El descubrimiento de la Resonancia no fue solo un avance tecnológico; fue una revolución espiritual que comenzó a desmantelar los cimientos de la geopolítica tradicional. El Imperio de Orodun, basado en la conquista y el consumo de recursos, se encontró de pronto frente a un espejo que no podía romper: una energía que hacía que sus soldados no quisieran luchar y que sus ciudadanos empezaran a cuestionar la necesidad de las chimeneas y el hollín. La noticia de la "Flor de la Gruta" y la derrota incruenta de la patrulla de Orodun corrió como un reguero de pólvora. En Ferrovalle y otras ciudades humanas, los trabajadores empezaron a cantar las melodías de Lirael mientras operaban las prensas de vapor. El efecto fue inmediato: las máquinas funcionaban mejor, el metal no se quebraba y el cansa

