Quince

1464 Palabras
—¡Vamos!— Oli la sacude con fuerza —. No quiero ir sola. Eve comete el error de mirarla, de inmediato se ve rendida ante el puchero de su amiga. Suspira y pasa una mano por su pelo, jugueteando con las puntas cuando llega a ellas. —Estoy cansada y tengo un trabajo que… —Lo que sea te apuesto que se entrega como en un mes más, así que no sirve de excusa—. Sus dedos se tensan alrededor del brazo de Evette —. Por favor— alarga la última palabra mientras jala de su brazo. »Asher va a estar ahí— sacude las cejas de manera seductora. Eve resopla. —No quiero saber más de él. Es un maldito hijo de…— Se muerde la lengua antes de insultarlo. —No es necesario que le hables, pero podríamos arreglarnos en mi casa y nos maquillamos y nos ponemos nuestra mejor ropa, así cuando Asher te vea se va a quedar con la boca abierta y se dará cuenta de lo que se está perdiendo.— Oli lo dice con los ojos brillando con entusiasmo. Su amiga la mira, definitivamente leer tantos libros de romance le ha afectado; ya no es capaz de diferenciar realidad de ficción. Vive en una fantasía dónde cree que todos se corresponden con quienes le gustan o que cada terrible acción está inspirada por amor, celos o cualquier sentimiento de esa índole. En el caso de Eve no es así, Asher es un idiota porque nació así, no gusta de ella porque hay que estar muy ciego para encontrar algo atractivo en su cuerpo y probablemente ni siquiera le va a prestar atención en la fiesta del viernes; es más, si llega demasiado arreglada ese día —con intensiones claras de impresionar—, lo único que conseguir es que se ría de ella. —Me da flojera—. Es lo único que le responde a su amiga. El puchero de Oli se intensifica. —¡Por favor!— Chilla. —No quiero. —Será entretenido— intenta convencerla, todavía jalándola del brazo —, pero si te aburres nos vamos en ese mismo momento. Lo prometo. La mira con una ceja enarcada. Teniendo en cuenta experiencias pasadas, aquello es poco probable. Oli la suelta, por fin, pone una mano sobre su pecho y se endereza. Con aire solemne dice: —Lo juro. Apenas te quieras ir, pido un taxi y nos largamos de ahí, luego en mi casa comemos helado y galletas hasta explotar. —Lo voy a pensar. Oli da brincos en su lugar y luego se lanza sobre ella para abrazarla. Evette no tiene la energía suficiente para retribuirle el gesto afectivo, apenas la rodea con sus brazos y sonríe con demasiada tensión. Por suerte su amiga no se percata de eso. La abraza hasta que ya no le quedan más fuerzas, la suelta de manera repentina y se deja caer en el pasto a su lado derecho. Saca el pote donde trae su almuerzo. Evette se sienta junto a ella y saca una manzana de su mochila. Almuerzan juntas, conversando entremedio de bocados y tratando de no escupir la comida cuando les ataca la risa en momentos inoportunos. —Quiero ver la nueva película que salió, podríamos ir el fin de semana, ¿te parece? —Sí, obvio. Evette tira del cuello de la blusa, tratando de que algo de viento la refresque. No consigue mucho. —¿Quieres moverte a la sombra? Oli, al igual que ella, tiene las mejillas coloradas, pero no se ha atrevido a quitarse el chaleco. Su amiga asiente, por lo que recogen las cosas con rapidez y se levantan para buscar un lugar más fresco. —Siento que el verano está llegando demasiado rápido. No estoy preparada. Evette suelta una risa nerviosa. —Yo tampoco. —Oye, ¿y ya te inscribiste en el curso de clases intensivas? La castaña gruñe por lo bajo. Se deja caer en el pasto, bajo un árbol, y apoya la cabeza en el tronco húmedo. —No. Todavía necesito algunos papeles y una carta de recomendación de dos profesores. Rayos— se muerde los labios —, lo había olvidado. —No entiendo por qué vas a ir, no es como si lo necesitaras. Eve se endereza y pasa las manos por su falda, tratando de secar el sudor que de pronto se ha adueñado de ellas. No es como que quiera ir, pero nunca está demás prepararse y estudiar. Necesita ser la mejor y eso requiere de esfuerzo, además no es como si fuera a perderse algo importante; para las vacaciones todos sus amigos se van y los que quedan no le dan suficiente confianza como para hacer planes con ellos. Prefiere encogerse de hombros en vez de darle una respuesta. Incluso dentro de su cabeza suena patética la explicación: “mi mamá lo sugirió y no sé como decirle que no, además necesito seguir teniendo notas perfectas en la universidad, necesito seguir siendo perfecta y mi inteligencia es lo único que tengo.” Oli no insiste en el tema y ella lo agradece, aunque una parte egocéntrica de su interior desea que lo haga. Que se siente a su lado y le diga que puede confiar en ella, que quiere saber que le pasa y no la va a dejar tranquila hasta que le de una respuesta. Le gustaría que Oli se esforzara un poco más por ser su amiga. Pero probablemente se siente así porque siempre espera mucho de las personas. Necesita ser realista y la verdad es que sus problemas no son realmente preocupantes y lo que sucede en su vida no es ni un poco interesante como para querer indagar en ello. —Entonces— Oli le da una sonrisa inmensa y aparecen los hoyuelos en sus mejillas —, nos vemos en la fiesta. Eve suspira, ya no solo porque no quiere ir, sino porque ha perdido el animo de hacer cualquier cosa. Aun así asiente con la cabeza y tira de sus labios hacia arriba. —¡Yey!— Su amiga junta las palmas con entusiasmo y luego se abalanza sobre ella para abrazarla, feliz ahora que a obtenido lo que quiere. ? Juguetea con el celular en sus manos, pensando en como decirle a su amiga que se ha arrepentido y ya no quiere ir a ningún lado. Queda media hora para salir y lo único que ha hecho es ducharse. El outfit planeado para la noche está en el suelo, abandonado luego de una crisis de autoestima. A pesar de hacer ejercicio y comer lo mínimo sigue gorda, lo que es peor, sigue engordando. Ya no sabe que más hacer. Quiere un cuerpo lindo, algo un poco más delicado y femenino, pero todos sus intentos siempre terminan en fracaso y ya no sabe que más hacer. Le gustaría dejar de comer por completo, lo ha intentado, pero no tiene la voluntad suficiente para eso. La verdad es que en ese momento no tiene voluntad para nada, ni siquiera para salir de la cama, pero ya le ha prometido a su amiga que ira y odiaría decepcionarla, además alguien tendrá que cuidar de Oli si es que se alcoholiza y quizá a ella le viene bien quedar en el mismo estado. Se arrastra fuera de la cama, sin ánimos se pone de pie y agarra la ropa pre-seleccionada. Obliga los pantalones a subir por sus muslos e inhala profundo para que le cierre el botón, pero se da cuenta de que no es necesario y que de hecho el pantalón le queda algo suelto. Va hacia el espejo para revisar su reflejo y se desilusiona al ver que sus piernas siguen igual de grandes y el ancho de su abdomen en dos veces una persona normal. Lo más probable es que su misma gordura haya puesto jetón el pantalón. Quiere quitárselo y quemarlo, pero es la única prenda que disimula un poco sus caderas, aparte ya es demasiado tarde para pensar en qué usar. Se pone una camiseta térmica negra; planeaba usar una polera de cuello largo sobre eso, pero aquello involucra mostrar su figura y en ese momento es lo último que quiere hacer, en cambio elige el poleron del equipo de futbol y se envuelve en él. Le han dicho que el azul le queda bien, así que no va a sobrepensar. Para esconder su falta de esfuerzo en el outfit, le dedica un par de minutos extra a su maquillaje. Se delinea los ojos y adorna sus párpados con brillo, pinta sus labios de un tono morado que le da algo de color a su cara. Se baña en perfume y parte a su auto.
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