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4667 Palabras
  Víctor recorrió el cuerpo de Uki con sus manos, la dureza de la misma proporcionaba algo de éxtasis, el olor de la elfa era agradable pasible y único, ya no había vuelta atrás, desde que el lobo quito su vestido arrancándolo de un jalón Uki era prisionera del hombre lobo, Víctor gruño cuando probo el cuello de la chica, era tan dulce y perfumado que dejaba inutilizable a su olfato. La sencillez de sus caricias la hacían desvariar, era el tacto sutil y ligero, casi pusilánime que la hacían entrar en lujuria, quería que toda la noche se quedaran haciendo el amor, desde que la salvo de ser violada y matada por el comandante Paco,  el hombre lobo había entrado por sus ojos, y no saldría de su corazón tan fácilmente,  ahora la pasión la embargaba, los efectos de su mente, que estaban siendo residentes por los últimos días,  hacían que solamente con estar a su lado, le provocara un estreñimiento en el estómago, pero también una punzada en el corazón al no poder dar a entender que le gustaba con muchas ganas. Víctor cogió los pechos blancos y rechonchos de la elfa entre sus manos, y con su cuerpo fue siendo presión al tronco en donde se encontraban. —Uki…—Pronuncio la bestia llena de deseo— quiero hacerte el amor todos los días… hasta que me quede sin fuerzas. Las piernas de Uki estaban temblorosas pero no de miedo, si no de ardiente dolor punzante. Víctor, cogió a Uki de la boca y otra mano la puso en su clavícula tensando el cuello de su prisionera y amante, acto seguido saco su lengua y mordisqueo todos los lugares desde la clavícula delicada y femenina hasta el cuello de la elfa, Ella solamente gimió al sentirlo deslizarse por su piel. —Víctor… hazme tuya… quiero que me hagas el amor por toda la noche señor hombre lobo. Uki emitió un gemido gutural cuando sintió los dientes del lobo clavárseles en su clavícula, ella calvo sus uñas en el tronco al que estaba aferrada, el bosque era uno de los mejores lugares para hacer el amor, gemiría tan alto y nadie la escucharía y también se podía sentir el aire fresco, casi emparamado del lugar, era una de sus fantasías mas rondadas en las ideas de su cabeza. Víctor volvió a pasar sus manos por las curvas de la elfa, el tacto de esa piel tan mullida y aterciopelada blanda, lo hacía recibir constantes descargas eléctricas de un dolor ardiendo y enardecedor proveniente de su entre pierna, donde su m*****o aguardaba erecto y con ansias de probar la suave estreches de una elfa tan linda como las druidas, acaricio con sus dedos el pezón grande y morado que albergaba la mitad de sus pechos, como deseaba lamerlos y darle círculos con la lengua. —Me encantas Uki… Y a ella le encantaba que dijera una cosa así, sentirse deseada era algo grato para una mujer, pero sentirse deseada y amada por la persona que amas, es otra cosa. Uki con el corazón corrugado y extasiado, se dio un giro de talones y mostrando sus pechos a Víctor sin ningún tipo de pudor lo beso vorazmente. —Tú también me encantas general de los hombres lobos. Uki siguió besándolo hasta ahogarlo del deseo, Víctor tomo el control un poco, sus ojos chisporroteaban un deseo necesario y la cogió de los hombros con brusquedad para luego meter su lengua hasta el paladar,  eso hizo estremecer las caderas de la elfa. —¡Calma!—Gimoteo Uki pidiendo tregua. El lobo pego su pelvis a la entrepierna de Uki, ella pudo sentir a la perfección su duro y ardiendo deseo, su necesidad, su pasión por ella, Uki casi lloraba del placer, le encantaba y hasta su cuerpo lo estaba pidiendo, sus pliegues y hendidura estaba palpitando como su corazón desbocado. —Tengo deseos de ti Uki…—No importo si lo decía miles de veces le encantaba como sonaba sus palabras en la boca de Víctor. Víctor, tomo el resto de ropa que aún le quedaba a Uki y la arranco con fuerzas, al estar completamente desnuda el lobo pudo ver como los ojos brillosos y temblorosos de la elfa tan casta y pura, ansiaban ser satisfechos ante una necesidad de profanar su tierra siendo una planta insolente e innecesaria, pero muy jugosa que se saboreaba con todo el paladar del mundo. El lobo al ver a su amada de esa manera tan pura y tan delicada deposito un pequeño beso casto en la punta de su nariz. Ella rio. —¡Te amo Uki! No puedo vivir sin ti. Uki pudo disfrutar de aquellos ojos oscuros casi como el atardecer… casi como las hojas de los árboles en otoño, rojizos o amarillentos casi marrones una mezcolanza perfecta. Ella gimió lentamente. Hasta que los pliegues de los labios de Víctor se pegaban a los de ella, saboreándolos dulcemente estaba absorta en sus caricias. Víctor fue bajando sus manos por la barriga de Uki, hasta que consiguió el monte de venus de su amante, allí hizo uno círculos con los dedos esperando para tomar su sexo, aquellos pliegues calientes y húmedos, Uki ansiaba sentir ese calor en su entrepierna. —¡Ahhhh!—Salió disparado de la boca de Uki, estaba ya al máximo. Víctor soltó una de las carcajadas de Mau, tan cargadas de burla sin embargo no carente de importancia, le encantaba ver el rostro de su elfa, desfigurado de placer y rojo de la vergüenza, era una buena combinación para su piel mullida. Muy mullida. —Apenas estoy comenzando caperucita… tendrás que resistir. Uki intento cerrar las piernas pero no pudo hacerlo, estaba siendo víctima del orgasmo más potente en su vida, si es que alguna vez atrás hubo tenido otros orgasmos, sin embargo, estaba consiente que las cosas que deseaba, era seguir haciendo eso con Víctor toda la noche. Para posteriormente descansar plácidamente sobre los esculturales brazos de su amado lobo. —No es justo aun conservas ropa Víctor desnúdate para mi.— Esas palabras encendieron un motor de locomotora que jamás pensó en que se convertiría. El lobo inmediatamente dejo su entre pierna y se separó de ella unos pasos, luego rápidamente se quitó la capa  del consejo de lobos, y fue sacándose la ropa, al quitarse la camisa Uki pudo deleitar su vista con un cuerpo digno de ser una estatua, sus pectorales y sus abdominales eran tan perfectos que podían lavar en ellos, seis oblicuos los acompañaban por cada lado de su abdomen, ¿Qué era ese lobo? Lo único que sabía que esa noche una deidad le haría el amor. —¡Quítatelo todo!—Exiguo Uki. Víctor rio burlonamente y luego se sacó los pantalones, Uki abrió los ojos pasando los ojos de pies a cabezas ese m*****o era tan grande y duro que sus dos manos se las iban a ver difíciles para tenerlo, para contemplarlo y acariciarlo de la misma manera en que lo estaba haciendo él. —¿Contenta?—Espeto Víctor. Con una risa malvada ella contesto la pregunta Infame, Víctor se fue acercando lentamente, con esa erección tan varonil era imposible concentrarse en mirarlo a los ojos, menos cuando con cada paso se movía tan deliberantemente, Uki estaba tan extasiada que su corazón parecía que le iba a fallar. Se aferró más al árbol, desde ahora empezaría lo bueno. Las manos del lobo la tomaron desde la cintura y la acercaron a su cuerpo cada vez  más, con la respiración trabajosa Víctor hacía de sus abdominales un espectáculo excitante para la elfa, ella se fijaba en como todo su cuerpo se movía, o mejor dicho, como todo su musculo se movió, porque Víctor no tenía ni un solo centímetro de grasa en ese cuerpo. —¿Víctor?—Menciono su voz frágil y febril. Enseguida el lobo, se pasó de un lado de su boca al otro, luego con su lengua saboreo el cuello de su elfa, ahora estaba sudoroso, la calentura subía en su cuerpo, las hormonas yacían como locas dentro de su cuerpo, haciendo que la sangre palmara. —Solo eres Mía Uki, ¿escuchaste? ¡Solo mía! Rápidamente el general tomo la entre pierna de su amanta y metió uno de sus dedos grandes y cilíndricos en su hendidura. Sus pliegues apretaron fuertemente, y su cuerpo se estremeció, hasta que un exhalo de aire caliente salió de la boca de la elfa, y se vio en el ambiente subiendo hasta el cielo. —¡Mmm si Víctor! El lobo siguió consintiendo a su amada elfa, no quería darle un solo segundo de descanso, la iba a llevar hasta lo más escondido e inexplorado del placer, no la iba a dejar salirse de esto, no tan siquiera sin haber hecho el amor unas doscientas veces. Y a ella le gustaba. Víctor Gruño cuando Uki tomo su m*****o entre sus manos y lo empezó a frotar, luego de estremecerse emitió un gemido, sinfonía para los oídos de Uki, lentamente bajo sus manos deleitándose con los poderosos y duros músculos de sus piernas, hasta llegar a su culo y brindarle un apretón. ¡Dios! ese hombre debía ser descendiente de los ángeles. —Ahora es que se va a poner mejor mi elfa. Víctor saco sus dedos de la hendidura húmeda y caliente de Uki, para luego agacharse lentamente y dejar su cabeza al nivel de las piernas de la chica, ella dejo que su corazón se acelerara, cuando sintió el soplido de aire tan caliente como el fuego de Vladimir entre sus piernas, se tambaleo bruscamente.   —Si Víctor… ¡Sí!... Víctor… HMMM…. HMMM… HMMM Inmediatamente Helena dio una palmada en la espalda de su compañera de cuarto, desde hace rato estaba escuchando cosas extrañas en los labios de Uki, luego se levantó y se puso a la par, la sacudió un poco hasta que tuvo control de sus actos. —Uki reacciona estás hablando dormida.—Helena elevo la voz, para que su amiga reaccionara de aquel trance en el que se encontraba. La elfa despertó del sueño y se incorporó con un fuerte jadeo en su boca, luego miro a su alrededor con la respiración trabajosa. Reacciono paulatinamente. —Helena… ¿Qué paso? —Tuviste un sueño húmedo por Víctor.—Inmediatamente Uki se puso roja como un tomate. —¡No!—Espeto como una calamidad. Helena se acercó y luego se acostó en la cama para darle un abrazo reconfortante, se sintió bien que su amiga volviera en sí. —Estabas gimiendo… temí porque tal vez fuera un súcubo que te estaba induciendo. —El único súcubo que tengo es ese lobo en mi cabeza. Desenfrenadamente Uki golpeo la almohada un par de veces, no era su culpa, él era atractivo y caballeroso, también atento, pero nunca mostraba mucho interés con ella, solamente agradeció lo del conde y dijo que le debía un par de favores pero nada más. Se esforzaba para tratar de mostrar su interés y también se había apuntado a ser su asistente para estar más tiempo con él, pero desde que se unió, solamente habían trabajado en cosas de las fronteras y con Vladimir siempre cerca tampoco tenían tiempo para intimar, también lo acompañaba a trabajar con los duendes y hasta fue una vez en la semana hasta las cercanías donde estaba su antigua manada. —Tranquila amiga. Solamente debes estar más atenta a sus movimientos y cuando este solo confiésale las cosas que sientes. —¡No! He descubierto algunas cosas, como que le gusta esa bandida de la druida del bosque, seguramente está enamorado como un cachorro y nunca se fijara en mí, sabes los lobos son muy difíciles de controlar, entonces me di por vencida hace mucho tiempo ya. El mucho tiempo de Uki fueron dos semanas. Uki se levantó de la cama y estiro las piernas, se quitó la bata de dormir y dejo caer su cabello de la coleta que tenía puesta para dormir cómodamente. Genero un bostezo como un león y cogió su toalla para darse un baño, estaba pasando por un triángulo amoroso era lo peor del mundo. Helena entendió rápidamente. —¿Segura que no quieres intentarlo? > Pero esas palabras no se escaparon de su cráneo. —¡Sí!—Afirmo tajante. Ondeando su cabello verde, tan brillante que podía verse a kilómetros. Helena se levantó de la cama también y camino hasta la ventana, abrió un rendija por la persiana, y echo un vistazo a su alrededor. —Entonces creo que no te servirá de nada la información que te tengo.—Ella miro a sus uñas, la manicura que le hacían las doncellas habían quedado atrás ahora solo tenía tiempo para encargarse de Mau, ser ama de casa no era nada fácil. Uki tras un salto por encima de la cama y un sollozo de intriga se puso a la par con Helena y casi que tumbándola al piso la sacudió. —¿Qué información?—Helena rio malvadamente. La tenía en donde la quería. Esa amiga suya era más que predecible. Uki arqueo una ceja en suplicas para que su amiga le dijera, aunque también podía golpearla un poco, ya no era una princesa y su padre tampoco tenía alguna jurisdicción en la aldea, el que mandaba era Mau, y la druida, pero como la druida no le importaría eso, y Mau estaba dormido, podía abusar de su poder. Un par de golpes no sería nada, a veces Helena podía ser quisquillosa. —Víctor no tiene oportunidad con Vanesa, porque ella ya tiene un novio. O algo por el estilo, entonces si se lo haces saber descuidadamente haciéndolo ver como una casualidad, el perderá el interés en ella, y tu podrás llevarte el premio gordo. A Uki se le iluminaron los ojos. —¿Cómo lo hago Helena? El orgullo se apodero de la vampiresa y dejo que su semblante se pusiera más rígido. —Lo que tienes que hacer es solamente una cosa, hablar con él y envolverlo en tus sañas. —Pero no tengo sañas—Helena torno los ojos en blanco. —Eres muy puritana. Uki se encogió de hombros, pero no estaba allí, para mermar las confianzas de Uki, al contrario quería ayudarla con todo su corazón. —Mira lo que tienes que hacer es muy fácil… Llévalo al jardín de flores y luego empieza a conversar con él hasta que se te presente una oportunidad. —¡Vale lo intentare! Inmediatamente La elfa salto nuevamente por su cama y fue al baño. Helena se cepillo los dientes y puso la capa que Mickjabel le ofreció en el castillo, salió de la cabaña echa por Vanesa especialmente para ellas, y camino por la aldea, las criaturas le respetaban profundamente, porque era la pareja del rey, algunas cambiantes llevaban flores a su casa y la trataban como una reina, al ser de la nobleza tenia aquellos rasgos que la distinguían del resto, Helena siempre por las últimas dos semanas trato bien a sus amigas que había hecho, también a las sacerdotisas y a las asistentes que insistían en ponerla linda para cuando el rey Mau se recuperara a la perfección. La aldea había crecido tanto últimamente que ya parecía una villa, las casas se extendían en barrios largos y barullentos, las razas caminaban a la par por los senderos, que Vladimir insistió en hacer calle, y hasta ahora seguramente lo iban a hacer. El consejo se había formado tras las llegada de vampiros reincidentes y rebeldes, humanos cansados de la esclavitud y lobos que estaban llegando como el pan, muchos y por docenas, rápidamente el comercio se aprovechó de todo y las primeras tiendas se abrieron, ocho panaderías, dos restaurantes, una taberna, y hasta una tienda de ropa, sin un ministro que les robara lo que ganaban dignamente la ciudad iba a ser muy comercial. Ya se había formalizado una policía y guardia oficial, Vladimir como no quería quedarse atrás también tramaba organizar un ejército para estar preparado para los ataques de los reinos enemigos, ya eran tantas las razas que Vanesa tuvo que optar por hacer el primer documento de identificación de la historia, para llevar contabilizado los miembros de la aldea. Las hadas también habitaban en armonía con todas las criaturas, hasta los trasgos juzgados por ser solo unas bestias que destruían servían como ayuda en la construcción y finalización del castillo, finiquitando semanas de trabajo a doble turno para los duendes.  Helena nunca pensó que vería con sus propios ojos algo así en su vida, tantas criaturas juntas, tantas razas viviendo en paz y armonía, con serenidad y prosperidad, sin esclavitud, esforzándose codo con codo para superarse y llegar a ser más de lo que eran. Conmovía el corazón del que pasara por allí. Mau se había recuperado perfectamente, lo único que faltaba era una cosa, el festival que los generales armarían con fuegos artificiales para celebrar la coronación de Mau, seria en dos semanas más, pero la fiesta empezaría desde esa misma noche, en  donde saldría la luna llena. Vladimir insistió tanto en ese tema que sus palabras aun resonaban en la cabeza de Helena cuando tomo el puesto de Mau en el consejo. > Helena entro a la cabaña donde estaba Mau durmiendo, pero él no lo hacía, solo estaba mirando al techo. —He llegado amor…—Helena abrió la pequeña puerta que lo separaba de su amado. Mau se sentó en la cama y observo. —Te extrañe. La vampiresa fue a la cama y le planto un beso. —Buenos días. Te he traído el desayuno. Todos gozaban en paz, ese era el lema de la ciudad de la libertad, pero nunca se imaginaron que un escalofrío en el cuerpo de Helena predicara el futuro. —¿Qué pasa?—Dijo Mau al verla temblar tan raramente. —Nada amor. Solamente un respingo… no sé qué sea pero no importa come. Ella puso una bandeja llena de carne en las piernas del lobo, luego le brindo una sonrisa. La vida hogareña era placentera. Pero no buena para el filo de una espada. Los aires del norte, que regresaban desde un castillo en penumbras y tenebroso,  donde un conde furibundo dictaminaban un futuro imposible de cambiar. La guerra.     —Mi Lord.—Desideux se arrodillo y bajo su cabeza hasta clavarla en el suelo— efectivamente hay un reino en mitad del bosque, las criaturas han hecho demasiado bululú, fue fácil encontrarlos, su fuerza se está volviendo cada día más grande y cuentan con el apoyo de la druida. Amadeus rondo por el castillo del timbo al tambo, no dijo ni una sola palabra, esbozo una media sonrisa cuando volvió a sentarse en el trono. —Mantenme más informado… y recuerda que la guerra ya viene. —Si mi lord.—Desideux se levantó del piso he hizo la reverencia de siempre, se marchó con paso apresurado antes que la noche acabara, tenía que seguir observando las cosas que pasaban en el bosque.   Mau dibujo una sonrisa en su rostro cuando vio llegar a Helena, tenía ganas de sentirla, de abrazarla, de volver a tener ese calor encima suyo. Mau la arrebato de un zarpazos rápido y dando algunas vueltas en el piso, puso a Helena contra su cuerpo, dejándola debajo de sus músculos fornidos y duros, Helena jadeo al sentirlo nuevamente, parecía que ya tenía todas las energías que había perdido en la batalla. Rápidamente puso sus manos de vampira en la espalda  musculosa de su interlocutor, y lo miro a los ojos, observando esos labios carnosos preparados para besar. —Parece que  ya has recuperado todas tus energías mi hombre lobo—Helena cogió el rostro de Mau entre sus manos. El lobo estaba completamente extasiado al sentir sus manos cálidas y sudorosas como las de una niña, en su cuerpo, hacía que creciera el deseo tan enfermizo y necesario entre sus pasiones, amaba como su vampira le sacaba cada parte de su ser, y lo exponía al sol. —Por ti claro que sí. Helena deslizo sus manos hasta la cicatriz en donde la flecha había impactado, miro a Mau a los ojos, directamente exponiendo sus emociones, pero más aquella preocupación que sintió  cuando vio caer a su lobo desde aquel sitio tan alto del castillo, tuvo pánico en su corazón, hasta sus palpitaciones e detuvieron por un segundo, gracias a Dios Mickjabel estaba allí para recatar el día. —Me preocupe mucho por ti Mau. En el interior del lobo su bestia interior rugió, se sentía tan animado que le importaba un comino la herida, se podía abrir cuando quisiera pero iba a tomar a Helena hasta palparla completamente, quería el roce de su piel desnuda creando calor encima de su vientre. Lo ansiaba. —Yo me preocupe mucho cuando supe que te padre te había secuestrado… Mau cogió las manos de Helena y las unió, luego entrelazo sus dedos, era algo tan romántico que hacia el ambiente íntimo. Helena agradeció que tuviera la idea de cerrar la puerta con llave, nadie en el mundo podía entrar sin el permiso de alguno de los dos. —Mau quiero que… —¡Schhh! Mau no dejo hablar a Helena y le planto un beso tierno y suave, quería disfrutarla con todo el tiempo del mundo, era de día así que ella no escaparía a ningún lado, la tarde y la noche eran para ellos, no iban a dejar que nadie los interrumpieran, Mau cogió el cabello de Helena entre sus manos y lo olio,  inspiro su olor, era tan conmovedor que derritió el corazón de Helena, siempre la hacía sentir tan mujer, que seguramente era el único que hacia aquellas caricias tan exóticas —No me hagas sentir como una ninfa—Bromeo la vampiresa. Mau espeto una de sus risas tan bufas como los comentarios de Helena. Luego beso su cuello con parsimonia, mordisqueo un poco la nuez de Adam tan menos pronunciadas como las de las lobinas pero más sensual, y bajo más hasta llegar a la clavícula, desde allí sus ojos contemplaron las pequeñas cicatrices que  tenia de la mordida que le había proporcionado meses atrás, se veía tan deleitante que  quiso volverlo a hacer. Abrió su boca completamente hasta que pareció que le iba a morder, sin embargo Helena lo detuvo y luego puso sus dedos adentro de su boca, tan animada, Mau con la lengua empezó a hacer círculos, Helena rio un poco. —Me encanta que seas tan excitante. Mau rugió en un tono bajito, no necesitaba sacar todas sus fuerzas para disfrutar de la vampiresa, seguramente Helena iba a disfrutar lentamente como lo estaba haciendo Mau, luego siguió el camino bifurcado que lo llevaba al sendero de sus pechos. —Ahora es que empieza lo bueno. Mau quito el vestido con el que se cubría la chica, revelando sus pechos generosos y que rebotaban en su barriga, era satisfactorio y una punzada de dolor lo embargo al ver sus pezones rígidos, Las manos de Helena cogieron el dorso de Mau y las guio por donde necesitaba que pasara sus aspeas manos, porque estaba siendo víctima de la necesidad y de un calentón tan horrible que nunca pensó, en su vida experimentar. Mau cogió sus pechos con la boca y empezó a mordisquearlos, haciendo que Helena se arquera en un movimiento sublime. Poco a poco los apretones a sus pechos fueron cogiendo fuerza, Mau la deseaba con tanta pasión, que nunca había experimentado tantas caricias, enseguida Helena cogió las cinturas del lobo con sus piernas y las cruzo en los talones, ahora era nada más suyo nadie la iba a apartar de esa bestia hambrienta de su cuerpo. —¡Mau!—Gimoteo la vampira. —¡¿Qué?! —Te amo. Fueron las palabras que hicieron encender a Mau, era lo único que podía hacerlo encender, las únicas palabras que quería escuchar siempre de alguna persona, lo que ansiaba desde que estaba pequeño, alguien que expresara su amor solamente para él, algo que nunca tuvo en su manada, su corazón llameo sentimientos tan placenteros que se sentían tan bien, que la vampiresa ya le había hecho el amor sin ni siquiera quitarle la ropa, sus almas se tocaron en un leve rose. Pero ese roce fue suficiente para subirlo al cielo. —Yo también te amo Helena. Rápidamente Mau bajo más y saco el vestido de Helena, dejando ver su lencería de encaje y muy detallista, ¿Cómo conseguía una de esas en medio de un bosque? Pero tampoco se iba a detener a pensarlo, solamente la iba a sentir entre sus brazos fotografiando con sus ojos aquel desnudo tan ardiente que contenía su vampira, Mau paso sus manos por debajo de los tirantes de la lencería. Ella sintió un escalofrío leve, que recorrió su cuerpo dejándola loca de placer. Su lobo era el único que podía llevarla a ese estado de perplejidad. Sin necesidad de un amor tan idílico como un cuento de hadas, los dos, se amaban como eran, aceptando sus errores y sus virtudes, aunque estuvieran en medio de un bosque emparamado, y también un lecho humilde y corrompido por los pesares. Mau tomo su boca ardientemente, no le dejo ni un segundo para pensar, Helena se veía atrapada entre las cadenas de las caricias de la lengua tan ávida y ágil de Mau, le encantaba cuando la barba de dos días, rozaba sus labios, le daban una sensación dolorosa pero también exquisita, que la hacía desvarías, y aunque fuera inmortal casi la hacía morir, su lobo resultaba ser más ardiente que el mismo sol. Desde luego el lobo bajo lentamente por su estómago apreciando la desnudez de su chica, entonces beso el ombligo de su amante, elevando a Helena hasta un punto que nunca conoció, era una utopía, tal como la historia que leía de pequeña, con la única diferencia era que esta utopía esta mejor contada, porque la estaba viviendo en carne viva, o en carne comida por el lobo. Helena miro a los ojos de Mau, solo para corrugar su corazón hasta un punto máximo, mirando como el la miraba se dio cuenta en como el la deseaba y mordía su vientre con tantas ganas que la dejaba sin aliento, tenía un hambre tan voraz en su cuerpo, que casi se expresaba como una necesidad tal como el respirar, pero le encantaba ser tomada de esa manera tal vivamente y sin rodeos tan largos, sin embargo manteniendo un juego de amores en donde los sentimientos se unían un poco. No un poco no, totalmente. —Helena estaremos juntos por la eternidad. Esas palabras le penetraron en lo más profundo de  su ser, tanto que casi le hacían soltar un gemido incorpóreo que casi no pudo resistir. —¡Mau!—Gimoteo al sentir su aliento en su hendidura. Helena se aferró de su espalda clavando sus uñas, casi explotando de dolor, calor y pasión, se le venía a la mente el color rojo de la sangre. ¡Quería probar sangre! Su instinto de vampira salía a relampaguear en pleno acto, las cosas estaban siendo, tan inmensamente descontroladas que Helena se tambaleo en donde estaba, y quería cerrar las piernas pero las manos de Mau se lo impidieron, el siseo un poco sintiendo el calor que emanaba la vampiresa, era su gasolina para ese motor que ansiaba correr.
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