estaba más pálida de lo común, Mau también le había dejado débil.
—Uki encontré… No, casualmente encontré al amor de mi vida.—Helena miro su mano, allí había una marca de mate. Helena la reconoció inmediatamente y se la mostro a Uki.
—¡No puede ser!—Espeto horrorizada, como si hubiera visto un fantasma.
Inmediatamente Helena se acercó a la cama y se lanzó sin ternura al colchón, Uki la miraba en pánico, ¿Qué cosas decía su amiga? Un amor de su vida, nunca tuvo uno, y hasta pensó que no le gustaban los hombres, pues nunca mostro interés por ninguno.
—¿Que dices Helena? ¿Estás segura?
—Si… mira—Volvió a mostrar la marca. Uki estaba aún más horrorizada esa marca solo la dejaban los…—Un hombre lobo.
Helena afirmo con la cabeza.
—¿Helena estás loca?
—Si de amor. Es un chico increíble. Se llama Mau. Y debe ser un alfa porque esta como él quiere.
—¡Helena!
Ella puso los ojos en blanco.
—Deja lo mojigata, te ofendes de nada, vamos estamos en pleno siglo catorce.
—Helena sabes que si tu padre te descubre te va a mandar a la cámara del solsticio y no es un juego, esta vez sí lo hará—Antes de seguir hablando, miro para todas las parte dela habitación quería comprobar que nadie estuviera porque lo que diría era de índole pesado—¿Por qué con un hombre lobo? Podías montártelo con cualquier otra criatura y tu padre se enojaría menos. ¿Por qué con una bestia de esas?
Helena frunció el ceño.
—¡Mau no es una bestia!—Reclamo casi enojada.
Solo era una bestia cuando estaba en la cama, perdón en el piso de un rio. Pero el resto del tiempo, se comportaba hasta con más modales que algunos miembros de su clan.
—¿Desde cuando sales con él?
—Desde hoy—Helena cruzo sus brazos encima de sus pechos, como si el tiempo importara para el corazón— el tiempo no importa en lo absoluto.
Uki negó con la cabeza en tono de resignación.
—¡Uki! Fue el corazón, si hubieras visto como me hizo el amor. Quedarías loca, creo que tú sí que necesitas un hombre lobo en tu vida. Si quieres le digo a Mau que te presente uno de sus amigos, veras están como los dioses de la mitología griega.
Uki volvió a negar con la cabeza.
—Estás loca.—Afirmo con ironía.
Helena se echó a reír.
Luego de divagar entre algunos pensamientos, la asistente peli verde volvió a mirar a Helena, para hacer una pregunta aún más impórtate.
—Seguirás con él.
—Si—Afirmo tajante y cortante.
Uki sabía que era una mala decisión y que también conllevaba problemas, ¿Cómo haría helena para mantener una relación con un hombre lobo mientras estuviera aquí encerrada en el cuarto?
—Estas castigada.
—Lo he estado muchas veces.
—¿Entonces cómo te encontraras con él?
—Tú me vas a ayudar.
Inmediatamente Uki se puso a la defensiva, lo último que quería era, involucrarse en un asunto de tanto espesor, si el conde se enterara seguramente la colgaban.
—No… No, No, imposible, no me gustan los hombres lobos y tampoco quiero involucrarme.—Ella entro en su fase defensiva.
—¿Entonces te rajas? Pensé que eras más valiente.
—¡Helena!—Apunto en un tono reclamante.
Sin saber que las leyendas eran ciertas ella espero hasta la próxima semana para volver a ver al hombre lobo. Pasaron seis días exactos y la vampira tacho el último hueco en el calendario, terminando aquella larga espera eterna para ver a Mau. Su sonrisa estaba de punta a punta de oreja, las cosas para ella no eran difíciles de conseguir al ser la hija de un conde, y pidió un vestido largo que cubría hasta más debajo de la rodilla, el vestido era de color rojo y una capucha de negra con la que se fugaría del castillo a media noche. Se arregló mucho, tanto que no salió en todo el día de su cuarto, probándose los distintos maquillajes.
Helena tenía todo calculado, paso la semana entera desvelada, viendo la ruta de los guardias. Por donde pasaban, por donde hacían sus guardias, y por donde descansaban, le costó encontrar un punto ciego, pero un jueves por la madrugada de esa misma semana saliendo de su habitación y pasando por la amplia biblioteca del castillo, encontró un hueco detrás de un estante, era un pasadizo muy reducido que daba al establo, pero no podía usar su caballo pues haría mucho ruido, y el plan era que nadie supiera que estaba escapando sino que estaba en la recamara durmiendo. Después de llegar a la caballería sin que ningún soldado la viera, se en cuclillas hasta el muro del castillo, ahí ningún guardia vigilaba. Corría un leve riesgo de ser capturada, pues la basta pared del muro, la dejaba al descubierto por segundos, para eso la capa negra. Después llegaría a un desagüe con los barrotes ya despegados de su hueco y teniendo cuidado de no mojar su ropa con el agua sucia y estancada, y por allí tomando ventaja de su cuerpo delgado saldría al bosque, donde conseguiría a otro caballo, para luego ir a buscar aquella parte del rio. Así estaba planeado pero no lo había comprobado más cuando llegara la noche conocería la verdad si podía escaparse o no.
La noche llego con toda la paciencia del mundo, la tarde se extendió como nunca y el silencio en la alcoba estaba a todo su sonar. Helena había terminado de arreglare evito usar joyas brillantes pues no quería ser descubierta. Lo único que llevaba era el prendedor que le regalo su madre antes de morir, pero era pequeñísimo apenas se podía ver, y debajo de la capucha no pasaría nada. Llegaron las diez de la noche. Pensó que era de ejecutar el plan nunca antes practicado.
Helena suspiro antes de salir de su cuarto tomo la cerradura de la puerta y dudo un leve instante. Después del suspiro abrió la puerta y se encomendó a dios. El pasillo estaba despejado, ella miro un par de veces a las esquinas, entonces avanzo. De una carrera llego a la biblioteca, ningún soldado la vio. Busco rápidamente la estantería. Saco unos cuantos libros, y se metió en el pasadizo, después volvió a poner los libros en su puesto para que nadie sospechara, su respiración estaba agitada. Gateo por el oscuro pasadizo hasta las caballerías, el pasadizo era tan reducido que le costaba avanzar, la capa se apretaba en las rodillas de helena cada vez que quería avanzar. Pasar ese estrecho hueco le tomo más tiempo del que esperaba. Llego a la caballería, se sacudió las rodillas y cuando se levantó del suelo un caballo relincho.
Helena se asustó, y de inmediato se volvió a meter en el pasadizo temiendo que algún guardia viniera a revisar. Sus ojos estaban en todos los lados de la caballeriza, pasaron los minutos y nadie llego, helena sin perder más tiempo se levantó y se puso detrás del portón. Su corazón latía muy fuerte, tanto que casi lo podía escuchar con sus propios oídos. La emoción y miedo estaba en su pecho, calando cada paso que daba, pero ahora sentía más miedo, tenía que pasar del establo al muro, el único lugar que estaba expuesta a ser descubierta. Helena trago saliva y apretó sus dientes. No iba parar ya a medio camino. Miro para todos los lados, y como no vio a ningún guardia, corrió hasta la pared. Con cuatro zancadas largas llego a la pared y pego su cuerpo a ella, para estar a las sombras. Los piernas le temblaban, estaba sintiendo miedo a granel. Cuando abrió los ojos se puso en marcha hasta el desagüe. Dio unos pasos hasta que llego un estrecho pasillo donde se juntaban las oficinas de los condes y el muro del castillo, Helena paso sin contra tiempo y llego a la alcantarilla, saco uno de los barrotes y dio un pequeño salto, después coloco el barrote en su lugar. El agua de la alcantarilla combinada con el lodo eran de los más repugnantes, pero ella se tapó la nariz con las manos y se recostó a la roca puso sus manos en las rodillas y descanso.
Había sido algo tan espectacular escapar de su cuarto sin que nadie la viera, que recordó los días cuando jugaba al escondite en los bosques juntos a sus amigas, para ella era algo inexplicable pero divertido y pasional. Tomo aire en sus pulmones y siguió caminando, le faltaba una lámpara para andar por ese camino, aunque era recto, los desniveles del suelo hacia que no pudiera caminar rápido. Como pudo llego a la salida, donde el agua desembocaba en un rio más pequeño, ella bajo un pequeña corriente que faltaba por cruzar y se metió a los arboles espesos.
Se escabullo por los arboles hasta que llego a un sendero que llevaba rio arriba. Pero para estar segura ella saco la brújula y busco el norte. Se montó a un caballo que estaba amarrado más adelante, cosa que había pedido a una de sus asistentes, diciéndole que no contara para que era a nadie, además le pago dos monedas de oro para que guardara silencio. Ahora ella veía que podía confiar en esa empleada, se montó en el caballo y fue al lugar establecido sin separarse mucho del rio y teniendo cuidado de las demás bestias del bosque.