Asher le responde afianzando el agarra en sus piernas, esas piernas que perfectamente pueden pesar lo mismo que un niño, pero que él sostiene sin esfuerzo alguno, incluso puede sujetarla con una mano mientras la otra es usada para acariciar su pecho sensible. Se muerde el labio y aprieta los párpados tratando de concentrarse en el problema: es demasiado pesada para él.
—Déjame— insiste, apoyando una mano en su pectoral para empujarlo.
Se retuerce, muy segura de que no podrá con ella, pero tan solo consigue que la aplaste un poco más contra la pared y que sus caderas se encajen, usando las de él como parte del soporte, dejando su erección directamente sobre su sexo.
Los labios rosados se entreabren para dejar salir un gemido tímido que a Asher le parece insuficiente. Mueve su pelvis, rozando el cierre del pantalón contra su entrepierna y pega los labios a su piel una vez más, en esta ocasión en la clavícula, una acción hecha para crear anticipación y así cuando entierra el rostro entre los pechos de Eve y muerde el tejido tierno, el placer la toma por sorpresa ocasionando otro gemido, este mucho más fuerte que el anterior. Sus uñas se aferran a la espalda de Asher, sus talones se clavan en el trasero firme empujándolo hacia ella para sentir más de su m*****o y aunque le gusta como se siente su boca entre los pechos, la prefiere dejando marcas en su cuello. Se lo hace saber levantando el mentón y estirando el rostro, dejándole un espacio para que propicie uno de sus caricias perniciosas. Asher no tarda en darse cuenta, cambia de posición apenas se da cuenta de lo que pide y en esta ocasión las succiones y mordidas son agresivas, lo que las hace aún más placenteras. Evette se deshace en jadeos, sus manos desciende con rapidez a su espalda baja buscando reducir por completo el espacio entre sus sexos y Asher termina cayendo en sus suplicas, tomándola del trasero de nuevo y empujándola contra sí.
Atrás han quedado las inseguridades, resulta maravilloso poder disfrutar con su cuerpo, de las emociones que fluyen bajo de él y cada una de las reacciones físicas que Asher despierta en él. Sus dientes que ya han de haber conquistado todo su cuello, los dedos que juegan con la cima fruncida de su pecho, la mano que aprieta su trasero como si quisiera dejarla impresa en él, pero la sensación más exquisita y la que más disfruta es la del m*****o enhiesto rozando su clítoris. No quiere gritar y contiene la mayoría de sus gemidos porque no sabe si a Asher le agradará que sea tan vocal con respecto a su placer, lo que hace en cambio en enterrar las uñas en el traje y morderse los labios, cerrar los ojos y pensar en lo bien que se siente y, por supuesto, decir muchas groserías en su mente.
Con un último roce de sus dientes él se aparta. Endereza la espalda, recordándole que debe mirarlo hacia arriba si quiere mantener el contacto visual. Le gusta sentirse pequeña, ya sea por su altura o por la manera en que sostiene su trasero con ambas manos, cubriendo la mayor parte de él. La satisfacción de ser más baja y liviana que un hombre dura poco, ya que ser consciente de su cuerpo le recuerda lo feo que es en realidad. No ayuda que Asher esté mirándola fijamente. Los segundos pasan, el silencio se extiende y Eve se pone cada vez más nerviosa. Quiere besarlo, pero piensa en que si él no lo ha hecho antes es porque no quiere. Le gustaría pasar las manos por su cabello y poner en su lugar las mismas hebras doradas que ella desordeno. Se muere por volver a sentir los músculos de su espalda bajo sus dedos. Son tantas las fantasías que recorren su mente y todas ellas son destruidas cuando en un intento de acomodarla entre sus brazos Asher resuella. Eso es exactamente lo que necesita para volver a la realidad.
Desengancha las piernas de las caderas estrechas y se suelta de sus hombros. Sus tacos se demoran más en llegar al suelo de lo que deberían y se desestabiliza, agarrándose torpemente del brazo de Asher para evitar darse un porrazo.
—Lo siento— le da una media sonrisa.
Las cejas pobladas de él se fruncen, pero Eve no quiere descifrar que piensa. Lo mejor es vivir en la ignorancia, así no se lastimara más de lo que ya ha hecho.
¿Dejar que Asher la cargara, y frotarse contra su m*****o? Que estupidez más grande.
Sus mejillas sonrojadas quedan a la par con el resto de su cara mientras la vergüenza por sus acciones la invade. Se frota el rostro y se insulta por lo bajo al tiempo que camina a la puerta o se tambalea mejor dicho. La sangre le arde y el pulso le late en los oídos, el alcohol parece haber desaparecido de su sistema, pero aún así sus piernas la traición y la llevan en zigzag por el pasillo hasta la fiesta.
Decide que primero debe pasar al baño. Necesita refrescarse, ordenar sus pensamientos, encapsular aquellos que tan solo la harán llorar. No puede llorar en una fiesta, no puede verse como si hubiera llorado. No hay espacio para la tristeza en su personalidad, tampoco para la putería y aun así, allí está: frente al espejo con el cuello repleto de chupones y el vestido arrugado. Se le ha borrado el labial también, pero eso es más culpa suya que de Asher. A pesar de lo mal que se siente por sus acciones pecaminosas, le gustaría que Asher le hubiera sacado el labial y que las mismas marcas en su cuello estuvieran esparcidas también por su escote.
Tira el pelo hacia atrás y se inclina sobre el lavamanos, pudiendo observar mejor la mixtura de colores que le ha dejado. Donde la mordió ya se está poniendo morado y si pasa los dedos por encima, le duele. Aun así sonríe. Traza un moretón que le ha quedo por debajo de la mandíbula y descubre que le gusta la mezcla entre el rojo y morado que se creó por las succiones en el lado opuesto. Le gusta también la forma definida del chupón abajo de ese y la apariencia opuesta que tiene uno en el lado izquierdo.
La puerta del baño se abre y Eve mueve su cabello hacia adelante lo más rápido posible, escondiendo los chupones.
Saca un poco de papel higiénico y lo presiona contra su piel para secar el sudor sin tener que arruinar su maquillaje. Le tiemblan las manos así que el proceso es lento, además no está lista para dejar el baño, necesita más tiempo para tranquilizarse. Tener compañía no ayuda mucho, sobretodo cuando hay un par de chicas estupendas a su lado y ella no puede evitar compararse.
Se tira el pelo hacia atrás para poner un poco de agua en su nuca y así terminar de refrescarse.
Una de las mujeres jadea y de inmediato exclama:
—No puede ser, ¿ese fue Asher?
Eve que recién está procesando el hecho de que ha dejado al descubierto sus marcas levanta la cabeza y mira hacia la izquierda con espanto y al mismo tiempo orgullo, porque aunque tenga que confesar sus pecados, al menos sabrán que Asher la quiere.
—¡Sí!— la chica del otro extremo del lavamanos chilla, quitándole la oportunidad de hablar.
Se recoge el cabello con una mano y la otra la pasa por su cuello, mostrando con alegría los moretones. Son muchos menos que los de Eve y ninguno de ellos parece haber sido hechos con la intensión de ser vistos, ya que se encuentran más que nada a los costados, pero no puede estar segura de que Asher no los hizo.
—¿Cuando? Pensé que ya no se estaban viendo.
—Yo igual, pero— deja caer su cabello y se gira hacia su amiga sosteniendo una sonrisa arrogante —, hace media hora se me acercó y nos besuqueamos un buen rato en una pieza. Íbamos a coger, pero le dije que no, ya sabes— le guiña un ojo —, para hacerme un poco la difícil.