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4106 Palabras
Mau después de haber recorrido todo el camino desde casa con un pastel de cerezas hecho por el mismo, se quedó esperando en el rio, se sentó con descuido y confianza en la piedra grande que estaba sobre el rio. Cogió una roca más pequeña y la lanzo sobre el agua, se quedó viendo como el agua chapoteaba el caudal del rio estaba hoy más agitado que la última vez que estuvo había, para no perderse de nuevo memorizo el camino: Salía de su hogar y corría contra el viento hasta llegar a un peña, después bajaba por la misma con un salto, debajo de los árboles de la peña había un sendero por el cual corría hasta llegar, a una sección de pinos, después giraba a la izquierda encontraba un par de madrigueras de ogros y más tarde con dos o cinco minutos de camino encontraba la gran roca en la que estaba sentado, y para regresar solo iba rio arriba siempre conseguía su hogar lleno hacia esa dirección. Con sus agiles orejas escucho que un caballo se acercaba, por instinto saco sus garras y tomo su forma bestia. Se quedó viendo atentamente a la zona de donde venía el ruido, rio abajo. Se colocó en cuatro patas y saco los colmillos, estaba preparado para cualquier cosa que pasara. El sonido se acercó tanto que estaba justamente detrás de los arboles oscuros, más tarde vio salir a Helena con su espada empuñada buscándolo. Helena al ver la forma bestia de Mau dudo en avanzar, pero para ganar su confianza envaino la espada. Mau inmediatamente cambio a su forma humana. —Viniste— Dijo el sorprendido. —Te dije que lo haría ¿de qué te sorprendes?— ella sonrió. Mau bajo de la piedra con gran agilidad y rapidez en un parpadeo de la vampiresa él ya estaba enfrente de ella, con una canasta. —Te traje algo. —Dijo casi musitando. —¿Qué es? —La vampiresa  vio la pequeña canasta. —Lo prepare para ti. —¿Enserio? Mau afirmo con la cabeza, poniendo los ojos en ella. —Es un pastel. No sabía hacerlo pero con algo de esfuerzo y con ayuda de un humano conseguí hacerlo. Y sí que fue difícil encontrar un horno para hornearlo, los lobos solo comemos carne fresca. La vampiresa sintió algo en su corazón, el pastel que le había preparado aquel hombre lobo, al cual todos en su castillo decían que era una bestia, hizo un bonito detalle para ella, sintió un fuego que se elevó desde la boca de su estómago, hasta su pecho y después recorría todo su cuerpo. También se ruborizo hasta el extremo de que se quedó roja en toda la cara. —Gracias… y ¿cómo hiciste para hornearlo si en tu casa no hay hornos? —Inclino la cabeza a unos grados en sinónimo de dudas. —Pues como te dije, tuve que recurrir a un amigo humano. —¿Humano? —Pregunto ella al instante, con asombro. —Si humano. —¿Cómo no se llevan mal? —No, o tan siquiera no yo. —Pero… ellos también te odian por ser un lobo. —No. —Tardo en pronunciar otra palabra y se rasco la cabeza— ellos odian a los lobos que convierten humanos y aquellos que se roban el ganado. —¿Tu no lo haces? —No yo cazo por las noches para comer. —Pero… —Helena intento hablar pero Mau la detuvo en el instante. —Nadie debe robarle a otro ser su trabajo, porque el esfuerzo que ha puesto en su trabajo se iría a la basura. —Si exacto, sentémonos a comer el pastel. Acto seguidos ambos se sentaron encima de las piedras, Mau saco el pastel de la canasta y lo puso encima de unos platos que había traído. La vampiresa dejo ver su piel blanca como la nieve, y el vestido brillo con la luz de la luna creciente, Mau quedo impactado al ver su belleza. Al lobo le entraron ganas de enterrar sus colmillos en el cuello de la chica, y después pasar so boca por el pecho tan deslumbrante, hasta donde su vestido se convertía en escote. —Te ves muy… —Mau callo de repente. Intentaba buscar las palabras pero su corazón latía tan fuerte que se desconcentraba. —Es una halago —Helena rio con malicia. —Pues que te puedo decir. —No digas nada, Gracias por el halago. —Helena le pico el ojo a Mau, prefería que se sintiera más cómodo, porque ella estaba ardiendo por dentro. Los dos comieron el pastel sentados en el rio, hasta que la luna estuvo en su máxima expresión. —La luna es muy bella.—Dijo Mau —Sí. —Ella estaba entretenida masticando pastel con una sonrisa. —¿Cómo quedo el pastel? es el primero que hago. —Parecía que Mau saco el pecho, queriendo tener orgullo. —Esta horrible. —¿Qué?—se encogió de hombros. —Si como lo escuchaste esta horrible. —Entonces porque lo comes. —Pues primero porque lo has traído hasta aquí y segundo, porque como tú dijiste pusiste el mejor de tus esfuerzos en traerlo, no iba a ser tan mala de no probarlo. El estómago de Mau gruño, pero no por hambre, era otra cosa que subía desde adentro y que se sentía calurosa, que se sentía como pesado pero a la misma vez reconfortarle, las cosas estaban claras, él se estaba enamorando de la hermosa vampiresa. —Nunca me has hablado de tus padres Helena. —No creo que sea necesario. —Están… —Dudo en completar la frase. —No. Pero digamos que no te va a gustar saberlo. ¿y los tuyos? —Pues uno de ellos es m*****o de los sabios, por eso nunca casi lo veo. Y mi madre aún sigue con vida, pero ya no es lo mismo de hace unos años. —Lo entiendo. —Sabes creo que me estoy enamorando de ti. —Mau sin más remedio revelo lo que parecía que sentía su corazón. Helena no pudo evitar ruborizarse. Era un peso fuerte aquel que le lanzaba a la chica. Ella se pasó las manos por la cara para entrar en razón. Se quedó inerte mirando a los profundos ojos del hombre lobo antes de decir alguna palabra.  —¿Porque me lo dices así tan directamente? —Porque, es mejor decírtelo a guardármelo. —Mau acorto la distancia entre ella y el, Helena se quedó estática viendo lo que el lobo hacía. —Sé que no debo decir esto, pero estamos aquí por algo, yo también creo que estoy enamorada de ti. Helena inmediatamente estrecho al hombre tan fornido en sus brazos y se aferró de su espalda. Sus músculos eran rígidos como una piedra, como si Mau fuera una escultura de mármol, aquellas que ponían en las catedrales creyentes. Mau quedo impactado su corazón latía muy fuerte, pero sin perder tiempo paso sus manos por detrás de la cintura de la chica, —Esta sufrió un respingo al contacto de las manos de la bestia— después estrecho fuertemente en sus brazos a la chica. —Tengo que decírtelo ahora porque si me llega a pasar algo, no podría decírtelo más tarde. —Que te va a pasar. —Helena no quería hacer esa pregunta, en ocasiones anteriores ya había descubierto que era un mal presagio, tenía miedo en el corazón. —No lo sé, pero la última cacería hubo un problema con tu clan. Y creo que va a haber una guerra. —No puede ser, ¿cuándo paso eso? —Justamente cuando estábamos aquí, cuando nos encontramos por primera vez. Hubo un roce entre tu clan y el mío, y los lobos quedaron muy furiosos. —Por eso era que los vampiros estaban tan ocupados estos días. —Ellos están buscando mi hogar para irlo a quemar. —No. Eso no puede ser. —Si Helena es su naturaleza, no los culpo desde mucho tiempo hemos sido razas enemigas. No podemos hacer nada. —Pero no quiero que tu mueras —Los ojos de helena botaron una lagrima. Entonces Mau la abrazo más fuerte. —Yo tampoco. ¿Pero qué podemos hacer? —No lo sé pero debe haber una manera de evitarlo. —Es difícil. —Pero es que por lo que me has demostrado ustedes no son bestias sin corazón. Ustedes también sienten —Helena toco el corazón de Mau.  —Si pero el conde no lo ve así. Y pasa lo mismo con mi padre y el consejo de sabios. —Pero van a morir muchos integrantes de cada clan. —Si pero el día llegara, las cosas deben caer por su propio peso. —Debe haber un modo. —Lo dudo. —¿Que hacemos Mau? ¡Quiero verte la próxima semana y que nadie muera! —Lo único que podemos hacer es encomendarnos a Dios para que no encuentren la montaña. Helena cayó al piso de rodillas, estaba estresada su espalda se había puesto rígida ahora dependía de que las cosas salieran bien, para ver a Mau y rezar por que una guerra no comenzara para no perder a su enamorado. Podía ser la última vez que se vieran estando en vida. Como podía ser que la próxima semana se volvieran a encontrar. —Ojala, hubiera un lugar, donde la paz sea eterna y las razas pudieran vivir en armonía. —No hay ese lugar Helena. —Mau tomo la barbilla de la chica entre su dedo índice y pulgar— tenemos que limitarnos a vernos entre las sombras.  Mau tomo la mano de Helena y la llevo directo a su corazón. Ella sintió el pulso agitado del lobo, era como un tambor que retumbaba era tranquilizante. Con la otra tomo el rostro de la chica por un cachete. Sosteniéndola mientras hablaba. —Escúchame Helena. Esto es lo que siento por ti, no soy experto en estas cosas pero mi corazón late más fuerte desde que te conocí. —Eres… —Helena guardo silencio. Miro a la cara de Mau fijamente y vio sus ojos, ella cerró los suyos y se acercó hasta hacer un roce con los labios del lobo, besándolo. Mau sintió como los labios de la chica estaban en él, eran suaves, eran húmedos eran dulces. No pudo controlarse, su ritmo cardiaco se aceleró hasta tal punto que escuchaba sus latidos con perfecto pudor en su cabeza. Helena separo sus labios y el la miro a los ojos, con la respiración amorfa. Inhalando y exhalando como si hubiera hecho una carrera de kilómetros de distancia. —Ese es mi regalo por si no te vuelvo a ver. —Gracias pero no voy a morir. Te lo juro. —Es tarde. Debo irme. Volvámonos a ver la próxima semana. —Helena se levantó de la roca. —Espera, yo te llevo. —Pero es peligroso si algún guardia te ve. —Helena se detuvo en el acto. Sabía que si veían a un lobo cerca del castillo lo cazarían y matarían inmediatamente. —Calma soy muy rápido te dejo en casa y regresare ten confianza. No me perdonaría que te pase algo, no quiero dejarte sola. —Yo tampoco quiero que nada te pase. Helena sintió como el corazón se le arrugaba lentamente y le abría un hueco para Mau en su interior, una casita en donde habitara el lobo. —Mau…—Espeto algo indecisa por las cosas que iba a decir— Tengo que decirte una cosa más.—Él se acercó y acomodo uno de los cabellos que salían de su melena rebeldemente— mi padre me quiere casar con el señor de las sombras por eso escapaba ese día. Mau cogió una bocanada de aire para no caer desmayado, ¿era cierto? —¿Joder Helena y quien cojones es tu padre? —El conde Amadeus…—Dijo mirando al piso. Tal vez avergonzada o resignada, pero sabía que no le enorgullecía mencionar el nombre de su padre. —Entiendo—Vocifero Mau, suspirando hondo. Las cosas se tornaban un poco rudas, y tenía que tener paciencia para lo que se venía, al ver los ojos de Helena casi llorosos y sumergidos en la desesperación mezclada con tristeza, solamente quería tomar a ambos hombres y darles una buena tunda. Apretó sus puños. Iba a luchar por ella, inclusive mientras hacían el amor, se lo había pedido, Helena tenía que ser libre, como todos en el bosque. Si tenía por quien luchar entonces lo haría. El abrazo a helena fuertemente. —Tranquila luchare. —No Mau no quiero que te pase nada. El cogió su mano y busco la marca que la sellaba como suya y beso el dorso de su mando. —Sabes las mujeres siempre me abandonaron en la manada, porque creían que nos las podía defender, que nos la podía cuidar de los enemigos de la manada, y pase en la soledad por cien años, hasta que te conocí, contigo, me siento tan lleno, que me da igual que el señor de las sombras venga a matarme, siempre luchare por ti. Era la única mujer que me ha considerado fuerte, entonces no creas que te voy a dejar ir tan fácilmente. Helena aun no podía razonar las cosa que Mau le estaba diciendo, pero sabía que el hombre lobo hablaba en serio, sintiendo sus músculos, en su pecho, tuvo la necesidad de besarlo. De besarlo tan intensamente que nunca en su vida se le iba a olvidar. Hizo círculos con su lengua y se hundió hasta lo más profundo de su ser, no quería separarse de Mau, tampoco quería que por su culpa vinieran a matarle. Noto como puso una barrera mágica para no ser descubiertos. Y generalmente nadie pasaba por allí, pero siempre conservaba la duda, cualquiera podía verlos en aquella situación comprometedora, solamente tenía que esperar a que las cosas cayeran por su propio peso. Pero es conllevaba muchos problemas con sus familiares. Mau también se sentía algo furibundo, Helena estaba siendo tratada como una esclava, el valor para su corazón subió de a tope, de un solo golpe ahora sentía muchas cosas por su vampira, en primer lugar el hecho de escaparse todos los días que correspondía para encontrarse en aquel bosque, oscuro, nublado y emparamado, siendo el único lugar donde un amor así se podía consagrar, y en segundo, tener tanta valentía para enfrentar todas las cosas que estaba pasando, por su impuesto casamiento con aquel bastardo infame, el señor de las sombras caracterizado por ser un opresor que desde hace muchas lunas quería apoderarse del bosque y hasta de la montaña de los lobos, era por eso que siempre entraban en riña los vampiros y los de su manada, seguramente las cosas no iban a ser tan buenas como de costumbre desde allí para adelante. Prefería pasar tres meses sin comer, que verla a ella llorando como lo estaba haciendo ahora, no podía permitirlo. Ni esa supuesta boda obligada o que su hermosa vampira llorara una vez más. —No llores más vampira se te correrá el maquillaje. Helena se limpió un poco las lágrimas que caían por sus mejillas pálidas, Mau estaba determinado a una sola cosa en esta vida. Tener la felicidad de Helena. Y es que ella era mucho más fuerte que los lobos, algunos guerreros al enfrentarse a alguno rival grande se rendían, pero ella estaba luchando contra un imperio. O tal vez dos. El de su padre y el del señor de la oscuridad. —¡Gracias Mau! El lobo la beso tiernamente. —No tienes que agradecerme, te amo Helena hare esto y más por ti. Inmediatamente Mau le levanto la cabeza tiernamente e hizo que mirara directamente a sus ojos para que escuchara con atención todo lo que iba a hacer. —Te sacare del sufrimiento Helena, pero debes ayudarme en un par de cosas. —Mau puede ser peligroso. —No me pasara nada. Ella dudo un momento, pero alguien que la sacara del sufrimiento, y el aburrimiento de la recamara en su torre era motivacional. —¿Qué debo hacer? —Reúne personas… —¿Personas?—Ladeo la cabeza. Helena en dispar con sus pensamientos hizo la pregunta ignorante de creencias. —Helena debemos tener un imperio como el de tu padre, o el señor de la oscuridad para protegerte, no cuento con mi manada por eso no te llevo ahí, pero si fuera un alfa, te aseguro que ya estarías viviendo conmigo, y estarías con todas las comodidades, hasta me molaría mucho ver la reacción de los lobos, y lobinas al ver que su líder es una vampira, me partiría de la risa. Helena se sonrojo era una propuesta dura. ¿Pero hablaba enserio? —¿Lo dices de verdad? Mau se echó una carcajada. —Y dudas de todo lo que siento por ti. Helena negó con la cabeza. —Entonces escúchame, para volver a vernos, falta un mes, pero sé que podemos hacer algo en ese tiempo más que pensarnos, para crear la tierra en donde nos podamos amar sin límites, entonces tendremos que hacerla desde cero, une a todos los hombres que puedas, también las mujeres y todas las criaturas que conozcas, que están en nuestra misma situación. Mau estaba hablando enserio, pero sus planes eran una completa locura, era como decir que su manada la iba a aceptar a ella como la alfa del grupo. Era imposible. Pero no una Utopía esto si se podía intentar, había personas humanas que se quejaban del imperio e su padre y también conocía a una r**a esclavizada por los vampiros que podían revelarse en cualquier momento si alguien velaba por un levantamiento. Mau tenía toda la razón. —Entonces solo debo buscar personas. —¡Sí!—Mau rápidamente tomo sus manos— hagamos un pacto. Hasta que no tengamos esta aldea creada, entonces no podremos avanzar más en nuestra relación. Helena derramo ante las palabras: “avanzar más” ¿Qué significaba eso? —Mau… —No Helena tenemos que primero velar por tu seguridad después lo demás. Helena lo abrazo fuertemente. —Pero… Mau cansado de sus palabras la abrazo fuertemente. —Encontremos ese lugar en donde se cumplen los sueños. Helena afirmo con la cabeza. —Mau yo pacto contigo, no me casare con nadie hasta que la aldea sea formada y estemos viviendo en tranquilidad. Allí fue donde un vampiro y  un hombre lobo se empezaron a amar, Helena tiro todo por la borda, un futuro que olía a muerte y devastación, al asedio de las llamas y las hordas de la muerte, pero todo fuera por tener un poco de amor y libertad. —Ante todo te amo Helena. Mau volvió a besar los labios suaves y dulces de su vampira. —Yo también Mau. —Es hora de irnos, ya casi va a salir el sol… Ella afirmo con la cabeza. Mau se transformó en su modo bestia, Helena estaba sorprendido en su forma animal seguía siendo atractivo, tenía un pelaje plateado como el color del acero de una espada. Y sus ojos eran del perfecto color entre gris y blanco. Era una mezcla, y del cuerpo de su forma animal, podía decir que estaba igual que fornido que en su forma humana, en su forma bestia Mau media tres metros de largo y dos de alto, a Helena le dificultaba creer que era rápido, debía pesar demasiado. Mau con el hocico hizo una señal a Helena para que subiera a su espalda. Helena con avidez subió, con la ayuda de Mau. Cuando estaba arriba de él, noto que estaba caliente como una manta. Helena se aferró al pelo sedoso del cuerpo de Mau, tenía demasiado pelo caía hasta el piso, pero se veía muy bien, como si fuera un caballo pero mucho más grande. Cuando ella estaba bien agradada con la mano le hizo una caricia a la espalda del lobo, el entendió la señal y emprendió el camino rio abajo. Mau era bastante rápido, cruzaba los arboles con saltos y el viento en la cara le pegaba a helena, era diez veces más rápido que el caballo que había traído Helena. Ella se aferraba a el pelo del lobo y además se echó encima de el para la velocidad no la tumbara. Mau corrió por un lado del rio, sin separarse de él, helena podía ver como la luz de la luna pasaba por entre los escasos agujeros entre árboles, era una vista hermosa. Sonrió como una niña con un juguete nuevo mientras la felicidad en su pecho crecía y mermaba. Mau diviso con sus agiles ojos de cazador unas luces y un muro, empezaba a llegar a los límites establecidos debía acercarse un poco más y regresar a su hogar. Helena también entro en acción al ver al castillo y le dio una señal a Mau. Después de pasar algunos árboles el ágil lobo paro su carrera. Tomo su forma humana y cayó al piso exhausto. —Bueno ya te traje helena, desde aquí estarás más segura. —No debiste hacerlo es muy peligroso pero gracias. —Se me olvidaba decirte algo. —¿Qué Mau? —Te ves muy hermosa. —Mau sonrió. Helena se puso roja en su totalidad. —Ahí siempre eres tan… bueno nos vemos la próxima semana, cuídate. —Helena con una caricia y un pequeño beso en el cachete se despidió de lobo. Mau espero a que ella se fuera y llegara al castillo y hasta no ver que subía por una alcantarilla no regreso hasta su casa. Con algunos sentimientos encontrados y una promesa que debía cumplir. Con una sonrisa y pensativo en ella. Helena regreso con facilidad a su cuarto antes de que saliera el sol, se quitó la ropa y se lanzó a la cama como una pesada roca, pero pensando en el beso que le habida dado Mau, esperando otra eterna semana para volverlo a ver. Lo único que ninguno de los dos vio, fueron aquellos ojos de la naturaleza que los estaba observando atentamente con sigilo. La druida protectora también quería formar parte de esa tierra en donde todos pudieran vivir en tranquilidad y con su bendición. Haría todo lo posible, para hacer que los amantes se volvieran a encontrar y alejar a los intrusos de su nido de amor. Quería la paz en el bosque, y aquel pacto tal vez, era lo indicado, ella tras estar pendiente de Mau y Helena volvió a la plataforma de observación, cubierta por bastas raíces que informaban de cualquier cosa que pasara, al echar un vistazo se encontró con aquel Nefelim durmiendo plácidamente en la cama que habían adquirido recientemente, se acercó al mitad dominio y le dio un beso en la frente. Formaba parte de esa fuerza conmovedora de Mau y Helena, porque también tenía alguien por quien luchar. Vanesa volvió a sentir en su pecho el amor.   La eterna espera había culminado, la otra semana ya había llegado, era miércoles por la noche y la luna estaba llena, iluminaba perfectamente todos los senderos del bosque, desde el beso Helena no se había visto con Mau hasta hoy. Ella ese día en comparación a la semana anterior estaba un poco asustada, pensaba en el hecho imposible de que su amado lobo fuese asesinado en manos de un soldado de la legión del clan. Aunque en la sala de guerra no había escuchado de algún enfrentamiento. Esta semana había estado más pendiente de todo, desde las reuniones de generales hasta las posibles ubicaciones del hogar de los lobos, entre ellas estaba, Los ríos del Sur, La colmena del Este y las praderas del oeste. Ella reía en silencio cuando proponían una ubicación que no era la montaña del norte. El extraño comportamiento de Helena le había gustado a su padre el conde. Le concedió el título de dama protectora. Ahora el penaba que si hija por fin se interesaba por los asuntos políticos. Pero en realidad ella solo se preocupaba por esconder la ubicación del hogar de Mau. Hasta borraba la ubicación de la montaña con tinta modificando el mapa, solo para que pasaran por alta la colosal montaña era como tapar el sol con un dedo. Pero hasta ahora las cosas estaban bien. Cumplió con su tarea y pudo mantener en secreto la ubicación del hogar de los lobos. 
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