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3437 Palabras
La vampiresa vio al lobo al otro lado del rio, en primera instancia se asustó tomo una espada de plata que cargaba siempre que salía de caza con el resto, ella también se había separado de su grupo. Helena se acercó un poco más al lobo con miedo pero atenta a todo lo que pasara. El agua del rio pasaba entre la patas del caballo de helena mientras que la luna estaba completamente llena. Mau se quedó entre los matorrales del bosque. No quería hacer un acercamiento mientras que ella se acortaba la distancia con leves pasos. Helena cuando cruzo el rio se bajó del caballo, la espada la tenía empuñada y los ojos rojos de la chica brillaban. Mau dejo su forma animal al ver a la chica. Entonces recobro su confianza Y se acercó a ella de espacio y con calma. Helena vio como un hombre salía del espeso bosque y levanto la espada. —¿Quién eres?— Dijo Helena en un susurro discreto. —Soy un hombre lobo, pero quieta no te hare nada puedes bajar la espada— Helena no confiaba en la palabra del hombre lobo, pero envaino la espada. —Estaba casando y ¿tu?— Pregunto Mau. Helena estaba dudosa en contar como llego al lugar. —¿Estas solo?— Dijo ella con interés. La vampira sabía que podía ser solo una trampa, y estar rodeada de feroces lobos lista para desmembrarla y hacerla rehén.  —Si estoy solo— ella sin ningún tipo de justificación confió en él. —¿Porque estas solo?— El dejo la oscuridad de los árboles, y empezó a caminar hacia el brillo de la luna. Helena pudo contemplar aquella belleza que cubría la bestia. Sus ojos eran claros, grises como las nubes de lluvia, su piel era clara y su cabello n***o. Helena admiro tales rasgos físicos. —Me perdí— respondió con algo de vergüenza poniendo una sonrisa en su cara. También tenía ese acento seductor que la hacía alucinar, una voz ronca, áspera y profunda que se calaba en las orejas y llegaba a lo más adentro de su cabeza. La chica también sonrió siguiendo el juego de la luna, Mau se sorprendió, la belleza de la chica era embriagante, sus ojos rojo parecían manzanas jugosas que podían morderse, mientras que su piel pálida, brillaba entre un gris y un  blanco pálido, el lobo tenía ganas de morder aquel apetitoso cuello. Mientras que una su línea de cuerpo era delgada en la cintura y  anchas en sus caderas y pechos, como si fuera una abeja pero no tan deslumbrante. La chica dio dos pasos hacia atrás, choco con una roca y cayó al piso, el lobo ágil con sus ávidos movimientos la tomo de la mano antes de que cayera. Ella se asustó, pensaba que el lobo le iba a hacer daño. Cerró los ojos fuertemente. El chico estrecho a la chica en un fuerte abrazo —No te asustes, te ibas a caer— dijo rápidamente para que ella no temiera. La chica sintió el calor del pecho del lobo, sus músculos eran rígidos y firmes perfectos para apoyarse en ellos. El silencio era idílico, ninguno de los dos pronuncio una palabra, el rio dejaba escuchar su caudal donde los pequeños rápidos hacían quebrar el agua, con el ambiente más silencioso, entre las cuerdas  musicales de los grillos y los murmureos de los búhos ella también conoció el latido de un hombre lobo. —¿Ya estás bien? Mau estaba tan excitado que temía que la vampira sintiera la erección detrás de su pantalón, estaba tan duro como una roca y lleno de voluptuosidad, aquel abrazo había sido la pólvora que seguramente iniciara la guerra entre los clanes. Pero Mau sentía toda una explosión de cosas en sus cuerpos, ella se acoplaba perfectamente a sus músculos y también a su pecho, quería arrancarle la ropa y hundirse en ella, hasta que llegara el amanecer, la locura se estaba apoderando de él, pero ver a la r**a enemiga tan débil e insegura hacia brotar su lado más humano, mas sentimental y piadoso. Helena después de unos minutos escuchando el creciente murmullo del corazón del hombre lobo acelerado y agitado fuerte y tenaz, se separó con dulzura intentando no tocar el pecho tonificado. Mau la miro directamente a la cara, a los ojos, donde su brillo deslumbro al lobo. —¿Cómo te llamas?— Mau pregunto con voz ronca y lenta, como si estuviera completamente entretenido y lo estaba pero en ella. —Me llamo Helena— ella sonrió y vio a los ojos mate del lobo. —¿Y tú?—Pregunto al mismo tiempo que le regresaba la sonrisa.  —Yo me llamo Mau— la chica pensaba. Un silencio breve se sintió entre ellos, hasta que la brisa del aire el obligo a hablar, al mismo tiempo en armonía. Chocando sus palabras —Tu primero—Dijo ella riéndose un poco. Mau no dudo en hablar como pudo pero estaba nervioso. —¿Porque vagas sola por las penumbras?— la chica inclino la cabeza como si no supiera de que estaban hablando. —Creo que también me perdí—. Rio con algo de picardía e ignorancia. —Oye pero andas a caballo, porque no haces que el busque a tu manada— Ella rio. —Nosotros no somos manada como ustedes, nosotros somos una cuadrilla, y creo que me perdí cuando estaban cazando a unos humanos— el chico se puso pálido como si hubiera visto un fantasma, pero era la única mentira que podía salvar a Helena. Él no podía conocer que estaba escapando de casa. —¿Humanos?— Ella afirmo con la cabeza.—Esto es malo, si mi manada se encuentra con los humanos van a empezar una guerra— Ella se sentó en una roca. —No creo, porque los humanos que vimos no eran caballeros ni guardias, eran solo humanos comunes y corrientes— el confió en ella, aunque seguía perdido de su manada.  —No sé dónde están mis compañeros, este basto bosque es tan grande que no puedo ubicarme, sabes por donde ir a la colina del norte— ella se levantó de la roca. —¿Allí está su manada?— El afirmo con la cabeza —Pero no se lo digas a nadie— ella guardo silencio, sabía que los vampiros estaban buscando la casa de los lobos para ir a quemarlos y esclavizarlos. —Si no voy a rebelar tu secreto— ella miro a la luna —Lo juro por la luna— Y alzo la mano en dirección al cielo morado. —Entonces tú también estas, perdida— afirmo con precisión el lobo.  —No exactamente,  tengo esto— Helena con sus manos saco de su vestido una brújula. Sé que es castillo donde vive mi clan, esta al sur y el sur está por allá— apunto en dirección a rio abajo. —Sabes cuando vi que estabas entre la maleza pensaba que me ibas a hacer daño— el camino y se sentó en la piedra de un rio, justamente debajo de la luz de la luna. —No todos los lobos somos violentos— ella sonrió mientras se sentaba a un lado de él, cuido de que su vestido no se manchara con el musgo de las rocas y que no rozara con el agua que pasaba enfrente. —Helena eres muy bonita— la vampiresa se ruborizo hasta el punto de que su cara estaba al igual que un tomate.  —¡Gracias!— era la primera vez que escuchaba a un hombre lobo alagar a una vampiresa, aunque las historia que le contaba la gente de su clan, en las que había habido romances entre integrantes de ambas razas era un mito una farsa para la chica. Aunque en varias ocasiones algunas de las doncellas que pasaba por los amplios pasillos del castillo, mencionaban el nombre de la luna llena, donde las criaturas de la muerte, el nombre que los humanos habían puesto a cada r**a, se encontraban en completa armonía y se palpaban en las sombras, a ese momento se le llamaba “Utopía” —¡Esto es una Utopía!— dijo sin darse cuenta que lo pronuncio alto. Ella miro con alarmo al chico, pensó que no sabía nada del tema. —Sí creo que parece— ella lo miro sorprendida.  —¿Sabes lo que es?— el afirmo con la cabeza. —Un día de pequeño vi a un anciano en un pueblo, y me conto sobre cómo había visto que dos razas que se odiaban, terminaron en una guerra por el amor de dos de sus integrantes. Por el amor de una vampiresa y un hombre lobo— El silencio los volvió a invadir. Al rato ella rompió el silencio  —¿Crees que sea cierto?— Mau estaba viendo como fluía el agua.  —Puede ser— no dijo más palabras y metió su barbilla entre sus brazos y siguió mirando al agua. —Mau ¿Cómo son tus amigos? — Mau dudaba en contestar, pero al cabo de unos minutos decidió hacerlo. Helena pensaba que la pregunta había sido indiscreta y por eso callaba. —Son una pila de locos, pero son los locos más divertidos que vas a conocer— Helena sonrió con aquella delicadeza que caracteriza a una mujer. —¿Y las tuyas?— pregunto él. —No tengo muchas, solo un par…—Helena dejo de hablar de un momento para otro. —Entiendo—.dijo Mau sin previo aviso Mau tenía aquella necesidad de tomarla entre sus brazos y comérsela a besos, pero la asustaría era una tortura tenerla tan cerca y no poderla tocar, pero también era una bendición contar con su bella presencia dando más color a la naturaleza. Mau sollozo de dolor cuando hizo un movimiento brusco. —¿Qué pasa?—Pregunto Helena rompiendo el silencio. —Nada solo son los aguijones de unas avispas, las moleste cuando me perdí y bueno ya sabes cómo acabas cuando te metes con esas criaturas del demonio. Helena rio suavemente cuidando de verse como una dama, hoy agradecía aquellos modales que le enseñaron en el castillo, servían perfectamente con Mau para hacerse ver digna e irresistible, aunque nada la hacía sentir más irresistible, que los ojos del lobo pasando por cada parte de su cuerpo. —Déjame ayudarte, si no sacas el aguijón seguramente te va a doler toda la noche. Mau aún no podía creer aquellas cosa que decía Helena. —¿Hablas enserio? —Si ya te debo un favor, y pues también pienso que sería incomodo dormir con unos aguijones en la espalda. —¿Segura?—repitió Mau. —Sí. El afirmo con la cabeza, aunque era una locura, si apenas se había contenido con lo de la erección separándola de su cuerpo.  Ahora que tendría aquellas manos suaves y cálidas sobre si, seguramente iba a explotar, más de lo que ya había sentido. Helena hizo un movimiento habido por encima del hombro de Mau, para sentir un musculo tan duro como las armaduras que usaban los caballeros de su clan. Mau a diferencia de ellos, no mostraba aquella mirada malévola, en cambio el lobo era más pacífico, y también parecía ser más joven que cualquiera de los que habitaban en su castillo. Su mirada reflejaba tranquilidad, paz y porque no, también seducción, sin embargo también estaban a la par de un peligro yacente en el corazón del muchacho. ¿Cuántos años tendría? —Mau voy a aplicar algo de fuerza para sacarlas. —Si.—Inmediatamente el lobo se sacó el abrigo que cubría su espalda y pecho, pero dejaba sus brazos al descubiertos. Helena hizo un esfuerzo en contener la respiración y caer desmayada, porque aquella espalda tan musculosa la hacía desvariar, que le controlaran el pulso cardiaco, porque estaba siendo víctima de un paro cardiaco, era una completa satisfacción para sus ojos poder ver aquella piel clara y musculosa moverse a placer, hasta su entre pierna entro en un dolor sofocante. Sacudió su cabeza disipando los pensamientos inmorales que le traían la marea, ahora mismo solo tenía que concentrarse en su perdición. La espalda tan fornida de Mau. —¡Va a doler un poco! Helena puso sus manos sobre la fría espalda de Mau. —Estas helado. —La lluvia me obligo.—Espeto con algo de resignación. Helena paso sus manos suavemente por la espalda, deslizándolas con parsimonia, haciéndolas hacer movimientos lentos y sensuales. ¡Maldición! Mau se estaba poniendo rígido nuevamente y el frio de su piel no valdría para nada, tenía que controlarse, respiraba con algunas dificultades, aunque tampoco tenía ganas que parara, ese era un placer tan inmaculado como su cuerpo. Ansiaba su trasero y sus pechos, quería devorarlos, pero eran dos razas tan distintas, ¿qué pasaría si los atraparan haciendo aquello? —¡Voy con la primera!—Helena localizo el aguijón y con sus uñas lo saco lentamente, como si de un granito se tratara. —No importa sigue. —¡Bien! Helena siguió con su trabajo, pero se detuvo a pensar, nunca en su vida le había acariciado la espalda a nadie, ni siquiera a su amor platónico Luciano D. Carpinsor, quien le había gustado desde que era una niña, ni siquiera a él, pero a Mau, todos los sentidos de su cuerpo lo imploraban, si alguien de su clan lo encontraba haciendo eso, seguramente la iban a someter a la evaporación espontanea. La clavarían a una estaca en medio del único salón en donde penetra la luz solar del castillo y luego la dejarían quemarse por el sol. Pero valdría la pena, porque estar escabulléndose por aquellos músculos… solo unas pocas tendría el derecho. Lo que inicio otra pregunta aún más osada en su cabeza, que termino diciendo en voz alta sin pensarlo. —¿Tienes novia? —¡Mhh! ¿Qué dices helena? —Nada—Intento reponer siendo algo benevolente. > Helena siguió contemplando aquella espalda tan musculosa, sus manos se estaban poniendo más calientes con las caricias que proporcionaba, luego de quitar la mayoría de los aguijones de las avispas, se apartó lentamente de Mau, y se sentó a un lado suyo, estiro los piernas por encima de la roca y los dejo colgando en la caída de la piedra, Mau daba gracias a Dios por que Helena se había retirado de su espalda, estaba tan duro como la roca en donde se encontraba sentado, pedía clemencia ¿Por qué su corazón latía tan rápido? ¿Era helena la causante de todo eso? Una mezcolanza de pensamientos: pero lo único que consideraba verdadero, era la belleza vampírica de esa mujer, ¿Por qué tenía que ser vampira? Si fuera humana o elfa, seguramente ya le hubiera dicho que se casaran, o en su defecto, le hubiera mordido en el cuello, para reclamarla como suya, nadie se podía acercar a ella, luego de mordida. —¡Mau! Estoy muy contenta de haberte conocido. —Yo también—Mau miro directamente a la luna. —Pensaba que los Lobos eran demonios. —Un demonio no es un demonio si este tiene sentimientos. Helena pudo captar aquel brillo en los ojos del lobo, era pacífico y roconfortante, Mau hablaba la verdad y la mentira a la misma vez. Una vampiresa y un hombre lobo jamás iban a poder estar juntos, menos cuando la vampiresa era m*****o de una familia de nobles. A veces el mundo conspiraba contra la felicidad de las criaturas del bosque. Helena en silencio y meditando la palabras que antes Mau había vociferado, que aún no comprendía si lo decía, por solo decirlo, o como algún tipo de esperanza para poderse volver a ver, ojala fuera la segunda, era una opción más viable que volver a su castillo de marfil, a casarse con el señor de las sombras. Helena miro el rio, él se encontraba iluminado por la luna y el agua brillaba, la imagen de la misma se formaba perfectamente en el estanquillo que se formaba más adelante, parecido a un lago en miniatura. Mau admiro a la vampiresa era tan tranquila e ingenua, creía todo lo que le decían lo demás,  sus ojos perdidos en el horizonte. ¿Qué escondería la vampiresa de pelo castaño? ¿Sería que no podía decir nada? ¿O estaba escapando? Los vampiros tenían costumbres muy extrañas por lo que la gente decía. Sin embargo tampoco quería dejarla sola, estaba insegura en un bosque peligroso, cualquier cosa podía hacerle daño a una chica hermosa y de semejante actitud pusilánime, exudaba nobleza Mau sabía que era de una familia importante, y no estaba perdida, estaba escapando de alguien. Generalmente los vampiros no cazaban y los caballos de los susodichos, no se perdían fácilmente, Helena estaba escapando de algo o de alguien. Tenía que sacarle la información, en ese bosque siempre habitaba criaturas peligrosas, ciclopes, minotauros y hasta algunos dragones, pero estos se solían esconder en las profundidades de las cuevas como en donde vivía Mau. Mau conocía a esos dos ancestros, se los cruzo en una cacería anterior, y hasta pudo entablar una conversación interesante y pacífica. Miro a Helena por el rabillo del ojo, era de las más hermosas que había conocido,  quería besarla, pero su integridad no lo permitía, implacablemente saco esas ideas locas de su cabeza para seguir interrogando a la chica, que estaba escapando de algo. —¿Helena hacia donde te diriges? —Lo más lejos posible. Mau frunció el ceño. —¿Por qué? —No quiero estar más aquí. O tan siquiera por los próximos cien años. —Eso es mucho tiempo. —Sí. Ahora entendía menos, pero si sabía que estaba escapando de algo. —¿Es como un viaje de peregrinación? —¡No! En lo absoluto.—Ella se levantó de la roca y comenzó el descenso hasta que estuvo cerca del rio— solo quiero irme lejos y olvidarme un poco de todas las cosas que están pasando a mi alrededor. Mau hizo también lo mismo. —¿Qué cosas? —No te gustaría saberlas.—Menciono algo confiada. Ya la pared que se imponía entre los dos, estaba siendo derrumbada con cada segundo que pasaban juntos. Mau la  rodeo con los brazos por encima de sus hombros delicados, Helena quiso apartarse de un brinco, pero su cuerpo la traiciono y se quedó allí disfrutando del calorcillo entre aquellas tempestades emparamadas, y también de aquel pecho poderoso y rígido por el cual estaba siendo presionada. —¿Son muy duras?—Recalco el lobo muy interesado en saber lo que pasaba con la chica. —Sí. —Cuéntamelas. Helena estaba perdiendo el control de su cuerpo, por un segundo creyó que Mau estaba flirteando con ella, aunque podía ser una posibilidad. —Porque no usas tu lengua para otras cosas más emocionante Mau. Allí estaba nuevamente esa actitud recia y sin nada de suspicacia, a Mau encendía que lo trataran así, más si se trataba de una hemos Vampiresa como lo era Helena, sin nada más que decir, volteo a helena haya que sus cuerpos quedaron a la par, y acerco su cabeza hasta atrapar los labios de ella, en un beso profundo y acalorado, Helena dejo que esa lengua se fuera apoderando de su cuerpo lentamente, las manos del lobo eran ásperas y calurosas, perfectas para recorrer cada curva aterciopelada de su cuerpo y deseaba que esas manos la recorrieran. Sin darse cuenta, Mau ya lo estaba haciendo, estaba jugando con ella con la garras de los lobos tan características, como jugando con una presa antes de ser devorada, Mau paso sus manos por la espalda delicada de Helena, sumiéndola en placer, ahogándola en pasión que no se podía calmar con nada. La luna siempre era la mensajera de la pasión y los demonios que habitaban en las penumbras eran afectados pos sus ciclos. Cuando la luna estaba llena, la pasión podía ser más fuerte, a la vez otros sentimientos también, como lo eran el odio. La venganza, la tristeza o el dolor, todas estas cosas siempre pesaban cuando la luna estaba en su punto máximo del cielo nocturno. Las criaturas presentaban un estado de vulnerabilidad a los efectos lunares. Y cuando había eclipses eran los peores momentos para estar en celo. Solo traía pánico y dolores. Mau intensifico el beso   
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