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1965 Palabras
sabor a sándalo que emergía de sus profundidades. —¡Mau piedad!—Dijo con una lagrima en el ojo. El negó con la cabeza y siguió haciendo su labor, Mau sentía como si m*****o palpitaba y daba tirones cuando Helena se estremecía, también anisaba estar en ella, pero también quería hacerla disfrutar un poco más, nunca antes quiso estar tanto con una mujer, pero tampoco entendía porque con una vampiro, aunque no se lo iba a negar al corazón estaba ligado con ella. Para ser una vampiro sabia usar muy bien su cuerpo, y para ser vampiro no era una mojigata que se ofendía por nada, parecía un sueño, hasta cierto punto el lobo tuvo miedo que Helena resultara siendo un súcubo, el demonio que toma forma de mujer para tener relaciones con un humano, pero… Helena destilaba más tranquilidad y parecía que era real.  Ojala fuera así. Helena no apartaba la mirada de Mau, le encantaba ver como el lobo la devoraba con tantas ganas y pasión, la hacía sentirse más mujer aun. Ella repentinamente saco sus colmillos, quería clavarlos en el cuello del lobo y probar su sangre, para poder ver las estrellas. Y probar el sabor de Mau, pero no podía ser tampoco una buena idea, porque tal vez se molestaría, entonces retuvo los impulsos tomándose con sus manos. —Helena por favor baja y acuéstate en el piso. —Esta frio Mau. Él la miro fijamente a los ojos. —¡Estará mejor! Las labores de un hombre siempre eran cuidar y proteger a las mujeres, entonces Mau iba a proteger a Helena con su vida si era necesario. Ella hizo caso a las indicaciones que le decía el lobo y se sentó sobre una roca húmeda y fría. Inmediatamente sintió un escalofrío subir por sus espalda. —Tranquila. El al abrazo por detrás y puso el chaleco en el piso para que se acostara encima de sí. —Helena ahora dame permiso para estar en ti. —¿Qué? —Quiero estar dentro de ti, dame permiso. —¡No tienes que pedirme permiso Mau!—Ella rio. —Es una costumbre y ley del clan. Entiendes tienes que decirme que me dejas estar dentro de ti, para poder hacerlo. Viendo como sus ojos imploraban que lo hicieran Helena accedió sin problemas. —Si Mau te doy permiso de estar dentro de mí. Quiero que seamos uno. —¡Gracias! Mau se puso encima de Helena, y se quitó los pantalones, luego dejo caer su m*****o en el vientre de la vampira, ella gimió al sentirlo caliente. Mau busco los dedos de Helena con sus manos y con la otra se aferró a sus pechos, quería sentirla toda cuando entrara en ella. —¡Voy! —Adelante Mau hazme todo lo que quieras y ni te atrevas a parar hasta que salga el sol. Mau se puso en posición y cogió una bocanada de aire, vio a Helena como estaba siendo víctima de un estreñimiento y su pene sufrió un pálpito, justamente en ese momento, se hundió completamente en ella, disfrutando de su estrecho y húmedo calor placentero. Ella gimió al mismo tiempo que arqueo las caderas, sus labios yacían desfigurados, hasta que Mau tomo posición de ellos para aliviarlos y conectarse perfectamente en cuerpo, alma y mente. No era algo que pudiera esperarse, pero el amor entre ellos siguió creciendo, como lo hacía Mau adentro de ella, él estaba loco y embriagado por su olor tan exquisito y feliz, envistió lentamente para sentir colmar su necesidad tan amarga y necesaria. Mau mordisqueo hasta que no se pudo contener más, el pecho de Helena, sin lugar para algo más que su cuerpo y su felicidad. Él se acercó a sus oídos y… —¡Helena!—Dijo con una voz ronca e excitante—, te quiero para toda la vida, no solo para esta noche. ¿Qué debo hacer para tenerte? Helena se sumergió en un dolor profundo… olvidaba todo por lo que estaba en esa situación, la boda impuesta, su padre, el señor de las sombras. Era una equivocación estar allí con Mau, ¿o no? —¡Mau!—Gimoteo a la par que daba la vuelta a su cuerpo, sin separase de él. Mau tenso su mandíbula antes aquella revelación tan erótica de la vampira, pero era un ser de la oscuridad casi todos eran retorcidos y eróticos, exceptos los duendes. Se hundió profundamente en ella disfrutando de su trasero rebotando con su pelvis, algo que tanto deseaba, algo que lo tranquilizaba y le daba paz. Tomo las manos de Helena y se recostó encima de su espalda delicada. —Lo que tienes que hacer es luchar contra todo un ejército. Ella gimió, cuando Mau envistió con todas sus fuerzas. ¿Qué decía la vampira? —¿No me tienes miedo a pesar de ser un hombre lobo? —Es que mis gemidos suenan a miedo. —No. —Entonces si quieres estar conmigo, libérame. Por favor. Sus rogos llegaron al corazón impoluto de Mau, volvió a envestir con fuerza, tanto que ella gimió más fuertemente antes de que sintiera el primer orgasmo de la noche, Helena se tambaleo, tembló, se tocó y hasta se mordió las manos para reaccionar. Pero no era su culpa. Eran los efectos mágicos de los hombres lobos, siempre hacían desvarías a otras parejas que no fueran de la misma especie. —Se siente tan bien—Helena trato de recuperar su respiración pero a la vez estaba casi en su límite, en sus ojos se podía ver una pereza, asimilada con cansancio. —Si Helena, y cuando estemos juntos te hare el amor toda la noche. Te amo. Helena corrugo su corazón hasta el punto máximo. —Yo también Mau. Helena volvió a darse vuelta y cruzo su mirada con Mau, acaricio su cuerpo, y luego con vehemencia paso un dedo por su barbar. Era erótico y también excitante. Sentir a Mau tan duro y rígido entre sus piernas la hacía quedarse sin aire, y también le costaba respirar, sin embargo no pensaba en parar si quiera un momento, estaba probando el paraíso, solamente quería darle una mordida para chupar su sangre. —¿Mau puedo?—Pregunto mostrando sus colmillos ante una efervescente necesidad vampiresca. Los ojos rojos y brillosos de la vampira lucían en un resplandor, que no se podía entender, era entre felicidad y luz de luna. ¿Quién sabe que sería? —Que sea donde no se vea. Helena sintió como alguien le estaba ofreciendo el paraíso, entonces  se aferró un poco a su espalda para impulsar su cuerpo hacia adelante y quedaron sentados, Helena encima de Mau, sintiendo como aquel m*****o tan duro llegaba a su vientre. ¡Era gigantesco! Abrió su boca con toda la fuerza que ofrecía su mandíbula y clavo los colmillos en la clavícula de Mau, y absorbió un poco de su sangre, llegando a probarla. Era fuerte y parecía ser vino… Mau era delicioso, saco un poco más. —¡Mau eres Delicioso!—Espeto sin remedio alguno. Mau unió sus manos y luego envolvió su cuello con los colmillos y la acaricio. Amaba cada centímetro de su cuello y de su cuerpo. Podía hacerle el amor toda la noche y no estaba bromeando, era lo único que podía cumplir sin echarse para atrás, darle felicidad era su nuevo tópico. Helena volvió a Chupar otro sorbo de sangre, dejando un poco débil a Mau, ella rápidamente se dio cuenta de lo que había echo y dejo de absórbela, la saboreo entre sus dientes y beso a Mau lentamente, para disfrutar de ese sabor, mientras daba horcajadas encima de las piernas solidas de su amado, quería sentirlo todo lo más posible, quería ser una con el hasta que llegara el amanecer. —¡Helena!—El lobo conecto su mirada con la de Helena.—Déjame reclamarte, para que nadie más lo haga, déjame hacerte mía solamente. Ella puso una mano en el pecho de Mau. —Creo que ya soy tuya sin necesidad de pedírmelo. El rio nuevamente. —déjame morderte. —Pero no me saques mucha sangre Mau me debilita mucho—Inquirió en una actitud burlona—, pensé que éramos nosotros lo que chupaban sangre. Mau rio burlonamente. —No sabes nada.—Luego beso uno de sus pechos y envistió fuertemente para hacerla gemir ella ladeo su cabeza y la echó para atrás, Mau se  aferró de su cabello y luego lo jalo para atrás sin hacerle daño.— Los lobos no mordemos para chupar sangre, lo hacemos para dejar marcadas a nuestras parejas. Acto seguido Mau le dio una mordida a Helena en el cuello. Casi la hace desmayar. Ella gimió y grito de placer, no quería contenerse, siguió moviendo sus caderas más fuertemente, y Mau se aferró a ella dócilmente. Mau se separó de su cuello para no hacerla sufrir, y vio como dos gotas pequeñas de sangre caían por su pecho, luego con su lengua lamio, y las saboreo. —¡Te amo Helena! Ella gimió en contestación. Rápidamente Mau se aferró a sus caderas con todo el peso de sus brazos, sin dejarla salir, ni escapar era suya completamente suya, solo para él y para nadie más. Helena se sentía querida y también amada, ¿Qué era lo que ese lobo bandido la hacía sentir? Solamente era una razón que nadie podía explicar, se descontrolaba cada vez que estaba cerca de Mau, y también era uno de los sentimientos más peligrosos que podía experimentar siendo de razas rivales, el amor. Seguramente la estaban buscando en alguno de los lugares cerca de la taberna o hasta más lejos, y si la encontraban la iban a hacer pasar un mal rato, y si la encontraban haciendo el amor con Mau, su padre la iba a matar.  ¡Ojala hubiera un lugar donde la Utopía pudiera concederse! Mau estaba también un poco desconcertado, pero sabía que los pechos de Helena era el único lugar en donde conseguiría paz absoluta. Ojala los de su manda no lo hubieran seguido, porque representaba cargárselos a todos, y quitarles el corazón con la velocidad del Black Laightning, pero no le importaba hacerlo, tenía a un rosa para él solo, y tenía una vampira que no hacia lo que pudieran hacer cuatro lobas, solamente quería a Helena y eso era lo que lo llevaba a la locura de hacer todo aquello. Romper las reglas de la manada y también los principios de su r**a, que ahora mismo le importaba absolutamente nada. Ella unió sus manos en una, para mantenerse unidos en el coito. —¡Juntos Helena! Ambos estaban llegando al límite. —¡Si Mau Juntos! El suspiro su olor y fue lo único que lo impulso a envestir de una manera dura, y luego sufrir un orgasmo, Helena jadeo y gimió a placer, y luego Mau se derrumbó al suelo… Derramando felicidad y llenándola de alegría en su interior. Mau cogió una bocanada de aire des pues de correrse y la volvió a besar. Sin separarse, entonces se puso a la par de Helean quien yacía casi aletargada, y la beso tiernamente en la cabeza. —Duerme un rato vampiresa. —Vale Mau… Helena cerró los ojos sin decir nada. Por primera vez en su vida se sentía más segura que en el castillo y más amada que su padre. Estaba enamorada. Mau se quedó viendo su cuerpo delicado y débil, también inseguro e indefenso. Iba a luchar por ella, eso lo tenía decidido. Se acostó a su lado para conseguir entrar un poco en calor y disfrutar de aquella sensación tan agradable, que era dormir al lado de una mujer.      
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