Veinte

1188 Palabras
No logra salir del cuarto hasta el día siguiente, cuando la puerta parece mágicamente abierta. Evette mira hacia sus alrededores, pero no hay nadie. Camina con prisa por el pasillo y desciende las escaleras en puntillas. Una cosa es querer encontrarse a Asher y hacerle cara por haberla encerrado, pero eso no tiene nada que ver con toparse a alguien que pueda juzgarla. No es como que tuvieran el derecho ni que a ella tuviera que afectarle, pero lo cierto es que si le importaría. Por eso es que cuando una de las puertas se abre y sale una mujer de allí, se le para el corazón. Evette se paraliza en su lugar, su rostro la delata, pero también la postura encorvada típica de cuando te han pillado haciendo algo que no deberías. La chica, con la mano en el pomo de la puerta, los labios y ojos bien abiertos, mirando hacia ambos lados sin saber donde esconderse, también debe haber hecho algo que no debería. Eve se relaja dos segundos, si ambas han hecho algo prohibido, entonces pueden ser cómplices. —Cierra la puerta. Es obvio quien es. No tiene que mirarlo ni esperar a que diga algo más, su voz tiene un timbre único que desearía poder olvidar. La próxima inhalación no la satisface ni un poco. Toma una bocanada de aire y la contiene por varios segundos mientas intenta calmarse o al menos controlar las emociones que van aflorando en la medida en que pasa el tiempo. Traición, dolor, pena; vergüenza. Pestañea para eliminar las lagrimas, exhala y retoma su caminar. No va a permitir que la vean llorar y no quiere toparse con Asher por si decide levantarse a averiguar porque su amante no ha cerrado la puerta todavía. La chica debe conocerla, la culpa en su cara es palpable, pero Eve no quiere la pena de nadie, ni siquiera la propia. Esta vez no hay nadie que le impida llegar a su auto, por lo que asume que Asher no se dio cuenta de que estaba afuera de su cuarto. Es bueno no ser perseguida y es mucho mejor no tener que enfrentarse a nadie en ese momento porque apenas puede consigo misma. La cabeza le da vuelta con pensamientos que se cruzan de un lado a otro, ideas que vagan con frenesí por el amplio campo que es su mente o quizá queda mejor decir que es un bosque, porque es fácil perderse. Sigue una idea, pero entonces se tropieza con alguna rama y entonces se pierde. Y aparece otra idea o un nuevo sendero o quizá un pajarito que la haga olvidarse de su alrededor. Es como si hubiera perdido la capacidad de pensar. No tiene ni idea de como llega a su casa. Al entrar, todo sucede como si fuera una película y ella la estuviera viendo. No recuerda muy bien si saluda a su mamá o no, hay un lapsus entre llegar a la casa y subir a su cuarto que está completamente borrado de su memoria, pero no le preocupa mucho, allí dentro está segura. Por eso lo único que hace durante el fin de semana es dormir y estudiar, al menos en eso si puede concentrarse. Lee un poco, para que la noche no se le haga eterna y está agradecida de no leer los romances cursis que Oli siempre recomienda, porque no quiere encontrar el amor verdadero o a un semental dos veces más grande que ella con problemas dignos de terapia. Ya ni siquiera sabe si quiere ser amada por Asher. La verdad es que desearía ser capaz de olvidarse de él, pero la única forma en que lo ve posible es erradicando cualquier tipo de contacto entre ellos, algo muy difícil, partiendo por el hecho de que están comprometidos. A otros puede parecerles un dato irrelevante, pero Evette lo conoce o al menos conoce la parte posesiva de él. No tiene ni idea de que hacer y Oli tampoco está siendo de ayuda. Cuando le pide un consejo lo único que hace es encogerse de hombros y bajar la mirada al celular. —Asher es un psicopata— masculla por lo bajo. —En eso tiene razón—, la apoya Kora. Se desplaza hacia ella y recuesta la mejilla en su hombro —, pero algo se debe poder hacer para acabar con su obsesión contigo. —¿Tú crees que está obsesionado? Hay una nota de entusiasmo en su voz. —Obsesionado o enamorado— Kora presiona un dedo sobre sus labios y hace un sonido pensativo —. No sé si existe alguna diferencia para Asher. —No sé si hay una diferencia en general— suspira Evette dramática. Con un nudo en la garganta, dice: —Yo sé que me hace mal, que no debería prestarle atención, pero te juro que ya no depende de mí, es como si algo más me arrastrara hacia él. Lo intento, pero no puedo dejar de pensar en él. Todo el tiempo estoy pensando, dónde está, con quién está. Kora le da una palmada en el hombro. —Sip, tampoco podría decir si necesitas conseguirte un pasatiempo o si estás enamorada hasta las patas de ese psicopata. —¿Puedes dejar de decirle así? Sé que es un poco raro para sus cosas, pero no creo que esté mal de la cabeza. —¿Un poco?— Oli resopla, burlándose del eufemismo. Las dos chicas la miran fijamente, esperando a que complemente su opinión con algo más o que haga un aporte de cualquier cosa en vez de estar mirando el celular, pero no pasa nada. La rubia tan solo baja la cabeza y se abstrae en el aparato entre sus manos. Evette y Kora se miran entre ellas, luego de unos segundos se encogen de hombros, sin tener ni idea de que le pasa a su amiga. Está mas callada de lo normal y menos simpática. Al parecer ninguna de las dos tiene ganas de investigar más allá, Kora conversa con Evette sobre los posibles métodos de venganza o como conseguirse un hombre más guapo y rico. —Pero es que no quiero a otro, lo quiero a él solamente. Incluso si solo están presentes sus amigas, se siente extraño decirlo. —¿Entonces cuál es el problema? Evette va a replicarle de inmediato, pero son tantas las cosas que tiene para decir que se traba y termina por no decir nada. Se pasa una mano por el pelo y evita la mirada de Kora, que espera ansiosa una respuesta. La verdad es que no puede darle ninguna porque ella tiene toda la disposición para estar con Asher, es él quien complica las cosas o quizá no las esté complicando, quizá simplemente no le gusta y se entretiene con saber que ella estará allí independiente de lo que diga o haga, porque eso es lo que ha pasado hasta ahora. Si quiere olvidarse de Asher lo primero que tiene que hacer es sacarlo de su vida. Al parecer la absoluta devoción no es algo útil para ese propósito, quizá el desinterés funcione mejor.
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