Diecinueve

1086 Palabras
Le toma por sorpresa, pero ya se han besado varias veces y sabe un poco que esperar, por lo que no se queda paralizada. Le toma menos segundos a su cerebro reaccionar, a reconocer la suavidad de sus labios y el sabor dulce de ellos. Ya sabe a lo que va, más o menos, porque con Asher nada es seguro. Ese último pensamiento es lo que la lleva a poner las manos sobre sus hombros y empujarlo lejos de ella con toda su fuerza. Esta vez lo hace con intención, no como las veces anteriores. No quiere besarlo. No quiere volver a caer en sus juegos mentales ni ser su segunda opción. No quiere ser un objeto que Asher pueda usar cuando quiera y después tirar a un lado sin ningún cuidado por ella. Le da un segundo empujón cuando él no se aparta y con eso consigue que sus bocas se separen. Se arrepiente de inmediato, quiere volver a sentir sus labios juntos, pero sabe que lo mejor es detenerlo. Asher la toma del mentón. Ella voltea el rostro, no cree tener la voluntad para mirarlo a los ojos y resistirse a él. Es que hay algo en sus iris que siempre la convence, como si pudiera ver ahí una verdad oculta, traída a la luz solo para ella. No tiene ni idea de lo que comunican sus ojos, no son tanto palabras sino sensaciones, más bien es una sola, la de que puede confiar en él. En tonos grises, verdes y azules, le pide que se deje llevar. Con remolinos de arcoíris le propone que lo siga. Evette no quiere hacerlo, no quiere propuestas ni invitaciones a confiar, quiere que le demuestra que aquello que siempre ve en sus ojos es real, que no la traicionara apenas deje la habitación. Comienza a sufrir de arritmia cuando Asher pasa el pulsar por la columna de su cuello. Chasquea la lengua con un sonido de desaprobación. Se inclina sobre ella, acelerando su corazón aun más. Las palmas de Eve sudan, su respiración se vuelve sonora, le tiemblan los hombros cuando Asher presiona los labios en la conjunción entre hombros y cuello. —Odio no ver mis marcas en ti. —¿Por qué?— La pregunta se le escapa e intenta arreglarla — No, no quiero… —Porque eres mía y quiero que todos lo vean. Le avergüenza el impacto que tiene la confesión sobre ella. Le tiemblan las manos, sus labios ruegan por un besos, el espacio entre sus muslos palpita y le exige cosas que no entiende del todo. Quiere entregar su cuerpo a Asher, corroborar que es suya, que él puede hacerle lo que quiera. Es horroroso, porque no ha sido educada para desear aquellas cosas pecaminosas y va contra sus principios querer ser utilizada como un objeto. En realidad no debería importarle. Sus padres la vendieron en favor de una alianza política, es obvio que no es nada más que un objeto, un medio para un fin. ¿Qué quiere Asher de ella? Tal vez nada. Tal vez solo quiere hacerla suya. No es una opción tan mala. No se mueve cuando él aumenta la presión de sus labios contra la piel de su cuello, tampoco cuando lo siente succionar. Quizá ceder a Asher no es tan mala idea. Sí, es pésimo ser tratada como un objeto, pero al menos con él siente placer. Nadie tiene que saber que le gusta, ni mucho menos que desea más. Quizá la solución no es pelear con Asher, sino estar de su lado. Ya sabe que no puede esperar nada de él. Cuando espera que la muerda, sus labios presionan besos por la clavícula. Cuando espera besos, recibe un tirón en su cuero cabelludo. Asher es placer y dolor, al mismo tiempo, por separado. Estar con él es una montaña rusa, lo que le aterroriza, pero también es mejor que estar esperando su ataque. Decirle que sí a Asher implica ser recostada con cuidado sobre la cama, le permite sentir el peso de su cuerpo sobre ella, disfrutar de su perfume por más que unos misemos segundos. Trabajar con Asher y no contra él, significa que puede estar en su cuarto, en su cama, besándolo como siempre soñó. Ya no hay orgullo al que aferrarse, tampoco dignidad. Asher puede guardarle el secreto si ella está de su lado. Apoya las manos en los hombros de él, ahora para acercarlo. El gesto lo toma por sorpresa, pero no pierde tiempo pensando en que llevó a Eve a aceptarlo, tan solo aprovecha la oportunidad para profundizar el beso y colarse entre sus piernas. Intenta meter las manos por debajo de la camiseta, pero esta es muy ajustada, sus pantalones también impiden que toque piel. Gruñe frustrado. Eve da un respingo y lo mira. Le sorprende lo oscuro que están sus iris y lo bien que combinan con el rubor en sus mejillas y labios. Es extraño verlo así, pero le encanta su apariencia, se ve mucho más natural en ese estado desordenado y lujurioso. Una sonrisa tira de sus labios, orgullosa de haberlo desbalanceado de la misma manera que él lo hace con ella. Sus ojos se encuentran con los de ellos y quiere esconder la sonrisa, pero no es lo suficientemente rápida. Asher la pilla in fraganti. Se le descompone la cara, parece que le va a decir algo, pero tan solo boquea, sacudiendo la cabeza mientras se pone de pie. Evette lo mira confundida. ¿Es qué tiene algo en la cara? Palpa su rostro, pero no encuentra nada. Quizá tiene mal aliento o, ¿es por la sonrisa? Va a explicarse o más bien mentirle porque no quiere que se espante pensando que está enamorada de él, quiere que la siga besando y le permita sentirlo por un poco más de tiempo. Pero antes de tener siquiera tiempo para pensar en una excusa con sentido, Asher va hacia la puerta y la abandona en la habitación. Lo sigue, un poco preocupada ahora por su actitud tan errática. Al girar el pomo de la puerta se da cuenta de que esta no abre. Lo intenta una segunda vez, empujando con el hombro, pero nada sucede. No tiene que pensarlo mucho para comprender que la ha encerrado en la pieza. El maldito hijo de su… Le da una patada a la puerta. Enojada consigo misma, con Asher, con Oli por haber insistido en que viniera. Enojada con su estúpido corazón que sigue sin aprender su lección.
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