El profesor de química no ha llegado y Evette está desilusionada porque esperaba coordinar una nueva tutoría, pero la verdad es que es bueno tener un bloque de clases para descansar. Los ojos le pesan y no puede concentrarse por mucho tiempo en nada y el culpable como siempre es Asher. Los recuerdos de su beso la persiguen hasta en los sueños, lo que siempre terminan en pesadillas. Esperaba recibir burlas o miradas juiciosas de vuelta a clases, pero nadie menciona nada ni da la impresión de saber lo sucedido. Por un momento duda que el beso sucedió tan solo en su cabeza, después de todo iba muy borracha esa noche, pero son las miradas que Will le lanza a lo largo de la clase lo que la convence de que aquel beso sí sucedió. Tristemente le recuerda de que esa noche el moreno y ella también compartieron saliva y eso le perturba mucho más que besar al hombre que odia y que la odia.
—Eve, linda— Will decide acercársele en la clase antes del almuerzo —, vengo a confesarte mi amor, después de ese beso no he podido dejar de pensar.
Aunque no quiere, el rostro se le desfigura ante la declaración. Mira hacia todos lados esperando encontrar a alguien filmando para luego burlarse de su reacción, pero al único que nota prestando atención es a Asher. Sentado dos puestos más allá no aparta los ojos de la interacción y está muy concentrado para escuchar por sobre el murmullo de voces lo que Will le dice a Evette.
Will se gira para ver que a atrapado la mirada de Eve.
—No te preocupes por él, Asher es un cobarde y ya perdió su oportunidad para hacer algo.
Pasmada tan solo puede dejar que su rostro refleje cada una de las emociones que revolotean en su interior sin control. Boquea, luego frunce el ceño, ladea la cabeza y puede sentir sus labios curvándose hacia abajo al final. Traga con dificultad. Sus manos se vuelven puños, enterrando las uñas en sus palmas. Aquello la hace reaccionar y en segundos logra recuperar la compostura, obligándose a esconder todas sus emociones bien en el fondo de su ser.
—Will—, lo mira a través de sus pestañas —, vamos, no me engañas, sé que tan solo amas a Scarlett Johansson y a Sailor Moon.
—Eso es— apoya una mano en la ventana a su espalda y se inclina sobre ella —muy cierto— susurra —, pero es divertido hacer enojar a Asher.
Evette apenas puede respirar con él tan cerca. Su perfume caro con gusto a madera la envuelve suavemente y mientras no es desagradable, tampoco es su favorito. Bajo la mirada intensa y su cuerpo, se siente pequeña. Will puede no ser tan alto como Asher, pero definitivamente tiene más masa muscular y hombros más anchos que se ciernen sobre ella y la hacen sentir como una muñeca de trapo que podría manejar a su antojo si quisiera. Su grandeza le resulta cautivadora y le revuelve el estómago, pero todo el resto de él; su perfume, su aliento dulce golpeándole la frente, esos ojos verdes y las hebras ondulas que le cosquillean en la cara, se sienten incorrectas.
—Eve— la toma del mentón y la obliga a mirarlo a los ojos —, copera conmigo, ya después me darás las gracias.
Se inclina un poco más sobre ella. El aire se le atasca a medio camino y entra el mentón intentando escapar de sus labios.
—Señor Spinster, vuelva a su asiento, por favor.
—Profe Hannah, ¿no me diga que se ha puesto celosa?
Lo dice con una sonrisa amplia y un tono coqueto que evita que suene agresivo y en cambio parece que estuviera intentando conquistarla a ella también, aunque a diferencia de Evette, la mujer ni se inmuta, tan solo le da una mirada dura.
—Nos vemos, linda.
El apodo le causa escalofríos o es la mirada gélida que Asher a posado sobre ella, quizá ambos.
Will camina con confianza y soltura, sus hombros se mueven con cada paso que da y mantiene el mentón en alto, la espalda recta. Tiene que pasar por el lado de Asher para llegar a su asiento y Eve capta el momento exacto en que él estira sus extremidades largas. El pie en punta se cruza en el camino de Will, quien tropieza. Debe encontrar apoyo en la mesa para no caerse, pero el inmueble se mueve y causa un gran estruendo, captando la atención de todos los presentes. Algunos se ríen entre dientes. A Will no le importa, se endereza y gira hacia Eve para guiñarle un ojo y ella no puede evitar sonrojarse para después sonreír al ver como cae directamente al suelo. Alguien le ha corrido la silla.
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Se junta con Olivia en la entrada del casino. La saluda con un abrazo y un beso en la mejilla, luego entran juntas al salón. Dentro las conversaciones y carcajadas se sobreponen unas a otras, creando una estática de palabras ininteligibles. Oli tiene que inclinarse sobre ella para hacerse escuchar.
—¿Escuchaste la última canción de Taylor Swift?
Eve sacude la cabeza en negación. Oli se pone una mano en el corazón e inspira exageradamente.
—Es que no me gusta mucho— se excusa.
Su amiga la mira con horror, la mano todavía sobre el pecho, como si le fuera a dar una ataque cardiaco porque no fuera fan de Taylor como ella.
—Te la voy a mandar, es una joya, definitivamente su mejor canción.
Saca el celular de inmediato y se pone a teclear, haciendo quien sabe qué. Evette por su parte está concentrada en encontrar una mesa vacía, hoy no tiene ganas de comer con nadie y no quiere arriesgarse a que se le acerque alguien que atraiga la atención de Asher. Su amiga la sigue sin hacer preguntas, pero frunce el ceño al ver que se dirigen a una de las mesas de la esquina, aun así no le pregunta nada.
—Así que, ¿qué vas a hacer para tu cumpleaños? Porque no me creo que Asher lo esté organizando.
Gruñe en frustración al recordar la estupidez que dijo él, como si la hubiera estado ayudando.
—Nada. Hay una fiesta importante que se hará en mi casa.
—¿Nada,nada?— Su voz asciende varios tonos al final —. No puedes ser tan aburrida, cumples dieciocho, deberías hacer algo.
Eve tuerce la boca hacia un lado. Se concentra en sacar el pote de comida del bolso, ordena las cosas frente a ella y recién después le contesta a Oli.
—No sé, no tengo ganas de hacer nada tampoco— encoge los hombros.
—Podríamos ir a mi cabaña. Yo, tú y Kora— enarca una ceja.
Eve hace un sonido dubitativo. Ya se había mentalizado para pasar el día encerrada en su cuarto comiendo pastel y viendo alguna película romántica que la haría llorar. Tan deprimente con el hecho de que sus padres prefieren celebrar una estúpida fiesta antes de pasar su cumpleaños con ella.
—Podría ser— termina cediendo.
—Perfecto, entonces después de clases nos vamos para allá. Podemos comprar una torta de camino y algo para tomar.
Ella asiente, ya un poco más entusiasmada con la idea.
—Podríamos preparar margaritas.
—Uuh, sí— Oli junta sus manos y asiente enérgicamente. —Hay que hablarle a Kora, entonces.
Se pone a buscar entre las personas del comedor, buceando entre los rostros hasta encontrarse con aquel que pertenece a su amiga. En realidad la reconoce primero por su cabello frondoso que rodea la cara morena y enmarca sus rasgos. Los ojos almendrados y oscuros, sus labios rellenos y la nariz recta son suavizados por los rulos definidos.
—Hola, amigas.
Kora las saluda a ambas con un beso en la mejillas, de esos en donde tan solo juntan las mejillas y sueltan un “muack” al mismo tiempo.
—¿Qué tal preciosas?
Will se deja caer a su lado con fluidez y en un movimiento sutil apoya el brazo en el respaldo de la silla. Evette deja caer la cabeza hacia el lado, recostando la mejilla en el antebrazo de su amigo, pero luego recuerda el beso compartido y el casi beso en clases y se endereza. Come con la espalda recta, para evitar tocar la mano de Will, que en ningún momento se aleja y se estremece cada vez que se rozan por casualidad. Al principio está incomoda, pero a pesar de lo sucedido esa mañana, Will actúa como si nada hubiera sucedido entre ellos y Evette decide tomar la misma decisión. Sus hombros se relajan y por fin puede prestar atención a la conversación a su alrededor.
—¿No vas a viajar estas vacaciones?— Kora pregunta a Oli.
—No quiero, pero estoy aún no sé, debo encontrar un buen voluntariado acá para que mis papás me dejen quedarme.
Oli se hunde en su lugar, baja la cabeza y sube los hombros. Suspira con la mirada fija en su plato de comida y por unos segundos un aura de tristeza la envuelve por completo, pero luego levanta la cabeza y les sonríe.
—Pero no importa, que sea lo que Dios quiera.
—Puedo ver si puedes trabajar con mi mamá, sería tonto que tus padres te negaran una oportunidad así.
—Tu mamá organiza eventos para señoras divorciadas que no tienen nada que hacer y si le va tan bien es porque es una de ella.
Kora entorna los ojos ante el comentario de Gabriel, lo mira de frente por dos segundos antes de cortar el contacto visual para fijarse en Oli de nuevo, esperando una confirmación de su parte.
La mueca que tiene dice que no está muy segura de trabajar con la mamá de su amiga, pero de todas maneras afirma con la cabeza, decidiendo que eso es mejor que estar dos meses en Cuba construyendo casas y sufriendo de picaduras de mosquitos.
—Y tú, Eve, ¿qué vas a hacer para las vacaciones?— Kora vuelve la atención hacia ella.
—No sé, creo que viajar y tal vez adelantar algunos textos para la universidad— se encoge de hombros.
—¿En serio?
Will a su lado se voltea dramáticamente, sus ojos muy abiertos.
—No tengo más planes.
—No por eso vas a estudiar. Dios, no sabes divertirte.— chasquea la lengua como si eso fuera una desilusión total —. Te voy a adoptar y pasaremos un verano increíble.
—No lo sé, Will.
—Acepta— sus amigas la incentivan.
—Sí, será entretenido, así puedas salir y hacer algo más que estudiar— dice Oli.
No es como que tenga problema con eso, se le ocurren peores maneras de pasar su verano, pero no dice nada porque sabe que no lo entenderían, en vez de eso sonríe y dice lo pensará.
—¿Y para tu cumpleaños? Dime que tienes una gran fiesta preparada o bueno, que Asher la tiene.
Las tres mujeres se miran entre sí, ninguna sin saber muy bien qué decir. Eve no puede pensar en una mentira lo suficientemente rápido y Kora se le adelanta.
—Lo vamos a celebrar en la cabaña de Oli, es algo tranquilo.
Por no decir que en realidad no es ninguna fiesta.
—Me sorprende— Will dice con un tono indescifrable, un mensaje oculto bajo las palabras simples —. Bueno, en ese caso me es más fácil llegar.
Evette boquea y mira a sus amigas con pánico, esperando que alguna le ayude a controlar la situación.
—Pero no sé si se pueda quedar tanta gente en la cabaña— Will continúa —, supongo que solos los más cercanos se quedarán a dormir.
—Nadie se quedará a dormir— Kora interviene una vez más —y nadie irá tampoco, solo seremos Oli, Eve y yo.
A su amigo se le desfigura el rostro. De inmediato abre la boca para reclamar. La pelinegra lo apunta con un dedo.
—No es tu cumpleaños así que no tienes derecho a hacer show. Vas a respetar lo que Eve decida.
—Eve. Evette— le toma ambas manos y la mira a través de sus pestañas oscuras —, no seas amargada, no puedes dejar que tu cumpleaños número dieciocho pase como si nada. Necesitas una fiesta.
Aunque intenta apartar la mirada, Will no se lo permite. Le da un apretón a sus manos volviendo a llamar su atención y ella, que es débil, cae en sus ojos verdes. La intensidad de ellos la absorbe por unos segundos, recordándole a las praderas alemanas donde solía rodar de pequeña, cuando no tenía tantas expectativas sobre ella y podía divertirse sin miedo a desilusionar a nadie. Desde esa primavera mágica no ha vuelto a sentirse así, y si va a pasar el resto de su vida con un hombre que la odia, en un grupo social que no exige más que perfección, rodeada de personas a las que tiene que complacer, le parece adecuado tener una última noche de diversión.
—Bien.
Will la suelta para levantar el puño en el aire y soltar un grito triunfal que llama la atención de varios, entre ellos Asher, quien había estado haciendo su mejor esfuerzo para ignorarlos.
—Pero— levanta un dedo y trata de sonar seria —, yo haré la lista de quien irá.
Will asiente energicamente.
—Sí, sí, da lo mismo. Yo me encargo del alcohol y la música. ¿Algún show especial que quieras?
Sacude la cabeza, arrepintiéndose un poco de su decisión y de no haber pensado en lo mucho que le fascina a su amigo armar fiestas. En la escuela es conocido por dar las mejores fiestas, nunca la pasas mal cuando vas a ellas y es imposible que te aburras, Eve también se divierte en ellas, pero a veces le parecen un poco excesivas y eso es lo que quiere evitar.
—No. Va a ser una fiesta, pero controlada.
Él hace un puchero.
—Así no tiene gracia.
—Le haces caso o te patearé el trasero— interviene Kora.
Will finge un escalofrío y se ríe de Kora. Puede que sus ojos negros sean vacíos como los de un demonio, pero es delgada y no le pasa del mentón, Will le ganaría en segundos. Prefiere guardar silencio y no replicar para enfocarse en lo que sí importa.
—Bien, cuéntame, ¿qué tienes planeado para tu fiesta?
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Guarda entre las hojas de su agenda la flor que le han regalado, no recuerda muy bien el nombre del niño, aunque está segura de que es un par de cursos menos. Mira el regalo con apreciación y algo tira en su pecho, quizá esa felicidad estúpida y dolorosa de ser pensada lo suficiente como para obtener un obsequio o ser vista lo suficiente para saber que el morado es su color preferido.
Acaricia los pétalos frescos, una ápice de sonrisa tira de sus labios pero no se permite completarla. Cierra la agenda y saca el cuaderno para comenzar a tomar apuntes.
La clase pasa rápido, aunque lo más probable es que sea porque no presta mucha atención a lo que dice el profesor. Su mente da vueltas en la lista de invitados y en si el cumpleaños debería ser mañana o el fin de semana para que más personas puedan ir. Considerando que la cabaña de Oli no es tan grande y que tampoco quiere ver a tanta gente, le conviene celebrarlo mañana.
Saca la agenda de nuevo y comienza a anotar nombres. En un principio es fácil, pero luego empieza a pensar en las personas que se sentirían mal si no las invitaran, las que las cuestionarían, aquellas que pueden sentirse dejadas de lado. Así comienza a sumar y sumar hasta que ya tiene una hoja repleta de nombres, todos conocidos, pero ninguno realmente cercano. Arranca el trozo de papel con fuerza, lo hace una bola en su mano y lo aprieta más de lo necesario. Se pasa la mano por el pelo y lo recoge en una coleta que se deshace cuando baja las manos. Intenta hacer la lista una vez más, pero termina con el mismo problema y decide dejarlo hasta ahí, luego le pedirá a Oli que la ayude, ella por mientras se encarga de pensar en la logística de la torta y el resto de comida que deberá comprar.
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Se ha sentado a las afueras de la escuela esperando a que Oli aparezca. Tiene las piernas cruzadas y la agenda sobre ellas, con un lápiz en la mano tamborilea sobre las hojas. Se distrae mirando los pájaros que revolotean a su alrededor y se esconden en la copa del árbol contiguo a ella. El ruido de los autos llegando y yéndose; los saludos y las despedidas. A veces cuando está sola y presta demasiada atención a sus alrededores se da cuenta de como todos parecer tener a alguien a quien volver, que lo normal es salir por las tardes y verte con tus amigos, que aunque se rodea de personas durante el día no hay nadie que quiera verla más allá de lo necesario.
Mira el celular para revisar la hora y evitar sumirse en sus pensamientos. Oli no le ha contestado el mensaje para corroborar que venía y aunque hayan quedado de verse, ya han pasado más de veinte minutos y no ve porque debería seguir esperando. Sus hombros se hunden y sus labios se curvan hacia abajo, pero intenta encontrar una excusa lógica para Olivia y así evitar sentirse como un estorbo en la vida de su amiga.
Guarda las cosas en su mochila y se la hecha al hombro. Tiene que sacársela para buscar en la parte de adelanta las llaves de su auto.
—Evette.
Levanta la cabeza y la baja de inmediato al ver a Asher. Saca las llaves y cierra el bolsillo lo más rápido que puede, luego da media vuelta y comienza a caminar hacia el auto, sin mirar muy bien por donde va, tan solo pensando en escapar de Asher. Por eso es que subestima la altura del escalón y termina tropezando.
Ojalá Asher hubiera alcanzado a atraparla, ojalá se hubiera presentado frente a ella como su salvador, ojalá la hubiera agarrado del brazo, incluso si le dejará los dedos marcados. En cambio lo único que consigue son dos rodillas raspadas y una vergüenza tan grande que le comienza a sudar hasta la craneo.
Apoya las manos en el asfalto e inhala profundo. Aprieta los ojos con fuerza, tratando de controlar el dolor que se extiende por sus rodillas y piernas. Cuenta hasta tres para darse ánimos, pero en el último segundo lo único que hace es abrir los ojos.
—No te ves tan bien de rodillas como pensaba.
Asher está frente a ella, mirándola con un aire de superioridad que no tiene solo que ver con que él está de pie y ella no. Es la sonrisa apenas visible, la manera en que sus ojos se oscurecen dejando en claro que la odia y que la cree una tonta y torpe. Es el hecho de que incluso cuando está herida encuentra el momento para burlarse de ella.
Quiere decirle algo por ser tan poco caballeroso, pero no se arriesga. Tan solo afianza la mochila sobre su hombro y se pone de pie. Sacude la tierra de sus rodillas, haciendo una mueca al pasar a llevar una zona sensible. Hay sangre sobre las heridas y está segura que la rodilla izquierda está algo más que raspillada, pero no lo comprueba, porque mientras tiempo pasa al lado de Asher más expuesta a su maldad.
Una mano aparece frente a ella a medio camino de levantarse y quiere tomarla por tantos motivos, pero por suerte no lo hace. Asher no le está ofreciendo ayuda, sino que quiere entregarle algo. Eve se pone de pie, gran parte de la distancia desaparece entre ellos, entre sus bocas que ahora están muchos centímetros más cerca.
Baja la mirada a la mano de Asher y lo que sostiene.
—Oli te mandó esto.
Con el ceño fruncido y sin confianza lo toma. Es una hoja doblada a la mitad que contiene en su interior una lista de nombres, la cual no incluye más de treinta personas.
—¿Dónde está Oli?
Asher se encoge de hombros, pero a pesar de no tener la intención de seguir hablando con ella, no se marcha.
—¿Por qué te paso esto a ti?— Evette continua preguntando.
Él responde con el mismo gesto que no le dice nada en realidad y se le queda viendo. Eve le sostiene la mirada por unos segundos. Piensa en todas las otras peguntas que le puede hacer, recuerda los reclamos llorados a media noche que nunca ha podido decirle, las suplicas que tan solo la humillan y se acuerda de como la trato la noche que se besaron por aquel estúpido juego, entonces se desvanece la tristeza.
Muerde su labio inferior, guarda el papel en el bolsillo de la chaqueta y rodea a Asher, planeando en seguir con su camino.
—¿Tienes quién te acompañe al supermercado?
Volver a escuchar su voz rasposa le eriza la piel y acelera su corazón. Evita mirarlo porque no sabe con que se encontrará y no quiere delatar sus propias emociones. La sorpresa por que le siga hablando, por que siga a su lado y más que eso, el asombro de que sepa tan certeramente que planeaba hacer con su tarde. Aunque es obvio, ¿no? Si tienes un cumpleaños al día siguiente debes ir al supermercado.
—Puedo ir sola— le responde de espaldas. Sus palabras son rudas, pero el tono suave las hace menos agresivas.
—¿Y entonces quién va a evitar que estés horas decidiendo entre dos tipos idénticos de papas fritas?
Esta vez si se gira para mirarlo, enfadada con lo bien que la conoce y que use eso a su favor para burlarse de ella.
—Seguro encontraré un empleado muy amable para que me ayude.
—¿Crees que eso me hace sentir mejor?— Da un paso en su dirección y Eve retrocede instintivamente.
Su talón no encuentra en que apoyarse y su cuerpo se tambalea, pero está vez Asher tiene la cortesía de sostenerla. Sus dedos alargados se curvan alrededor de su antebrazo y jalan con firmeza, propulsando a Eve hacia delante, mandándola directamente hacia su pecho. No ha pasado ni una semana desde que lo besó, pero siente que han pasado años desde la ultima vez que estuvieron tan cerca. No huele igual ni se siente igual, no se ve igual tampoco, porque desde esta perspectiva las facciones de Asher son mucho más afiladas y su mirada mucho menos agresiva, cargada de un deseo que la marea.
—Vamos, yo te acompañaré.
Envuelve su mano alrededor de la muñeca delgada y tira de ella, sin esperar respuesta. Eve trastabilla y se deja llevar por los primeros minutos, hasta que pasan por el lado de su auto, entonces reacciona.
—Ey— planta sus pies firmemente en el suelo —, déjame. No necesito tu ayuda.
—No voy a ayudarte.
Sacude su mano, lo golpea con la contraria, trata de poner resistencia, pero su contextura grande y sus kilos extra no sirven de nada. Asher la arrastra como si fuera una niña de cinco años y cuando lo retrasa con sus pataletas e intentos de librarse, se la echa al hombre. Así, como si no pesará setenta kilos, como si no fuera casi igual de alta que él.
Puede que una parte de ella se derrita al ser cargada con tanta facilidad y que su abdomen se contraiga con deseos que nunca termina de entender. La piel se le pone de gallina por la brisa que corre y porque los dedos de Asher en sus pantorrillas la alteran estúpidamente.
—No te pongas tan contenta.
El muy maldito sabe bien lo que hace al acompañar las palabras de una mano en la parte superior de su muslo. Los poros de su piel sobresalen aún más y Asher se ríe entre dientes, rozando las yemas de sus dedos contra la piel tersa de Eve. Lo hace porque disfruta de la reacción de ella y porque la suavidad de sus muslos le resulta adictiva. Tan adictiva que cuando llegan a su auto no quiere soltarla, es más, no quiere dejar de tocarla jamás. Si la deja en el suelo y le permite subirse al auto donde el espacio entre el asiento del copiloto y el piloto es un universo completo, es porque le consuela saber que pronto Evette será suya para siempre.