Navidades y una fiesta de ex alumnos.

2176 Palabras
Norberto había aterrizado en su tierra natal a primera hora de la mañana del día de Navidad. Inconscientemente, se había detenido un rato más frente a los cristales del aeropuerto viendo amanecer, hacía años que no veía una mañana tan clara y hermosa o quizá tan solo fuera un reflejo de su exultante estado de ánimo. Casi había olvidado lo que era tener unas navidades con más de veinte grados y un cielo azul brillante, ese que llamaba a todos los turistas nórdicos que se agolpaban en las puertas de la terminal de llegadas. Mientras su hermano Alejandro iba en busca de un coche de alquiler, contaba las horas que quedaban para la gran noche. Minutos de cavilaciones mentales para recordar al menos, a alguno de sus compañeros de clase en el último curso de instituto y se sorprendió complacido al ser capaz de memorizar a todos y cada uno de ellos. Tampoco eran demasiados, se convenció, dado a la poca población juvenil de entonces en su escueto pueblecito de no más de siete mil quinientos habitantes, muchos de estos ya compuestos por generaciones entrantes en la segunda y tercera edad. Jimena, por supuesto, era el primer nombre que acudía a su mente sin poder reprimir un suspiro. Siempre tan bonita y expresiva, con su característico cabello y esa tez clara heredados de su abuela materna. Berenice, amiga inseparable de Jimena, de las más unidas e incondicionales que conociera. Aunque siempre parecía eclipsada por ese novio prepotente y autoritario llamado Pablo. El título de "el gracioso de la clase" había sido para su mejor amigo Ricardo, era raro no pillarle haciendo bromas o alguna ingeniosa travesura, su apoyo en tantos momentos de la infancia. Las hermanas gemelas, Araceli y Fátima eran la delegada y subdelegada de clase, uña y carne, siempre al mando. El grupo de empollones, Juan, Manolo y Santi, constantemente ocupados con sus clases extras y sus temarios adelantados. Las chicas populares de la clase, Gabriela, Marta y Mireia, una copia de "Las Divinas". Y como no podía faltar, Yeray “el camorrista” siempre metido en alguna absurda pelea que muchas veces él mismo propiciaba. Su inquietud aumentaba según se acercaba el momento, porque, aunque ya estaba acostumbrado a ese tipo de eventos, donde posiblemente su llegada llamaría la atención, no quitaba su sentimiento de que esa fuera la parte menos agradable de su profesión. Pero no iba a dejarse vencer por ese temor, pues debía esforzarse por demostrar que solo era uno más, solo el chico que años atrás paseaba y jugaba por aquellas solitarias calles empedradas. Debía admitir su creciente curiosidad y sus ganas de ver una vez más a sus viejos compañeros de pupitres y tareas. Pero, ¿le costaría mucho reconocerles después de tantos años? — ¿En qué piensas? No has hablado en todo el trayecto. ¿Acaso estas nervioso por la fiesta de esta noche? —preguntó abiertamente su hermano. —Un poco, la verdad, pero debo admitir que también me siento bastante ansioso. —Te entiendo. Han pasado la tira de años, y dudo mucho que sus vidas tengan algo que ver con la tuya de hoy en día. Pero por tu bien, espero que no tengas muchas expectativas sobre lo que te vayas a encontrar. Esto no es París, ni habrá chicas despampanantes en esa fiesta. Recuerda que nuestro pueblito es muy diferente a lo que estamos acostumbrados —rio este con algo de ironía. —Diferente no lo hace peor, ¿no crees? Además, discrepo al pensar por adelantado que no habrá chicas atractivas en la fiesta. "Madre mía, ya está este alucinado una vez más con ver a su adorada muchachita" adivinó Alejandro sobre la marcha, casi consternado al comprobar las posibles intensiones de su hermanito pequeño y su apremiante empeño en regresar. — ¿Es que crees que no estarán todas casadas, con hijos y totalmente descuidadas? Ya no serán aquellas jovencitas llamativas y bulliciosas que conociste una vez. La gente cambia hermano y más en lugares así. —Puede que sí, puede que no, no lo sabemos con certeza. Además, no creo que nosotros hayamos cambiado tanto, ¿por qué iban a hacerlo los demás? Los hermanos fueron recibidos con alegría por sus familiares más cercanos. Hicieron una comida grandiosa, de esas caseras que tanto se extrañan viviendo solos en un país extranjero. Disfrutaron contando anécdotas y dando la inesperada noticia de su regreso indefinido a casa, muy a pesar de lo que Alejandro sintiera. Vivirían en el mismo pueblo, en una casa que alquilarían a medias y que serviría de refugio "anti familiares entrometidos", resueltos a seguir disfrutando de esa parte de independencia que necesitaban conservar para su salud mental. La tarde avanzaba y para Norberto, era hora de ponerse sus mejores galas para salir dirección al centro de la localidad. No había pérdida. Pues era imposible no ver aquel lugar adornado con tanto espíritu navideño. Su estómago parecía estar encogiendo por segundos, de pura ansiedad. ¿De verdad no podría soportar con entereza aquella situación? En su vida laboral, quería pensar que todo era ficción, un papel en la película de supermodelos, pero esto era la vida real. Y todavía le costaba enfocar el cómo enfrentarse a ello. Vería a Jimena una vez más, y esa opción casi lograba dejarle sin respiración. Pues fuera como fuera a día de hoy, ella había significado mucho para él. Aunque esta no lo supiera. Sabía que ambos habían logrado la felicidad juntos, ese tipo de amor del que solo se habla en las películas, de esos que no suelen pasar más de una vez en la vida. Y en aquel tiempo lo había sido todo para él. Al igual que la decisión más difícil de su vida, marcharse y dejarlo atrás. Había sido un cobarde, se culpaba de ello tan a menudo como podía, pero ahora dejaría eso atrás. Pues su corazón le decía que nada estaba perdido, que aún debía conservar una esperanza. Y eso le hacía sentirse deseoso de estar nuevamente frente a ella. Volver a tenerla cerca y recrearse en sus expresivos ojos ambarinos, tocar su piel, o simplemente volver a contemplar su tímida y sonrojada sonrisa. Se conformaría con eso, lo reviviría una y otra vez sin dudarlo. El camino se hizo corto absorto en sus pensamientos, que se evaporaron al encontrarse de imprevisto con tremenda fiesta Navideña que le sacó una sonrisa entusiasta de inmediato. ***** Jimena se sentía más relajada a cada instante. Vestidas como para ir de boda tanto ella como su mejor amiga, habían llegado temprano, instalándose en la mejor zona junto a la barra y esperando a ver llegar a los tardíos invitados a la fiesta. Pensaba esperanzada a cada instante, que así podrían controlar mejor la situación. Solo era cuestión de estar atentas y actuar según vieran venir alguna dificultad. — ¡Chicas! ¡qué alegría de verlas aquí! —exclamaba la señorita Puri por quien no parecía haber pasado los años. Ambas rieron comprometidas con la ocasión y saludaron a tantos de sus anteriores compañeros, alguno de manera más distante y reservada, debido a su falta de familiaridad. —Pero mira a quienes tenemos por aquí, ¡son las inseparables! —saludaba Araceli con cierto retintín en la voz —. Vestidas así de monas parecen otras. Nada que ver con lo antiguas que eran en aquellos tiempos, ¡eh? —Tan agradables como siempre chicas, ¿y ustedes? tan conjuntadas como pequeñas gemelas de cinco años, ¡muy monas, sí señor! La ironía de Berenice hizo reír a Jimena y ayudó a espantar a las irritantes gemelas, pues había dado en el clavo al percatarse de que las hermanas vestían exactamente igual e incluso compartían el mismo peinado. Los minutos pasaban, creando un ambiente agradable y divertido, pero de pronto todo pareció cambiar. — ¡Pero mira quienes llegan por ahí! ¡No me lo puedo creer! Las exclamaciones se expandían por doquier y Jimena sintió pararse a su corazón de la repentina conmoción. Berenice la miró con alarma al igual que muchos de los que las rodeaban, para luego volver a confirmar que el mismísimo Norberto Vargas era quien acababa de atravesar aquellas puertas. ¡Oh madre mía! se oía murmurar a las que aun parecían unas alucinadas jovencitas. ¡Es él! Jimena tragó saliva con dificultad y respiró hondo al ver que las lágrimas emocionadas amenazaban con inundar su mirada. ¿De verdad seguía sintiéndose así con solo verle? El corazón vibraba desbocado, el estómago parecía estar lleno de mariposas asesinas y la piel se había puesto de gallina de la satisfacción de ver algo tan hermoso. Y había sido suyo, solo una vez en el pasado, aunque siguiera viviendo retenido en un huequito de su corazón. Tenía que serenarse, tenía que soportarlo con entereza. Ese muro que se había armado en estos años era todo lo que tenía para mantenerse firme. Sonrió y se dio la vuelta para evitar parecer tan expectante como los demás. Tomó su copa con la mano temblorosa y se ocultó deliberadamente entre el gentío agrupado a sus espaldas. ***** — ¡Mi muchacho! ¡Como me alegra tenerte aquí de nuevo! Ricardo esperaba que su mejor amigo hiciera acto de presencia en aquella fiesta tan amena que recién comenzaba. Sabía que su presencia sería como la guinda del pastel. La conocida celebridad salida de aquel desconocido lugar para el mundo, había vuelto a casa. Y al menos él estaba de lo más feliz por el regreso de su amigo más leal. —Menos mal que estás aquí —exclamó soltando el aire exageradamente el modelo —, estoy que no puedo con los nervios. —¿Me hablas en serio? ¿Tú nervioso por la expectación que causas? No me lo creo... Si debes de estar curado de espanto ya ¿no? —Eso es solo de cara al público amigo, es un trabajo, no lo olvides. Hoy me enfrento a algo más que eso. Ricardo quiso entender a qué se refería, así que le dio unas palmadas de ánimo en la espalda. — ¡Tú puedes amigo! Recuerda que sigues teniendo tu super poder de guaperas. Norberto solo pudo forzar una sonrisa nerviosa y acompañado por su colega de la infancia, se animó a atravesar las puertas que le llevarían a la sala principal, donde a lo lejos veía a muchas caras conocidas ya disfrutando de la estruendosa música en vivo. Árboles navideños, luces cegadoras formaban cadenas de estrellas por todo el oscuro tejado, dándole un aspecto mágico a la clásica antigüedad del local. Guirnaldas y un gran escenario con la pancarta de "Feliz Navidad Alumnos del último curso 2003-2004" La música se vería acompasada de repente con exclamaciones, caras de consternación y quizá alguna de admiración con tan solo hacerse hecho visible. "A lo mejor no debí arreglarme tanto" pensó sintiéndose en parte culpable de tal reacción, "quizá debí pensarme mejor el enfundarse en un traje de Armani". Los flashes intermitentes no le afectaban ya, al menos eran insuficientes como para evitar que sus ojos localizaran semi oculta atisbos de su melena pelirroja. Esa que destacaba como ráfagas de fuego gracias a las intensas luces del lugar, cayendo en cascada por su espalda descubierta. Sus ojos no podían estar errados, era ella, su Jimena, pondría las manos en el fuego en aquel momento por esa moción. Podría verla mejor según se acercaba, disimulando su interés en hablar con el camarero, moviendo sus manos temblorosas mientras conversaba aislada, el tintineo de su risa nerviosa... Todo en ella se le tornada incandescente e irreal, aunque creía que era solo él quien lo percibía de esa manera. No dudaría, se convenció, en aquel momento tan deseado sus pasos olvidaron cualquier titubeo de su mente. Ella estaba allí, tan cerca de él después de tanto tiempo, solo a unos pocos pasos más ante la decisión más segura que había tomado, tenía que recuperarla. Olvidando una vez más toda la expectación causada a su paso. ***** Berenice no podía creerse lo que estaba ocurriendo aquella noche. En un instante las Navidades se habían convertido en todo un espectáculo con la llegada de Norberto acompañado de su mejor amigo. Ricardo entraba en nuestra dirección tras el chico popular, saludando como si de un guardaespaldas se tratara. ¡Tremendo aliado estaba hecho! pensó divertida. Como buena amiga, no dejaría a Jimena sola ante el dilema que se le acercaba. Un dilema de lo más imponente a decir verdad... Pero, ¿qué hacía alguien como él en un lugar así? Sus intenciones se reflejaban claramente en su expresión, con ese paso determinante y seguro de sí mismo en dirección a aquella chica que se refugiaba de las atenciones del mundo. Se sintió instantáneamente emocionada ante la posibilidad de que el destino quisiera volver a unirles dándoles la oportunidad de ser nuevamente felices. Pero siendo realista, ¿sería su mejor amiga capaz de derribar sus muros o tan siquiera dejarle escalarlos? De eso no estaba para nada segura.
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