Tiene problemas para calmar las palpitaciones de su corazón y le resulta mucho más difícil controlar sus emociones, puede verlas pasmadas en su cara; los labios curvados hacia abajo, las cejas levantadas, los ojos brillosos y esa expresión tan patética de pena. Inhala profundo, se echa un poco de agua detrás del cuello para calmarse y sale del baño. No puede creer que Asher la haya… ¿engañado? ¿Ilusionado? Jugado con su mente, eso le parece mejor. Le hizo creer que la deseaba. Las mordidas que le dio le parecieron salvajes, instadas por una falta de control que la había hecho sentir profundamente deseada, le hizo fantasear con la idea de que Asher no podía resistirse a ella y en cambio ahora tan solo piensa que quizá se estaba quitando la calentura que le dejó la chica que besó antes. De nuevo se ha convertido en una segunda opción, es la que sirve de consuelo, a la que van porque saben que nunca va a decir que no.
Se pasa las manos por el rostro, apartando el pelo de su cara y luego levantándolo en una coleta para que el viento le pegue en la nuca, esperando que con eso pueda refrescarla un poco, calmar las nauseas que empujan la champaña de regreso por su garganta.
No. No puede vomitar, eso seria incluso más humillante.
Se apoya contra la pared, suspira y se obliga a mantener los ojos abiertos porque sabe que si los cierra tan solo se mareara más. Lo bueno es que el malestar en su estómago y cuerpo en general la distraen de las otras molestias. Con la mente despejada se queda en el pasillo por unos buenos minutos, hasta que las piernas se le cansan y busca un lugar donde sentarse. Ni loca volverá al salón principal, por una parte parece que un vampiro la hubiera atacado y por otra sabe que no podrá con la humillación cuando todos se den cuenta de lo que Asher hizo con ella. No solo el acto s****l, sino también el hecho de que la uso como premio de consuelo porque la mujer que quería le dijo «no».
Está acostumbrada a que le pidan favores, a que su hermana la endulce antes de pedirle algo. Está acostumbrada a hacer tareas para otros, a ceder, a ser la persona a la que todos recurren porque saben que no se negara a nada. Y no le molesta, es reconfortante saber que por lo menos para algo la quieren, para algo la necesitan; pero son cosas banales, que requieren de su intelecto o buena voluntad, no algo que implica su cuerpo. Los intercambios físicos no son parte de su rutina, la razón es obvia, nadie nunca ha necesitado algo así de ella. Al lado de sus amigas no tiene muchas posibilidades de ser notada, aunque tampoco llama la atención cuando está sola, en realidad no es muy linda, pero ha hecho la paz con eso, por eso le duele tanto que Asher la haya usado de aquella manera. Él le dio esperanzas tan solo para luego masacrarlas.
Entierra las uñas en las palmas de sus manos e inhala profundo. Al exhalar sonríe. Repite la secuencia varias veces, hasta que se siente confiada consigo misma, segura de que no va a derrumbarse apenas alguien le hable.
Sale del cuarto en el que se ha ocultado. Arregla su cabello, se pellizca las mejillas y practica una vez más la sonrisa afable, la mirada tierna. Todo está bien con ella, eso es lo que necesita que piensen, eso es lo que todos verán.
Odia que Asher siempre le saque en cara sus intentos por ser una buena hija, una amiga agradable. No está siendo falsa, tan solo esconde las partes más desagradables de ellas y muestra lo que los otros esperan de ella, lo que quieren ver. Puede ser que no siempre sonría por alegría o gracia, pero tampoco finge ser amiga de alguien para cumplir sus propios intereses o por pena. No es falsa, tan solo le tiene terror al rechazo y se ha construido una personalidad que, sabe, es imposible de odiar.
No hay mayor prueba de eso que cuando se integra de nuevo al grupo de adultos, serpenteando entre conversaciones, soltando comentarios oportunos que la posicionan como una mujer inteligente, pero no lo suficiente para que sea inapropiado. Un par de risas, algunos aportes cómicos que le entregan halagos. Es fácil moverse entre las personas, que aunque no conoce, son iguales al resto de sujetos en su circulo social. Al menos entre ellos no se siente tan sola, tienen la misma vida y la entretienen en estas pequeñas reuniones. Es en su casa cuando la soledad de verdad la asalta, cuando no debe fingir y puede ocupar su cerebro en otras cosas.
—Eve, ¿puedes venir un momento?— Su padre la llama.
Retrocede el escalón que había subido y da media vuelta. Lo encuentra en la entrada de su oficina. El pelo revuelto y sus párpados caídos son la única prueba de su cansancio, el resto de él se encuentra perfectamente ordenado.
—Dime, papi.— Da un pequeño brinco en su dirección y une las manos frente a ella.
Él alza la mano y la lleva a su mejilla. Eve sonríe, esperando una caricia y un beso en la frente, pero en vez de eso los dedos se desplazan hacia atrás, recogiendo algunos mechones rubios y dejándolos detrás de su oreja, despejando una pequeña parte de su cuello.
—No porque estés comprometida con Asher significa que puedes andar zorreando y regalando a él, ten un poco más de dignidad y autocontrol. Deberías ser más inteligente.
Evette boquea, pestañea, tuerce los labios. Su estado petrificado se extiende también a su cerebro. Su papá nunca le había dicho algo así y el golpe de su reprimenda es demasiado para ella. Apenas logra asentir y decirle buenas noches con un beso en la mejilla, luego sube las escaleras hacia su cuarto mecánicamente.
Le duele la manera en que le habló su progenitor, pero sabe que es cierto. Que le haya dolido demuestra más que nada que es la verdad. Necesita distanciarse de Asher y concentrarse en sus estudios, así no tendrá que preocuparse por si le gusta o no y no tendrá que arriesgarse a ser humillada por él, de nuevo.
Se duerme con el sabor salado de las sus penas en los labios, pero al menos es capaz de descansar. Despierta a la mañana siguiente congestionada y con los ojos hinchados, pero luego de una ducha larga se siente mucho mejor, también ayuda maquillarse, incluso si es para pasarse la mañana sobre la cama estudiando. Silencia el celular, pone una playlist que le ayuda a estudiar y se pierde en aquel mundo con facilidad.
Cuando le da hambre baja a prepararse un té. La siguiente vez que baja es para hacer ejercicio. Al día siguiente repite lo mismo. En la semana la rutina es similar: ejercicio, desayuno, clases y a estudiar. Para el viernes está agotada, no tiene ni energía para pensar en Asher y eso es bueno.