—¿Joder que es eso lagartija?—Pregunto Helena.
—Un truquillo chica quisquillosa.
Rápidamente los dragoncitos atacaron a los guardias armados con sus cuerpos, los envistieron hasta tenerlos alejados nuevamente. Los vampiros apenas podían resistir el ataque eran demasiado fuertes, Helena se dio cuenta del potencial mágico de aquel dragón debía respetarlo.
—Apúrate iguana con alas, debemos llevar a Mau hacia el bosque. —Grito desde el hueco de la alcantarilla.
Era un hecho para cuando regresaran iban a ser una vampira chamuscada y una elfa rostizada, Uki ya estaba considerando que Helena se había vuelto loca como una bruja.
El conde siguió abriéndose paso entre las llamas de Vladimir, ya cansado de juegos y considerando que iban a tener problemas para escapar gracias a estos molestos vampiros, decidió dejar el calentamiento atrás y…
El dragón comenzó a emerger luz muy brillante por todos, lados, casi igual a la del sol, los vampiros quedaron cegados por segundos. Hasta helena no se dio cuenta de lo que pasaba, para cuando recuperaron la vista se encontraron con un hombre levitando con alas de dragón en su espalda. Sonrisa macabra, cola de demonio y mirada penetrante.
—Helena deberás saber que no soy una iguana con alas—Dijo Vladimir con el ceño fruncido— soy el séptimo hijo del dragón del infierno… Vladimir siete. —Vladimir paso una mano por entre sus cabellos tan largos que casi llegaban a las rodillas. — y esta es una de mis trasformaciones mas catastróficas. —Rio maliciosamente y de un chasquido emergió una esfera de fuego, no hacía falta decir que el calor se quintuplico desde que entro en ese modo.
Helena miraba en pánico.
Los dragoncitos desaparecieron y en un parpadeo ya estaba al frente del conde Amadeus. Los vampiros ni siquiera tuvieron tiempo de moverse.
—Con que tú eres el que detenía mi fuego, entonces detén esto…—Vladimir cerro los puños y parecía que sus manos también brillaban.
Conecto un golpe en el rostro del conde, que lo mando volando hasta chocar con la pared dejándolo estampado allí. Un fuerte crujido sonó en la estructura del castillo, como si la pared se rompiera. El rio malvadamente.
—Tranquila tu padre no está muerto…—Agrego rápidamente— no soy un asesino, pero seguramente le tardara días en volverse a mover.
Los comandantes del conde no se pudieron mover.
—Voy a dejar algo en claro… —Todos se callaron solamente para escuchar a Vladimir— la ciudad de la libertad está protegida por uno de los siete hijos del dragón del infierno, el que se quiera atrever a buscarle pelea se las verá conmigo y con mis hermanos.
Vladimir relajo un poco la espalda.
—Siguiente quien quiera demostrarme lo que sabe.
Todos los vampiros lanzaron sus armas al suelo, y salieron volando de allí, no sin antes cargar a su conde y llevarlo dentro del castillo.
Luego que vio la rendición de sus oponentes, bajo lentamente hasta tocar el pasto corto debajo de sus pies, lo acaricio un poco antes de caminar hasta la alcantarilla, Helena pudo percatar como todos sus instintos crecían y le gritaban que corriera, era lo único que podía hacer, pero Vladimir le brindo una sonrisa, a la par que jugaba con una pequeña mariposa de color blanco que aleteaba a su alrededor era tan cautivador y letal, una flor de loto de las más bellas que se tornaba tan filosa como una espada.
—¡Estamos muertas!—Declaro Uki casi temblando.
Él se acercó más y más al hueco de la alcantarilla.
—Vaya ya que he tomado esta forma deberé dormir unos cuantos días.—Cogió aire y luego lo soltó— pero me gusta estar en mi forma humana.—Se volvió a echar un vistazo a su cabello— ¡Helena!— la miro— tendrás que cortarme el cabello cuando lleguemos a la aldea tengo tanto que podría pisarlo cuando camino.
—Si como quieras Vladimir.—Negarse no era una opción.
—Ahora saquemos a Mau de aquí. Lo siento no poder tomar mi forma dragón hasta que deje de usar esta, eso tardara un par de días, así que caminemos, dudo que los vampiros nos quieran seguir.
Vladimir intento dar unos pasos hasta que choco con la peli verde, Uki en pánico y miedo y caos en su cabeza, le hizo una reverencia y le indico que pasara adelante quitándose de su camino.
—Pase mi lord—Agrego…
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Helena se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
Las criaturas desde ese día, empezaron a respetar aún más de lo que ya era a ese dragón llamado Vladimir, belleza y letalidad combinados en uno solo.
—¡Vamos a por Mau guapos!—Afirmo el dragón entrando a la alcantarilla.
Todos le siguieron.
Helena volvió a mirar a su alrededor, todo el caos que había causado en segundos, era bueno que lo tuvieran de su lado.
—No sabíamos que los dragones pueden cambiar de forma…—Espeto Helena detrás de Vladimir siete.
—No lo hacemos, soy el único que puede.
—¿Porque?
—Larga historia mejor ocupémonos del alfa.
Helena se puso a un lado de Mau para comprobar que estaba mostrando mejorías, pero el lobo se mantenía con los ojos cerrados. Mickjabel había preparado una camilla muy trabajada y de allí Víctor y Vladimir ayudaron a cargarlo en el basto sendero del bosque.
—¿Se pondrá mejor cierto?—Helena chisporroteaba preocupación por sus hermosos ojos claros.
—No sabemos pero seguramente si, tranquila las cosas se van a poner bien para cuando regresemos.—Víctor levanto a Mau usando la camilla y marcharon a la aldea, Uki se puso a un lado de Helena temerosa que Vladimir se la comiera y no precisamente por ser bonita, los demás soldados cantaban al son de la victoria, fue una misión exitosa y casi nadie había muerto, a excepción de algunos humanos y lobos, pero de resto las criaturas estaba allí, e iban a volver a la construcción del castillo.
Helena pudo comprobar que Mau estaba haciendo las cosas tales como había dicho, la ciudad de la libertad era muy variada en criatura.
Los guerreros marcharon hasta que se asentaron en la aldea nuevamente, los ánimos eran muy bajos y el cansancio los embargaba, Vanesa rápidamente se materializo en la base y guio a Víctor y a Vladimir hacia la cabaña en donde iban a atender a Mau.
Algunas hadas del bosque trajeron comida para los guerreros.
Helena estaba siendo opacada por la belleza de la druida que atendía a Mau en la tienda como si fuera algo más que solo una druida, enfurecida entro a la tienda, unas hadas estaban revisando la herida, Vanesa rompió la flecha por la mitad para poder operar mejor.
—Traigan sabia de los arboles.—Una hada corrió a hacer caso…
—¿Qué harás druida?—Vladimir quien también estaba adentro de la tienda, cruzo los brazos en un tono más extraño que lo normal.
Vanesa lo escruto de pies a cabeza.
—Lo curaré.
—Seguro que tienes las habilidades para hacerlo… creo que Mau necesita ser curado por mis habilidades.
Vanesa espeto en un tono hostil.
—Para que sane en cien años. No tranquilo lo hare sola.—Vanesa debía ser una de esas mujeres tan duras como una roca.
—Creo que debemos apurarnos—Dijo Helena.
Vanesa le ofreció una mirada seria, optando por la opción que dijo Helena puso sus manos en el pecho de Mau, y luego aparto el cabello de su cabeza. Helena sintió una punzada de celos enfermizos, no le gustaba que nadie tocara así a su lobo.
Casi le sacaba los colmillos, pero recordó que la estaba ayudando entonces mejor era conservar la diplomacia de eso hablarían después.
El Hada entro con una jarra de sabía que se desbordaba por sus bordes.
—Perfecto—Repico Vanesa— Por favor salgan todos… voy a hacer una limpieza y necesito estar concentrada.
Víctor dio su espalda y salió de la tienda, quejándose el dragón también lo hizo, pero luego de un tiempo mascullo algunas maldiciones.
Helena también cumplió con las órdenes y fue a descansar en alguno de los asientos de la mesa redonda puesta en medio del campamento.
La brisa era tenue y suave pero reconfortarle, era lo único que se sentía bien después de toda esta aventura, tenía la necesidad de chupar sangre, estaba muy débil no sabía cómo estaba parada después de haber hecho tantas cosas sin reabastecerse el sol casi le quemaba y la disolvía en el aire.
—Necesitas sangre cierto…—Vladimir se acercó por el césped que estaba a su mano derecha, el dragón sabía lo que las personas necesitaban.— casi te disuelves en el sol.
—Si necesito sangre y Mau está muy débil como para quitarle algo.
El dragón movió su cuello un poco a un lado.
—Toma la mía, no es tan dulce como las de las otras criaturas del bosque, pero te volverá a hacer fuerte en segundos, tenemos muchas partículas mágicas en el cuerpo, restablecerá el mana de tu cuerpo.
—También puedo esperar reponerme.—Vladimir rio.
—Si claro y si tu padre viene a atacarnos vamos a tener a una vampira débil en esta de cama y a un rey lisiado, piensa por favor, tu eres la que guía a todo el país de la libertad, entonces debemos tener un líder para que nos guie en las situaciones más difíciles.
Helena inspiro un poco de aire, ya el ocaso estaba llegando y los vampiros saldrían otra vez en su búsqueda, su padre era muy terco para rendirse.
Y ahora mismo debía estar enojado.
—No te quitara energías a ti.
Vladimir hizo una risa tan burlona que parecía que sus palabras la divertían como un chiste.
—Lo dragones dormimos por siglos, ¿sabes cuanta energía acumulamos mientras estamos en un letargo?
Helena pensó.
—Pues no se…
—Muchas vampira. Toma la que necesites y apúrate que me va a dar una torticolis.—Helena rio dulcemente y se levantó de la silla.
Sus ojos se tornaron rojos y sus colmillos crecieron mucho.
—¡Voy!
Hele se puso al frente de Vladimir siete, poco a poco se fue acercando a su cuello pero sentía el calor de su cuerpo, era tan caliente como los rayos del sol que la quemaban, el dragón poseía un cuerpo tan duro como la roca, y sus músculos eran muy abundantes, donde los humanos dejaban de tener músculos, él tenía diez más en una sola zona, en otras circunstancias seguramente hubiera dicho que era el hombre más sexy que conoció en el mundo, pero ahora Mau habitaba en su corazón y nadie le quitaba aquel título.
Cuando clavo sus colmillos en la piel tan dura del dragón pudo sentir como un calorcillo agradable, la sangre empezó a correr por su conducto, Helena sintió como el éxtasis la invadía, era la sangre más dulce que jamás en su vida hubiera probado, quería más de ella, y no quería que su vampira tomara el control de su cuerpo, pero esa sangre la descontrolaba y solo pensaba en tenerla en su boca para saborearla con su lengua, inmediatamente sintió como su cuerpo se recuperaba y las energías volvían a llegar rápidamente, hasta su visión se mejoró y se sentía más fuerte, apretó los brazos de Vladimir con más fuerza y lo empujó hacia su cuerpo, quería más sangre, amaba esa dulzura en la sangre de las personas en siglos había probado algo tan dulce, parecía el vino sin añejar que preparaba su clan en las festividades, era embriagador.
—Basta Helena te harás daño mi sangre es muy fuerte.
La voz de Vladimir penetro en sus oídos y le mando a la realidad, enseguida se apartó del cuello de su interlocutor, y se limpió la boca con las manos donde aún derramaba sangre caliente.
—Lo siento me deje llevar.
Vladimir pasó sus manos por donde Helena le había mordido.
—Sanara en un par de días y disculpa que tuviera que tomar tu sangre.
—No te preocupes.—Su voz impasible lo hacía ver muy varonil—, iré a hablar con los demás generales para ponernos a patrullar y vigilar las fronteras. Para cuando regrese me harás el favor que te pedí hace rato.—Vladimir señalo con su dedo índice su basta cabellera.
Helena recordó aquello que dijo en el jardín de lirios.
—Si con gusto lo hare.
Vladimir extendió sus alas al cielo, y luego salió volando rápidamente dejando una ventisca a su paso, Helena volvió a donde estaba solamente quería saber cómo estaba Mau y ahora con las energías repuestas entonces podía hacer algo más que solamente brillar.
Entro sin permiso a la tienda, esa mujer aun estaba allí.
—¡La flecha!—Menciono Helena cuando vio que en su pecho ya no estaba y la brecha había sido sellada con un tipo de sabia.
—Tranquila Mau ya está fuera de peligro. Mejorará en unos pocos días, pero debe mantener reposo, no te vayas a acostar con él.
¿Cómo esa mujer sabia? ¿Acaso Mau le había contado algo?
—El seguramente no te ha dicho quién soy yo… pero Soy la druida del bosque, siempre supe los de ustedes dos, desde que se conocieron hasta ahora, puedes confiar en mi Helena.
Los gestos tan puros en la cara dela druida hicieron que Helena apaciguara su corazón un poco, pero aun le quedaban dudas.
—¿Por qué nos apoyas?
—Me gusta la paz cariño.
—No es una respuesta sólida. ¿Dime la verdad porque nos ayudas?
Nadie en el mundo otorga nada a cambio de solo un agradecimiento.
—No tengo porque decirte mis motivos, aunque seas la pareja del rey, no tienes el mismo derecho que Mau, y ni siquiera él me ha pedido motivos para formar parte de la ciudad, compórtate como lo que eres, no creas que podrás ser como tu padre. Lo único que diré, es que me uní a la coalición solamente porque tengo algo que proteger.
Helena resoplo.
Vanesa dio dos pasos y se puso al frente de la vampiresa, le dio en las manos una manta pequeña y una cantimplora llena de sabia.
—Límpialo dos veces al día, por las próximas dos semanas. Vendré en las noches para ver cómo sigue. Nada de besitos y romanticismo niña Mau esta delicado. Y una cosa más, cuando yo esté presente, me vas a respetar como la druida que soy… o invoco a un sol mañanero y hago que te conviertas en pequeñas partículas de polvo.
Helena se tragó sus palabras.
Vanesa salió del cuarto y enseguida desapareció a los confines de su bosque, Helena sabía que era una mujer peligrosa y sería mejor que se comportara como tal, o estaría muerta en segundos, de rabia lanzo el trapo al suelo y fue a sentarse a un lado de Mau quien estaba dormitando plácidamente.
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EL conde Amadeus se recuperó completamente cuando chupo más sangre de los esclavos que tenían para alimentarse.
—Brian ven inmediatamente—lanzo tacos a diestra y siniestra, maldiciendo todo a su paso.
Brian era uno de los comandantes de la corte, el mejor capacitado para hacer ataques de convoyes, y también para distribuir tropas en los escenarios más intrincados, el bosque sería uno de los peores lugares para librar una guerra, el vampiro alto y de piel clara se presentó inmediatamente con el conde.
—Mi Lord—Puso su mano en el corazón— dígame en que le puedo ayudar.
—¡Un espía! Manda a un espía con ellos, quiero saberlo todo, como duermen, donde están y hasta como respiran. ¡Todo!—El conde le dio un golpe a la mesa con la cara desfigurada de la rabia— mi hija no se va a ir con ningún hombre lobo y menos siendo de aquellos que hemos buscados por todo este tiempo.
—Mi lord déjeme recomendarle un plan de ataque para que avancemos.
—Si… discuta…
Al rato el comandante Brian fue a buscar uno de sus mejores hombres, un moreno de r**a mestiza, era el asesino más experimentado de todos los vampiros.
—Desideux creo que te tocara infíltrate en el bosque, necesito que me mantengas informado de todo, hasta de la última cosa que suceda.
El comandante Brian le dio permiso de disponer de todo lo que necesitara.
Inmediatamente el moreno de ojos verdes se arrodillo y bajo su cabeza ante su comandante.
—Como usted ordene me tendrá a la disposición.
—Eso espero Desideux.
El comandante dejo la cámara y paso por el pasillo central a informar que el espía ya se encontraba partiendo al bosque.
Desideux rápidamente se vistió como un campesino y busco la forma de escabullirse sin llamar mucho la atención, llevo un asno en representación de su pobreza y salió disparado del castillo en las penumbras de la noche, aprovechando la oscuridad para su estado de transformado.
El conde Amadeus rápidamente redacto una carta al señor de las sombras, en donde dejaba muy en claro la petición de una ayuda para eliminar a un enemigo muy potente, el reino de la paz ya se hacía nombrar entre los demás feudos adyacentes.
Brian fue el encargado de llevar el mensaje, rápidamente el también partió al castillo del señor de la oscuridad con la prisa del viento.
Los caballos relincharon y la oscuridad amparaba un deseo de guerra y destrucción.
Amadeus se sentó en su trono, las prioridades cambiaron, sus ojos llenos de ira y resignación apuntaban a la devastación del bosque.
SI tenía que quemar todo el bosque para encontrar a su hija seguramente lo iba a hacer, pero primero se vengaría del lobo andrajoso que se la llevo, y también cobraría venganza a aquel dragón infame, las llamas de la guerra ya estaban encendidas.
¿Nuestro reino de la libertad estará preparado para ganar?
Cogió una de las dagas que estaban en la mesa y la clavo en el mapa. La oscuridad era su única acompañante, el silencio su amigo. Y el odio su amante.
Helena estaba muerta del cansancio, entonces tomo a los brazos de Mau y los envolvió entre los suyos. No sin antes cerrar todas las ventanas para que cuando llegara la mañana el sol no la fuera a matar, y se acostó a su lado, tardo un poco en dormirse, pero escuchar los latidos del corazón del lobo, suaves y lentos, la hacían tranquilizarse y en pocas horas dormiría felizmente en los brazos de su amando.