Mau limitándose bajo el vestido de Helena hasta su vientre, y puso una mano delicadamente en sus pechos, apretándolas suavemente como si de una flor se tratara.
Con las mates de su, manada era otra cosa, el acto s****l para los lobos era más vertiginoso, la mate rodeaba a su elegido unas cuantas veces, y después brincaba hacia él, para hacer el amor hasta el amanecer, si el hombre lobo terminaba antes o se cansaba, entonces la mate elegía a alguien mas fuerte, en el clan lo único que contaba era la fuerza y la resistencia.
Mau no podía hacer esas cosas con Helena pues sus huesos eran más frágiles y no tenía la resistencia que las lobas de la manada.
Por eso temía hacerle daño.
A la vez que en su pecho unas ganas terribles se apoderaban de su cuerpo con fervor y lo entumecía completamente hasta que no podía aguantar más. Su entre pierna le dolía y es que tenía que mermar ese sentimiento porque lo iba a llevar al descontrol total.
Ahora Helena sabía que era entrar a la boca del lobo. Y era exquisito.
Mau quería quitarle la ropa de una buena vez, pero se contenía para disfrutar cada centímetro de su piel tan clara y suave.
Ninguna loba poseía aquellas características y sin duda Helena era mucho más femenina que la mayoría de las lobas de su manada.
Ahora entendía porque los hombres mataban por estar con sus personas amadas, todos los sentimientos contenidos en su pecho no podía sentirlos ni siquiera en un año con otras chicas, mas Helena despertaba del letargo aquellos dichosas emociones en un mínimo segundo, tan rápido como que dijera.
—¡Mau estoy al máximo!—Gimoteo mientras intentaba contenerse.
Pero era inútil porque sus piernas estaban fallando.
—Apenas estamos comenzando Helena.
Ella soltó un alarido entre doloroso y placentero. Helena siguió disfrutando de cómo era devorada por una lengua traviesa que no aceptaba órdenes.
Mau era otro nivel un mundo nuevo tras las cartas del amor.
No tenía par.
Era un alfa.
Mau volvió a bajar por su estrecha línea que separa sus pechos, pero ahora no iba a tener ningún tipo de clemencia, la luna estaba al máximo en el cielo y sus rayos de luz bifurcados y eclipsados por las hojas de los arboles hacían que la vampira fuera carne fresca para sus colmillos. Rápidamente saco ese horrible cubre pechos que estorbaba en su cruzada, Mau suspiro para calmarse al ver aquellos pechos grandes y generosos, blandos y sumisos. El iris de los ojos del lobo cambió de color y ahora eran de color rojo, como si estuviera cazando a una presa. Inmediatamente los colmillos crecieron en su boca.
—¿Mau me vas a morder?—Helena temió por un segundo.
Mau sacudido la cabeza, para volver en si nuevamente, pero seguro que no iba a hacerle daño a Helena solo era un instinto de su cuerpo.
—No te hare daño.
—¿Seguro?
—Es que me hiciste llegar a mi lado más salvaje.
Ella rio a la par que acaricio el rostro de su amante, disfrutando de la sensación que le daba una barba de tres días de crecida. Era un espécimen excepcional.
Helena gimió fuertemente cuando la boca de Mau se apodero uno de sus pechos, mientras que el otro pecho lo cubrió con sus manos, no quería apartarse de ella ni por un segundo, solo quería estar allí eternamente como en el cuento de la utopía.
Helena sintió como los demonios de los sueños se apoderaban de su cuerpo, era como cuando tenía sueños húmedos con los caballeros humados, bronceados y fornidos, los cuales buscaban a las princesas, siempre soñó con uno, para sí misma, pero lo que le había llegado era aún mejor, una relación prohibida con un hombre lobo, sagaz, salvaje y sexy como él solo.
Si Uki la viera estuviera decepcionada, pero podía mandar a volar a la peli verde, solo quería desfrutar de Mau, Ella puso sus brazos encima de sus cabellera espesa y larga, acariciando aquel símbolo de masculinidad que le daba un tono más atrevido y atractivo.
Mau siguió devorándola poco a poco, hasta que Helena se arqueo de caderas, al sentir como los labios del lobo succionaban sus pezones.
—¡Mau…!—Gimoteo a la par, que caía una lagrima por sus ojos.
El lobo solamente rio.
Luego trato de abrir la boca todo lo que pudiera, para comer el pecho de su amante, no quería dejar ni un centímetro sin hacerlo suyo.
Mañana seguramente no iba a dormir pensando en Helena. Rápidamente siguió besándola hasta que no pudo más, Helena quería derrumbarse, pero Mau lo evito poniendo sus brazos entre los suyos y apoyándolos en el árbol, así ella se quedaría a su altura.
—No te vayas de mí, porque apenas estoy empezando.
Helena sintió como algo atravesaba su corazón y lo mataba lentamente.
—¡No! Clemencia.
—No, nada de clemencia.—Mau siguió riendo burlonamente.
Mau admiraba a la vampiresa, porque no le daba aquellas migajas como lo venían haciendo las lobas de su manada, desde hace unos cien años, cuando se enamoró por primera vez, una loba de su mismo clan y para colmo hija de los sabios, hizo todo lo que pudo para cortejarla, pero algunos chicos eran más dotados y más fuertes que el en esos momentos de su vida tan trágica, y al final ella se fue con uno de esos. Sin embargo antes habían tenido unas cuantas cosas, como un encuentro amoroso, en donde Mau se quedó fuertemente enganchado a sus besos, fuertemente, y pensaba que lo quería, pero al verla con otros entre sus brazos y ver cómo le hacia el amor a ese lobo, fracturo su corazón en miles de pedazos, tan pequeñitos que ni siquiera podía recogerlos para volver a formar uno. Solamente quedaba la resignación y el enojo por sí mismo, y así paso cien años hasta que se pudo liberar de la impotencia.
Helena volvió a gemir cuando sintió a Mau en su vientre haciendo círculos con la lengua en su ombligo, solamente era un desfile de placer que seguramente no iba a terminar tan pronto como era de esperarse.
Mau subió nuevamente por todo su cuerpo hasta que quedo al frente de ella.
—¿Porque escapas Helena?—Susurro a sus oídos antes de comer su cuello lentamente.
—¡No escapo!—protesto y continuo—¿me vas a hacer el amor o a interrogar?
Mau rio burlonamente y levanto su semblante hasta ponerlo al nivel del rostro de Helena, quedando a la par, con sus miradas conectadas.
—Quiero saber de ti.
—¡Mejor hazme el amor!—Reclamo tajante.
Mau no podía hacer más que reírse.
Mordisqueo un poco los labios de la vampiresa antes de bajar lentamente por sus pechos hasta donde estaba el vestido amarrado a un cinturón.
—¿Porque tanta ropa no es mejor estar preparada?
—¡Perdóname! —Dijo con sarcasmo— parece que no me iba a encontrar con un hombre lobo seductor que me haría el amor. Si no te aseguro que hubiera traído algo más apropiado.
Mau rio mientras quitaba lentamente el cinturón.
Mau al rozar la empuñadura de la espada se quemó la piel, rugió y aparto su mano rápidamente. Helena al verlo, rápidamente se quitó el cinturón en donde estaba la espada y la arrojo a las rocas del rio. De inmediato tomo la mano de Mau para comprobar el tamaño de la herida.
—¡Lo siento!— Helena con un tono algo pusilánime, acaricio la palma, allí había una mancha roja que se asemejaba a una quemadura por fuego.
Mau cogió el cabello de Helena con su otra mano y luego lo olio.
—No importa solo es algo leve.
—Te queme.
—Fue la espada, no tú. Fue mi error.
Mau beso intensamente a Helena para que dejara de hacerse ideas, calmándola de aquellos tacos penatorios para sí misma.
Se había disculpado. Vaya que si era una vampiro. Delicada y femenina, si fuera una loba solamente le hubiera dicho que se hiciera fuerte y dejara de llorar como una niña, pero ella era mucho más que cualquier loba de la manada, solamente era una magnifica vampiresa que estaba siendo usada por el placer, y que para Mau, sería la primera mujer, que entro a su vida de esa manera.
—Te aseguro que no me hiciste daño Helena confía en mí.—Con su dedo índice y pulgar elevo su mentón hasta conectarlo con el suyo y luego la beso.
El tacto de Helena pasando por sus manos hizo que su pene sufriera una erección terrible, tanto que ni siquiera podía controlarse, su pecho estaba lleno de deseo, por esa vampira que llego a su vida de la nada, se estaba dejando llevar mucho.
—¡Espera!
Mau se apartó bruscamente de la chica. Fue a los matorrales e hizo algo y luego regreso a donde estaba Helena, también se quitó la camisa de golpe. Helena disfrutaba viendo sus abdominales marcados como una estatua. ¿O eran las estatuas las que estaban marcadas como él?
—Puse un campo de seguridad, así nadie nos podrá ver ni escuchar, será seguro. Imagínate si alguien de nuestros grupos nos encuentra.
Ahora si nuevamente, sin nada que los detuviera Mau salto a los brazos de Helena y la devoro con su boca, sin nada que perder.
Solo quería follarla hasta el amanecer.
¿Dónde estaba Helena en estos últimos siglos? ¿En qué torre del castillo? ¿En qué cuidad? Iría a buscarla solamente si se lo pidiese, si estaba escapando la iba a ayudar, y escaparía con ella también, todo lo que sentía dentro de su pecho no era rival para la conciencia, sin embargo también tenía que pensar en otra cosa, si Helena era la chica indicada para él, como hombre lobo era una completa locura. Pero como ser viviente que siente, era lo más preciado que pudiera tener, la única que podía hacer controlar las emociones de aquel pecho rebelde con ansias de libertad y aventuras. No podía debatirse entre las cosas que debía hacer como las de su manada o solamente, dejarse llevar por Helena y sumergirse en la pasión de aquella aventura loca. Mau siguió besándola perfectamente hasta comprobar que ya estaba al borde, quería que su vampira y pequeño demonio estuviera tan fascinada como él estaba, como se ponía al ver su cuerpo tan perfecto.
—¡Mau!—Él se detuvo y la miro fijamente a los ojos— no te contengas.
Las palabras se convirtieron en un combustible en el cuerpo de Mau, ahora no pararía hasta sacarle hasta el último gemido de aquella boca tan dulce y suave.
Mordió sus labios con cuidado de no hacerle daño y luego bajo hasta su cuello.
Mau estaba tan candente que podía sentir como las llamas de la pasión se consumían en su cuerpo dando paso a la discordia sentimental, consagrada con mariposas en el estómago y varias lunas de soledad, rápidamente recupero el pulso y como un vicio muy necesitado volvió a morder el cuello de Helena, ya quería probar aquel cuello perfumado que lo hacía hundirse en sensaciones desconocidas a la par de una sabor húmedo y salado, Helena estaba sudada pero a Mau no le importó mucho solamente quería besarla hasta que no pudiera más, saco sus colmillos para morderla, pero se contuvo al último momento controlándose y saliendo de aquella bestia que lo tomaba en los momentos más desprevenidos: llamado lobo.
Helena gimió, luego se apoyó en la espalda de Mau para calmarse un poco, se excitaba al ver los abdominales de Mau moviéndose lentamente cuando respiraba, le gustaba observarlos hasta quedarse cansada, lo mejor de todo, era que Mau tampoco necesitaba ir rápidamente, tenía toda la noche, toda la noche para hacerla subir al cielo con aquellos besos enardecedores. El bosque ahora se plasmaba de dos cosas esenciales gemidos de placer y ruidos de la naturaleza, el rio siguió quebrando el silencio con sus rápidos peligrosos y vertiginosos, acompañando a los gemidos suaves y prolongados de la vampira. Mau siguió besándola quería verla húmeda completamente, tan húmeda que ni siquiera pudiera ponerse en pie por lo viscosa, que estaría en esos momentos. Mau puso sus manos en aquellos pechos generosos y blandos y hasta la noche de hoy, nunca vio pezones tan delicados, tiernos, duros y rosados, como los de Helena. Sin mencionar que sus labios hacían juego con sus pezones. ¿Sería que su humedad estrecha también era del mismo color? Mau no tardaría mucho en descubrirlo porque su entre pierna también imploraba que detuviera aquel inmenso dolor por el cual estaba pasando.
Helena era la máxima expresión de la belleza en aquellas tierras emparamadas y desoladas por la devastación de la guerra entre clanes.
Helena no podida aguantar más, deseaba que Mau tomara con su lengua sus más bajas partes, en donde la luz rara vez llegaba, quería que la introdujera hasta que no se pudiera mover. ¿Eso era una bestia? Comparado con los vampiros de su clan Mau parecía diez veces más civilizados y hacía sentir bien a una mujer, no solamente como aquellos que buscaban una relación de una sola noche. La poligamia se había puesto de moda en aquel castillo, pero para Helena eso no iba nada, le gustaba tener a alguien solo para ella, y si era posible tener a Mau solo para ella, para que lo iba a compartir con alguien más, para que una chica más bonita que ella viniera y lo enredara en sus juegos, no para nada, si tenía que gemir más fuertemente entonces lo haría pero no se iba resignar a perderlo, no a su lobo, no a ese hombre que gritaba sexo. Su cuerpo era un paraíso para cualquier mujer que estuviera alrededor. ¿Cómo los de su manada no querían estar con él? ¿Eran locas? Bueno de animales no se puede esperar mucho, sin embargo no tenían el cerebro necesario para mantener a su lado un hombre tan empoderado como ese.
Posiblemente las cosas para los lobos eran distintas que para los vampiros o el resto de los Humanos o seres míticos que habitaban en el bosque.
Mau bajo hasta el vientre de Helena.
—¡Ahora si vampira es hora!
—No ansió nada más en este mundo mi señor.—Con aquella actitud de mojigata, ella se dio vuelta y dejo sus pechos en posición al tronco y dio la espalda a Mau.
El rio burlonamente mientras aullaba.
—¡No soy una loba señor!
—Tampoco quiero que lo seas.
Mau regreso a donde estaba y luego mordió sus orejas haciendo chillar a Helena, paso sus manos por debajo de los brazos de la vampiresa y tomo sus senos, Helena volvió a gemir cuando sintió las manos cálidas de Mau, una en su pecho y la otra más debajo de la cintura donde hacia presión contra su pelvis y sentía el voluptuoso, grande y empoderado m*****o, en una erección total.
Helena también supo una cosa… No tenía nada que envidiarle a un vampiro.
¡Nada!
Mau estaba ya al límite, y con el trasero de Helena pegado a su cuerpo la emoción solo crecía, no podía parar ahora que estaba en ese estado, volvió a sacudir la cabeza, para no perder la noción, pero el olor de Helena lo hacía entrar en celo. Antes olía a tristeza, pero aquel olor de felicidad y placer, era una peor, era tan fuerte que lo embriagaba con solo estar cerca, y también lo ponía feliz al saber que la estaba pasando bien con él, era la máxima expresión de orgullo para un lobo, saber que su pareja está disfrutando del placer mutuamente, ojala Helena Fuera loba para poder reclamarla, si la mordía una parte de su ser, iba a quedar en la vida de Helena y se convertiría en su mate, tendría que cuidarla y protegerla de sus enemigos, aunque ella era de los enemigos, también su olor quedaría dentro de su cuerpo, y los constantes lobos de la manada y los enemigos, se enterarían que ella estaba teniendo algo con el lobo.
Estaba perdido por todas partes solo tenía que resignarse a verla entre las sombras
Helena también pensaba en todo lo que estaba haciendo, nunca antes pensó montárselo con un hombre lobo, si quiera pensó que había un hombre para ella digno en el clan, sin embargo allí estaba ella, haciendo el amor de una manera inolvidable y gimiendo de placer por una bestia que se consideraba enemigos, y probablemente eran enemigos de los vampiros porque… cualquier mujer que conociera los dotes de un hombre lobo, mas su cuerpo, se iría de las manos de aquellos albinitos de piel clara. Tener a alguien tan viril, masculino, empoderado, fornido y caliente, como Mau, seguramente quedarían locas en poco tiempo.
¡Locas!
Porque ella estaba quedando del mismo estado
—¡Mau no resisto más!—Helena se aferró de las protuberancias del tronco para no caer al suelo como cual árbol que se tala.
—Resiste es mejor cuando estas al máximo.—Susurro a sus odios.
Ella resistió tal como se lo indicaba el Lobo, Mau paso sus manos por la silueta femenina de Helena con todas sus ganas hasta dibujarla con sus manos, para luego, agacharse y quitarle el vestido y lo que aún quedaba de vestimenta, cuando vio la ropa interior de la vampira solo se enfocó en disfrutar, y por suerte se había puesto la mejor lencería que encontró en su cuarto, reemplazando unas blancas de color puritano, por unas atrevidas mallas de color negros que se aferraban hasta la espalda, era más sensual y provocativo.
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Ella puso los ojos en blanco y luego disfruto el aliento cálido de Mau entre sus piernas, brindándole respingos y calambres como Dios manda.
Mau ahora sí que estaba descontrolado, porque necesitaba poseerla y hundirse en ella ya, no podía aguantar más, solamente estaba siendo víctima del peor calentón en su vida, sus manos hasta temblaban al pasar por aquellas piernas que deseaba más que nada, le iba a dar una baja de tensión solamente por verla desnuda, ni se quería imaginar lo que iba a pasar cuando estuviera dentro de ella, hundiéndose hasta fronteras no exploradas nunca antes, Helena volvió a gemir cuando sintió las manos de Mau pasaban por sus piernas, sobándolas de arriba abajo, sin descanso ni piedad, sí que era una bestia. Pero del placer.
—Voy a quitarte todo, no te preocupes por el frio, yo lo voy a reprimir.
Mau seguro de lo que hablaba, paso sus manos por debajo de los bordes de la lencería y los saco lentamente disfrutando de cada movimiento de Helena, ella sentía como miles de hormigas subían por sus caderas hasta llenarla de felicidad en su corazón.
—Mau…—Gimoteo nuevamente casi desmayándose del placer.
Mau aún conservaba la ropa de los pantalones para abajo, pero tampoco quiso quitársela aun, quería hacerla desvariar de placer.
Quería elevarla hasta las nubes y hacerla sentir vampira o mujer, o como quisiera que se sintiera cuando le provocara un orgasmo solo con su lengua.
Luego de algunos segundos de admirar su sexo desnudo, Mau pego una de sus manos a la estreches de la chica e introdujo un dedo hasta el fondo, Helena se estremeció en el pecho poderoso de Mau, sintió como el paraíso iba entrando poco a poco tratando de buscar algo, pero no lo encontraba y en cambio se escabullía por cada parte de su interior húmedo y caluroso.
¡Estaba mojada!
Luego Mau volvió a levantarse pero sin sacar el dedo y beso vorazmente a Helena, ella gemía en cada movimiento de la mano de Mau, ¿en serio consideraban a los hombres lobos bestias? Claro que no, ella pensaba que más bien eran criaturas con el poder de hacer el amor como nadie, ninguno de su clan podía hacer ni la mitad de lo que hacía Mau, en primera porque solo veían a las mujeres como su satisfacción y segundo porque eran de lo más precoces, solo duraban lo que ellos querían durar. En cambio Mau, jugaba con ella y disfrutaba hasta la última parte de su ser, eso era un halago para cualquier mujer. Saber que la estaba pasando tan bien con ella, que no quisiera despegarse nunca de sus brazos, nada la hacía sentir más mujer en el mundo, tal vez por eso, ahora Mau estaba quedando en su corazón, porque era completamente un romántico s****l. Ella sentía como el corazón a veces se le paraba y pensaba que se estaba ahogando, pero luego la sangre corría nuevamente con mucha más fuerza de lo que antes había corrido, era una sensación alucinante que solo podía conciliar en la soledad de un bosque.
¡Era prisionera de sus caricias!
Mau siguió moviendo el dedo sin ningún tipo de alteración, nunca se contendría, porque estaba haciendo feliz a la vampira y ese olor le gustaba, que su olor se mesclara con el aroma a lirios, eso colmaba su olfato tan agudo que pudiera captar olores a kilómetros, pero era también un problema, porque si no podía controlarse con sus cinco sentidos, entonces perdería la razón y le haría daño, por eso le gustaba Helena, era un reto que le gustaba enfrentarse, le encantaba sentir la emoción en su cuerpo, eso conllevaba a ser precavido, cuando su cuerpo estaba al máximo y no podía hacerlo, con una voz ronca se acercó a su oreja y le susurro.
—¿Me vas a decir de quien escapas?
—¡Mau!—Espeto en forma de queja.—Hazme el amor y te lo diré después.
—¿¡Con seguridad!?
—Si Mau con seguridad.
—Entonces vale. Prepárate que la noche comienza.
—Eso si me gusta.
Mau metió el segundo dedo, haciendo correr a Helena, ella arqueo la espalda y se recostó al pecho de Mau, dejando que el líquido chorreara hasta el piso, ya no podía aguantar más.
Gimió mientras recupera algo la respiración.
Mau tomo su boca como reten.
Luego le dio un giro cual tortilla, y metió el tercer dedo, Helena no podía respirar entre sus dedos y la lengua que hacia círculos en su boca. No podía procesar tantas cosas ni tampoco, podía controlarse, quería gemir como una loba en celo aunque no fuera de esa especie.
—¡Mau quiero más!—Imploro Helena ya estaba empezando a mover sus caderas repentinamente, A Mau le gusto esa actitud, que tomara la iniciativa siempre hacia las cosas más fáciles.
Volvió a besar sus pechos nuevamente, y es que podía hacerlo un millón de veces y no se cansaría, porque su belleza combinada con aquellos pezones era un tesoro digno de un pirata.
El lobo sabía hacer que la vampiresa perdiera el control. Era como una droga con la que experimentaban los chamanes en las aldeas.
Pero se sentía muy exquisito.
Mau se cansó de esperar tanto y bajo hasta el sexo de Helena, viéndola atentamente con sus ojos de lobo, ella se quedó mirando, viendo como intentaba hacer algo irremediable. Detener el rio de pasiones que estaban contenidas en la creciente de su corazón. Mordisqueo un poco alrededor y ella se tambaleo casi que cayendo al suelo, pero resistió con valentía, hasta que Mau volvió a tomar posesión de su sexo sin ningún permiso, Helena intento cerrar las piernas pero tampoco quería hacerlo. Dejaría que el lobo tomara las riendas de aquella situación perfecta, sin dilaciones, Mau metió su lengua y la hundió hasta lo más profundo del laberinto, Helena gimió tan fuerte que en el bosque se escuchó un eco, Mau rio burlonamente como lo venía haciendo desde hace rato, y luego se deleitó con ese