No puede evitar pensar en la posibilidad de verdaderamente gustarle a Asher. Ocupa toda su clase en eso, primero tratando de pensar en si Asher sería capaz de querer a alguien y después de darle muchas vueltas concluye que no es plausible, aunque elige creer que con ella sería diferente. Entonces se pregunta como sería tener una relación y fantasea tanto tiempo con sus besos belicosos, el ataque de sus manos y la forma en que poseería su cuerpo que debe quitarse el chaleco y recoger su pelo en una cola de caballo. A pesar de su poco interés en lo s****l, elige pensar en eso porque es incapaz de construir un escenario en su mente en donde Asher es cariñoso con ella, es donde la presenta como su novia con orgullo y le toma la mano para mostrarle al resto de mujeres que ya tiene dueña.
Pero no son más que fantasías que terminan tan pronto como suena la campana indicándoles que ha terminado la jornada escolar. Evette está lista para ir a casa y descansar, aunque no lo parezca la resaca la está matando y se ha quedado sin baterías para sociabilizar, mucho menos para ser amable. El problema es que tampoco le quedan energías para discutir, por eso cede ante la petición de Oli de ir a ver las practicas del equipo de fútbol.
—¿A ti desde cuando te interesa el fútbol?— La cuestiona Kora.
Su amiga se sonroja y junta las manos para retorcerlas con nerviosismo y algo más.
—Conocí a alguien ayer— dice con una gran sonrisa.
—¿A quién?— Eve pregunta con el ceño fruncido y al ver la cara dolida de su amiga se obliga a relajarse y a explicarse —. Me refiero a que estuviste conmigo todo el tiempo.
—Salí a tomar aire después de que te acostamos y me encontré con Julian, entro al equipo hace poquito y me pidió que lo viniera a ver.
—¿Es guapo?
Oli hace un sonido pensativo, lo que de por sí da una respuesta al par de amigas.
—Sí, aunque es bajo, como del porte tuyo— dice mirando a Eve —, quizá más alto y tiene un corte militar que según yo no le queda para nada bien.
Evette arruga el ceño, no tiene nada en contra de los hombres con el cabello corto, pero prefiere aquellos que tienen el largo suficiente como para pasar los dedos por entre las hebras doradas, tener algo a lo que sujetarse y de lo que jalar si es necesario. Su mente va de inmediato a Asher y las múltiples posibilidades que se le han presentado para agarrarlo del pelo, todas ellas desaprovechadas. Se le ocurre que si Asher la vuelve a besar o si es que en algún evento tiene la posibilidad de enterrar los dedos en su cabellera de oro, no va a dejarla pasar, ya que eso es lo que hará que lo supere por completo. Tan solo necesita sentirlo por completo, incluso si ha experimentado cada parte de él en situaciones distintas quiere pensar que de alguna manera le pertenece y necesita los argumentos para ello. Ha probado sus labios, tuvo su primer orgasmo, conoce sus iris mejor que los propios, conoce a sus padres y lo suficiente de su personalidad para saber que nadie es su amigo; puede parecer arrogante, pero lo conoce mejor que nadie, tan solo necesita la insignificante sensación de su pelo entre sus dedos y la falsa idea de control.
No se da cuenta de que lo ha estado mirando hasta que alguien interrumpe su línea de visión. Lex aparece frente a ella con una sonrisa Pepsodent que derrite a todas las estudiantes a su alrededor mientras que a Evette le produce un grado de molestia irracional que se debe a que ya no puede mirar a Asher.
—Hola— la saluda con un beso en la mejilla que Eve apenas devuelve con un medio abrazo. —No sabía que ibas a venir a la practica.
—Oli nos obligó.
—Eso tiene más sentido, de hecho, ahora que lo pienso creo que nunca has venido a vernos jugar.
—Es que no me interesa el fútbol.
El rubor se le sube a las mejillas al darse cuenta de lo brusca que ha sonado y por haber admitido tan sencillamente su no fanatismo hacia el deporte, contradiciéndose con todas esas veces que con demasiado entusiasmo ha accedido ir a ver a Lex jugar.
Recoge un mechón de pelo para ponerlo detrás de su oreja y mira al piso, tratando de anticipar la respuesta de su amigo. Se sorprende cuando él solo ríe. Lex pone una mano en su hombro y la acerca a él para darle un abrazo. Su risa melódica se le contagia.
—No es nada malo, ahora estoy más agradecido de que vayas a ver mis partidos.
—Ah— es lo único que puede decirle.
Acepta el abrazo de su amigo recostándose por unos segundos en su pecho, hasta que la risa de Kora la llama y pone distancia entre ellos para ir a ver que le hace tanta gracia a su amiga. En el proceso se despide de Lex y le desea un buen juego, incluso si tan solo están entrenando.
Al llegar donde sus amigas se entera de que Kora le está haciendo burla a Oli porque se le ha olvidado mencionar que Julian también tiene una voz extremadamente aguda, la cual suena similar a cuando uno habla cuando inhala helio.
—No lo sé, para mi no es tan importante la voz— intenta defenderse Olivia.
Ninguna de las dos le cree y Kora prueba lo equivocada que está inclinándose sutilmente sobre ella, acorralándola contra las gradas y diciendo en su voz más aguda.
—Quiero hacerte el amor, nena.
A pesar de que la castaña se ve afectada, termina soltando una carcajada, poniendo distancia entre ellas y luego doblándose de la risa, reconociendo que es muy mata pasiones que alguien le hable con ese tono, aunque también ayuda la ridícula elección de palabras.
?
Eve quiere irse a su casa, pero Oli ya le prometió a Julian que se quedaría a verlo jugar y no quiere estar sentada sola, así que dado que Kora ya se ha marchado, no le queda de otra que acompañar a su amiga. Se la pasa la mayor parte leyendo, levantando la cabeza tan solo cuando siente a Oli ponerse nerviosa. En una de esas ocasiones es porque Julian está apunto de meter un gol, pero en el último momento Lex aparece de la nada y le arrebata la pelota con movimientos fluidos. No hay nada grácil en la manera en que corre hacia el otro extremo de la cancha, sus brazos se mueven energéticos, sus piernas son poderosas y su cuerpo tiene una postura imponente que le ayuda a esquivar cuerpos y a chocar a aquellos que no se apartan. Se topa con Asher en el camino, pero lo cierto es que lo deja atrás en cuestión de segundos, sus pies guiando la pelota con experticia y lanzándola al arco en un tiro perfecto que no podría acabar de otra manera que con un gol.
Lex celebra abrazándose con sus amigos. En un momento se detiene para recuperar el aire, entonces sus ojos barren la galería y se topan con los de Evette. Le guiña el ojo con una sonrisa coqueta que ella pasa por alto completamente, Eve se limita a hacer una celebración con los puños a medio alzar y una sonrisa amplia. Todo de una manera netamente amistosa.
Ver a Lex hacer un gol la interesa y la próxima vez que escucha gritos de apoyo levanta la cabeza de inmediato, tan solo para desilusionarse, alguien más tiene la pelota. Aun así sigue apartando la vista del libro porque no quiere perderse un gol de su amigo y al final termina centrando toda su atención en el juego, sonriendo cuando él toma la pelota y sumándose a los gritos entusiastas.
La próxima vez que Lex toma la pelota y se acerca al arco enemigo el estómago se le tensa en un nudo y se lleva los dedos a la boca para morderse las uñas, un habito que había perdido hace años, pero por alguna razón está tan inmensa en el juego que necesita verlo hacer ese gol que los sacará del empate. El transcurso entre que pasa la defensa y lanza la pelota es eterno, se debe a que Asher no le da tregua. Ejerce su trabajo de defensa mejor que nunca, bloqueando cada uno de sus intentos de seguir avanzando hacia el arco y luego impidiéndole pasar la pelota. Desde lejos sus pies no se distingue bien, pero es como si estuvieran enredados en un nudo que cada vez que tensa más. Asher se acerca a Lex hasta el punto que “respirarle en la nunca” se vuelve literal. Parece que le dice algo, ve sus labios moverse pero un segundo después Lex está enfrentándolo cara a cara, aprovechando de distraer a Asher con una respuesta para poder quitárselo de encima de una vez. Casi lo logra. Da un paso al lado, llevándose la pelota con él y saliendo del espacio personal del oponente, pero un latido más tarde Asher está de nuevo sobre él, está vez con todo su cuerpo, pasándolo a llevar. Nadie dice nada, a pesar de que el gesto es violento y obvio, así que asume que es típico del futbol, pero por la mirada que Lex le da al rubio duda de que haya sido una acción propia de un partido amistoso.
El juego continua y pronto se convierte en una batalla entre el delantero y el defensa, que tienen todo de opuestos. Eve los ubica por la cabellera rubia que tan bien conoce y los rasgos morenos de su amigo. Poco a poco comienzan a pasar más tiempo cerca, Lex se roba la pelota e incluso se rehusa a dar pases para llegar a la barrera impenetrable que le ha puesto Asher, un muro que cada vez ataca con métodos más agresivos, llevando a Lex al piso varias veces. Su contraparte no se queda atrás, cada vez que Asher intenta subir con la pelota, saliéndose cada vez un poco más de su área designada, Lex está ahí para prohibirle el paso y quitarle el balón a base de empujones que si bien no lo botan, le van agotando la paciencia. Evette puede verlo en su rostro y teme por su amigo, quien puede ser más musculoso pero está casi segura de que no tiene las mismas habilidades de pelea que su prometido.
Asher y Lex vuelven a encontrarse un par de metros lejos del arco, Eve no puede con la tensión e intenta distraerse con su celular, pero acaba mirando igual. Aunque se le retuerce el estómago no se pierde ninguno de los empujones ni patadas maliciosas que ya ni siquiera son disimuladas. Observa cada uno de sus intercambios, de los intentos por dominar el balón y llevar a su equipo a la victoria y también intenta descifrar que diablos se están diciendo, porque cada hay más palabras de por medio y aquello le preocupa bastante. Asher no tiene paciencia para estupideces y Lex suele hablar de más cuando está empecinado en ganar.
Es Asher quien termina en el suelo y Lex, como cada vez, le ofrece la mano para levantarlo, dandole una media sonrisa que es más arrogancia y superioridad que simpatía. Lex lo jala con fuerza. Quedan frente a frente, sus pechos se tocan y la boca del más bajo se mueve, todavía manteniendo esa expresión come mierda. Ni siquiera ha terminado de hablar y Asher ya está encima de él, levantando los puños para estrellarlos contra su cara repetidas veces.
Olivia a su lado se pone de pie, con ambas manos sobre su boca esconde gran parte de su expresión de sorpresa, pero además de eso no tiene ninguna otra reacción. Eve no puede reprocharle nada, ella sigue sentada con el libro entre las manos, observando la escena sin ningún pensamiento pasándole por la cabeza. La chica que le estaba coqueteando a Asher en el almuerzo baja a la cancha para gritar su nombre y tratar de detenerlo con toques mínimos. A Evette le dan ganas de reír, lo cierto es que se requieren de dos hombres igual de grandes que Asher para retenerlo. Will y el profesor lo agarran de los brazos, desde allí tiran con todas sus fuerzas, tratando de apartar a Asher de Lex, quien está siendo sostenido por Gabriel. Logran separarlos. El entrenador no pierde tiempo, manda al más dañado a la enfermería y se para frente a Asher para gritarle un par de cosas.
—¡No me importa que problemas haya entre ustedes, no los vas a traer a la cancha!
Asher tiene la mirada perdida, pero de igual manera asiente, claramente no prestándole ni un poco de atención a su entrenador. Evette casi puede leer su mente “si corro muy rápido puedo llegar a Lex y matarlo antes de que entre a la enfermería” o “contrólate, no es bueno pelear. Control, control, control”; esas son las únicas variables posibles, existe una posibilidad de que esté intentando convencerse de que golpear a la rubia a su lado no sea buena idea. No son sus celos lo que la hacen pensar así, sino la manera en que Asher pone una mano sobre la femenina y aprieta mientras la rubia del almuerzo le acaricia el pectoral izquierdo, como si eso fuera a calmarlo.
Sea lo que sea que pasa por su mente, a Evette no le interesa saber. Ya ha tenido demasiado de Asher por un día y ahora que no está Lex todo su interés por el fútbol ha desaparecido. Recoge sus cosas y le dice a Oli que se ira, ella no le pide explicaciones ni intenta detenerla, cosa que agradece.
—¿Estarán peleando por Eve?— Le llegan trozos de una conversación ajena.
—¿Tú crees?— La otra chica jadea —. Sería como en los libros. En ese caso yo digo que sí, Asher debe estar todo celoso porque Lex siempre pasa tiempo con Eve y él no.
Su pie resbala, rápidamente se afirma de la baranda para evitar caer. Su movimiento es algo torpe y por ende ruidoso, lo que capta la atención de las chicas. Ambas la miran con los ojos abiertos, aunque ninguna dice nada, Eve tampoco lo hace, su mente está ocupada únicamente en el comentario de la segunda niña.
Es segunda vez que alguien sugiere que Asher está celoso. ¿De verdad es una posibilidad? En la mente psicopata de él, Eve duda de que exista espacio para algo tan banal y emocional como los celos, sobretodo cuando indican inseguridad. Asher jamás ha dudado de sí mismo y nunca lo hará, de eso Evette está segura y por lo tanto no hay celos. Pero Dios, como le gustaría que estuviera un poco celoso, lo suficiente para marcar su territorio y advertirle a Lex que ya tiene dueño.
Dios, está mal de la cabeza.
No está bien querer ser la propiedad de alguien. No está bien fantasear con que dos hombres atractivos se peleen por ella. No está bien esperar a Asher al lado de los baños para pedirle explicaciones, pero es débil y está confundida y necesita alguna explicación que le ayude a decidir que hacer.
Tira hacia arriba la falda solo para que resbale y quede de nuevo en sus caderas. La tela se ha aflojado o ella a adelgazado, todavía no decide cual de las dos creer, lo que sí sabe es que tendrá que hacerle una basta porque parece monja llevando la falda hasta la rodilla, algo que no le pasaba antes, pues la tela quedaba bien ajustada en su cintura. Termina de acomodarse l prenda y levanta la cabeza, Asher aparece detrás de la esquina, seguido de Gabriel, que viene acompañado de otros jugadores del equipo. Todo el valor que había reunido para interrogar a Asher y obtener alguna respuesta útil se esfuma en el aire. Por supuesto que no aparecería solo. No sería un problema si no fuera porque Evette no está dispuesta a quedar como la chica necesita y estúpidamente persistente.
—Holi— saluda a Elliot —, vengo a buscar las cosas de Lex.
El chico es bastante más alto que ella, pero tiene los hombros caídos y la espalda encorvada, lo que intensifica su actitud tímida. Pone distancia entre ellos mientras la guía hacia el casillero de Lex. Su concentración está en no mirarla y en mantener unos buenos metros de separación, por eso choca con las bancas y otros casilleros, así termina llamando la atención de todos. Los ojos de Asher están fijos sobre Evette cuando ella recibe las cosas de su amigo. Intenta ignorarlo, fingir que no la mira ni que la sigue mientras avanza a la salida, pero es imposible ignorarlo cuando él se interpone en su camino.
Sale de los camerinos y un lapsus más tarde Asher está sobre ella, acorralándola contra la pared y arrebatándole el bolso ajeno de la mano, lo lanza al lado contrario. Aplasta ambas manos contra la pared, luego baja una para tomarla del mentón. Sus dedos ejercen una presión suave antes de resbalar hasta su cuello, de ahí la toma con fuerza. Se marea de una manera agradable y aunque los dedos de Asher duelen sobre su piel, no quiere que se aparte.
—¿A qué estás jugando?— Gruñe contra su cara.
—Nada— exclama en un jadeo ahogado.
—No me mientas. Primero te besas con Will y ahora le coqueteas a Lex, si quieres mi atención no hace falta que te entregues así a cualquiera.
Es un eufemismo, lo que de alguna manera le enoja más que ser llamada fácil.
—Bajo ese criterio entonces eres un puto, ¿o es qué también quieres mi atención?
—Yo de ti no quiero nada— escupe las palabras con una expresión feral.
Evette pestañea y retrae el cuello, tratando de poner algo de distancia entre ellos. Es primera vez que la ira de Asher está dirigida hacia ella y no le gusta ni un poco, es más, de alguna manera le asusta. Su cuerpo se tensa y sube las manos para ponerlas alrededor de la masculina, jala suavemente, tratando de convencerlo de que la deje ir.
—Suéltame— más que una orden suena como una petición.
—No.
La mano libre baja a su cadera, la otra se mueve del cuello al pelo, agarrando una buena cantidad y tirando de ella. La obliga a levantar la cabeza porque quiere ver esa expresión de ojos entrecerrados y boca abiertos. Le gusta la manera en que el dolor se materializa en su rostro, acercando sus cejas en el medio, poniéndole los ojos brillosos y las mejillas rubicundas. Evette pasa la lengua lentamente por su labio inferior, los párpados le tiemblan y al exhalar se le escapa un ruido pequeñísimo que Asher alcanza a percibir de pura suerte.
—¿Qué quieres de mí?— Logra preguntar Eve, aunque duda que sea lo mejor.
La vulnerabilidad es palpable en su voz y Asher no hace más que aprovecharse de ella para herirla. Puede que en el colegio le vaya bien, pero en la vida real es tan tonta, debería saber para este entonces que con Asher no se puede bajar la guardia, que en lo que respecta a él es mejor no tener sentimientos y que debe dejar de esperar a que cambie. Ya no es una cosa de deber, sino de que necesita aprender a protegerse de él.
Asher le dice que no quiere nada de ella y aceptando la realidad le pide que la suelte, pero él no hace caso. No parece querer alejarse ni mucho menos dejarla ir.
—Te entretiene ponerme celoso, ¿mh?— Le tira el pelo y Eve pierde la concentración para responderle —Te gusta verme sufrir por no poder matar a cada maldito que te mira, ¿o quiere que te marque como mía?
Lo que en realidad quiere es mandarlo a la mierda por hacer su vida más complicada. Hace dos segundos le dice que no quiere nada con ella pero ahora está hablando de que siente celos. No lo entiende ni un poco, ojalá eso la hiciera quererlo menos, pero tan solo despierta su interés y deseo por resolver el nudo que son sus emociones.
—Si no me quieres déjame en paz— es lo único que logra responder.
Asher sonríe de una manera espeluznante y da un paso en su dirección, la mano en el cabello se enreda aún más para jalara con mayor intensidad.
—Un día me estás desvistiendo y al otro me haces un show porque estás celosa, pero ahora me pides que te deje. No te entiendo.
Quiere gritar que no es eso lo que dijo, que solo si no la quiere debe dejarla, pero que si ese no es el caso entonces le pide que jamás la suelte. Pero de todas las cosas que puede responderle, esa es la peor, lo que hace en cambio es elegir la reacción que más horrible le parece a ella, la que va contra todo lo que intenta ser.
Le da un empujón fuerte, poniendo toda su rabia, todo el odio que siente hacia Asher y sus estúpidos juegos mental. Lo golpea con la intensión de sacarlo de su vida y lo hace con tanta honestidad y voluntad de su parte, que logra apartarlo de ella al menos unos centímetros. Levanta un dedo para apuntarlo y con eso también mantiene algo de la distancia.
—No tienes nada que entender, solo que quiero que me dejes sola. Tengo derecho de hacer lo que quiera con mi vida y si eso involucra a Lex o Will o cualquier hombre que quiera, no es tu problema— retoma la discusión inicial, dandole fin con un tono severo que luego cambia a algo más ligero —. Y no seas hipócrita, aquí el único que da señales confusas eres tú.
Pasa por su lado lo suficientemente cerca para chocar sus hombros y aunque le duele, satisfacción la embarga al escuchar a Asher sufrir por el golpe. Él la retiene, como todas las veces que Eve ha intentado poner distancia entre ellos, física o emocional, alejarse nunca a sido una opción, pero en esta ocasión es diferente. La adrenalina sigue fluyendo por su sangre, es más que el oxigeno —si eso es posible—, es una droga que la hace sentir poderosa, rabiosa y determinada. Es lo que le da el impulso para pegarle un puñetazo en la cara.