En la actualidad…
Ya estoy dentro de la seguridad del ascensor, con el corazón acelerado. Respiro profundo para tratar de bajar mi ritmo cardiaco. Ese hombre simplemente me dijo buenos días, y aquí estoy, sudando como si hubiese corrido un maratón.
—Por Dios, ¿Por qué me pongo así? Solo espero que no recuerde ese día, pero que digo ¿Por qué lo iba a recordar?, han pasado 12 años, yo debería olvidarlo - comienzo a decirme en voz alta.
Se abren las puertas y ya ni recuerdo a que vine, creo que… ah si a desayunar. Es que ya ni hambre tengo, así que solo compro una ensalada de frutas. Comienzo a comer distraída, de repente escucho que me saluda Alberto, uno de los ingenieros de planta, es un año mayor que yo, tiene mucho sentido del humor, y según Gabriela está enamorado de mí. Espero que no sea así, no quiero lidiar con relaciones ahora.
—Hola, Elizabeth, me dijo Gabriela que saldrán esta noche, espero que no te moleste que las acompañe - me dice y me extraña que piense que me molestaría.
—Claro que no me molestaría, ¿Por qué lo dices? - le pregunto aún extrañada.
—No por nada - me dice sonriendo - ¿Ya te enteraste de que el señor Sousa se retira, y que su hijo dirigirá la constructora?
—Sí, es extraño, creí que tendría más tiempo para trabajar y aprender más de él.
—Bueno, quizás puedas trabajar cerca con su hijo, escuché que le gusta trabajar con jóvenes innovadores y con mucha creatividad, a ti te sobra todo eso - dice y no puedo evitar sonrojarme, espera… dijo trabajar de cerca con Mateo, no, no, no.
—Quizás - le doy una risa nerviosa - Alberto ya voy a subir, tengo que darle a la bru… digo a Nicol la revisión de los planos.
—Está bien, nos vemos en la noche - me dice riendo, porque él sabe cómo llama Gabriela a Nicol.
Me despido y me voy a mi puesto, mientras sigo pensando lo que me dijo Alberto, eso de trabajar de cerca con Mateo no sería prudente. Y como siempre perdida en los pensamientos que me agobian, escucho mi nombre en la voz más sexi que puede tener un hombre, me volteo y ahí está de nuevo con su porte varonil. Tantas cosas que me pasan y aún no son las 10 de la mañana.
—Señorita Rodríguez, señorita Rodríguez - lo escucho decir, pero me cuesta ponerle atención.
—Ah, hola señor Sousa - le digo un poco apenada por estar distraída, espero que no crea que siempre soy así - Disculpe, no lo escuche.
—Mi padre es el señor Sousa, puedes llamarme por mi nombre - en serio sé que me está diciendo algo, pero me cuesta concentrarme, les juro que intento ponerle atención, parezco adolescente.
—Está bien, así será - logro decir - Pero usted… digo tú, puedes llamarme Elizabeth.
—Bien, entonces Elizabeth me acompañarías a mi oficina, me dijeron que eres la que está trabajando en los planos de los nuevos edificios, bueno, es un proyecto importante para mí, me gustaría ver cómo va - me dice mientras tiene sus ojos fijos en los míos.
—Oh, claro, si quieres te muestro todo lo que he hecho, iré por mis cosas - asiente y voy en busca de mi table y planos. Llego a la oficina y Gabriela me mira con ojos de picardía, me dice:
—¡Oh Ely!, que bueno que llegaste. Vino a buscarte el Dios Griego que tenemos como jefe - me da risa las cosas que puede llegar a decir - Quería hablar contigo, ¿Crees que recuerde que tú le robaste un beso? - me quedo de piedras a escuchar decir eso. Es mi mejor amiga, esa noche después de la fiesta me vio actuar de manera tan extraña que tuve que contarle todo lo que paso.
—Por favor Gabriela, baja la voz, te pueden escuchar, y las cosas no fueron así - digo nerviosa y sonrojada - No creo me recuerde, así que tu calladita. Lo vi de camino hacia acá, solo vine a buscar los planos y todo lo del nuevo proyecto - le digo mientras tomo todo.
—¡Aaaaww!, solo mira cómo te pusiste, ve, no hagas esperar a tu príncipe.
—Deberías decidirte, o es un príncipe o un Dios Griego - le digo riendo.
—Él puede ser como Barbie, “ser lo que quiera ser” - eso sí me causo risa, ella tiene la habilidad de salir con locuras así.
—Sabes, estás loca, pero así te quiero, y mejor me voy a trabajar.
—Ve disfrútalo - me dice guiñando un ojo.
Salgo riendo de la oficina. Ella es única, siempre sabe qué decir en los momentos donde ni yo sé que quiero o siento, es la mejor amiga. Aún no dejo de reír de sus ocurrencias, y cuando llego a la oficina veo que aún no tiene secretaria, toco, espero que me den paso y cuando entro ahí está Nicol, claro ella no puede perder oportunidad, siempre ha intentado tener algo con Mateo, ya debería rendirse. Al menos que esta vez el sí, le corresponda.