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1206 Palabras
  Helena no se apartó de Mau, al contrario solo se quedó disfrutando de los labios del muchacho, Mau rozo el paladar con su lengua e hizo que ella se estremeciera dulcemente, luego tras tambalearse de placer, Helena se apartó de aquellos labios que la hacían desvariar y respiro, a la par que soltaba un gemido gutural. A Mau se le hizo papel el corazón escuchando como gemía la vampiresa, el lobo pensó que tal vez ella le iba a sacar los colmillos, y que se iría volando de allí pero no, gimió, en contestación a un beso ardiente y cargado de deseo. Posiblemente era algo que estaba sintiendo también. Mau no se detuvo a pensar, volvió a besar la boca tan dulce y cautivadora de Helena, sin clemencia, lento y fuerte saboreando todas las partes posibles, todas, pasando su lengua hasta por el ultimo centímetro de piel suave y delicada. Mau bajo sus manos por la espalda de Helena hasta detenerlas en su cintura y darle un apretón, Helena jadeo pero tampoco dijo nada. Ella se aferraba a los brazos perfectamente tonificados del lobo, por ahí podía vivir una familia entera de ardillas, porque estaba más duro que los troncos de los árboles, Dios Mau  era de otras tierras o de otro mundo, más que lobo parecía un demonio en plena forma muscular. Sin hablar de aquella espalda tan excepcional seguramente esos músculos no eran de ir al gimnasio, como lo hacían los caballeros de la corte, y siendo honesta con ella misma, era mejor, Mau no era un tipo como los que habitaban en el castillo, él era mucho mejor, hasta su persona era más benevolente que la panda de chupa sangre con la que se juntaba. Helena se aferró fuertemente a su espalda poniendo las manos allí, sintiendo el pecho poderoso del lobo contra sus pechos más generosos. Pero en el interior de la vampiresa aún conservaba aquel ardiente deseo de quitarse la ropa y ser poseída por Mau, tal vez era el único por quien mostraba una atracción física, o hasta algo más, le mataba esa forma de ver, sus ojos claros y aquella melena que caía sobre sus hombros, lo hacían ver más masculinos, un chico malo del bosque, estaba al borde. Mau siguió dibujando círculos con la lengua dentro de la boca de Helena, ¿Por qué estaba haciendo eso? Si algún m*****o de su clan lo encontraba tan acaramelado con una chica vampiro, entonces seguramente lo iban a crucificar y es que se había puesto de moda en Roma y desde allí, el castigo era tal. Sin embargo también el interior de Helena era consumadamente sabroso, la quería para sí solo, con su olor corporal y la sangre corriendo por sus venas a esa velocidad, quería sacar sus colmillos por instinto y luego morderla para reclamarla. La ansiaba reclamar. No tenía control bajo sus acciones. Ojala los duendes no se pasaran por allí esa noche, porque entonces correría sangre.      Mau se apartó de si boca, antes de sacar sus colmillos y clavárselos, sacudió la cabeza para lograrse controlar, podía escuchar el latido del corazón de Helena en sus oídos, los instintos de lobo lo ponían en celo, ahora estaba ardiendo por dentro. Esos besos enardecedores solamente hacían que cada uno tuviera descontrol en sus corazones, era el pecado que los hacia descontrolarse. Por dentro tenía un demonio que le pedía que tomara a Helena de los brazos y la pegara al árbol para hacerle el amor. Pero era una decisión deliberante y no la tomaría. Ambos se quedaron viéndose a los ojos. Ninguno de los dos dijo nada, solo se podía escuchar el rio, mermando su fuerza y el quiebre del agua en los rápidos. Helena captaba aquel olor tan excitante de la naturaleza, parecía un aroma a lirios pero no era eso solamente venia combinado con más olores. Mau puso sus dos manos gigantescas en el rostro de Helena, teniendo cuidado de no hacerle daño, la acaricio suavemente con sus dedos, cuidando de  no rasgarla con sus garras pero a la vez de palpar aquella cara bonita que brillaba bajo la luz de la luna. ¿Cómo alguien podía ser tan hermosa como Helena? Posiblemente nunca tuviera una respuesta sólida, pero sí que tenía una ambición en el mundo, y era desnudarla y separar sus piernas. —Helena Yo… Ella puso su dedo índice en la boca de Mau y no lo dejo hablar más. Luego abrió un poco sus labios y lo beso tiernamente, nuevamente. —Vivamos una utopía. La declaración de Helena dejo sin habla al pobre lobo que estaba ansioso, pero sin perder más tiempo, Mau volvió  a besarla vorazmente. No quería dejar ni una sola parte sin escrutar con su lengua. De un jalón Mau arrebato la camisa de botones que ocultaba sus pechos generosos y dejo paso a un cubre pechos fachado a la antigua. ¿Vamos de dónde venía? Los brasiers ya se habían puesto de moda, seguramente la vampira no salía mucho al mundo. Helena no podía seguir aquellos labios tan feroces que la estaban poseyendo sin clemencia, pero sí que podía disfrutar de cómo estaba siendo mujer mientras el lobo la examinaba por cada parte de su cuerpo, seguramente Mau nunca conoció a alguien así en su mandad, y era cierto. Pero Helena lo disfrutaba, no era un simple beso que cualquier vampiro le podía dar, tal vez era porque Mau no pertenecía a su clan, por eso su corazón latía más rápido y fuerte en su presencia, o solamente porque era una bestia pero no como las que relataban los mitos, era una bestia besando. Helena volvió a emitir un gemido cuando paro para respirar. —¡Ay…! Menciono Helena cuando Mau roso su clavícula con unos colmillos que resplandecían y brillaban. Mau sacudido la cabeza y entre una risa burlona entonces bajo lentamente por los hombros de la chica para quitarle su cubre pechos, lentamente se deleitó con aquel aroma a perfumes que exudaba la vampira,  Helena rápidamente entrando en calor, se quitó la capa que cubría su cuerpo. Dejando ver su vestido ajustado a su cuerpo perfectamente, Mau excitado seguía comiendo cada parte de su ser. No quería dejarla ir, desde luego se acercó más a ella hasta pegarla al árbol y presionarla contra el duro tronco. Helena se sentía prisionera pero también sensual, al pasar por su cabeza aquellos actos inmorales que haría se puso roja, y no precisamente el color del rubor antes proporcionado por Uki y sus maquillajes, ningún vampiro se atrevería a besarla así, ni a arrancarle la ropa, pero no estaba en el castillo, y Mau no era un vampiro, sino un hombre lobo. Y también quería que la devorara como a una presa. Si era la última vez que se verían, tan siquiera quería disfrutar de sus últimos momentos juntos.   —¡Mau hagámoslo como si fuera la última vez!—Dijo mientras jadeaba. —Hare que sea inolvidable vampiresa. Las palabras del lobo penetraban en el oído de la chica hasta lo más profundo de su ser, estaba extasiada. Y delicadamente profanada. ¡Pero le encantaba! O si no, preguntadle a los gemidos que salían de su boca.  
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