Dieciocho

1102 Palabras
Tuerce los labios. Esconde el rostro en sus manos. Suelta un chillido. Se pone de pie. Su equilibrio está perfecto y el mundo ya ha dejado de parecerle más gracioso de lo normal, así que es hora de irse. No puede permitirse caer en las garras de Asher una vez más. Aprieta sus mejillas y los ojos. Inhala profundo y al exhalar se echa el pelo hacia atrás y endereza la espalda. Camina con un paso apresurado porque no quiere toparse con la tentación, pero teniendo toda la intención de ignorarlo si resulta así. Esquiva a las personas y logra llegar al otro extremo de la casa sin problemas. Se detiene frente a la puerta pensando en si debería dejar el poleron allí o llevárselo. Se muerde el labio por dentro. Dios, como le gustaría llevarlo consigo, dormir en él, envuelta en la esencia de Asher. Se frota las mejillas con frustración porque ahora no puede dejar de pensar en lo suave que es la tela, lo rico que huele, lo fácil que sería pensar que es Asher si cierra los ojos. Está loca y obsesionada. Enamorada empedernidamente de un hombre que no hace más que romperle el corazón, una y otra vez. Su situación es tan critica que ya no hay nada que pueda ayudarle. Asher le gusta, puede ser que lo ame, si es que posible amar a alguien con quien nunca has estado, una persona es más fantasías que realidad. ¿Qué más da si se roba su poleron y duerme en él? Eso no va a hacer que le guste más. Retoma su caminar. Choca con una pareja, se voltea para disculparse. Al volver la mirad al frente se golpea toda la cara con la pared. Ahoga un grito de dolor y se lleva la mano al rostro para comprobar que su nariz sigue intacta mientras se insulta por lo bajo, sintiéndose más tonta de lo normal. Cuando comprueba que no se ha roto nada y la cabeza le deja de palpitar, da un paso al costado, hacia la puerta por la que debería haber salido. Esta vez tampoco lo consigue. Un cuerpo le bloquea el paso. —¡Perdón!— Chilla con las manos sobre los pectorales, tratando de poner una distancia entre ellos. Humedece sus labios antes de seguir con la disculpa. Al levantar la mirada se da cuenta de quien es y las palabras mueren en su boca. Presiona sus labios en una línea tensa, baja la cabeza y lo rodea, o lo intenta. Asher la agarra del brazo, ella trata de librarse, pero es imposible. Se recuerda que debe ignorarlo, que puede estar profundamente enamorada de él, pero tiene un orgullo que mantener. —¿Para dónde ibas? —A mi casa. La voz le sale estrangulada, así que carraspea. Asher mira hacia atrás, cuando regresa los ojos a ella, sus iris se han oscurecido varios tonos y sus labios plegados delatan la molestia que siente. —Estás tonta si crees que vas a manejar. Te vas a quedar aquí. —¡No! Es lo único que se le ocurre decir. Hace el amago de pasar por su lado y claramente fracasa. Lo que no espera es que Asher la agarre por las piernas y se la eche al hombro. Grita, sorprendida por el movimiento brusco. —¡Bájame! Se endereza y patalea. Le preocupa que se de cuenta de lo pesada que es. Asher da dos pasos y la deja en el suelo. Un nudo le cierra la garganta a Eve al comprobar su miedo. No importa que él entrene intensamente y tenga brazos enormes, no hay manera de que se la pueda. Se siente aun más humillada cuando los ojos se le humedecen. No entiende de donde viene la decepción si siempre ha tenido muy claro lo grande que es, lo mucho que pesa. Maldición. Va a llorar. En un segundo desaparece la tristeza, remplazada por el pánico. Grita de nuevo y está vez cuando intenta enderezarse, una mano cae con fuerza sobre su trasero. —¡Asher!— Golpea su espalda y trata de patalear, pero la tiene agarrada de una manera en que apenas puede moverse. — ¿Qué estás haciendo? Bájame.— Comienzan a subir las escaleras. —Nos vas a matar a los dos—. Chilla, quedándose quieta solo por miedo a que no vaya a poder con ella y terminen los dos rodando por los escalones. Deja de pelear, no hay caso con Asher y tan solo es libre cuando él lo quiere. La deja sobre una cama sin esfuerzo alguno. Evette se fija, pone especial atención en su respiración y la manera en que se reacomoda la polera luego de bajarla de su hombro. No hay ni una gota de sudor en su frente, el pecho apenas se le mueve, se ve normal. Es ella la que tiene el corazón acelerado, las mejillas rubicundas y resopla al ordenar sus prendas. Sus ojos se encuentran, ninguno de los dos rompe el contacto visual. El pulso de Eve enloquece, comienza a jadear; le cosquillean las manos y se le seca la boca. Es extraño mirarlo desde abajo con tanta distancia entre ellos, con Asher claramente en una posición superior. Cuando pone la mano sobre su hombro se libera fuego líquido por su sangre y las piernas le tiemblan, moviendo hacia el borde de la cama. Asher cierra los ojos, momento que ella aprovecha para evaluar su rostro con detenimiento, como cada vez que tiene la oportunidad. Nunca desperdiciaría la posibilidad de observarlo. Sí, están los mismos rasgos de siempre que se sabe de memoria, los que siempre recuerda cuando quiere detallar su belleza, pero también hay pequeños elementos que sorprendentemente suele olvidar; las pestañas largas, las escasas pecas en la nariz, el extraño doble borde que tiene en el labio inferior. Si suele perder el tiempo observándolo con atención es también porque siempre puede encontrar algo nuevo, parece imposible, pero a veces aparece una mancha por el sol, una costra porque se ha cortado afeitándose. A veces la luz le da en la cara y sus pómulos destacan de una forma nueva o sus labios se vuelven más tentadores que de costumbre. En esta ocasión encuentra una arruga en su ceño fruncido que antes no estaba ahí. Le da un toque de preocupación a la confusión que siempre lo lleva a arrugar el entrecejo. Asher abre los ojos, un relámpago cruza por ellos y encuentra la manera de transferirle la corriente a Evette. Se estremece al tiempo que los labios de Asher se posan sobre los suyos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR