquecen; el gris sombrío de sus iris, las manchas que delatan sus deseos oscuros, su respira lenta pero irregular, el sonido ininteligible que emite cuando sus cuerpos se tocan. Eve está en éxtasis y aún así quiere más. No importa que esto sea lo más cerca que han estado en años, no importa que en las últimas semanas hayan estado en posiciones similares, su cuerpo parece no encontrar satisfacción, pero tiene una idea de lo que puede otorgársela. Se inclina hacia él con los ojos cerrados, anticipándose al toque, pero en vez de una boca húmeda se topa con la aspereza de su mejilla. Abre los ojos sin entender que sucede. Asher no la mira, sino al grupo de espectadores que se ven igual de pasmados que ella. Él les da una media sonrisa, la sorpresa se incrementa, ni siquiera Kora lo había visto tan contento, regocijándose en su logro al haber expuesto a Eve, quien al contrario mantiene un rostro serio. Tan solo cuando la suelta, dandole un pequeño empujón, como si le asqueara tenerla cerca, Asher borra la espeluznante sonrisa de su rostro. Se inclina sobre ella, cuidando de mantener una distancia adecuada. —Te advertí que no te convenía jugar conmigo. Evette reacciona de la única manera que conoce para afrontar estas situaciones, sonríe. Sonríe tan fuerte que le duelen las mejillas. —Asher— hay tantas cosas que quiere decirle, que su lengua borracha casi pronuncia, pero las hace a un lado para que surja aquella parte que incluso ella desconoce de sí misma —, aquí el único que está jugando eres tú, por mí estaría bien que ni me miraras. Se pone de pie, agarra el vaso rojo del que Asher había estado bebiendo y le da un gran trago. El alcohol quema en su garganta y le provoca ganas de toser, pero Evette las contienes, haciendo en cambio una mueca graciosa. Al girarse y tambalear todos asumen que es por el trago apurado, nadie sospecha de que le tiemblan las piernas por sus palabras arriesgadas ni mucho menos por la humillación que ha sufrido minutos atrás. Sale de la habitación. Baja las escaleras. Abandona la casa y se acerca al muelle. Encuentra un lado donde sentarse, pero en vez de hacer eso, se desploma sobre la roca, ya sin fuerzas para aparentar. Sin miradas expectantes ni morbosas sus defensas bajan y su cuerpo comienza a temblar con violencia. No puede creer que haya sido tan tonta como para caer en su juego. ¿En qué estaba pensando al creer que Asher la besaría por voluntad propia? Jamás invade su espacio personal, siempre la mira con una mueca, como si oliera mal (muy al estilo Edward Cullen), disfruta atormentándola, enviando a sus amigos para que le hagan bullying. Asher ha sido el causante de la mayoría de sus miedos y al parecer seguirá generándole traumas, ya que Evette continua acercándose cada que tiene la oportunidad, exponiéndose a ser lastimada una y otra vez. No puede evitarlo, hay algo en él que la llama, que le ruega por quedarse a su lado incluso si le hace daño. Tal vez se ha condicionado a la idea de que el amor duele, a que es normal sentir que se muere cada vez que no tiene la atención de Asher y sentir que cae por un abismo cuando posa los ojos en ella, aunque sea por unos segundos. Se reprocha de inmediato por sus sentimientos y se odia un poco más al clasificar lo que siente por Asher como amor. No es así, se rehusa a pensar que algo tan bonito y mágico puede ser tan horroroso y tóxico para ella. La realidad es que muy probablemente jamás experimentara el amor, el ser amada y deseada como la flor más linda del campo que se mira con admiración y se cuida con dedicación, sabe que Asher no es así, que él se preocupa solo por sí mismo y que si llegará a amar a alguien no sería a ella. No le gustaría tampoco, ser amada por un hombre que no entiende el sentimiento y tan solo sabe obsesionarse, poseer y destruir. Allí donde Asher pone su atención las cosas acaban mal.
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