5

2843 Palabras
Al cabo de dos horas más, ellos estaban cansados, Helena había bostezado como mil veces, pero montar a caballo era difícil y más cuando aún debía regresar a casa, a explicarle al clan donde había estado. Seguro que la estaban buscando. Mau sentía lo mismo, sus colegas ya se habrían dado cuenta al respecto de su ausencia y lo iban a buscar en cualquier momento, entonces en su cabeza se cruzó un pensamiento tenebroso, la presencia de una vampiresa, si los amigos de Mau encontraban a Helena en el rio, la iban a desmembrar pero no sin antes abusar de ella. Para defenderla Mau debía pelear con los de su propia familia, con los que se salía a cazar por las noches, con los que compartía comida, con los que siempre estaban en la casa jugueteando o peleándose.  Con aquellos que había crecido y criado, sus hermanos pero de otra sangre. —Esto es grave— Ella inclino la cabeza otra vez al escuchar la voz de Mau. —¿Qué quieres decir?— Mau se levantó de la roca y sacudió sus pantalones. —Si nos encuentran juntos, tal como en el cuento de la Utopía, nos mataran y a ti te… Bueno ya sabes— Helena reacciono. —Si es verdad nuestras razas se odian sin motivo—. Mau afirmo con la cabeza. —Debo irme. Pero ha sido un gusto en conocerte Mau, desde hoy sé que todos los hombre lobos no son iguales— Mau intento detenerla poniendo una mano sobre su hombro, ella de inmediato sintió un choque de electricidad correr por su cuerpo. Nunca nadie antes la había tocado.  —No debemos de separarnos, encontrémonos aquí la próxima luna llena, cuando la luna este en medio del cielo e ilumine todas las partes— ella afirmo con la cabeza, pensando que era buena idea pero peligrosa. —Está bien, pero para la próxima luna llena no, porque será mañana, la semana que viene en este mismo sitio a media noche. ¿Sí?— Helena con suavidad aparto las cálidas manos del hombre lobo y cruzo el rio. Al estar del otro lado ella se despidió con una señal un gesto tan amable, que hizo que el lobo sonriera. Ella con sus dedos llamo a su caballo y el fiel acompañante llego de inmediato, helena monto el caballo y se fue directamente a la colina por donde llego, más tarde se desapareció de la vista del lobo. Helena portaba ahora en su cuerpo una sentimiento de emoción, cosa que no dejaba respirar bien su pecho, más desmintió la faceta de las bestias a cuatro patas. Mau no era como contaban los condes a los ciudadanos. Mau después de ver alejarse a Helena también puso rumbo a su hogar, puso rumbo rio arriba, corrió algunos pasos y dio un salto, en el aire se convirtió en su forma bestia y siguió su camino, pensando que la vampiresa que conoció hoy era la más hermosa que había visto, que ninguna mate de su manada se comparaba ni la más linda. Además rompía con lo que los viejos sabios decían de los vampiros, que eran una r**a que exterminaba todo lo que se encontraban por delante. Así Mau y Helena se verían otra vez la próxima semana a la mitad de la portentosa, sigilosa y discreta noche. Uki tras la desesperada búsqueda de Helena, se encontró con su caballo, pero no había pista de Helena, mando a dos vampiros de la corte para buscarla, el conde rodaría su cabeza si no llegaba con ella, sin mencionar que el señor de las sombras debía estar encolerizado. ¿Cómo había dejado que todo esto pasara? Helena se escapó tal como siempre se lo había propuesto, pero nunca pensó que frente de sus ojos, bueno seguramente había usado la invisibilidad a esa mujer no le costaba desnudarse y hacerse invisible solamente para conseguir un objetivo, la elfa se presentaba en su forma más seria, una pierna encima de otra y una postura perfecta, los caballeros que habían mandado a buscarla, no llegaban aun. —¡Señora Uki no hemos encontrado a Helena todavía!—El conductor, mitad humano y mitad vampiro, estaba siempre atento de los movimientos que se producían en el bosque, pero que no supiera en donde estaba la dama del castillo sí que era una falta a su puesto. Uki descargo su furia contra él, y lo golpeo utilizando un viejo látigo que se encontraba en los asientos del carro, cuatro azotes le brindo directamente a su cuerpo, el hombre apenas se cubría, pero tampoco se atrevía a contestar ni resistirse a una dama del consejo.  —Buscadla hasta debajo de las rocas o pediré que rueden sus cabezas para mí. El hombre rápidamente salió del carro abriendo la puerta, y trayendo las frías brisas de la derrota total, Uki frunció sus labios y también desfiguro su rostro, golpeo sus rodillas con los puños cerrados, antes de soltar algunas maldiciones por esa lengua. —¿Dónde estás Helena? Helena después de haberse encontrado con Mau en el rio fue a casa directamente pensando en el hombre lobo, las cosas no eran como lo decía su clan, las bestias negligentes que solo mataban a sangre fría lo que encontraran y por eso debían ser matados y exterminados sin piedad. No le parcia bien esa idea, pero si su padre el conde del castillo se enteraba que estaba viéndose con un lobo y que encima sabía dónde estaba la colina donde habitaban sus colegas, iba a ir con los vampiros más sanguinarios directo a matarlos. Helena busco una excusa antes de llegar al castillo, para que su padre y los demás no sospecharan nada y poderse encontrar con Mau la próxima semana. Al cabo de media hora más, Helena se encontró con uno de los guardias, entonces exiguo que la llevaran a donde estaba la carroza, cuando Uki la vio, pudo tranquilizarse y se dejó caer en los asientos del carro, Helena rio a carcajadas cuando la vio en esa posición. Nunca creyó que eso pasara. —¡Al castillo!—Ordeno Uki al chofer con un tremendo grito. Luego le brindo una mirada fulminante a su amiga. —¿Dónde demonios estabas? —¡Je! Creo que te lo diré después. El carro arranco y en menos de lo que se esperaban ya estaban de nuevo en el castillo, solamente esperaban al conde Amadeus para comprobar que estaban bien. Las puertas se abrieron con inquina, y la silueta del conde era demoniaca, traía sangre en su boca, y sus garras y colmillos sacadas. Helena aun podía pensar en Mau, ahora su padre también daba miedo, en aquel aspecto tenebroso, como era de costumbre bajo los brazos  y también miro al suelo, consideraba que mirarlo a los ojos era una ofensa, de grave riesgo. —¿Sabes los que hiciste verdad?—Helena se quedó en silencio. El conde se acercó hasta donde estaban las dos chicas paradas, y tomo a su hija del cuello elevándola por los aires, asfixiándola nuevamente. —¿Sabes lo que hiciste?—El conde la sacudió. Helena intento zafarse pero sus fuerzas fueron muy pocas, y no pudo hacer nada. —El señor de las sombras me llamo, parece que fue una falta de respeto que le hicieras eso. Es que eres…— La arrojo al piso con pericia—Ve a tu cuarto y no salgas de allí, hasta la próxima luna, si no hago que te evapores con el sol. Uki temía a la magnificencia de su amo, pero Helena apenas se pudo enojar, como iba a enojarse con lo que ya conocía desde hacía siglos, siempre le había castigado de la misma manera, ir a su habitación con la amenaza que la iba a hacer sufrir una combustión espontanea con el sol, más que susto, era costumbre, en cambio su amiga temblaba de temor, Helena lo único que hizo antes de levantarse fue soltar una de esas risas burlonas que emitía Mau y luego sacudirse el polvo que obtuvo del suelo. —¡Vamos Uki todo a terminado! El hombre salió de la sala, y se internó al castillo, nada más se supo de él por esa noche, solamente que estaba tan enojado que podía matar a cualquiera que se cruzara en el camino. Helena se secó un poco de sangre que salió cuando su padre le ahorco, pero nada más, luego esbozo una sonrisa en aquella cara bonita. Uki temblaba como comparsa pasando por un camino empedrado, Helena llevaba la batuta, Salió de la sala del consejo y luego fue directamente al cuarto, cuando iban por el pasillos varios guardias olieron un armo extraño, olía como su el lobo estuviera allí. Helena se dio cuenta inmediatamente, y trato de caminar rápidamente, Ya olía a Mau, tenía que darse prisa para que los vampiros no iniciaran una cacería por su culpa, entonces Uki siguió el ritmo de los amplios pasillos, pensando en donde estaba Helena todo este tiempo. Pero tampoco se atrevió a decir nada, la actitud misteriosa de la chica dejaba cosas de que hablar, Helena giro a la izquierda en la interjección del pasillo y luego abrió la puerta de su recamara, algunas doncellas estaban haciendo la limpieza del cuarto y también cotilleando, cuando helena llego, ellas se quedaron en silencio y esperaron que diera una orden. —¡Afuera!—Indico la vampiresa y rápidamente ellas salieron del cuarto. Cuando estuvieron afuera, Helena cerró la puerta con llave, miró fijamente a Uki que aún estaba en pánico y luego le brindo un abrazo. —Tranquila ya paso. La joven elfa siempre se ponía de esa manera cuando el conde perdía la razón. Inmediatamente Helena se despojó de sus ropas y fue al baño, busco un balde de agua y también jabón y trapos que siempre utilizaba para bañarse en la tina. —Tengo que sacarlo, antes de que en mi interior se geste un bebe. Uki rápidamente le dedico una mirada. —¿De que estas hablando?—Uki quedo perpleja. Helena se metió la mano con el trapo hasta lo más profundo de su sexo, y limpio sus paredes fuertemente, aplico jabón y luego volvió a hacerlo. —Ven te ayudo. Uki corrió a su rescate, y luego de algunos minutos, ya estaban tranquilas, o en efecto, porque Uki no entendía porque Helena estaba haciendo eso. ¿Se había encontrado con algún amante? —Uki tengo que contarte muchas cosas—Helena dibujo una sonrisa, fue hasta el espejo de su cuarto y se reflejó en él, puso sus dedos sobre la mordida que le había dado Mau, ella sonrió con malicia, cogió una bata larga para cubrir su cuerpo, y luego se acostó en la cama, extendió sus brazos por encima de su cabeza y estiro las piernas, era reconfortarle regresar a las paredes de su hogar. Olfateo un poco en el aire, encontró una pista, y luego se dirigió a ella, a veces solía ser fácil reconocer a los de su manada. Nadie más llevaba un olor tan fuerte como aquellos lobos, su lobo corría mucho más rápido que cualquiera, entonces siempre tomaba ventaja de las cosas que pasaban a su alrededor. La visión aguda lo dejaba ver con claridad los senderos del bosque y los árboles que se aproximaban, yendo a una velocidad temeraria, casi ninguno de los lobos se atrevía a correr en medio de una bascosidad, pero Mau siempre era arriesgado, y la única forma de encontrarlos era esa, se acercó más a un olor que parecía ser el de Víctor. Mau cortaba el bosque en dos con su pelaje blanco y gris, donde siempre resaltaba con avidez, donde los ojos claros del hombre lobo se posaban en dirección a su hogar, ya eran más de las doce de la noche, la familia de Mau debía estar preocupada, pero él estaba siempre calmado, ya empezaba a conocer la zona y olio un rastro que parecía ser el de su manada, ahora lo único por lo que se preocupaba era que una semana iba a ser una tortura para ver a su amada, la vampiresa dejo su marca en el lobo, pero Mau no pensaba decir una palabra a nadie, porque podía estar alguien cerca muy cerca de su pista y encontrarla a ella, cosa que no dejaría que pasara, y si uno de los de su manada intentara matarla o abusarla él iba a sacar sus colmillos y sería una pelea a muerte con su propia sangre. Por otra parte nunca había conocido a una vampiresa tan delicada y frágil, no parecía de la r**a enemiga, o no  como le decían los sabios. Corrió hasta que llego a la montaña rocosa del norte donde la cima estaba cubierta de nieve, después entro por uno de los huecos y se encontró con sus colegas de caza quienes estaban disfrutando de un festín. El ignoro a todos y paso volando al pabellón de su casa, dio un salto antes de llegar y dejo su forma bestia, convirtiéndose en humano, su familia lo esperaba preocupada,  cuando llego, su hermana le dio un abrazo y su madre también, su abuelo sonrió al verle en una sola pieza y sano. El correspondió el abrazo de su hermana y después sin decir palabra se fue a su cuarto. Que era un hueco de piedra tallada, donde perfectamente vivía con libertad, debajo de la casa principal. Busco un lápiz cosa que nunca pensó que iba a utilizar y escribió el nombre de Helena en una pequeña hoja de papel, siguió escribiendo, coloco el lugar y la fecha de la próxima semana, a la mitad de la noche, para que nadie supiera donde era el lugar escribió la palabra Utopía.  Lo guardo en una de las estanterías de madera que hacía por pasatiempo y fue directo a dormir en la cama Aun pensaba en Helena, tenía que ser precavido si quería seguir viéndola, seguir haciéndole el amor, pero para eso tenía que ser muy discreto y cuidadoso, no podía mentir porque sabía que los lobos olían la mentira con mucha saña, pero si, podía evadir la pregunta. Era lo único que podía hacer por ahora. A la distancia, pudo reconocer aquellos puntos de colores que parecían ser lobos, entonces corrió rápidamente y uso su Black Laightning para acercarse más, en pocos segundos se puso a la par con Víctor quien corría enfrente de la manada. Al verlo se detuvo inmediatamente y volvió a hacer humano. Mau hizo lo mismo. —¿Dónde demonios estabas? ¡Llevamos toda la noche buscándote! —Me perdí—Mau alzo las manos en señal de rendición lo último que quería era una pelea, cuando Helena le había chupado mucha sangre en su encuentro anterior. Víctor resoplo, mientras que otros lobos se iban trasformando en humanos y luego se aglomeraban para verlo pelear. —No puedes separarte de la formación Mau. —Lo siento—Paso una mano por encima de su cabeza.—Ya cogieron las presas que cace. El afirmo con la cabeza. —Vamos a cazar unos cuantos más y regresemos, ya está saliendo el sol. ¿Tanto tiempo se había quedado con Helena en aquel sitio? —¡Vale! Mau se reincorporo a la manada, Víctor antes de que salieran nuevamente a la caza le brindo una mirada seria al chico. —No te vayas a alejar—Y no era una advertencia. Mau asintió con la cabeza. Pero tampoco tenía nada que perder, porque únicamente, tenía la cabeza para pensar en una cosa, en Helena, siempre estaba dispuesto a pensar en ella. En su cuerpo mullido y blando. En sus caricias. ¿Dónde había estado esa mujer cuando estaba fracasando como lobo en la manada? Lo mejor de todo, Helena no pedía nada a cambio de estar con él, solamente ser querida y amada, como lo hicieron hace rato. En cambio las lobas de la manada, solamente pensaban en que pudieran darles sus lobos, si eran algún alfa, seguramente se quedarían a su lado, hasta que terminara su estado de enamoramiento, o hasta podía ser, que se quedaran eternamente juntos. Pero eran casos muy extraños, siempre las lobinas, parecían ser afectadas por sus emociones y finalmente se iban con alguien más. Mau corrió con una sonrisa en la cara, le encantaba la libertad que se podía disfrutar en aquellos valles, pero le gustaba más Helena, y daría todo, por ella. Aulló a la luna comenzando un efecto domino en los lobos, que también aullaron, todos cantaban a la luna, la única compañera fiel de camino. Que en sus cacerías los acompañaban con destreza y fidelidad,  brindando sus rayos de luz para incrementar su poder y a la vez, para elevar su moral. También era una mensajera amorosa. Mau miro atentamente al cielo y enfoco su vista a La luna, tal vez, Helena también estaba viendo la luna, tal vez también lo estaba extrañando. ¡Tal vez! Deseaba que fuera así.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR