Lo políticamente correcto sería ofrecer el pésame, ir al velorio, darle unas cuantas palabras huecas y nada convincentes al profesor Benet. Hablar de su esposa y decir el maravilloso ser humano que era sin siquiera conocerla. Mirar desde afuera nunca se va a comparar con pasar el momento en carne propia y si se trata de enfrentar la muerte de un ser querido, menos. El tema que se suponía delicado, pasó a ser un chisme más en la universidad. Algo que comentar para matar el tiempo. “Dicen que el señor Benet estaba a punto de divorciarse, así que se ahorró todo el proceso”, decía una alumna que ni siquiera tomó clases con el maestro Benet. “Su mujer padecía alzheimer, así que al menos ya no sufre”, otra persona con más huevos tenía el valor de asegurar. Como si la señora Benet fuera su v

