—Feliz cumpleaños.
Bianca, una de sus compañeras del natación, le entrega un pequeño paquete. Evette lo recibe entusiasta y le agradece con un abrazo.
Va a dejar la cajita con el resto de regalos que ha recibido durante la noche y luego regresa donde sus amigos. Oli y Lex están conversando de un mito sobre un duende de la región. No se queda con ellos porque nada de lo que dicen hace mucho sentido y ella sigue bastante sobria para ser la cumpleañera.
Se acerca a la mesa de tragos y destapa el ron con algo de torpeza, pero de todas maneras llena el vaso hasta la mitad de alcohol y lo tinta tan solo con un chorro de Coca Cola.
—Alguien quiere morir hoy.
Will se acerca por su espalda. Le hace saber de su presencia con una mano sobre la curvatura de su trasero y un beso sonoro en la mejilla.
—Solo se cumplen dieciocho una vez, tú lo dijiste.
—¡Exacto!— Alza su vaso casi lleno y lo apunta en dirección de Eve —. Salud por eso.
—¡Salud!— Exclama ella con una gran sonrisa.
Chocan los vasos y después beben. El contacto visual no se rompe en ningún momento, así Eve nota que Will no deja de tomar y que su trago a disminuido considerablemente. Los ojos de él se achinan, desafiándola a superarlo, Eve acepta el reto de inmediato e inclina el vaso un poco más. Es estúpido, pero utiliza todo los trucos que conoce para dejar que el ron pase por su garganta lo más rápido posible y grita extasiada cuando baja el vaso y al mirar al lado se da cuenta de que le ha ganado a Will. Alza ambas manos en un gesto victorioso y brinca, tan solo una vez porque luego se da cuenta de que está muy mareada.
—¡Muy bien!
Will le pasa le brazo por el hombro y la estrecha contra él, luego la agita un poco a modo de festejo. Eve pone una mano en su pecho para detenerlo. Retrocede un paso y cierra los ojos, viendo si con eso se le pasan las nauseas. Funciona, más o menos. Apenas se siente mejor la adrenalina la invade junto con el éxtasis de haber ganado.
—¿Quién quiere competir?— Pregunta casi gritando y girando sobre sí misma buscando a su nuevo oponente.
Uno de los chicos alrededor da un paso adelante, pero sus amigos lo retienen y convencen de que no se acerque, lo que deja el puesto libre para otro hombre. Él no tiene miedo de las consecuencias así que se planta a su lado para que le rellene el vaso y luego se posiciona a su lado. Will hace la cuenta regresiva y ellos toman como si su vida dependiera de ello. Evette gana de nuevo.
El vitoreo y las felicitaciones son una droga que le nubla la mente mucho más que el alcohol y le parece mucho más adictivo también. Se prepara para volver a ganar, quiere sentir de nuevo la adrenalina fluyendo a toda velocidad por sus venas, el miedo a perder tan grande que suprime cualquier otra emociones y que después es remplazado por la euforia de ganar.
Se acerca al hombre que acaba de perder para preguntarle si quiere repetirlo, pero apenas nota su presencia a su lado, él se gira para alejarse de ella.
Frunce el ceño. No es el primero hombre que la ignora esta noche y no entiende por qué. Ella y la gente suelen llevarse bien, puede que no se le acerquen para coquetearle, pero nunca han escapado de ella tan obviamente.
—Tengo una maldición— se queja en un murmuro.
—Sí— se sobresalta al sentir la mano de Will en su hombro, con gesto de condolencia —, y tiene nombre y apellido: Asher…
—Cierra tu bocota o también vas a sufrir de la maldición.
Will sonríe para nada intimidado, pero de igual manera le hace caso. Le da una mirada significativa a Evette antes de girar sobre sí mismo y marcharse, así sin más, dejándola en manos de la bestia.
Voltea hacia Asher sin saber muy bien que decirle, pero luego su ceño se frunce, recordando lo que Will dijo.
—¿Has estado espantando hombres de mí?
—Por supuesto, no voy a dejar que toquen lo que es mío.
Boquea por varios segundos, anonada con lo que ha dicho y asustada por la manera en que mariposas revolotean en su interior. Las mejillas le arden y hay un líquido tibio esparciéndose por debajo de su piel que la hace estremecer. Siempre ha fantaseado con que alguien la quiera lo suficiente para considerarla suya y le encanta el tono posesivo con que Asher la reclama, le hace olvidar cuales son sus verdaderas intenciones, lo que mezclado con la valentía que le producen los tres vasos de ron recién ingeridos es peligroso.
Ni siquiera se percata de la reducción de espacio entre ellos o el hecho de que a sido ella quien la ocasionó. Le llega un rastro sutil de su perfume, del olor a madera y algo picante que le hace agua la boca, pero tan rápido como llega se va.
—No confundas las cosas— el tono duro la hace reaccionar —, que seas mía no significa que te quiera.
Dicho eso se aleja de Evette, dejándola pasmada con un vaso en la mano y lágrimas estúpidas acumulándose detrás de sus ojos. Cierra los ojos, inhala profundo y luego exhala. Abre los ojos y se mueve hacia la mesa. Agarra la botella de ron con movimientos mecánicos y se sirve, desparramando una buena cantidad de alcohol en la mesa y casi quebrando una botella de vodka que se le ha cruzado en el camino. No queda bebida, pero no le importa, pone un hielo en el liquido ámbar y camina en busca de sus amigos o más bien se tambalea entre las personas. Puede jurar que hace cinco minutos estaba bien, pero con tres vasos de ron encima las cosas han cambiado considerablemente. Cuando encuentra a Oli y Lex en el mismo sillón se sienta con lo que ella piensa que es cuidado, pero en realidad acaba medio encima de su amigo.
—Hey— Lex pone una mano en su cintura para estabilizarla.
—Holi.
Evette les da una sonrisa borracha y luego apoya la mejilla sobre su cabeza, quedando en un punto entre su pelo y frente.
—¿Cuanto has bebido?— Oli pregunta con una mueca de preocupación.
—Mucho— responde Eve mientras lleva el vaso a sus labios.
—¿Quieres comer algo?
La mano de Lex se mueve en círculos lentos, su meñique encuentra el borde del top que trae puesto y poco a poco va descendiendo hasta toparse con la franja de piel expuesta. Sus dedos están calientes contra su espalda fría y Eve se estremece al tiempo que suspira una negación.
—Quiero tomar y bailar.
Se despega de su amigo de un salto al escuchar la introducción de Gasolina de Daddy Yankey. El piso se mueve a sus pies y batalla por varios segundos para no irse de bruces al suelo, pero al final gana o quizá es el brazo en la cintura lo que evita que se rompa la cara. Acaba de un solo trago el ron. Arruga el rostro y hace una mueca de asco, pero luego se mueve como si nada hubiera pasado, completamente ajena a la mirada preocupada que comparten sus amigos o en la atención que está recibiendo del resto de los invitados, todos amigos del colegio, aunque ninguno tan cercano como para que en realidad le importe su presencia. Ella quería estar con Oli y Kora solamente, quizá Will y Lex también y bueno, Asher, porque en su mundo ideal ellos son pareja y por supuesto que el tendría que estar para su cumpleaños. En vez de eso está rodeada de personas que no le importa y eso le agobia. Le gustaría por una vez poder hacer lo que ella quiere sin pensar en las consecuencias, en lo que el resto pensará de ella, en si sus acciones la vuelven más perfecta o imperfecta.
Y le parece que está noche es el momento ideal para ello. El alcohol le va borrado la vergüenza, la buena música vibra bajo su piel y la mantiene alegre, además de despierta; y el encuentro con Asher le produce la rabia suficiente para querer ser rebelde.
Baila con Oli hasta que le duelen los pies, luego se quita los zapatos y sigue bailando. El sudor le resbala por la nuca, cubriendo la espalda. Incluso con el pelo recogido en un moño desordenado y una corriente ocasional de viento, el calor es insoportable. Se abanica la cara, pero eso tampoco ayuda, lo único que encuentra que la refresca un poco es el trago con hielo en su vaso. No recuerda habérselo servido ni sabe que es, pero está rico o eso cree, porque hace tiempo dejo de sentir el sabor del alcohol. En su vida había tomado tanto y le sorprende lo mucho que puede aguantar su cuerpo, en ese momento Eve siente que no tiene limites.
—Me estoy muriendo de calor— le grita a Oli —, ¿me acompañas afuera?
Ella siente y juntas se mueven hacia el ventanal que las lleva al exterior en donde la música pasa a estar de fondo. Puede escuchar el palpitar de su corazón en los odios, su cuerpo sigue moviéndose con la musica o tal vez es que apenas puede mantenerse de pie. El sudor se hiela y la sensación de la ropa pegada a la piel es mucho más desagradable en esta temperatura que al interior de la cabaña.
Una carcajada llama su atención. Debe achinar los ojos para enfocar la vista y así vislumbra a Kora sentada sobre el brazo del sillón unos pasos más allá. Se mueve hacia ella. Despega el top de su abdomen tan solo para sentir como se vuelve a pegar en la siguiente respiración y quiere subirse los pantalones, pero la piel húmeda por el sudor acumulado en su espalda baja se lo impide, es pegajoso y resbaloso al mismo tiempo y no puede soportarlo.
—Hola, cumpleañera— Kora la recibe con una sonrisa que ella no puede corresponder.
Ahora que está consiente de lo mal que se sienten las prendas contra su piel tan solo puede pensar en quitárselas.
Mira a Will con su chaqueta gruesa y a Gabriel con una polera de mangas largas que no tiene ni idea de como lo abriga. Kora lleva puesto un vestido con una camiseta de cuello largo debajo. Ninguno de ellos es una opción para lo que tiene en mente.
—¿Estás bien?
Oli le pone una mano en la espalda y Evette se estremece. Dios, necesita quitarse la ropa ahora o va a vomitar.
Recorre rápidamente sus alrededores con sus ojos, buscando algo que pueda ayudarla y lo encuentra arrugado a un costado del sillón. Se quita la polera sin pensarlo.
—Ey, ey— Kora deja el cigarro en el cenicero y se le acerca.
Will silba con asombro y baja la mirada, cuando la vuelve a subir es para cerciorarse de que nadie está mirándolos.
—Me siento sucia.
En su mente las palabras tienen mucho sentido y está segura de que las ha pronunciado con absoluta claridad, pero la reacción de sus amigos demuestra que no es así. Kora y Oli comparten una mirada, la pelinegra preguntándole con el corazón en la mano si se refiere a lo que ella piensa, a esa suciedad que a una la invade cuando recibe caricias indeseadas, miras lascivas que te hacen sentir cochina. Oli niega, ha estado con ella todo el tiempo y nadie se le ha acercado, nadie la ha mirado, es imposible que alguien la hubiera violentado de aquella manera tan común y despreciable, ¿cierto?
Evette, ajena a la preocupación de sus amigas, comienza a quitarse los pantalones.
—Will— Kora estira una mano en su dirección y la agita, indicándole que se apure, pero el chico no entiende bien que quiere —. Tu chaqueta, idiota.
—Ah, sí, sí.
Se inclina hacia delante y se quita la prenda. Oli se la quita de las manos y la usa para cubrir a Evette de cualquier mirada indeseada.
—No te preocupes— Eve arrastra las palabras.
El aire gélido de la noche enfría el sudor y unos segundos después termina por secarlo, es en ese momento que comienza a sentir la temperatura real del lugar. Está acostumbrada al frio, pero eso no significa que tolere los pocos grados que hacen en la noche sin un abrigo, sobretodo cuando está semidesnuda.
—Eve, mejor entremos— Oli la toma del brazo.
—Estoy bien— gruñe, aunque nadie puede entenderle muy bien.
—Linda, estás desnuda al aire abierto cuando deben hacer tres grados— Will dice lo obvio, como si no lo sintiera ella misma — y frente a dos hombres, de los cuales uno nunca ha visto un par de tetas.
Gabriel le da un golpe en el hombro. Will se ríe, pero soba la zona maltratada y luego hace una mueca de dolor.
—¿Nunca has visto a una mujer desnuda?— Pregunta ella con total ingenuidad mirando al moreno.
Gabriel se ríe por lo bajo y Kora suelta una carcajada que la hace sonreír, es contagioso el sonido.
Avanza un paso.
—Eve— los dedos de Oli la rozan, pero no se atreven a agarrarla.
Evette no entiende de donde viene la preocupación de su voz, pues ella tan solo se acerca al sillón para tomar el poleron gris oscuro que alguien ha olvidado. Se lo pasa por la cabeza de inmediato, suspirando al sentir como le sube la temperatura. Se quita el gorro y arregla su pelo para que quede fuera y caiga por su espalda, visible para todos, luego se sienta en el sillón, recogiendo las piernas y metiéndolas bajo el poleron también. Le sorprende que le quede espacio, debe ser al menos tres tallas más grande.
—Maldición, Eve, por un segundo pensé que iba a tener que rechazarte.
Ella se ríe entre dientes.
—¿Por qué?
Es ahora Kora quien se carcajea. Retoma el cigarro a medio fumar y vuelve a su lugar en el brazo del sillón, al lado de Gabriel, quien la mira por unos segundos para luego enfocarse en el resto del grupo.
—Todos sabemos que Asher y tú están comprometidos— dice él.
—No es porque nos amemos— las palabras le saben amargas —, fue decidido por nuestros papás.
—Ya— Kora exhala la nicotina —, pero sabes que Asher es un psicopata obsesivo y posesivo.
Abre la boca para replicar, pero Kora tiene razón.
—Si sabes que el pobre chico que te regalo la flor fue hecho papillas en las practicas, ¿cierto?
Se voltea hacia Will.
—No— alarga la vocal.
—Sí— le responde él de la misma manera.
—¿En serio?— levanta la mirada al resto del grupo para que alguien se lo confirme.
—Lo vi con mis propios ojos— dice Gabriel.
—Pero, ¿por qué?
No lo entiende, Asher la odia, apenas si le presta atención, pero agrede a alguien por regalarle una flor. ¿Qué importancia tiene eso? ¿Qué le importa a él lo que pasa en su vida? Ni siquiera estaba ahí cuando la recibió.
—¿Por qué está cagado de la cabeza?— Sugiere Oli.
Kora le da la razón con una mueca y encogiéndose de hombros.
—Y celoso— agrega Will —. Yo no sé como sigo vivo después de besarte.
Las mejillas de Eve enrojecen al recordar el evento y le da una patadita que apenas le hace daño.
—Todos sabemos que tus besos son terribles.
Kora le da una ultima calda larga al cigarro y lo apaga en el cenicero, su mirada fija en la acción mientras aplasta la parte quemada repetidas veces contra el vidrio.
—¿Todos?— Gabriel enarca una ceja.
—Es una forma de decir.
Entorna los ojos y cierra los brazos sobre el pecho.
—Considerando que has pasado por casi todo el equipo de futbol no me sorprendería que Will fuera una de tus víctimas— dicho eso Gabriel se levanta y se marcha, como si fuera él el ofendido.
El silencio se asienta sobre ellos. Evette no sabe muy bien que decir, por lo que sorbe de su trago ruidosamente hasta que Oli le da un toque con el pie para que se detenga.
—No le hagas caso, si hay alguien más idiota y celoso que Asher es Gabriel.
—¿En serio?— Oli pregunta con curiosidad.
—Sip— Will hace estallar la “p” en sus labios —. Y con todas las cosas, una vez converse con su hermana y termine con un brazo roto.
Olivia suelta una carcajada y se sonroja al ver que tiene la atención de todos, pero la vergüenza disminuye al escuchar que Kora también ríe. Evette las imita, un poco perdida, sin saber que tiene de cómico que Will haya terminado con un brazo roto.
—Dudo que haya sido solo conversar.
—Oye, la niña tiene catorce, no soy un depravado.
Kora y Oli comparten una mirada complice, dudando de los límites del coqueteo y la calentura de su amigo, cosa que lo frustra.
Evette termina lo que le queda de ron y hace a un lado el vaso, le da demasiado flojera ir a llenarlo y parece que nadie aquí tiene algo a la mano. Se acomoda en su puesto y sube el poleron hasta la mitad de su cara para que le cubra la nariz también. El perfume masculino la envuelve y la boca se le hace agua. La esencia viril es intensa, picante y tiene algo antiguo, elegante que la vuelve completamente exquisita. Se hunde un poco más en la prenda de algodón, disfrutando de su suavidad y olor. Es reconfortante tener la ilusión de una presencia masculina sobre ella que la mantiene abrigada, sobretodo cuando el olor del poleron le recuerda a Asher.
Sus párpados caen lentamente y un peso se instala sobre su cuerpo. Se acomoda en la esquina del sillón, protegida del viento y se queda dormida escuchando a sus amigos discutir sobre algo tonto.
Despierta con un brinco al sentir un golpe en su pierna. Abre los ojos lo más que puede y emite un quejido ronco. La boca le sabe a mierda y está tan seca que no cree poder hablar, pero si puede quejarse y eso hace cuando es golpeada de nuevo, ahora en su hombro.
—Ten más cuidado, Lex— masculla Olivia.
—Cargala tú entonces— gruñe, el esfuerzo por sostenerla obvio en su voz.
—No seas llorón.
La voz de Will se escucha muy cerca. Levanta la cabeza y la gira por instinto para identificar su procedencia, pero sus movimientos son torpes y además no tiene consciencia de su alrededor así que acaba azotándose la cabeza contra el marco de la puerta.
Will se ríe entre dientes y a Oli también le hace gracia su torpeza, aunque trata de esconderlo. Lex murmura una maldición por lo bajo antes de dejarla caer, al parecer sin la fuerza suficiente para sostenerla con tanto movimientos.
Pasa directo al piso y ahora la risa de sus amigos son carcajadas.
Se sienta apenas y apoya la cabeza en la pared para ver si es que así el mundo deja de dar vueltas. No funciona mucho, tampoco ayuda el dolor palpitante que surge en sus cienes. Quiere reclamarle a sus amigos, quienes están doblados de la risa, pero se empieza a contagiar ella también de sus carcajadas y acaba sonriendo. La verdad es que tiene algo de gracia la situación. Cuando ya se les ha pasado la risa a todos Lex y Will le ayudan a levantarse y la guían hacia la pieza en la que dormirá.
La dejan en la cama y Will se queda con ella.
—Ya estoy bien, podemos seguir tomando.
Él enarca una ceja.
—Te lo prometo— levanta la mano, mostrando tan solo el dedo meñique.
—Linda, ni si quiera puede hablar bien.
Evette hace un puchero y se pone de rodillas en la cama. Tiene que apoyar las manos en sus hombros para estabilizarse y Will la afirma de las caderas, cuidando de posar sus manos donde la cubre el poleron.
—¿Porfis?
Lo mira a través de sus pestañas tratando de lucir tierna o lo que sea que hacen las mujeres para convencer a los hombres de que hagan lo que ellas quieran. Le resulta mejor de lo que esperaría, Will se relaja, sus párpados caen y el aire entre ellos se torna denso y silencioso. La observa desde arriba; labios rosados y entreabiertos que forman una boca rellena que parece suplicar por besos, las mejillas rubicundas y los ojos brillosos que en ese momento lo observan seductores, y obstinados. La combinación es extraña y peligrosa, sobretodo porque hace que Will la note por primera vez como una mujer y no como la prometida de su amigo. Evette no es hermosa, pero sus rasgos tienen una armonía que cautiva; los ojos marrones con su pelo rubio, los labios rosados en su piel nívea, la cual suele estar adornada de color en las mejillas. Tiene las pestañas largas y oscuras lo que complementa la forma almendrada de sus ojos y le dan algo sensual a su rostro de rasgos más toscos. Es alta, pero no tanto como piensa y los kilos extra de los que tanto se quejan le dan unas caderas que muchas envidian y un trasero que todos admiran. Will puede sentir su curvatura por sobre la tela de algodón y le pican las manos por aventurarse a descubrir que otras curvas esconde bajo su ropa recatada.
La parte racional de su cerebro comienza a ceder, le gana la curiosidad y la calentura; la disposición que encuentra en la mirada de Evette. Se inclina sobre ella y Eve estira el cuello, rogando por un beso que no se atreve a pedir o tal vez sin decidir todavía si es que Will le atrae lo suficiente como para besarlo. De todas maneras no puede decidir, pues la puerta de abre, el chillido de las bisagras advirtiéndoselos y después Will desaparece.
Pierde el equilibrio. Levanta los brazos y echa el cuerpo hacia atrás para evitar caerse, pero de todas maneras se mueve hacia delante y sin nada en que apoyarse va a parar de bruces contra el suelo alfombrado.
—Calmate.
No hay respuesta a la petición de Will, tan solo una respiración agitada, casi un bufido y después una orden gruñida entre dientes apretados:
—Fuera.
—Asher, no fue nada, no hagas…
—Fuera— repite él.
Evette logra recogerse del piso y se sienta, apoyando la cabeza en el velador a su lado. Desde allí mira a los hombres. Will de pie, masajeando su muñeca y Asher de espaldas a ella en una pose depredadora, demostrando que está listo para atacar y más importante que eso, que lo desea.
—Eve, ¿estás bi…?
—No le hables— Asher lo interrumpe —, no te le acerques, no vuelvas a mirarla o las pagaras.
Evette comienza a levantarse, apoyándose en el colchón y velador se alza, sus ojos todavía fijos en el par de hombres que están en silencio uno frente al otro mientras se miran como si así pudieran matar al otro.
Es Will quien baja la mirada primero. Masculla algo entre dientes y después camina hacia la puerta, pasando a llevar a Asher con el hombro en el camino. Él ni reacciona, le interesa más Eve quien recién se ha sentado en el colchón. Sus miradas se encuentran y Eve tiene problemas para respirar, nunca había sido consciente de lo hermoso que es y lo bien que le queda el color azul. Destaca sus ojos y la piel blanca, al mismo tiempo profundiza las líneas duras de sus facciones, la mandíbula afilada y la nariz recta, endurece sus pómulos y hace que profundidad de sus ojos se letal.
No le molesta que invada su espacio personal sin advertencia previa, desde cerca se ve mucho mejor y recuerda porque es que le gusta tanto. Sí, es hermoso, pero su belleza posee un carácter belicoso, agresivo e hiriente. Supone un reto para ella, que podría acabar bien o terriblemente mal y eso es lo divertido.
—Quitate mi poleron.
Eve pestañea varias veces consecutivas, necesitando tiempo para procesar lo que le ha pedido. Una vez que lo comprende se encoge en su lugar y cruza los brazos sobre sí misma de manera protectora.
—No tengo nada debajo— balbucea.
—No me importa. No vas a andar revolcándote con otros hombres con mi ropa encima. Quítatelo.
Boquea y frunce el ceño.
—No hice nada, solo me lo puse porque mi ropa estaba sucia y yo… No quería estar sudada, me sentía sucia y estaba… Yo no— sacude la cabeza tropezando con sus propias palabras.
—No me importa
Mete las manos por debajo de la prenda, sorprendiéndose al darse cuenta de que dijo la verdad. Lo que lo molesta porque significa que Will la vio en esas condiciones y quién sabe cuantas personas más. Sus dedos se tensan sobre la piel cálida y es obvio que dejarán marcas. Evette trata de verse no tan feliz con respecto a eso, pero Asher capta un atisbo de sonrisa en sus labios. Malinterpreta toda la situación y se inclina sobre ella, una mano en la cadera y otra en su garganta, así la obliga a reclinarse e incapaz de mantener el equilibrio, cae sobre el colchón. Asher se acomoda a horcajadas sobre Eve y le habla desde cerca.
—Parece que debo recordarte que eres mía.